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Capítulo 2

Autor: Cristal K
Respiré hondo y caminé hacia la puerta. En cuanto la abrí, siete años de separación se desvanecieron. Roric estaba ahí, más alto, robusto y poderoso de lo que recordaba. Aunque sus ojos dorados seguían siendo cautivadores, ahora eran fríos. De su brazo iba colgada una loba hermosa, de físico perfecto, cuya deslumbrante confianza desbordaba poder y vida. Cressida.

—No puedo creer que sigas viviendo en un lugar como este —dijo él, recorriendo mi modesto apartamento con una sonrisa burlona.

—Estoy bastante bien —respondí con sequedad—. ¿Qué quieren?

—Esperábamos que pudieras ayudarnos con algo —dijo Cressida con una voz empalagosa, llena de superioridad—. Roric y yo celebraremos pronto nuestra Ceremonia de Emparejamiento, pero no estamos al tanto de las últimas tendencias en vestidos de las tierras del sur.

Se calló por un instante, dejando ver un destello de triunfo en sus ojos.

»Escuché que diseñaste cientos de bocetos para tu ceremonia con Roric. ¿Que soñabas con ser diseñadora?

Sus palabras fueron como un puñal retorciéndose en mi pecho. Aquellos bocetos. Los diseños en los que había trabajado sin descanso, noche tras noche, todos mis hermosos sueños para nuestro futuro. Pensé que los había olvidado.

—Vendrás con nosotros a elegir los vestidos —dijo Roric, con una voz fría y cortante—. Le dedicaste mucho empeño antes. El vestido perfecto para mi Luna..., su estilo ideal. Tú sabes todo sobre eso, ¿verdad?

Habló sin una pizca de emoción; sin embargo, su mirada estaba fija en mí, intensa e inflexible. Solo quería humillarme.

«¿Pero por qué esto? ¿Por qué tenía que ser yo?».

La sonrisa de Cressida se tensó por una fracción de segundo, aunque se recuperó enseguida.

—Claro, si estás de acuerdo —dijo mientras se aferraba con más fuerza al brazo de Roric en una clara muestra de posesión—. La verdad, te debo mucho por renunciar a él. ¿De qué otra forma habría terminado con un Alfa perfecto?

Sonreía con una malicia disfrazada de dulzura.

»Estoy segura de que no te importa. Confío en tu gusto; después de todo, fuiste su... excompañera destinada.

«Ex». La palabra me impactó, destruyendo lo poco que quedaba de mí. Un dolor agudo me atravesó mi pecho, era la familiar agonía de mi loba en decadencia.

Justo en ese momento, mi hermana Briony salió hecha una furia de la cocina.

—¡Suficiente! —gritó con el cuerpo temblando—. ¿Qué quieren de ella? ¿Acaso no es suficiente con humillarla?

Se interpuso para cubrirme, como una loba protegiendo a su cachorra herida.

»¡Eres tan egoísta y podrido como tu madre! —le gruñó a Roric—. Ella solo lo hizo porque tú...

—Briony. —La tomé del brazo. No podía permitir que le dijera la verdad—. Puedo encargarme de esto —le dije.

Ella tenía los ojos enrojecidos. Se mordió el labio y volvió a mi habitación, de donde salió con mi abrigo.

—Hace frío afuera —susurró con la voz ahogada por las lágrimas mientras me lo ponía sobre los hombros—. Cuídate.

Apreté el brazo de mi hermana antes de salir al pasillo. Roric nos vio e hizo una mueca de desprecio.

— No es más que una gripe, ¿y ya estás tan débil que necesitas que alguien te cuide?

Cressida de inmediato fingió suavizar las cosas:

—Roric siempre es tan protector; no es muy amable con nadie —me dijo lanzándome un guiño—. No le hagas caso.

Mi corazón dolía. «Dominante». Hacía siete años, él solo se mostraba protector conmigo. Me estrechaba entre sus brazos, le gruñía a cualquier macho que se acercara demasiado y le declaraba al mundo entero que yo era suya. Ahora le entregaba todo eso a otra hembra.

—¿De verdad quieres que los ayude a elegir el vestido para la Ceremonia de Emparejamiento? —pregunté, intentando mantener la voz firme—. Si es así, iré.

Ambos intercambiaron una mirada.

—Por supuesto —dijo Roric con la voz desprovista de toda calidez—. Pasaré por ti mañana a las diez.

Tras esto, se dieron media vuelta y se fueron. Me quedé de pie junto al marco de la puerta, escuchando cómo la risa de Cressida resonaba por el pasillo; era aguda y estridente.

Esa noche, cuando estaba a punto de dormirme, sonó mi teléfono. El número en la pantalla era el mismo que había estado contemplando en secreto durante siete años.

—Mañana a las diez de la mañana —dijo la voz de Roric, grave y fría—. Sé puntual.

Apreté el aparato hasta que se me blanquearon los nudillos. Era la primera vez que me llamaba todo este tiempo, la primera vez, y lo hacía por su Ceremonia de Emparejamiento con otra hembra.

Enmudecida por la conmoción, escuché el chapoteo de agua a través del auricular. Luego resonó la voz de Cressida en un susurro sensual: «Roric, mi Alfa..., no me hagas esperar. El agua del baño se está enfriando...».

Su voz estaba cargada de provocación y posesividad.

—Nos vemos mañana —dijo él con frialdad, y colgó sin pensarlo dos veces.

Bip. Bip. Bip. El tono de llamada resonó en mi oído como como una campana fúnebre. Cerré los ojos y reduje a polvo las últimas brasas de esperanza que quedaban en mi corazón.

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