INICIAR SESIÓNPerspectiva de RoricMi venganza se había consumado, pero no me trajo paz alguna. Solo me hundió en un círculo todavía más profundo del infierno. Cancelé todas las ceremonias, anulé mi coronación como Alfa y alejé a cualquiera que intentara consolarme. Lo único que quería era estar solo… en el lugar donde ella solía vivir.Obligué a Briony a entregarme la llave del departamento de Ayla. Ella me odiaba, pero me temía todavía más. De hecho, todos los lobos de las tierras del norte me temían ahora.Abrí la puerta. Su aroma aún estaba en el aire. Era tan tenue, casi imperceptible, pero bastó para hacer que mi corazón se detuviera. Me senté en su sofá, toqué la taza que solía usar y hojeé los libros que leía. Todo era un doloroso recordatorio de que ella había vivido allí y de que, ahora, se había ido. Asesinada por mí.En su habitación, escondida al fondo, debajo de la cama, encontré una pequeña caja. Adentro había un lobo de madera tallado de forma rústica: mi primer regalo para ella. Yo
Perspectiva de RoricCressida y mi madre temblaban sin control.—¡No, no es lo que piensas! —balbuceó Cressida, retrocediendo—. Roric, déjame explicarte...Me abalancé sobre ella en un parpadeo. Hundí las garras en su garganta.—¿Explicar qué? —rugí, con la voz de una bestia—. ¿Cómo fingiste un embarazo? ¿O cómo conspiraste para asesinar a Ayla?Los ojos parecían salírsele de las cuencas mientras me arañaba la mano, luchando por respirar.—¡Roric! —gritó mi madre, interponiéndose—. ¿Qué estás haciendo? ¡Es tu compañera!—¿Compañera? —escupí, arrojando a Cressida al suelo—. ¿Una mentirosa? ¿Una asesina?Se estrelló contra un pilar de piedra en el jardín y soltó un alarido de dolor.Para ese momento, el alboroto había atraído a la manada. Ancianos, guardias y lobos de todos los rangos vieron mis ojos carmesí, pero nadie se atrevió a acercarse.—Bien —dije, recorriéndolos con la mirada—. Ya que están aquí, quiero que conozcan la gran farsa diseñada por su futura Luna y mi madre.Repetí c
Perspectiva de Roric«Joven loba muerta». Las palabras resonaron en mi mente.—¿Qué dijiste? —Agarré el brazo de Maya, con la voz temblando—. ¿Quién está muerta?Se soltó de mi agarre, con los ojos llenos tanto de lágrimas como de odio.—Ayla.—No. —Me tambaleé hacia atrás, con la mente en blanco—. Es imposible; estaba un poco herida nada más...—¡La mataste! —dijo Maya con tono cortante—. ¡Todo por el maldito vestido de la Ceremonia de Emparejamiento!Se dio media vuelta para irse.—¡Espera! —Me interpuse frente a ella—. Eso no es posible. Mi madre dijo que su compañero fue a buscarla...—¿Compañero? —Soltó una risa fría y amarga—. ¿Cuál compañero? ¡No ha mirado a otro macho en siete años!Mi mundo se derrumbó por completo.—¡Mamá! —Me di la vuelta y corrí hacia ella. Hablé con la voz ronca—: ¿Ayla está muerta? ¡Dijiste que su compañero la había buscado!Su rostro palideció al instante.—Roric... —balbuceó Cressida, tomándome del brazo—. La ceremonia acaba de terminar, no hagas un es
Perspectiva de RoricLa voz del sanador resonaba en la habitación de la clínica, pero yo no podía escuchar ni una palabra.—El cachorro está bien. No fue más que una caída leve, así que no hay de qué preocuparse. La loba Cressida solo necesita unos días de descanso.Aunque asentí, mis ojos seguían fijos en la ventana. Cressida estaba dormida, aún con el rastro de sus lágrimas en las mejillas; sin embargo, lo único que yo podía ver era la expresión de Ayla en aquel probador. Una de absoluta desesperación, como si por fin se hubiera rendido.Un pánico violento atravesó a mi lobo, una certeza primal de que algo andaba terriblemente mal. Saqué mi teléfono y marqué su número. Me mandó al buzón de voz. Marqué de nuevo; otra vez directo al buzón. Salí a toda prisa de la habitación y recorrí el pasillo como un animal enjaulado. «¿Por qué demonios estoy tan alterado?». Debería estar feliz. El cachorro estaba bien; mi familia estaba a salvo. La hembra que me traicionó tuvo lo que se merecía. Pe
El auto se detuvo frente a un elegante edificio blanco. «Moonlight Couture». Había soñado mil veces con salir de esa tienda usando el vestido que yo misma había diseñado. Ahora, finalmente estaba aquí... para ver a otra loba llevarlo puesto.Roric bajó y caminó hacia mi lado para abrir la puerta. Cuando intenté levantarme, mis piernas, debilitadas por la agonía de mi loba, cedieron. Me fui hacia adelante, pero él me atrapó por instinto. Por una fracción de segundo, quedé envuelta en su familiar aroma a pino. La primera vez en siete años. Su calor traspasaba su abrigo, tan familiar, tan real. El corazón me latía con fuerza en el pecho. Sin embargo, tan rápido como me sostuvo, me soltó.Me quedé paralizada mientras lo veía caminar hacia un bote de basura cercano, sacar una toallita desinfectante de su bolsillo y limpiarse metódicamente la mano que me había tocado. Cada dedo, cada espacio entre ellos, como si mi propia piel fuera veneno.—Roric no toca a otras lobas —dijo Cressida, acercá
Estaba abajo para las nueve de la mañana. Briony me envolvió el cuello con una bufanda y me puso un café caliente en la mano.—Dijo que a las diez. —Frunció el ceño—. No tienes que estar aquí tan temprano.—No quiero llegar tarde.Se hicieron las diez en punto, pero nadie llegó. A las diez y media, la calle estaba vacía. Para las once de la mañana, el café estaba helado.Mi llamada fue directamente al buzón de voz. No volví a intentarlo, simplemente esperé; sabía que lo hacía a propósito. Esto me transportó siete años atrás, cuando era yo quien siempre llegaba tarde. Él me esperaba abajo, erguido y firme, sin importar cuánto tardara. Cuando al fin bajaba corriendo, él fingía fruncir el ceño, pero bastaba un pequeño tirón de su manga y un rápido beso en el mentón, poniéndome de puntillas, para que su enojo se disipara. Luego me estrechaba en un fuerte abrazo y soltaba un suspiro entre resignado y lleno de ternura.Ahora era mi turno de esperar, porque esta era su venganza, así que esper







