Me gusta pensar en esto con calma y respeto: si te piden una secretaria con 'aspecto sencillo', yo respondería poniendo el foco primero en las funciones y en lo que puedo aportar, no solo en la apariencia. En el primer párrafo de mi respuesta destacaría mis habilidades concretas —organización, manejo de agendas, trato con clientes— y pondría ejemplos breves de resultados que he conseguido: reducir tiempos de respuesta, coordinar reuniones complejas, llevar inventarios.
En el segundo párrafo aclararía mi disponibilidad para cumplir el código de vestimenta o estilo que la empresa prefiera, sin hacer de eso el centro de mi valor profesional. Podría decir algo como: «Me adapto a una presentación sobria y profesional acorde con la cultura de la oficina».
Terminaría con una invitación a conversar en persona o por video para mostrar profesionalidad y actitud; creo que así se demuestra que la 'sencillez' es compatible con competencia y buena presencia, y eso me deja tranquilo porque prioriza el trabajo sobre apariencias.