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Capítulo 2

Author: Velvet
Para entonces, ya estaba rodeada por otros miembros de la familia con sus teléfonos en alto, mientras una avalancha de insultos se me venía encima. Yo había pensado que él diría algo para defenderme, pero en vez de eso me culpó.

—Seraphina, no pensé que pudieras ser tan despiadada. Busca un momento para disculparte con Bianca y Lia.

Dicho eso, se fue en el auto sin volver la vista atrás, dejándome sola frente a toda esa humillación. Solo cuando llegó el mayordomo mayor de la familia Bellini con varios guardias y dispersó a la multitud, pude marcharme.

Mi vestido blanco quedó manchado, y mi corazón, destrozado.

Hice que el chofer se fuera y caminé por la costa siciliana hasta regresar a nuestro castillo.

Cuando empujé la puerta y entré, Adrian estaba sentado en el sofá de la sala, fumando un puro. Vi con claridad el desprecio en sus ojos.

—¿Ya volviste?

—Adrian, lo nuestro se acabó —dije sin rodeos, mirándolo con calma.

Él se quedó inmóvil, con la mirada clavada en mi rostro.

—¿Todo esto es solo por lo que pasó en el restaurante? Seraphina, pensé que lo entenderías. Si te hubiera defendido allí, las perjudicadas habrían sido Bianca y Lia. —Hizo una pausa y le dio una larga calada al puro—. Además, fuiste tú quien lastimó a Lia primero. No tienes más que culparte a ti misma. Por suerte, Lia ya te perdonó, y Bianca dijo que va a dejarlo pasar. Esto ya terminó.

Estiró la mano hacia mí y, al ver la mancha, me apartó el cabello con brusquedad.

—Ve a limpiarte. Estás dejando mal a nuestras dos familias.

—Adrian. —Lo miré de espaldas cuando se dio la vuelta para irse y respiré profundo—. Dentro de tres días es mi boda.

Sus pasos se cortaron en seco, y se giró de inmediato. La poca paciencia que le quedaba había desaparecido por completo.

—Lia está herida. ¿De verdad esperas que hable de la boda en este momento?

Lo miré con el rostro inexpresivo.

—Te estoy informando, no te lo estoy pidiendo ni lo estoy negociando.

Su cara se ensombreció por completo.

—Deja de comportarte como una niña. Ya te dije que no tengo tiempo. Una boda sin novio solo te humillará a ti y a toda la familia Bellini.

Apreté los puños y sostuve su mirada.

—No te necesito para mi boda.

Él soltó una risa fría, cargada de burla.

—Seraphina, ¿y quién más se atrevería a casarse contigo? ¿Quién se atrevería siquiera a tocar a alguien a quien la familia Moretti ya ha reclamado como propia?

En ese instante, un estruendo sonó desde la sala memorial de la familia. Corrí hacia allá, y la sangre se me heló.

La cuna de plata que estaba en el nicho yacía volcada. El arrullo de bebé que mi madre había cosido a mano estaba hecho jirones. La pequeña pistola de plata que mi padre había mandado hacer para mi hija que no llegó a nacer estaba abollada y rota en el suelo.

Lia estaba sentada en medio de todo aquel desastre, mirándome con una expresión inocente.

Bianca parpadeó para contener las lágrimas, con el rostro lleno de impotencia y miedo.

—Solo vi que tenían polvo y traté de limpiarlos. De verdad lo siento…

Adrian me apartó de un empujón de la puerta y enseguida tomó las manos de Bianca para revisárselas con desesperación.

—Bianca, ¿estás herida? ¿Te cortó el vidrio?

La mirada de Bianca se deslizó por encima del hombro de Adrian, y me lanzó una sonrisa triunfante.

Yo sabía que lo había hecho a propósito, por lo que ya no pude contenerme más y le di una bofetada con todas mis fuerzas.

Bianca se llevó la mano a la mejilla roja e hinchada, y su voz tembló de dolor al decir:

—Lo siento mucho, de verdad no quise hacerlo. Por favor, no lastimes a Lia, ella solo es una niña…

Adrian me fulminó con la mirada y exigió que me disculpara.

—Seraphina, te has pasado. Discúlpate.

—¡Adrian, esa era nuestra hija!

Dos años atrás, Adrian y yo habíamos estado esperando un bebé, pero murió antes de siquiera poder venir al mundo. Lo que Bianca había destrozado era lo único que me quedaba de ella.

Lia salió corriendo entre gritos.

—¡Lia!

Bianca salió tras ella de inmediato.

El rostro de Adrian se encendió de furia.

—¡Mira lo que has hecho! Sé cómo te sientes, ¿pero era necesario golpearla?

Lo miré sin poder creerlo, mientras un frío helado me recorría todo el cuerpo.

—Adrian, sabes perfectamente lo que significa para mí esta sala memorial. Esa también era tu hija. ¿Cómo puedes decir algo así?

—¡Seraphina! —me cortó con dureza—. ¡Nada de esto habría pasado si no hubieras intimidado a Lia en el restaurante! ¡Tú misma te buscaste esto!

Justo en ese momento, desde afuera resonaron los gritos aterrados de Bianca, seguidos por el chisporroteo de los walkie-talkie de los guardias. Hombres de la familia Torino intentaban atacar este lugar.

Adrian entró en pánico al instante, se soltó de mi brazo de un tirón y salió corriendo.

Yo perdí el equilibrio y caí con fuerza. Mi cabeza se golpeó contra el suelo de piedra, y todo se volvió negro.
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