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CAPÍTULO 2

Penulis: Newt writes
last update Tanggal publikasi: 2026-09-30 15:47:20

—¡Un momento, un momento, un momento! Cressy, ¿me estás diciendo que no tienes uno, sino dos dioses griegos buenorros como jefes? Eso es injusto. ¿Cómo se supone que voy a competir con ellos? —se quejó Kalvin con tono juguetón, y Crescent soltó una risita.

—Haz el favor de avisarme cuando ya no me necesites, para que no duela tanto, porque esta mañana estoy casi segura de que no oíste lo que te dije durante la llamada. Ni siquiera has empezado y ya me estás ignorando. No vale —hizo un puchero.

Esta vez Crescent le dio un puñetazo. Kalvin intentó disimular el esfuerzo de ella por hacerle daño aguantándose las carcajadas.

*Tranquilo,* pensó. Si ella tenía dos jefes, eso significaba el doble de problemas, y la última vez que lo comprobó, a Crescent no se le daban muy bien las clases de control de la ira. Sin ánimo de ofenderla, más le valía durar en ese trabajo. Por muy eficiente y meticulosa que fuera su mejor amiga, odiaba a los niños ricos arrogantes. En fin, con los dedos cruzados.

Ella chasqueó los dedos para que le prestara atención a ella y no a sus pensamientos.

—Cressy, ¿son simpáticos tus jefes? ¿Te respetan? ¿Qué opinas de cómo se comportan? ¿Por qué despidieron a su última asistente? ¿De verdad vendiste tu alma a los demonios, como dicen los tabloides? —Kalvin siguió soltando pregunta tras pregunta, con su postura protectora bien plantada.

Crescent se encogió de hombros al oír cómo se activaba la voz preocupada de Kalvin. Siempre había sido así, de modo que sus veintiún preguntas no le parecían ninguna grosería.

—Kal, ¿te quieres calmar? Y hablar de otra gente, ¿no se llama cotilleo? —le preguntó, lo que despertó su lado sarcástico.

—No es cotilleo si te importa tu amiga del alma, hombre. Así que contesta.

—Bueno, son amables, aunque hay algo que huele raro en ellos. Tendrías que haber visto cómo me miraban, como si fuera una muñeca de porcelana fina o una antigüedad —se rio Crescent—. Lucian parece gracioso, pero Lucius es bastante rígido; no dijo ni una palabra en toda la entrevista. Pero cuando sonrió y me dio la bienvenida, sentí que el corazón me daba un triple salto de alegría. Además, me conoces demasiado bien: no hago caso de cotilleos sobre ellos ni sobre su empresa, y si por error hice un pacto con los demonios, seguro que sabes que no me doblego fácilmente. Se hará a mi manera, y usaré mis encantos —le dijo con aire presuntuoso, y él se rio a carcajadas.

—Y ahora, ¿volvemos a las compras? Necesito algo seductor pero sexy, elegante pero sencillo. Rapidito, a trabajar —dijo, empujándolo hacia delante y chasqueando los dedos—. No tengo a un modelo de Calvin Klein como mejor amigo porque sí. Muévete, chico.

Los dos se rieron y siguieron de compras.

Mientras tanto, en su oficina, Lucius y Lucian no hacían más que pensar en su preciosa compañera. ¿Quién iba a decir que a dos híbridos les costaría tanto encontrar una compañera? Los gemelos pensaban en ella y en cómo conseguir que los amara por voluntad propia. Lucius intentaba concentrarse en el trabajo sin éxito, mientras Lucian no paraba de dar vueltas de un lado a otro. Para ser dos híbridos, ambos habían perdido su calma y su pose estirada, todo por ella.

Aún podían ver cómo hablaba, el movimiento de sus labios, su lenguaje corporal y, para colmo, cómo una sola persona podía tener dos hoyuelos y el diente separado más adorable del mundo al sonreír. Estaban perdidos.

—Echo de menos su voz. ¿Crees que deberíamos llamarla, o quizá invitarla a cenar? Es oficial, he perdido la cabeza —dijo Lucian, paseándose con la mano pegada a la frente.

—¿Quieres callarte? Estoy intentando aclarar algunas cosas, ¿o quieres asustarla antes de que siquiera se haya acomodado? —le espetó Lucius a su hermano, luchando contra las ganas de agarrar el teléfono y marcar su número.

—Creo que deberíamos añadir una mesa para ella entre las nuestras. Así no estará lejos de nosotros —continuó Lucian.

—Mira quién habla de no asustarla. Por mucho que me encante la idea, no aguantaría ni un segundo si la tuviera sentada a mi lado. Malakor no puede esperar más para aparearse con ella, y estoy completamente seguro de que a Valen le pasa lo mismo. Además, ella necesita su espacio personal, no una situación con sus jefes follándosela con los ojos, así que ni hablar —dijo Lucian, soltando la dolorosa verdad.

Los dos hermanos se sumieron en el silencio, buscando una opción mejor para no espantar a Crescent. ¿Quién iba a decir que esto era lo que sentían las parejas destinadas al encontrarse? Pero el problema mayor era si ella los aceptaría a los dos como compañeros o los rechazaría, y cómo les explicarían que eran híbridos de 426 años con dos reinos que gobernar y que ella sería su Reina.

Lucius dejó caer la cara sobre el escritorio con un suspiro agotado.

—Así no era como imaginaba nuestra vida. Es más difícil de lo que pensaba —gruñó.

Crescent se desplomó en su cama después de una sesión de compras agotadora con Kalvin, que luego se había marchado a una sesión de fotos para una línea nueva de ropa. La verdad es que vivía la vida de ensueño: viajando y dejándose llevar por la vida.

Eran las 6:15 de la tarde, hora de preparar la cena antes de quedarse dormida con el estómago vacío. Mientras ponía los ingredientes para hacer arroz al curry con ternera, marcó el número de su madre, que contestó al primer tono.

—Hola, mami, ¿cómo estáis papá y tú? —dijo Crescent contenta, echándolos muchísimo de menos.

—Mi Crescent, estoy bien. Dime, ¿por qué estás tan feliz esta tarde? —preguntó su madre.

Le contó a su madre todo lo que había pasado en la entrevista y en su salida de compras con Kalvin. Aunque a su madre le preocupó un poco cómo se las arreglaría Crescent con dos jefes en su primera experiencia laboral, lo apartó en silencio, sabiendo que a su hija le vendría bien un poco más de sabor en la vida. Siguieron charlando de cosas sin importancia hasta que la cena estuvo lista. Crescent se sirvió un vaso de zumo de mango, le deseó buenas noches a su madre y se puso la comida en el plato.

Después de limpiar el fregadero y los platos, se dio una ducha caliente. Completada su rutina nocturna, se metió en la cama para mirar las redes sociales y contestar mensajes. Al recorrer el feed de noticias, los vio: sus guapísimos jefes aparecían en las noticias de negocios como los multimillonarios más atractivos y jóvenes.

*¿Por qué no me fijé antes en estos ejemplares tan finos?* Pensamientos salvajes le inundaron la mente al recordar cómo le había hablado Lucian con esa sonrisa torcida y preciosa, y cómo Lucius le había puesto la piel de gallina con sus miradas sexis.

*Madre mía, estos dos hombres van a ser mi perdición. ¿Cómo puedo estar anhelando a dos hombres? Soy una pervertida. Uno: no son míos. Dos: no puedo tenerlos a los dos; ¿qué dirá la gente, y no digamos mi familia? Tres: los tabloides pensarán que soy una cazafortunas egoísta por querer a dos multimillonarios sexis a la vez. Aigoo, me voy a ir directa al infierno.*

—Ufff, tengo que dormir para quitarme estas ganas de encima. A lo mejor por la mañana ya no ocupan ni un solo pensamiento en mi cabeza —murmuró Crescent para sí misma.

O eso creía.

Oliendo la brisa fresca que soplaba desde el bosque, Crescent siguió caminando, guiada por el sonido de una cascada más adelante. Era de una belleza que quitaba el aliento, y disfrutó de la serenidad de la naturaleza a su alrededor. Ojalá supiera nadar; valdría la pena zambullirse en el agua cristalina y tomar un poco el sol sobre la suave arena blanca. Se quitó el vestido y las sandalias, quedándose solo con el sujetador y unos shorts diminutos, y caminó hacia el agua para probarla.

Justo cuando metió el pie en el agua tibia, oyó un gruñido procedente del bosque. Aterrada, se giró y vio a dos lobos idénticos, mucho más grandes que los lobos normales, más parecidos a bestias salvajes, que avanzaban hacia ella como si fuera su desayuno.

Aun así, aquellas bestias no dejaban de mirarla con puro anhelo. Crescent no sabía si gritar y correr pidiendo ayuda o meterse en el agua, a sabiendas de que cualquiera de las dos opciones probablemente acabaría con ella. Decidiéndose por lo segundo, retrocedió unos pasos hasta que el agua le llegó a la cintura.

Entonces oyó su nombre en boca de uno de ellos, ordenándole que parara. ¿Desde cuándo hablaban los animales, y cómo sabían su nombre? Superado el terror inicial, los miró con detenimiento. Los dos tenían los ojos inyectados en sangre, se alzaban erguidos, con los colmillos al descubierto, con pechos muy musculosos y bíceps fuertes. No pudo evitar admirar a las hermosas criaturas que había creado la naturaleza.

No parecían realmente peligrosos, hasta que entraron en el agua hacia ella y, al primer contacto con el agua, se transformaron de repente en sus sexis jefes.

Todavía en completo shock por lo que acababa de ocurrir, preguntándose por qué esas criaturas se parecían a sus jefes o si estaba atrapada en una serie de televisión o en un programa de bromas, le tomaron las manos, sonriéndole con sus colmillos perfectos mientras se alzaban sobre ella.

Entonces lo sintió: un dolor repentino y agudo en el cuello. La mordieron.

Horrorizada, se llevó la mano al cuello y los miró en shock mientras caía hacia atrás en el agua, deslizándose hacia la oscuridad. No estaba destinada a morir virgen y, lo que era aún más vergonzoso, con su sujetador y sus shorts favoritos.

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