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CAPITULO 8

Autor: W.S.Q
last update Data de publicação: 2026-08-13 12:31:49

A la mañana siguiente al no poder comunicarse con Samuel, Alma decidió ir directamente a su casa. Así que, cuando terminó su jornada de trabajo en la cafetería donde laboraba como mesera los fines de semana, tomó sus cosas y se dirigió a la residencia de su amigo.

Solo quería verlo y asegurarse de que estuviera bien.

Cuando llegó, como siempre, fue recibida por la ama de llaves.

—Señorita Alma, qué gusto verla.

—Hola. ¿Está Samuel?

—Sí, está dentro —la mujer hizo una pequeña pausa—. Está con un
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Último capítulo

  • El corazón equivocado   CAPITULO 13

    Alma llegó a su casa como siempre, ya entrada la tarde. Con el tiempo se había acostumbrado a aquel largo trayecto. Al entrar, vio sobre la mesa una nota escrita por su madre: Salí con unas amigas. Vuelvo en la madrugada. No le dio demasiada importancia. Su mamá, cuando tenía algún tiempo libre de su trabajo, solía salir a divertirse con sus compañeras. Era algo habitual; después de todo, todavía era una mujer joven. La había tenido cuando apenas cumplía los dieciocho años y su vida no había sido sencilla. Ser madre soltera significó renunciar a muchas cosas y sufrir durante el tiempo en el que tuvo que criarla sola. Pero ahora que todo estaba más tranquilo, había decidido recuperar parte de la juventud que dejó atrás. Ella la entendía. Sabía lo que su madre había sufrido, pero también que nunca les faltó nada esencial. Desde pequeña aprendió a cuidarse sola y a ser autosuficiente. Antes de dormir, le envió a su amigo el último mensaje del día: Mañana nos veremos. Quiero hablar

  • El corazón equivocado   CAPITULO 12

    Alexander regresó a la habitación. La otra joven seguía allí, sentada en un rincón del sofá. Él la observó con evidente fastidio, acomodándose los puños de la camisa. —Tu amiga se fue muy contenta —dijo mientras caminaba hacia la mesa de centro—. Es increíble lo que unas pocas monedas hacen por la gente como ustedes. Se sirvió un vaso de whisky. —¿Quieres beber? —No —murmuró ella con un hilo de voz. Alexander arqueó una ceja, chasqueando la lengua con desaprobación. —Te ofrezco un trago caro y me lo rechazas. Pero, ¿qué puedo esperar de una mujer como tú? Sabes, ramera, me aburrí de tus lágrimas. La joven se levantó torpemente. Su aspecto estaba completamente deshecho, la ropa desordenada y el rostro visiblemente hinchado por los golpes recibidos horas antes. Alexander dio dos pasos rápidos, la tomó con fuerza del rostro, hundiéndole los dedos en las mejillas. —Espero que puedas mantener esa boca cerrada, porque no querrás perder la lengua, ¿entiendes? Ella asintió frenéticam

  • El corazón equivocado   CAPITULO 11

    Samuel se mantenía en un rincón de la habitación, con la mirada baja y el cuerpo tenso, aplastado por una profunda pena y el bochorno de la situación. La chica de cabello corto lo notó y se le acercó a él con pasos suaves.—¿Qué te ocurre? Pareces asustado —le dijo, observándolo con cierta ternura.—Es solo un niño todavía —intervino Alexander en tono burlón—. Aún no ha estado con ninguna mujer.La chica lo miró sorprendida.—¿De verdad? ¿Es cierto eso?Samuel, sintiendo cómo el calor le subía al rostro, apenas asintió.—Sí... —respondió.La chica lo miró sorprendida.—¿En serio eres virgen? —preguntó en tono burlón—. ¿Cuántos años tienes?Samuel bajó la mirada, avergonzado.—Dieciocho.—¿Dieciocho? —repitió la chica, sorprendida.Alexander sonrió.—Sí. Cumplió hace unos meses. Es menor que yo, pero solo por un mes.La chica volvió a mirar a Samuel.—Entonces... ¿de verdad nunca has estado con nadie?Samuel sintió que el rostro le ardía y apenas consiguió asentir.—No.La mujer pareció

  • El corazón equivocado   CAPITULO 10

    Samuel había escuchado muchas cosas sobre la casa de Alexander. Había oído que era enorme, que tenía jardines inmensos, salones que parecían sacados de una revista y empleados que se encargaban de cada detalle de la propiedad. Pero al atravesar las grandes puertas de la residencia, comprendió que todo lo que había imaginado se había quedado corto.Samuel se quedó contemplándola en silencio. Su propia casa también era grande y nunca había tenido motivos para considerarla pequeña o modesta, pero aquello era diferente: la residencia de Alexander parecía pertenecer a otro mundo.—¿Qué pasa? —preguntó Alexander con una sonrisa.Samuel volvió la mirada hacia él.—Es mucho más grande de lo que imaginaba.El automóvil se detuvo. Alexander bajó primero, esperó a Samuel y le extendió la mano. Samuel la observó durante un instante antes de tomarla.—Vamos.Entraron juntos. Los empleados de la mansión estaban ocupados con sus respectivas tareas. Algunos levantaron la mirada cuando Alexander pasó

  • El corazón equivocado   CAPITULO 9

    Alma pasó todo el fin de semana sin comunicarse con Samuel. Normalmente era ella quien iniciaba la mayoría de las conversaciones: le escribía para preguntarle cómo estaba, si había hecho sus tareas o simplemente para saber qué estaba haciendo. Pero esta vez no lo hizo. No fue a buscarlo ni lo llamó. No porque hubiera dejado de importarle, sino porque necesitaba comprobar algo.El lunes llegó temprano al instituto. Apenas entró al salón, buscó a Samuel con la mirada. Estaba allí. Al verlo, sintió un alivio que no quiso admitir en voz alta.Entonces escuchó una voz a sus espaldas:—Hola, Alma. ¿Cómo estás?Se giró. Era Alexander. Alma le devolvió el saludo con absoluta naturalidad:—Bien. ¿Y tú?—Muy bien.Los dos entraron al aula. Samuel levantó la mirada y sonrió inmediatamente al verlos ingresar.—¡Alma! ¡Alexander! —los saludó con entusiasmo.Alma ocupó su lugar habitual. Los pupitres estaban organizados en filas perfectamente alineadas y cada mesa era lo suficientemente amplia para

  • El corazón equivocado   CAPITULO 8

    A la mañana siguiente al no poder comunicarse con Samuel, Alma decidió ir directamente a su casa. Así que, cuando terminó su jornada de trabajo en la cafetería donde laboraba como mesera los fines de semana, tomó sus cosas y se dirigió a la residencia de su amigo.Solo quería verlo y asegurarse de que estuviera bien.Cuando llegó, como siempre, fue recibida por la ama de llaves.—Señorita Alma, qué gusto verla.—Hola. ¿Está Samuel?—Sí, está dentro —la mujer hizo una pequeña pausa—. Está con un amigo.Alma arqueó ligeramente las cejas.—¿Con un amigo?—Sí. Pase.Alma agradeció con una pequeña sonrisa y entró. Atravesó el amplio recibidor y avanzó hacia la sala. A medida que se acercaba, comenzó a escuchar voces. Una de ellas era la de Samuel. La otra... Alma se detuvo. Conocía perfectamente aquella voz.Entró en la sala. Alexander estaba allí, sentado junto a Samuel. Y lo más extraño no era simplemente encontrarlo en aquella casa, sino la forma en que estaban juntos: parecían viejos a

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