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Capítulo 53

Author: Anatory
last update publish date: 2026-10-24 21:40:22

El sábado por la mañana tiene un olor particular en mi apartamento. Algo entre el silencio y la libertad una promesa que la semana rara vez cumple.

Me he despertado temprano, antes incluso de que la luz de marzo empiece a filtrarse entre las cortinas que nunca elegí. Este apartamento, con sus muebles demasiado bonitos y sus ángulos demasiado limpios, seguía sin parecerse a mí. Seis semanas viviendo aquí. Seis semanas durmiendo entre sábanas de algodón egipcio sin poder dejar una sola mancha de
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  • El diablo en traije   Capítulo 56

    Su voz había subido, no gritaba aún pero iba camino de ello. Había caminado hasta la ventana, había dado media vuelta, caminado en la otra dirección. Lewis lo miraba sin intervenir sabía que no era el momento.—Le dijo a Alfred que hoy no salía. Depilación. Mascarilla. Día de sofá. Dijo eso. Por mensaje. ¿Y se pasea por Whitechapel haciendo preguntas sobre mi pasado?Se detuvo en seco en medio de la sala.—Sois unos incompetentes.Lewis sostuvo su mirada sin pestañear.—Jefe, cogió la salida de servicio. La que no hemos marcado como crítica porque da a una calle que no cubrimos de forma continua.

  • El diablo en traije   Capítulo 55

    Y a su derecha, una mano posada sobre su hombro mi padre. Mi padre tal como lo había conocido en esa época, cuarenta años quizá, con la sonrisa que tenía cuando estaba sinceramente contento.Tuve que obligarme a apartar los ojos.—¿Puedo usar el baño antes de irme?—Claro. Al fondo del pasillo, a la izquierda.En el pasillo me crucé con dos niños pequeños que se perseguían riéndose. Una educadora surgió de una puerta, los llamó al orden con una voz entre severa y divertida. Nadie me miró raro. Era solo una mujer con un cuaderno en un edificio un sábado por la mañana.Anoté tres nombres más oídos a lo largo de la conversación. La dirección de una segunda estructura vinculada a la fundación Hayes, mencionada de pasada. Una fecha «antes de la reestructuración de 2022» que quería decir algo sin que Marcus me dijera qué.Fragmentos. Trozos de puzle que aún no sabía ensamblar.Pero había empezado.Al salir, Marcus me acompañó hasta la verja. Me estrechó la mano con firmeza, breve —y me miró

  • El diablo en traije   Capítulo 54

    Whitechapel tenía esa cara de los barrios de Londres que no han decidido del todo qué quieren ser. Puestos de kebab junto a coffee shops hipsters, mezquitas entre edificios reformados a golpe de millones, mercados que se desbordaban sobre aceras donde hombres trajeados pasaban sin mirar. Allí me sentí, paradójicamente, mucho menos visible que en Mayfair.St. Christopher estaba en una calle transversal tranquila, detrás de una verja negra coronada por letras de hierro forjado que el tiempo había oxidado ligeramente. Me detuve en la acera de enfrente antes de entrar.No era lo que había imaginado al oír la palabra orfanato. No sé exactamente qué había imaginado algo siniestro, quizá, algo que encajara con la historia que Cameron me había contado, paredes oscuras, pasillos fríos. Pero St. Christopher, esa mañana, parecía un colegio limpio un sábado sin alumnos. La fachada de ladrillo rojo estaba impecable, las ventanas brillaban. En el patio interior visible desde la calle, alguien había

  • El diablo en traije   Capítulo 53

    El sábado por la mañana tiene un olor particular en mi apartamento. Algo entre el silencio y la libertad una promesa que la semana rara vez cumple.Me he despertado temprano, antes incluso de que la luz de marzo empiece a filtrarse entre las cortinas que nunca elegí. Este apartamento, con sus muebles demasiado bonitos y sus ángulos demasiado limpios, seguía sin parecerse a mí. Seis semanas viviendo aquí. Seis semanas durmiendo entre sábanas de algodón egipcio sin poder dejar una sola mancha de café o un libro abierto boca abajo sin que Alfred hiciera reaparecer silenciosamente el orden.Alfred. Ya estaba pensando en él.Me he quedado tumbada unos diez minutos, con los ojos en el techo, repitiendo mentalmente lo que iba a decirle. No demasiado largo. No demasiado detallado las mentiras demasiado construidas suenan falsas, eso lo había aprendido esta semana. Cameron las olía a kilómetros. Alfred era más dulce, pero no era ingenuo.Mi teléfono ha vibrado a las ocho y veinte en punto. Com

  • El diablo en traije   Capítulo 52

    El resto de la mañana transcurre en una especie de niebla. Trabajo mecánicamente, respondiendo correos, clasificando carpetas, pero mi mente está en Whitechapel, imaginando ese orfanato, preguntándome qué podría encontrar allí.Niños ya crecidos, quizá. Empleados que recuerdan a mi padre. Documentos, archivos, indicios sobre lo que pudo haberle pasado.A mediodía, Cameron sale de su despacho, me echa un vistazo. «Tengo que ausentarme esta tarde. Reunión fuera. ¿Serás buena?»Hay una ligera burla en su voz, pero también una inquietud subyacente. No quiere dejarme sola demasiado tiempo, lo noto.«Estaré aquí», respondo con una sonrisa. «Clasificando carpetas.»Asiente, satisfecho, y desaparece en el ascensor.Lo miro irse y, una vez cerradas las puertas, me vuelvo hacia mi pantalla. La tarde se anuncia larga, pero productiva al menos en mi cabeza.Empiezo por buscar discretamente información sobre St. Christopher. La web del orfanato es sobria, profesional fotos de niños sonrientes, lla

  • El diablo en traije   Capítulo 51

    La Black Tower se alza ante nosotros. Alfred aparca el coche, baja a abrirme la portezuela.«Que tenga un excelente día, señorita Hayes. ¡Y no se olvide de los scones!»Cojo el paquete con una sonrisa. «Gracias, Alfred. Hasta luego.»El ascensor sube en silencio. 45... 52... 61... 67. Mi corazón se acelera a medida que desfilan los números. Dentro de unos minutos, lo veré. Tendré que actuar.Las puertas se abren. El open space ya está animado algunos empleados llegados temprano, pantallas encendidas, tazas de café humeante. Elena levanta la cabeza, me dedica una sonrisa.«¡Buenos días, Amanda! ¿Has dormido bien?»«Sí, gracias. ¿Y usted?»Intercambiamos algunas banalidades mientras llego a mi puesto. Dejo el bolso, guardo los scones de Alfred en un cajón, enciendo el ordenador. Gestos automáticos, tranquilizadores.Luego miro hacia el despacho de Cameron.Está ahí. Claro. Siempre está antes que yo. Traje oscuro, camisa blanca, concentrado en sus pantallas. No ha levantado los ojos a mi

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