Share

Capítulo 4

Author: Rui Rui
Los sonidos al otro lado de la puerta empezaron a confundirse, pero estaba perdiendo el conocimiento muy rápido.

El sótano estaba oscuro y me costaba cada vez más respirar. Mi visión se volvió borrosa y después todo quedó negro.

Debí de estar soñando.

Una mujer a la que nunca había visto me sostenía entre sus brazos y, por primera vez en mi vida, sentí calidez. Calidez de verdad.

Una calidez que no venía con condiciones ni nada a cambio.

Cuando volví a abrir los ojos, estaba en el asiento t
Continue to read this book for free
Scan code to download App
Locked Chapter

Latest chapter

  • El día que dejé de salvarla   Capítulo 7

    Salí discretamente de la habitación y los dejé a solas.Eric estaba apoyado contra la pared del pasillo, aprovechando la luz del sol. Me acerqué y lo llamé por su nombre.Se volvió hacia mí con una leve sonrisa en los labios.—¿El Don se ve muy mal cuando llora?Negué con la cabeza.—Es que la ama muchísimo.—La verdad, un amor como el de ellos da envidia.Asentí. Entonces vacilé. Me mordí el labio y, finalmente, pregunté:—Eric... ¿puedes decirme qué pasó con los Henderson?—Los enviaron a prisión.—Espera... ¿de verdad?Vio la sorpresa en mi rostro y soltó una risita.—¿Te preguntas por qué no los enterramos?Me sonrojé.—No me refería a eso.—Está bien. —Su sonrisa se desvaneció un poco—. Pero te diré algo: si nuestra Donna no hubiera sobrevivido, esos tres no habrían terminado en una celda. Habrían terminado en un ataúd.La mirada de Eric se ensombreció, oscura e indescifrable.No insistí. Más tarde terminé descubriendo la verdad de todos modos.Aunque los Henders

  • El día que dejé de salvarla   Capítulo 6

    Eric me indicó que volviera al auto.Mientras íbamos hacia quién sabe dónde, no podía dejar de pensar en lo mismo. Joseph sabía que yo no estaba involucrada. Entonces, ¿por qué todavía quería verme?Eric detuvo el auto frente a un hospital privado y me condujo al interior.Y allí estaba Joseph.Y detrás de él, al otro lado de una puerta de cristal, acostada en una cama de hospital con una vía intravenosa en el brazo…María. Ella estaba viva.Abrí la boca para hacerle cientos de preguntas, pero Joseph se llevó un dedo a los labios.Guardé silencio.Salió de la habitación y me entregó una carpeta.—Sé lo que estás pensando. Aquí tienes la respuesta.La abrí. Dentro había dos informes de ADN. El primero comparaba mi ADN con el de los padres de Brenda.El resultado: no había coincidencia.Yo no era su hija. Los ojos me ardieron.Había imaginado esa posibilidad miles de veces, cuando colmaban a Brenda de cariño y luego se volvían para golpearme, cuando me hacían sentir que no p

  • El día que dejé de salvarla   Capítulo 5

    Los tres palidecieron. La voz de Brenda se quebró.—Si sabían todo eso... ¿por qué no llamaron a la policía?Eric ladeó la cabeza y fijó sus ojos verdes en los de Brenda.—¿Tú qué crees?Hasta Brenda, por muy estúpida que fuera, terminó por entenderlo.No llamaron a la policía porque eso habría significado un juicio. Una condena. Tal vez cadena perpetua.Pero para Joseph...Eric soltó una risa fría.—Sería un castigo suave. Y, francamente, no sé de dónde sacaste el descaro para tocar a la Donna. Era la única persona que de verdad le importaba. ¿Sabes qué pasaba si siquiera se raspaba una rodilla? La mesa con la que se golpeaba terminaba hecha astillas.Brenda se quedó en blanco. Se quedó allí sentada, inmóvil, con la mirada perdida.Pero mis padres seguían sin entender.—¡No pueden hacer con nosotros lo que quieran, ustedes también caerán!No pude contenerme. Me eché a reír.—Papá. Mamá. ¿Se están escuchando? Los trajeron a una fábrica abandonada en medio de la nada. ¿De v

  • El día que dejé de salvarla   Capítulo 4

    Los sonidos al otro lado de la puerta empezaron a confundirse, pero estaba perdiendo el conocimiento muy rápido.El sótano estaba oscuro y me costaba cada vez más respirar. Mi visión se volvió borrosa y después todo quedó negro.Debí de estar soñando.Una mujer a la que nunca había visto me sostenía entre sus brazos y, por primera vez en mi vida, sentí calidez. Calidez de verdad.Una calidez que no venía con condiciones ni nada a cambio.Cuando volví a abrir los ojos, estaba en el asiento trasero de un sedán de lujo. Alguien había limpiado mis heridas y las había vendado con cuidado.—Ya despertó, señorita.Levanté la vista.Eric me sonreía.—El Don quiere verla.El corazón empezó a latirme con fuerza.¿Brenda y mis padres no habían ido ya a reunirse con él? ¿Por qué Joseph venía por mí? ¿Ya les había ocurrido algo?—¿Y mi familia? —conseguí preguntar—. ¿Pasó algo?Eric no respondió directamente.—Pronto se enterará.El auto se detuvo frente a una fábrica abandonada.Y

  • El día que dejé de salvarla   Capítulo 3

    Durante los días siguientes, me mantuvieron encerrada en mi habitación como a una prisionera.La noticia de que la esposa del Don murió tras ser atropellada por un conductor que huyó inundó internet. Joseph ofreció una recompensa de diez millones de dólares por cualquier información sobre el conductor.Los comentarios no tardaron en aparecer:"Ese conductor sí que tiene agallas. ¿Atropellar a alguien con tantos contactos y pensar que puede huir? Los tipos ricos como él te encuentran en un abrir y cerrar de ojos."Yo solo solté un leve murmullo."Dicen que este tal Joseph antes era un auténtico carnicero. Se calmó después de conocer a su esposa. ¿Y ahora que ella murió? Seguro que mucha gente está a punto de pasarlo muy mal."Qué lástima que la persona que estaba a punto de pasarlo peor no tuviera idea de lo que se le venía encima.Internet estaba dividido en dos bandos. Por un lado, estaba Joseph llorando la muerte de su esposa y ofreciendo una recompensa de diez millones de dól

  • El día que dejé de salvarla   Capítulo 2

    Brenda resopló con desprecio.—Por favor. Solo estás celosa porque no tienes la misma oportunidad que yo.Justo entonces, la voz de Joseph resonó desde afuera.Los ojos de Brenda se iluminaron como los de una niña en Navidad. Se puso de pie de un salto y empezó a acomodarse el vestido, lista para salir y asegurarse de que él la viera.Giró hacia mí y me apuntó con el dedo.—Tú, escóndete. Ni se te ocurra arruinarme esto.Éramos mellizas. Con el rostro parecido. Le aterraba que yo saliera y Joseph dejara de prestarle atención a ella para fijarse en mí.Pero no tenía de qué preocuparse. Yo no tenía el menor interés en el Don. Todo lo contrario: quería estar lo más lejos posible de él.Brenda salió contoneándose y, un minuto después, la escuché hablando con Joseph con aquella voz falsamente dulce, exagerando su preocupación, tan empalagosa que resultaba insoportable.Acababa de donar sangre y estaba agotada. Me acurruqué en una silla y poco a poco me quedé dormida. Cuando despert

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status