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Cambiando el tablero (3era. Parte)

last update Fecha de publicación: 2026-10-17 23:51:47

Al día siguiente

New York

Harry

El engaño solo nos compraba tiempo o avivaba aún más la rabia de Regina. Necesitaba ponerla contra las cuerdas con ayuda de Vincent, pero las dudas en la mirada azul de Michael me advertían que convencerlo no sería sencillo. Quizá todavía estaba afectado por la pérdida del bebé o simplemente desconfiaba de mí. Y, sin embargo, esperaba abrirle los ojos antes de que fuera demasiado tarde.

Estaba en la sala de mi casa, aguardando en silencio una maldita señal, cuand
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  • El día que me quieras   Heridas de sangre (1era. Parte)

    El mismo díaShere, Surrey, en las cercanías de LondresMichaelSentí que el accidente nos había arrancado un pedazo de nuestra vida, como si me hubieran abierto el pecho y dejado el corazón sangrando. Ver a Amanda inconsciente en aquella cama de hospital me quemaba la garganta. Solo quería poner fin a la pesadilla y, si para conseguirlo tenía que cazar a la arpía de Regina, no dudaría en hacerlo.Si quería venganza, Harry no iba a impedírmelo, mucho menos a dejarme fuera de la operación. Sin embargo, discutir con él fue como estrellarme contra un muro de ladrillos. No cedía y, cuando creí que por fin lo haría, me arrinconó con sus palabras.—Crees que a estas alturas me importa que la verdad salga a la luz —escupió con amargura.Endurecí el rostro.—Amanda no te lo perdonaría —le repliqué sin rodeos.Apreté la mandíbula.—Tampoco te lo perdonaría a ti por empecinarte en mantener una relación con ella —me devolvió Harry con amargura.Bajé la mirada un instante. No podía seguir fingien

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    Al día siguienteNew YorkHarryEl engaño solo nos compraba tiempo o avivaba aún más la rabia de Regina. Necesitaba ponerla contra las cuerdas con ayuda de Vincent, pero las dudas en la mirada azul de Michael me advertían que convencerlo no sería sencillo. Quizá todavía estaba afectado por la pérdida del bebé o simplemente desconfiaba de mí. Y, sin embargo, esperaba abrirle los ojos antes de que fuera demasiado tarde.Estaba en la sala de mi casa, aguardando en silencio una maldita señal, cuando una mueca de disgusto torció el rostro de Michael.—Harry, no puedo pedirle a Vincent que colabore. No voy a ponerlo en peligro —protestó con la voz tensa.—¿Acaso no lo comprendes, Michael? —lo increpé—. Amanda casi muere. Perdió al bebé.Una sombra de dolor cruzó sus ojos.—¡Ya lo sé y me duele! —replicó con la voz quebrada.Respiré hondo antes de continuar.—Regina está como una fiera herida, convencida de que la baronesa está muerta, y eso no puede ser una simple conjetura. Algo le dijo Wi

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    Unos días despuésLondresAmandaTodavía veía los faroles abalanzándose sobre mí y escuchaba el rugido del motor, cada vez más cerca. Recordaba cómo me quedé paralizada, incapaz de apartarme, mientras el grito desesperado de Michael me alcanzaba antes de que todo se volviera oscuro.Después, una voz me suplicó que regresara. Volvía a llamarme una y otra vez, y yo luchaba por abrir los ojos, pero una opresión me aplastaba el pecho. El cuerpo me dolía hasta en los huesos, aunque nada podía compararse con aquel temor que me negaba a nombrar. No quería despertar. No quería descubrir qué había ocurrido.—Despierta, amor. Déjame volver a encontrarme con tus ojos…La voz de Michael me llegó ahogada, rota por un llanto que intentaba contener. Quise responderle, apretar su mano, darle alguna señal de que lo escuchaba, pero mis párpados pesaban como plomo y el aire apenas me alcanzaba para respirar.—Si pudiera cambiar el futuro, volvería atrás y nos marcharíamos lejos… Aún seríamos los tres.A

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    El mismo díaLondresHarryEl olor a desinfectante me revolvió el estómago antes de que consiguiera abrir los ojos. Estaba tendido en una camilla de la enfermería, con una compresa pegada a la ceja y las costillas tan doloridas que cada respiración me arrancaba una punzada. Intenté incorporarme, pero tuve que aferrarme al borde del colchón hasta que el mareo cedió.La voz de Regina todavía me resonaba en la cabeza.El demonio de Williams secuestró a la baronesa.Apreté los dientes. Apenas había alcanzado a escuchar sus últimas palabras cuando otro golpe me hundió contra el suelo. El recuerdo me hizo cerrar los puños sobre la sábana.—¡Levanta el trasero y lárgate de aquí! —bramó el alcaide desde la puerta de la enfermería.Giré la cabeza hacia él. Me ardía la ceja y tenía la boca seca, pero no pensaba marcharme sin una respuesta.—¿Encontraron a Rogelio Guerra? —inquirí, presionándome las costillas.—No lo sé. La orden venía de arriba, del senador Jacobs Evans. A mí solo me dijeron qu

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    Al día siguienteLondresReginaEl motor ruge mientras el automóvil devora la carretera. Dos vehículos nos siguen de cerca, uno detrás del otro, cerrándonos el paso a cualquier intruso que intente acercarse. Mantengo la mirada fija en la ruta, con el celular pegado a la oreja y los dedos apretados alrededor del bolso que descansa sobre mis rodillas.—El camino está despejado. Todo listo en la pista privada para el despegue —informa Francesco desde el otro extremo de la línea.—No quiero más errores ni sorpresas, Francesco —le corto, sin apartar los ojos del camino.Cuelgo antes de que responda.El automóvil reduce la velocidad al aproximarse a la pista. Apenas se detiene, uno de mis hombres abre la puerta y se aparta para dejarme salir. Me cuelgo el bolso al hombro, acomodo los anteojos de sol y bajo sin esperar ayuda.El viento me golpea el rostro. A unos metros, las hélices del avión giran con un estruendo que obliga a los hombres a alzar la voz para comunicarse. Mis guardias se des

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    La misma nocheLondresMichaelEl aire se me atasca en los pulmones. El ardor que me oprime la garganta no desaparece mientras observo al médico, incapaz de apartar los ojos de su rostro. Los murmullos se apagan a mi alrededor y sus labios comienzan a moverse, pero no consigo distinguir sus palabras. Solo escucho un zumbido que me retumba en los oídos mientras avanzo hacia él, desesperado por obtener una respuesta.Harry se vuelve hacia el médico, al igual que mis padres. Nadie se atreve a romper el silencio.—Soy Michael Davis, el novio de Amanda —me presento, atropellando las palabras por la urgencia—. ¿Cómo está ella? ¿Y mi bebé?—Doctor Miller, jefe de cirugía —se identifica el hombre, mirándome de frente—. Amanda ingresó con múltiples traumatismos y sufrió una hemorragia a consecuencia del impacto. Tuvimos que intervenir de inmediato.Le sostengo la mirada, incapaz de conformarme con aquella explicación.—Pero ¿está bien? —insisto, con la voz cada vez más apremiante—. ¿Y mi bebé?

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