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Cuando la guerra nos alcanza (3era. Parte)

last update publish date: 2026-10-16 03:13:14

Al día siguiente

Londres

Regina

El motor ruge mientras el automóvil devora la carretera. Dos vehículos nos siguen de cerca, uno detrás del otro, cerrándonos el paso a cualquier intruso que intente acercarse. Mantengo la mirada fija en la ruta, con el celular pegado a la oreja y los dedos apretados alrededor del bolso que descansa sobre mis rodillas.

—El camino está despejado. Todo listo en la pista privada para el despegue —informa Francesco desde el otro extremo de la línea.

—No quiero más err
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    Al día siguienteLondresReginaEl motor ruge mientras el automóvil devora la carretera. Dos vehículos nos siguen de cerca, uno detrás del otro, cerrándonos el paso a cualquier intruso que intente acercarse. Mantengo la mirada fija en la ruta, con el celular pegado a la oreja y los dedos apretados alrededor del bolso que descansa sobre mis rodillas.—El camino está despejado. Todo listo en la pista privada para el despegue —informa Francesco desde el otro extremo de la línea.—No quiero más errores ni sorpresas, Francesco —le corto, sin apartar los ojos del camino.Cuelgo antes de que responda.El automóvil reduce la velocidad al aproximarse a la pista. Apenas se detiene, uno de mis hombres abre la puerta y se aparta para dejarme salir. Me cuelgo el bolso al hombro, acomodo los anteojos de sol y bajo sin esperar ayuda.El viento me golpea el rostro. A unos metros, las hélices del avión giran con un estruendo que obliga a los hombres a alzar la voz para comunicarse. Mis guardias se des

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    La misma nocheLondresMichaelEl aire se me atasca en los pulmones. El ardor que me oprime la garganta no desaparece mientras observo al médico, incapaz de apartar los ojos de su rostro. Los murmullos se apagan a mi alrededor y sus labios comienzan a moverse, pero no consigo distinguir sus palabras. Solo escucho un zumbido que me retumba en los oídos mientras avanzo hacia él, desesperado por obtener una respuesta.Harry se vuelve hacia el médico, al igual que mis padres. Nadie se atreve a romper el silencio.—Soy Michael Davis, el novio de Amanda —me presento, atropellando las palabras por la urgencia—. ¿Cómo está ella? ¿Y mi bebé?—Doctor Miller, jefe de cirugía —se identifica el hombre, mirándome de frente—. Amanda ingresó con múltiples traumatismos y sufrió una hemorragia a consecuencia del impacto. Tuvimos que intervenir de inmediato.Le sostengo la mirada, incapaz de conformarme con aquella explicación.—Pero ¿está bien? —insisto, con la voz cada vez más apremiante—. ¿Y mi bebé?

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    Dos días despuésLondresAmandaQuizás fue un acto de desesperación llamar a la bruja de Regina o simplemente me cansé de sus juegos, de esa manera retorcida de recordarnos que seguía cazándonos como animales. Como fuera, tenía que desterrarla de nuestras vidas.Y ahí estaba, afuera de la enfermería, con el ardor en la garganta, el pulso acelerado y las mejillas humedecidas, escuchando el silencio de la otra línea, que cada segundo me enloquecía un poco más.Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano y apreté el celular contra la oreja. Juro que quería meterme por la maldita pantalla y apretarle el cuello a la perra después de lo que le hizo a mi padre.Entonces escuché el tamborileo de sus dedos sobre alguna superficie. Bajé la mirada y apreté el teléfono entre los dedos.—Esa no es la pregunta que deberías hacer, Amanda, sino qué estás dispuesta a darme.Solté una risa sin gracia y negué con la cabeza.—Ya demostró de lo que es capaz atacando a mi padre —le recriminé, conteniendo

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