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CAPÍTULO 15

Author: Hanabi
last update publish date: 2026-08-12 05:32:30
OLIVIA

William dejó el bolígrafo frente a mí y repitió la orden con la tranquilidad de quien estaba seguro de haber ganado.

—Firma, Olivia.

No lo toqué.

—Primero voy a leerlo.

Una sombra de irritación cruzó su rostro, pero desapareció enseguida. Se apartó de la cama y se sirvió otra copa mientras yo deslizaba la carpeta sobre las sábanas y abría el documento.

El papel crujió bajo mis dedos. William no había perdido el tiempo: sus abogados habían convertido aquella propuesta en un campo min
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    OLIVIANoah dejó los documentos sobre el escritorio sin apartar los ojos de su padre.—De que le vaya bien —respondió—. Podrías intentar alegrarte tú también.William dejó de mirarme. Hasta entonces, su desagrado había sido algo que yo debía soportar; ahora Noah acababa de convertirlo en una ofensa que alguien más estaba dispuesto a señalar.Acomodé la carpeta contra mi pecho. Mi bolso seguía en el sillón junto a la puerta, donde lo había dejado al llegar, convencida de que entraba en aquella biblioteca para compartir una buena noticia.—No necesito que me expliques cómo tratar a mi esposa —dijo William.—Entonces no me des motivos —replicó Noah.Me volví hacia él. Tenía una mano apoyada sobre los documentos y los dedos demasiado te

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    OLIVIA—¿Con quién cenaste, Olivia? —preguntó William.Todavía llevaba en los labios el recuerdo de Noah cuando mi marido dejó su reloj sobre la mesa del recibidor. Hice un esfuerzo por no tocarme la boca y me quité el abrigo con una calma que no sentía.—Salí a despejarme. Te dije que lo haría.—Te pregunté con quién.Al levantar la mirada, encontré sus ojos fijos en mí. Una hora antes había compartido un postre con Noah, riéndome porque insistía en que dividirlo de manera justa requería una precisión ridícula. Ahora debía medir hasta el tiempo que tardaba en responder.—¿Desde cuándo tengo que entregarte una lista de las personas con las que me siento a comer? —pregunté.William se acercó para recibir mi abrigo. Acepté el gesto, aunque sus dedos se demoraron sobre los míos.—Desde que una pregunta sencilla parece incomodarte tanto —respondió él.Mi teléfono vibró dentro del bolso. Era Héctor: había enviado una captura de los pedidos de Puerta Propia y un mensaje que me hizo olvidar,

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    OLIVIA —Te pediría un postre —respondí. Noah me miró unos segundos antes de sonreír. —Eso puedes hacerlo ahora. —Lo sé —dije, pasando el dedo por el borde de mi servilleta—. Pero me gustaría comerlo sin estar calculando cuánto tiempo nos queda. Su sonrisa se suavizó. Esperé que mencionara mi matrimonio, las decisiones pendientes o todas las cosas que debía resolver para que algo tan sencillo fuera posible. En cambio, Noah acercó la carta de postres. —Entonces elige uno que valga la pena —respondió. Agradecí que me permitiera quedarme en aquella mesa sin obligarme a resolver mi vida antes de terminar la cena. Pedimos pastel de manzana y dos cucharas. Mientras lo traían, hablamos de películas que yo abandonaba a la mitad y él se empeñaba en terminar, de mis dificultades para dormir si una puerta del armario quedaba abierta. Noah confesó que desactivaba varias alarmas por la mañana antes de levantarse. —Eso explica por qué siempre pareces tan tranquilo —dije—. Has negociado con

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    OLIVIA Acepté cenar con Noah después de explicarle que salir juntos era una imprudencia, que William seguía pendiente de nuestros movimientos y que ninguno de los dos necesitaba más complicaciones. Noah escuchó mis argumentos y luego me preguntó si prefería comer a las siete o a las ocho. Elegí las siete. También elegí tres conjuntos distintos antes de admitir que estaba nerviosa por una cita con un hombre al que ya había besado de todas las maneras que mi prudencia habría desaprobado. William tenía una cena de negocios. Yo le dije que saldría a comer y evité adornar la explicación; las mentiras demasiado elaboradas siempre me habían parecido una invitación a hacer preguntas. Noah me esperaba junto a su automóvil, en una calle alejada de la mansión. Cuando bajé del mío, guardó el teléfono y sonrió de una forma que convirtió los veinte minutos frente al espejo en un esfuerzo perfectamente razonable. —Pensé que cambiarías de opinión —dijo Noah. —Todavía puedo hacerlo. —Entonces

  • El hijo de mi prometido me desea   Capitulo 102

    OliviaNoah arqueó las cejas, pero la chispa oscura que se encendió en sus ojos verdes me dejó claro que no pensaba discutir. Se apoyó en el borde y se impulsó hacia atrás, quedando sentado sobre la madera, con las piernas ligeramente separadas. Los vasos tintinearon a su lado. Avanzó las manos por instinto para tomarme por la cintura y atraerme hacia él, pero le atrapé las muñecas en el aire. Las empujé hacia abajo, aplastando sus palmas contra la superficie de la mesa, a ambos lados de sus caderas. —No te muevas —murmuré, acercándome hasta que mis rodillas rozaron las suyas—. Y no me toques. No hasta que yo te lo diga. La nuez de su garganta subió y bajó. Su pecho subía con rapidez bajo la camisa entreabierta. —Olivia... —advirtió, con la voz ronca por la anticipación. —Dije que no me toques, Noah. Manteniendo mis ojos clavados en los suyos, deslicé una mano bajo la falda de mi vestido. Enganché los dedos en el encaje de mi ropa interior y tiré de ella hacia abajo con un

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    Olivia No llegue a responder la estúpida pregunta de Camille, solo la ignore y ella se fue con las manos vacías. Noah dio un paso hacia mí, pero yo seguí mirando los dos vasos sobre la mesa. Me irritaba pensar que Camille había ocupado aquella silla, que lo había tenido cerca, que durante un instante se había permitido creer que podía besarlo. —Olivia, mírame —pidió Noah. Obedecí a regañadientes. Él observó mis brazos cruzados y después buscó mis ojos. —Ya te dije lo que pasó. ¿Qué más necesitas saber? —preguntó. —Nada —respondí—. Te creo. Eso no significa que me agrade imaginarla acercándose a ti. Noah mantuvo la mirada en la mía. —Me aparté porque no quería besarla. Sabía que estaba siendo injusta con él. Lo sabía y, aun así, tuve que contener las ganas de preguntar cuánto se había acercado Camille, si le había tocado la cara, si había pronunciado su nombre con la misma confianza con la que yo lo hacía cuando estábamos solos. Me descrucé de brazos y acorté la di

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