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Capítulo 37

Autor: Hanabi
last update Fecha de publicación: 2026-08-25 04:20:02

Olivia

—Eso ha sonado interesante —comentó, inclinándose apenas hacia mí.

—Quise decir que estás sacando conclusiones absurdas —corregí, sintiendo que el calor me subía por el cuello.

—Entonces será muy fácil mantenerte lejos de él —respondió Diana, recuperando su serenidad.

—Vivimos en la misma casa —protesté, apretando la mandíbula.

—Es una mansión, no una habitación de hotel —replicó ella—. Estoy segura de que encontrarás espacio suficiente.

—No puedes decirme qué hacer —advert
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    OLIVIAHabía declarado la guerra con una servilleta ensangrentada en la mano. Diez minutos después, sentada en la parte trasera de un automóvil, no conseguía indicarle al conductor dónde debía dejarme.El encargado del restaurante me había acompañado hasta el vestíbulo mientras seguridad mantenía a William lejos de mí. Allí había intentado esperar a la policía. Incluso había escuchado a una mujer decir que tenía grabado lo ocurrido, antes de que mi marido exigiera saber qué estaba haciendo con su teléfono.Después vi mi reflejo en uno de los espejos.Tenía sangre cerca de la mandíbula y una mancha de agua en el vestido. Me reconocí primero como alguien a quien habría querido ayudar; solo después comprendí que era yo. La determinación que me había mantenido de pie empezó a abandonarme por las rodillas.Dejé mis datos, pedí que me llamaran y salí. No había cambiado de opinión sobre denunciarlo. Simplemente no soportaba seguir allí, escuchándolo repetir que había sido un accidente.Le di

  • El hijo de mi prometido me desea   Capitulo 127

    OLIVIAWilliam se levantó cuando me vio entrar y apartó la silla que tenía enfrente. Había escogido una mesa al fondo del restaurante, lejos del piano y de los ventanales que daban al vestíbulo. Sobre el mantel me esperaba un café preparado como me gustaba.Durante años habría considerado aquel detalle una prueba de atención. Esa tarde me pregunté qué quería conseguir con él.—Gracias por venir —dijo William mientras yo me sentaba—. No quería hablar de esto por teléfono.Dejé el bolso sobre mis rodillas.—Tengo una reunión después —respondí.Mi abogada me esperaba a las cuatro. No había cancelado la cita cuando William llamó, aunque durante unos segundos tuve el impulso de hacerlo. Todavía estaba aprendiendo a no reorganizar mi vida cada vez que él quería verme.—No voy a retenerte —aseguró William, acomodándose frente a mí—. ¿Estás cómoda en el hotel?—Estoy bien.—Podrías volver a casa. Hay espacio suficiente para que no tengamos que discutir mientras resolvemos las cosas.Observé s

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    OliviaHéctor giró la computadora hacia mí antes de que pudiera preguntarle qué había encontrado.Reconocí el auto de William. Después vi a Eva junto a la puerta del pasajero, con una mano apoyada en su pecho.En la siguiente fotografía se estaban besando.Dejé el bolso sobre mis piernas y me incliné hacia la pantalla, buscando sin querer una explicación que no estaba allí. William le sujetaba la cintura. Cuando ella se apartaba, él volvía a acercarla.—Las tomó el investigador durante el seguimiento —explicó Héctor—. Desde la calle, a la salida del edificio. Envió la secuencia completa.Me mostró las imágenes restantes sin apresurarme. Había fechas, horas y suficiente claridad para reconocerlos a ambos.Llevaba tanto tiempo esperando algo que William no pudiera negar que me desconcertó no sentir alegría.—¿Quieres que las quite? —preguntó Héctor.Negué con la cabeza.—Quiero dejar de preguntarme si estoy viendo lo que estoy viendo.Él retiró la mano del ratón.Volví a la primera foto

  • El hijo de mi prometido me desea   Capitulo 125

    OLIVIAHéctor llevaba veinte minutos discutiendo con Noah sobre el presupuesto del almacén cuando descubrí que me gustaba verlo trabajar incluso cuando no estaba de acuerdo conmigo.—Podemos reducirlo —dijo Noah, girando la computadora hacia nosotros—. Pero prefiero que sepan qué están quitando antes de prometerles una cifra que después no voy a poder cumplir.Me incliné para revisar sus anotaciones. Su rodilla rozó la mía debajo de la mesa y ninguno se apartó.Habían pasado tres días desde que Diana me mostró la fotografía. William sabía que había visitado aquel hotel; todavía ignorábamos cuánto más había descubierto. Por eso habíamos mantenido la reunión con Héctor y, antes de salir, yo le había dicho a Noah que regresaría a mi hotel al terminar.Tenía el bolso junto a la silla y un automóvil reservado para las siete. Aquella organización tan sensata me resultaba menos satisfactoria a medida que se acercaba la hora.Terminamos aprobando una primera etapa de las modificaciones. Hécto

  • El hijo de mi prometido me desea   Capítulo 124

    DIANAHabía decidido no contestar a Gabriel hasta encontrar una manera elegante de explicarle que besarlo había sido una equivocación. El problema era que llevaba dos días buscando esa explicación y todas sonaban menos convincentes después de recordar el beso.Aquella mañana fui al taller a recoger el abrigo que Héctor había enviado a limpiar después del desastre de la tubería. Pensaba entrar, agradecer el favor y marcharme antes de encontrar otra complicación.Gabriel apareció junto a mi automóvil mientras yo cerraba la puerta.—Te llamé —dijo, deteniéndose frente a mí.—Lo vi —respondí, acomodándome el bolso.Sus ojos recorrieron mi rostro con una atención que me hizo desear haberme puesto los lentes de sol.—También vi tu auto desde la esquina —explicó Gabriel—. Quería hablar contigo.—Ahora no es un buen momento —contesté, mirando hacia la entrada del taller.—¿Hay alguno que quieras proponerme?Me molestó que preguntara con tanta calma. Un hombre ofendido habría sido mucho más fá

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    OLIVIAHabían pasado cuatro días desde que William me dijo que recogiera mis cosas. Lo había hecho esa misma tarde, aunque todavía me sorprendía despertar en un hotel y encontrar una pared donde antes estaban los ventanales de nuestra habitación.Mi maleta seguía abierta. La abogada revisaba lo que Eva me había enviado y esperaba la conversación completa; yo esperaba que Eva dejara de tratar mi libertad como una oportunidad de negociar. Mientras tanto, William había anunciado al nuevo director del proyecto de Noah con una fotografía y una felicitación pública tan generosa que daban ganas de preguntarle cuánto le había costado fingirla.Noah apenas mencionó el anuncio. Trabajaba en su propia propuesta, buscaba clientes y, cuando hablábamos, conseguía interesarse por mis pedidos sin convertir cada conversación en un inventario de lo que su padre nos había quitado.Lo extrañaba de una manera que empezaba a resultarme poco razonable. Extrañaba incluso sus distracciones: cómo dejaba enfria

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