Compartir

Capítulo cuatro

Autor: M.Royale
last update Fecha de publicación: 2026-08-21 22:26:46

Ay, Dios.

Ay, Krishna.

Ay, Zeus.

Fuera cual fuera la deidad que hubiera ahí fuera, desde luego no tenía poder suficiente para salvarla del grave aprieto en el que se encontraba.

«Sigo esperando una respuesta, señorita Hempstead».

«Ay……»

«¿Se te ha comido el gato la lengua…?

«¡No lo estaba siguiendo, señor!», gritó ella. «De hecho, yo… estaba intentando traerte un gemelo que se te había caído de la camisa».

¿Un gemelo? ¿En serio?

Era la mentira más absurda que se le había ocurrido jamás, sobre todo porque no había ningún gemelo que respaldara sus palabras. Theo frunció profundamente el ceño: «Yo no llevo gemelos».

Ella tragó saliva con dificultad: «Bueno, yo… entonces debo de haberle confundido con otra persona».

La mirada de Theo bastó para acabar con hasta la última pizca de confianza que le quedaba. Ahora sí que iba a perder su trabajo. «¿Dónde está ese gemelo, señorita Hempstead?».

Se le cortó la respiración por un instante. El momento que tanto había temido por fin había llegado. Sintió cómo una gota de sudor le resbalaba por una mejilla mientras intentaba inventarse la mejor mentira posible: «Nosotros… bueno… bueno, yo…».

«¿Bueno, qué?», gruñó él en voz alta. «¿Se niega a hablar, señorita Hempstead?».

«¡Me lo dejé en casa, señor!», respondió ella. Ya notaba cómo se le llenaban los ojos de lágrimas, ya que estaba física y emocionalmente agotada de estar allí de pie frente a él.

No se merecía esto. Un hombre que se parecía y le recordaba a alguien a quien amaba, reprendiéndola sin remordimientos y sin que ella pudiera hacer nada al respecto porque tenía facturas que pagar. No se merecía tener que aguantarlo, no cuando su mera presencia le causaba aún más angustia mental.

Theo se burló en voz alta: «¿Y tú qué?».

Ella sollozó: «Me lo dejé en casa. Pido disculpas si crees que mi comportamiento fue inapropiado y ofensivo, pero hice lo mejor que pude como tu secretaria. Entiendo que no te sientas cómodo trabajando conmigo y aceptaré de buen grado cualquier castigo que se me imponga».

No podía mirarle a los ojos. Era demasiado vergonzoso y aterrador a la vez. A diferencia de Xavier, Theo Gianni era el hombre más intimidante que había conocido jamás, y había sido una tontería por su parte pensar que era el mismo hombre que le hacía mariposas en el estómago con solo una mirada.

Todo lo que su jefe le transmitía era miedo y desesperación.

«No te importa que te castiguen», dijo él por fin, tras un minuto de silencio insoportable.

Ella asintió: «Aceptaré lo que me imponga, señor».

*********^

Qué descaro el de ese maldito cabrón. Apretó los dientes.

Esperaba una invitación a la sala de recursos humanos para hablar de la política de la empresa, no tener que triturar veinte cajas de documentos antiguos de la empresa en una habitación que olía a moho y a comida para perros caducada. El hedor del lugar le daba náuseas, y la supuesta trituradora desde luego no le facilitaba nada el trabajo.

Theo Gianni quería tenderle una trampa, y ella se merecía toda la fuerza de su ira.

Lo había seguido como una idiota, pensando que era su némesis… bueno, lo era, pero de una forma diferente.

No podía ser Xavier. Era grosero, cruel en todos los sentidos e indigno de un ser humano decente. Puede que su exnovio se hubiera esfumado, pero desde luego no era tan descarado como el hombre que estaba diez plantas más arriba.

«Qué asco». Sintió que volvía a tener náuseas al abrir otra caja de documentos antiguos que se habían manchado de agua por una gotera en el techo. Había una razón de peso por la que esta parte del edificio estaba prohibida, pero su jefe solo quería ser cruel y obligarla a hacer un trabajo irrazonable.

Lloraba mientras los revisaba, por alguna razón que no entendía, hasta que sus ojos se posaron en un expediente en el que se leía claramente el nombre «GIANNI».

Se apoyó contra la trituradora, que crujía con cada movimiento, y hojeó las páginas húmedas. Parecían ser expedientes con información sobre los miembros de la familia Gianni, en los que se detallaban claramente sus vidas personales y demás. Nada de eso le interesaba; esas personas de alto perfil estaban claramente fuera del alcance del público, y a ella no le importaba saber nada de ellas.

Ni siquiera de su jefe.

Divisó su nombre impreso en negrita en las páginas y se levantó rápidamente mientras las hojeaba. Entonces, abrió mucho los ojos, sorprendida, al ver el texto en negrita al pie de la página, con fecha de hace exactamente dos años.

«"Theo Andrew Gianni (el segundo hijo de la tercera generación de la familia Gianni): FALLECIDO"»

Se frotó rápidamente los ojos para leer las palabras, que afirmaban claramente que había fallecido hacía un año y medio.

Extraño. Diabólico. Desconcertante. Inquietante.

No hay palabras que puedan expresar con claridad el grado de confusión que sintió al ver el expediente de su jefe. Tenía la impresión de que simplemente se parecía a Xavier, pero también lo había conocido hace exactamente un año y medio —claramente dentro de la misma línea temporal en la que Theo fue declarado fallecido—.

—Señorita Hempstead.

Se quedó sin aliento en cuanto oyó su voz y se giró para encontrarlo de pie en la puerta. Rápidamente se apretó el expediente contra la espalda.

Theo arqueó una ceja con aire interrogativo: —¿Qué llevas detrás de la espalda?

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • El imperio secreto del multimillonario   Capítulo ochenta y cinco

    Al amanecer, el muelle estaba desierto, salvo por la niebla que se levantaba del agua y el sonido de las gaviotas disputándose el territorio.Taylor salió sola, con el expediente en las manos, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de Massimo. Sin armas. Sin refuerzos a la vista. Solo una mujer y una carpeta llena de secretos.Notaba que la observaban. Marcus y Daniel, escondidos en algún lugar con armas y planes de evacuación. Theo, listo para actuar si algo salía mal. Sarah, supervisando las comunicaciones.Pero desde donde se encontraba Massimo, probablemente parecía que Taylor estaba sola.Él la esperaba al final del muelle. El elegante hombre del edificio Hamilton, que parecía más mayor a la luz del día, llevaba un abrigo que probablemente costaba más que el coche de la mayoría de la gente.Detrás de él había dos hombres. Armados. Profesionales.Y entre ellos, su padre.Parecía que lo habían interrogado a fondo. Magullado. Agotado. Pero vivo.—Taylor —dijo su padre. Tenía

  • El imperio secreto del multimillonario   Capítulo ochenta y cuatro

    Se separaron.Theo y Daniel se fueron a buscar recursos: refugios, armas y contactos a los que se les debía un favor. Marcus se adentró en la ciudad con la misión de encontrar a cualquiera que hubiera trabajado para Palazzo en los últimos treinta años.Sarah se quedó con Taylor y Xavier en el almacén, analizando las fotografías con la intensidad de alguien que había sido entrenado para ver lo que a los demás se les escapaba.—El hombre de esta fotografía —dijo Sarah, señalando al elegante caballero del edificio Hamilton—. Ha envejecido bien. Lo que significa mucho dinero. Buena seguridad. Una buena razón para mantenerse oculto.Xavier se inclinó sobre la fotografía.—Se llama Massimo —dijo Xavier en voz baja—. Lo oí una vez. Hace mucho tiempo. Alguien hablaba de él como si fuera alguien importante.—¿Tan importante? —preguntó Taylor.—Lo suficientemente importante como para hacer desaparecer a un hombre de los registros públicos —respondió Xavier—. Lo suficientemente importante como p

  • El imperio secreto del multimillonario   Capítulo ochenta y tres

    Xavier estaba solo cuando Taylor y Sarah entraron.El almacén era enorme, vacío salvo por viejos equipos y el sonido del agua rompiendo contra el muelle de fuera. Una única luz colgaba del techo, dejando todo lo demás en la penumbra.—Has traído a Sarah —dijo Xavier. No era una pregunta.—Sí —respondió Taylor—. Se acabaron los secretos.Xavier esbozó una leve sonrisa.—Entonces vamos a tener una conversación muy complicada —dijo—. Porque yo sigo teniendo muchos secretos. Solo que ahora estoy dispuesto a compartir algunos de ellos.Theo emergió de la oscuridad que había detrás de él. Parecía vacío por dentro. Como si alguien le hubiera metido la mano y le hubiera quitado algo esencial.—Tay —dijo Theo. Tenía la voz ronca—. Lo siento. No lo sabía. Te juro que no lo sabía.—¿Sabías qué? —preguntó Taylor—. ¿Que tenías un hijo? ¿Que mi madre lo crió? ¿Que todo esto está relacionado?—Todo —respondió Theo—. Nada. Ni siquiera sé lo que no sé.Xavier les hizo un gesto para que se sentaran. As

  • El imperio secreto del multimillonario   Capítulo ochenta y dos

    Theo se marchó del refugio sin decir adónde iba.Daniel no intentó detenerlo. Sarah no hizo preguntas. Taylor se limitó a verlo marcharse y comprendió que había abierto una brecha en algo que él llevaba mucho tiempo manteniendo a buen recaudo.—Va a buscar a Xavier —dijo Daniel—. Tienen que hablar de esto.—¿Cómo es posible todo esto? —preguntó Taylor—. ¿Cómo acabó mi madre cuidando del hijo de Theo? ¿Cómo creció Xavier con mi familia sin que yo lo supiera?—Porque la gente guarda secretos —respondió Daniel—. Porque a veces las personas más cercanas a ti llevan vidas enteras de las que no sabes nada.Sarah seguía mirando fijamente la fotografía.—La mujer de la foto —dijo Sarah—. La que sostiene a Xavier. ¿Quién es?—No lo sé —respondió Taylor—. No la reconozco.Sacó todas las demás fotografías y las extendió sobre la mesa. Buscaba a la mujer. Buscaba cualquier pista sobre quién era.La mujer aparecía en seis fotografías en total. Siempre con el abuelo de Taylor o con su madre. Nunca

  • El imperio secreto del multimillonario   Capítulo ochenta y uno

    El piso franco de Brooklyn era diferente esta vez. No era el de Marcus. Ni el de Daniel. Era otro sitio: un almacén en Red Hook que olía a agua salada y óxido. Un lugar industrial. Construido para gente que necesitaba desaparecer por completo.Taylor estaba sentada a una mesa con el expediente abierto delante de ella, las fotografías esparcidas como pruebas en la escena de un crimen.La primera fotografía: su abuelo, joven, de unos treinta años. Estaba de pie junto a alguien a quien Taylor no reconocía. Un hombre con un traje caro. Se daban la mano delante de un edificio que Taylor reconoció de los archivos de noticias: uno de los edificios corporativos de Theo, pero de hace décadas.La segunda fotografía: el mismo abuelo, ahora más mayor, sentado a la mesa con otros hombres. Uno de ellos era sin duda alguien importante. Alguien poderoso. Pero Taylor no sabía quién.La tercera fotografía: su madre, joven y guapa, de pie entre su padre y el abuelo. Los tres parecían una auténtica famil

  • El imperio secreto del multimillonario   Capítulo ochenta

    El edificio Hamilton se alzaba en una esquina del Distrito Financiero, todo de cristal y acero, sin nada que lo distinguiera. El tipo de lugar donde cada día se llevaban a cabo mil transacciones sin que nadie les prestara atención.Taylor estaba de pie en el vestíbulo a las 11:50 de la mañana, sola tal y como le habían indicado, con la llave en el bolsillo.Se abrió la puerta de un ascensor. Un hombre vestido con traje le hizo un gesto para que entrara.Ella lo hizo.Subieron a la segunda planta: ni a la última, ni al sótano. A algún lugar intermedio donde nadie pudiera oír nada. La habitación 208 estaba al final de un pasillo que se parecía a cualquier otro pasillo de cualquier otro edificio de oficinas.La puerta no estaba cerrada con llave.Dentro, su padre estaba sentado en una silla. Con las manos atadas con bridas. El rostro magullado, pero intacto. Vivo.Detrás de él había dos hombres a los que Taylor no reconocía, y de pie a un lado, mirándola como si llevara mucho tiempo espe

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status