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Capítulo dos

Autor: M.Royale
last update Fecha de publicación: 2026-07-31 19:36:49

Xavier Alexander Johnson, también conocido como «Xavi».

Vestida con un impecable traje blanco, confeccionado a la perfección, sin una sola arruga, y con el pelo peinado meticulosamente, los ojos de Taylor se quedaron clavados, horrorizados, cuando el hombre que la había dejado plantada ante el altar se plantó a solo unos pies de distancia.

Imposible.

Simplemente no puede ser.

Sintió un dolor de cabeza punzante. Y eso era quedarse corto. Sentía como si le estuvieran aplastando el cerebro al ver a su prometido. Sacudió ligeramente la cabeza, con la esperanza de que se tratara de algún tipo de prueba enfermiza y retorcida inventada por la empresa para demostrar su valía o algo así, o quizá sus ojos le estaban jugando una mala pasada y estaba confundiendo a su jefe con otra persona.

Inmediatamente se frotó los ojos con las manos para despejar la neblina matutina. Entonces volvió a levantar la vista hacia la figura que se encontraba justo delante de ella, con el ceño fruncido de una forma que indicaba claramente que él era quien más irritado estaba por su comportamiento.

¡Era Xavi!

No se trataba de una prueba, ni de un juego retorcido diseñado para jugar con su mente; ¡EL HOMBRE QUE LA HABÍA DEJADO SIN PALABRAS ESTABA CLARAMENTE DE PIE JUSTO DELANTE DE ELLA!

¿¡Y era su jefe?!

¿¡Un multimillonario?!

«Increíble», pensó.

«¿Xavi?». Su nombre salió en un chillido, más patético de lo que ella hubiera querido. Estaba enfadada, pero aún más desconsolada al verlo tan… imperturbable.

Él la miró fijamente, con los ojos desprovistos de emoción, muy diferente al hombre que ella conocía y al que había llegado a amar. «¿Quién eres?».

Tragó saliva con dificultad; el nudo en la garganta le resultaba más difícil de tragar ahora que estaba dando unos pasos atrás. Sin duda se estaba volviendo loca… ¿o no? Xavier, a quien había amado con cada fibra de su ser, le estaba preguntando quién era ella.

¿De verdad no la conocía?

¿Estaba confundiendo a su jefe con otra persona? ¿Como el hombre que, él solo, le había arruinado la vida?

La paciencia de Theo Gianni se había agotado claramente al ver cómo la mujer que tenía delante… atravesaba múltiples niveles de delirio. Suspiró profundamente y cogió el teléfono de su escritorio; estaba claro que no tenía tiempo para perderlo con una loca esta maldita mañana.

«Hola», sus palabras salieron con una frialdad brutal que ella, sin duda, no esperaba, «necesito a seguridad en mi despacho. Hazlo…

«¡No!», gritó Taylor. Un grave error, se dio cuenta al ver la mirada perturbada en el rostro de su jefe: «Yo… soy Taylor Hempstead. Soy tu nueva secretaria».

Se produjo un silencio incómodo. La tensión en la habitación era suficiente para hacer gritar a un niño. Theo arqueó las cejas por un instante y dejó escapar un suspiro mientras colgaba el teléfono.

El ceño fruncido volvió a aparecer en su rostro: «Está claro que tengo que despedir a todo el departamento de recursos humanos por ser tan incompetentes».

«Disculpe».

«No hay ninguna razón aparente para que contraten a alguien tan incompetente como tú, salvo para fastidiarme». Murmuró: «Dicho esto, eres una jodida...».

«¡No!», gritó ella, retractándose de su repentino arrebato, respiró hondo e intentó recuperar la compostura. «Yo... le pido mil disculpas por mi comportamiento, señor Gianni». Tragó saliva con dificultad; las palabras le resultaban tan duras de pronunciar como un ladrillo. «Le confundí con otra persona... eso es todo».

¿¡Un error?!

¿¡Lo había confundido con alguien?!

Xavier estaba justo delante de ella y, a riesgo de perder el trabajo por el que tanto había luchado, ¿tenía que mentir diciendo que lo había confundido con alguien?!

Theo arqueó una ceja, con los labios apretados mientras la observaba fijamente. Luego se frotó la sien y dejó escapar un profundo suspiro: «Una última oportunidad. Supongo que nadie te lo ha dicho, pero no soy de los que premian la indulgencia, señorita...

«Hempstead», le corrigió ella, tragando saliva por enésima vez. «Me llamo Taylor Hempstead... sí... señor».

«Sal de mi despacho». La despidió con un gesto de la mano y ella acató la orden con cautela, abandonando el despacho del hombre que, supuestamente, le había arruinado la vida.

¿De verdad Xavier no se acordaba de ella?

¿Era Theo Gianni en realidad Xavier Johnson?

¿Eran gemelos? ¿Primos? ¡¿Doppelgängers?!

¿Qué demonios estaba pasando?!

***********

Tras seis horas de silencio y tensión insoportables en el escritorio de la nueva secretaria de Theo Gianni, Taylor llegó por fin a la conclusión de que él nunca podría ser el hombre del que estaba enamorada. Los rumores de que era un jefe despiadado no hacían más que hacer justicia a la reputación de Theo Gianni.

No solo era despiadado. Era un monstruo. Y ella lo despreciaba con la intensidad de mil soles ardientes. No solo criticaba absolutamente todo lo que ella hacía, sino que además descartaba la idea de despedirla cada vez que cometía un pequeño error, y lo peor era que ella seguía sus instrucciones al pie de la letra.

Era imposible que él fuera Xavi. Aunque aquel malvado cabrón la había dejado plantada en el altar, era la persona más dulce que había conocido jamás. Xavi era amable, le apasionaba ayudar a los necesitados y tenía una sonrisa que te hacía sentir un nudo de alegría en el estómago cada vez que lo veías.

¿Theo Gianni? Era un imbécil egoísta que lo odiaba todo. Incluso se quejó del agua que ella le había ofrecido… ¡¡¡la misma agua que él mismo había pedido expresamente!!!

«¿Señorita Hempstead?». Su irritante voz le ponía los pelos de punta, y eso que solo era su primer día de trabajo.

«¿Señor?». Entró corriendo en su despacho.

Él estaba de pie junto a las ventanas, desde donde se divisaba una amplia vista del perfil urbano de la ciudad desde el interior. Ella tragó saliva con dificultad; su complexión se parecía a la del hombre que conocía, solo que más encogida en algunas partes.

Xavi era corpulento y suave.

Theo estaba tonificado y era rígido en todos los sentidos.

Se aclaró la garganta: «Me ha llamado si…»

Sus palabras se apagaron en el instante en que vio una marca concreta en la nuca de su jefe. Se quedó pálida y le fallaron las piernas en cuanto comprendió lo que eso significaba.

La marca de nacimiento de Xavi. Era única; recordaba muy bien cómo él había bromeado una vez diciendo que parecía el mapa de Europa. Theo Gianni tenía la misma marca.

Dios mío.

«Eres pésima en tu trabajo y espero que mañana lo hagas mejor», dijo él con sequedad. «Puedes retirarte».

Cogió la chaqueta que cubría el respaldo de cuero de su silla y pasó junto a ella para marcharse. El aroma a sándalo y almizcle de su cuerpo le resultaba demasiado familiar, algo que le había calmado los nervios más veces de las que podía contar.

Se parecía a su exnovio.

Olía exactamente igual que el hombre que le había confesado su amor bajo un sicómoro.

¡Tenía la misma marca de nacimiento que Xavier Johnson!

¿Y ahora se alejaba como si no supiera nada de ella?

¡No mientras tú estés al mando!

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