LOGIN¡Hola a todos! Hemos vuelto con un capítulo cargado de más contexto en donde podemos entender mejor de qué trataba el proyecto Hermes y por qué fracasó. Además de la relación entre Giulia y nuestra querida Paula ahora conocida oficialmente como Selene Virel. Su nombre original de nacimiento. Hay muchas preguntas ahora que sabemos más sobre ella, ¿qué quiere hacer Giulia con Dominic? ¿Por qué Dominic dice haber visto a Paula? ¡Nos leemos en el próximo capítulo!
Dominic Eric aparcó el auto frente a la entrada del hotel. Era elegante con puertas grandes de manera tallada, una gran alfombra que se extendía como un río de terciopelo, luces cálidas que impedía que apartaras la vista y cinco pisos repletos de habitaciones que pormetían comodidad sin importar cuál eligieras. Bajé sin decir nada, ajustando el saco como un gesto automático mientras avanzaba. El portero, impecablemente vestido, hizo una leve reverencia mientras abría la puerta. En la recepción estaba un joven con uniforme azul que al verme, cambió su expresión totalmente indiferente por una llena de sorpresa y nerviosismo. Se enderezó de inmediato como si hubiese reconocido algo más que mi cara. —Bienvenido, señor Anderson —saludó con la voz ligeramente temblorosa—. La señorita Moretti lo espera en la suite 512. No respondí, solo asentí y tomé el ascensor. El trayecto hasta el quinto piso fue tranquilo, acompañado de la suave música clásica que salía de los parlantes. Al llegar,
Paula Hoy era mi día de ingreso a la oficina. Era viernes y había llegado temprano para poder revisar todo cuidadosamente. Todo el papeleo estaba en orden, no había nada por firmar, las reuniones tenían sus fechas definidas y lo único que restaba era la conferencia en Italia, Santa María Novella. Mi jefe había viajado con Eric como su acompañante, debido a mi tobillo lesionado. Se suponía que debía quedarme en la oficina, pero no había nada por hacer. A las 2:00 pm en punto desaparecí. Nadie me vio salir. Nadie preguntó. Me dirigí al aeropuerto con un pasaje comprado bajo una identidad que ya no existía oficialmente, decidida a viajar por mi cuenta hasta Santa María Novella. La razón era bastante simple. Con Dominic lejos, mis intentos de monitorear sus movimientos no eran posibles. Necesitaba tenerlo cerca, pero al mismo tiempo necesitaba ver a mi objetivo principal: Giulia Moretti. Giulia y yo fuimos parte del proyecto Hermes años atrás. Un experimento en cubierto financiado p
Dominic Paula se incorporaba hoy a la empresa. Durante su ausencia, Eric fue el encargado de sus tareas y no era ningún secreto que lo hacía a regañadientes. Se quejaba constantemente, como si llevar el peso de dos puestos fuera una injusticia personal. Además, tenía que asistir conmigo a las reuniones que llevaban semanas en agenda, lo que aumentaba su mal humor. Ahora yo estaba en Italia, rumbo a una conferencia que prometía ser más interesante por los asistentes que por el contenido. El tren avanzaba entre colinas verdes y pueblos que parecían detenidos en el tiempo. Revisaba los correos de mi tablet, intentando ponerme al día antes de llegar al evento. Uno de ellos era de Paula, lo cual captó por completo mi atención. > "Señor Anderson, por favor dele mis más sinceros agradecimientos al señor Eric. Sé que no fue fácil, pero ya estoy de vuelta y lista para retomar mis labores. Cuando regrese me gustaría hablar de algo con usted. Le deseo un lindo viaje." La última frase me dej
Eleanor no mostró inquietud alguna. —Claro, Dominic. Ella es la chica perfecta para ti. Tal vez no hayan convivido tanto, pero se nota que se complementan mejor que nadie. Sostuve la mirada sin bajar la guardia. Sabía que este tipo de temas eran bastante delicados, por lo que debía ser cuidadosa con las palabras si quería evitar algún contratiempo. Los ricos normalmente solo hablaban de matrimonio cuando sabían que podrían obtener algo de la otra persona, entonces ¿qué podía ofrecerles? Ya lo tenían todo, yo no hacía falta en sus vidas. —Es amable de su parte, pero mi rol no va más allá de lo profesional —afirmé con la sonrisa más sincera posible. El padre de Dominic asintió. —Profesional, sí. Pero también emocional. Seamos honestos, Dominic nunca ha traído a otra mujer más que a ti. El silencio se hizo más denso. Dominic se acomodó en su lugar, cruzando sus dedos frente a él y tomando la típica postura dominante que usaba en las reuniones con nuevos colaboradores
Paula Mamá retrocedió lentamente, percibiendo mi tono de voz. Su mirada buscaba respuestas en la mía. Yo por mientras ya había comenzado a repasar mentalmente todas las posibles personas que sabían mi dirección, pero no podía llegar a una en específico. Otro golpe, esta vez más firme. Mi corazón se aceleró, no de miedo, sino de anticipación. —Ve a tu habitación, mamá —le pedí más con urgencia que con dulzura. —Pero Paula… —Por favor. Ella obedeció. No porque entendiera, sino porque mi tono de voz anunciaba que algo no andaba bien. Me acerqué a la puerta con cautela, sin abrirla. En el suelo, había un sobre negro que se deslizó bajo la puerta. Adentro reposaba una tarjeta dorada con letras blancas. “Señorita Jones, su asistencia será esencial esta noche. Dirección: Residencia Anderson. Hora: 8:00 pm. No responda este mensaje, solo acuda.” Sin firma. ¿Era Dominic? No. Él no se expresaba de esta manera y siempre firmaba al final. Coloqué la carta sobre la mesa y la
Paula Observé el paquete sobre la mesa junto a la carta que reposaba en mis manos. ¿Quién era el legítimo destinatario? No lo sabía, pero pronto lo descubriría. Los pasos de mamá me alertaron, por lo que guardé la tarjeta con tranquilidad como quien oculta una grieta bajo la alfombra. —Oh cariño, ¿y esa caja? ¿Mandaste a pedir cosas en línea? —Sí, lo compré porque estaba en oferta. No es la gran cosa. Mamá asintió y sin más desapareció hacia su habitación. Yo me limité a hacer lo mismo, colocando la misteriosa caja sobre el escritorio mientras cerraba la puerta y encendía la luz. Corté la cinta que lo sellaba y procedí a abrirla. En su interior reposaba solo una cosa: una foto. Pero no era cualquier foto. Era yo. Una versión más joven y decidida de unos ¿17 años tal vez? Estaba recostada sobre una larga mesa de conferencias rodeada de varias personas que me observaban en secreto. Sus rostros estaban difuminados, por lo que era un poco difícil distinguirlos. U







