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Estefanía colgó sintiéndose extraña. Hacía tiempo que debía haber denunciado a ese sujeto, no quedarse a bromear con él por teléfono.La sonrisa que aún conservaba en los labios se fue desvaneciendo poco a poco. Cuanto más lo pensaba, más absurdo le parecía todo… o peor aún, ¿tan profunda era su soledad que ahora encontraba refugio en un desconocido?Las videollamadas con Javier habían ido mermando, pero no lo culpaba; su hermano ahora estaba entrenando de verdad. Las pocas veces que lograba verlo a través de la pantalla, siempre lucía algún moretón nuevo, ya fuera en el rostro o en el brazo, aunque él le quitaba importancia explicándole con soltura cómo se lo había hecho. Además, se acostaba muy temprano porque lo hacían madrugar, así que ella dejó de insistir en saber de él todos los días. Se resignó a la única compañía de Sonya y a los anhelos que su corazón guardaba en silencio. Por las noches, a veces se acostaba llorando, sin llegar a comprender del todo el motivo.Esa era un
Cristian debía admitir que no había sido el más delicado, aunque presentía desde el inicio que era virgen.Aquella estrechez. La forma en que lloriqueaba aferrada a sus hombros, con las mejillas sonrojadas y el cuerpo sacudiéndose sin fuerzas debido a sus embestidas. Parecía no haber soportado nunca algo semejante.Pero no había sangre. Y entonces lo dudó.Una mujer que se presentaba en su casa por voluntad propia, contratada en un burdel de mala muerte para tener sexo con él, ¿cómo iba a ser virgen?Sin duda era buena en la actuación. Era demasiado buena.Maldita sea, cada vez que recordaba ese primer encuentro, no podía evitar ponerse duro como una piedra.Esa noche había corrompido a un ángel. La había consumido en su fuego, manchando su piel blanquecina con las huellas de su deseo.Ella lo había aceptado todo sin protestar, siendo excesivamente complaciente.Recordaba los chorros de su semen inundando su estrecho canal, en una eyaculación tan brutal que terminó dejándolo sorprend
Apenas terminó la cena, Cristian se despidió sin querer prolongar más su estancia en aquel sitio.Se dirigía a su auto cuando escuchó que alguien corría detrás de él. Era el sonido inconfundible de unos tacones sobre el asfalto.Se giró despacio, observando desde su altura a la mujer, cuya presencia no era ninguna sorpresa.Guardó silencio, esperando que hiciera su brillante jugada.Era hombre y se le habían ofrecido lo suficiente a lo largo de sus treinta y tres años de vida como para saber lo que pretendía justo ahora.—Disculpe, señor Sterling —dijo Camila, intentando recuperar el aire mientras se acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja, esmerándose por lucir presentable luego de tan deplorable persecución—. Mi padre olvidó mencionarle que la bancada tiene dudas sobre la comisión de seguimiento del contrato.Cristian soltó una leve risa despectiva, llena de ironía.—Qué preocupado resultó Morales... enviar a su hija a correr detrás de mí. Qué poca consideración con una se
En su oficina, Cristian observaba fijamente la pantalla del computador, pero lejos de estar revisando un asunto de trabajo, su mirada estaba clavada en el reproductor de video. Se trataba del último clip de grabación que su personal de seguridad le había enviado. En el mismo podía apreciarse a Estefanía de pie al frente de un aula magna, en plena exposición académica. Lucía un atuendo formal que no lograba ocultar del todo la curva de su embarazo, sosteniendo un apuntador mientras explicaba algo en la pantalla que se proyectaba a su lado. Presionó el botón del ratón para pausar la grabación justo en el momento en que ella miraba al frente y sonreía, satisfecha de sí misma. La sonrisa de la mujer era fresca, segura… tan dulce como el algodón de azúcar. No pudo evitar quedarse embelesado ante esa imagen. Le dio zoom inmediatamente, movido por el deseo de observarla más de cerca. Él había querido ir a verla en persona, escuchar su exposición y presenciar cómo triunfaba, pero últimam
Tres puntos suspensivos flotaron en la pantalla.Estefanía no despegó la vista del chat abierto, esperando con ansiedad una respuesta.«¿Por qué asumes que no te conozco?»El desconocido le devolvió la pregunta con agilidad.Ella frunció el ceño.Aquello era más que obvio.¿Cómo podría conocerla una persona a la que ella jamás había visto?Aunque… ¿realmente lo había visto?Estefanía solo recordaba un brazo largo cubierto por la tela gruesa de un abrigo oscuro que se estiraba sobre su cabeza, una mano enfundada en un guante de piel y una espalda ancha que se alejaba a paso rápido antes de que ella pudiera decir algo.Aquel día, la escena fue similar: apenas distinguió a un sujeto alto con gorra que se camufló entre la multitud.Jamás le había visto el rostro.Ni una sola vez.Tras pensarlo por un momento, escribió:«Porque ni siquiera he visto tu cara. No sé quién eres, así que ni siquiera debería estar escribiéndote. Prácticamente te estoy respondiendo a ti, que eres un acosador.»En
Dos meses después…Estefanía había recibido la autorización del médico para volver a su rutina.En su última consulta, más que recibir ese permiso, había descubierto algo que le tenía el corazón lleno de dicha.Finalmente, su bebé le había dejado ver si sería niño o niña.No pudo evitar soltar una risita mientras recordaba el momento.Durante toda la ecografía, el bebé parecía decidido a no dejarse ver, hecho bolita.El doctor había intentado de todo: que se pusiera de lado, que tosiera y hasta que tomara un sorbo de agua para ver si se movía. Pero nada. No cedía.Fue justo al final, cuando el médico ya estaba por rendirse y limpiarle el gel de la barriga, que el bebé decidió estirarse a sus anchas.Con descaro, abrió las piernas de par en par, dejando ver un prominente y nada tímido atributo masculino en primer plano.—Bueno —soltó el doctor entre risas, congelando la imagen en la pantalla—, tímido no salió. Ahí tiene a su varoncito.Estefanía encendió la pantalla de su teléfono, don







