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Capítulo 8

作者: Escarcha
La medalla se me resbaló de la mano y cayó al suelo.

Di varios pasos hacia atrás, tropecé con una piedra y caí de espaldas al suelo.

Mis papás se acercaron para ayudarme a levantarme, pero todos esos malos recuerdos que casi había logrado olvidar, volvieron a golpearme con un dolor punzante en el pecho.

—¡No me toquen! ¡No me toquen!

Las manos de mis papás se quedaron suspendidas en el aire, con los ojos llenos de amargura.

—Lulú... ¿Qué te pasa? Soy tu mamá.

Las lágrimas no dejaban de rodar por
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  • El largo adiós: su esperanza no es mi luz   Capítulo 9

    Tomás estaba parado en la entrada del edificio de clases, con un aspecto mucho más desaliñado y apagado.Cuando me miró, sus ojos brillaron.—¡Lulú! He venido a buscarte muchas veces, por fin te veo.Su voz sonaba ofendida y resentida, como si estuviera resfriado.Se acercó para tomarme la mano, pero di varios pasos hacia atrás.—Tomás. ¿Qué estás haciendo? ¿No te has hartado de fingir?Había querido a Tomás durante muchos años, y nunca le había hablado con tanta dureza.Por un momento, se quedó paralizado, sin entender.—Lulú... ¿qué dices? ¿No sabes cuánto te he extrañado? Te he estado esperando en la Universidad de la Capital, ¿por qué te fuiste aquí?Miré la hora. Las clases estaban a punto de empezar. No tenía paciencia para más. Se lo dije sin rodeos:—Porque no quería verte a ti ni a Esperanza. Me das asco. ¿Ya está claro?Dicho esto, lo esquivé para entrar al edificio.De repente, se abalanzó y me abrazó por detrás.—Lulú, no seas así. No hay nada entre Esperanza y yo. No me ma

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    La medalla se me resbaló de la mano y cayó al suelo.Di varios pasos hacia atrás, tropecé con una piedra y caí de espaldas al suelo.Mis papás se acercaron para ayudarme a levantarme, pero todos esos malos recuerdos que casi había logrado olvidar, volvieron a golpearme con un dolor punzante en el pecho.—¡No me toquen! ¡No me toquen!Las manos de mis papás se quedaron suspendidas en el aire, con los ojos llenos de amargura.—Lulú... ¿Qué te pasa? Soy tu mamá.Las lágrimas no dejaban de rodar por mis mejillas, mientras sollozaba.Y fui enumerando, uno por uno, aquellos momentos en que me ignoraron y no me tomaron en cuenta.—Para mí, hace tiempo que dejaste de serlo. No tengo una mamá que solo recuerde lo que le gusta a otra persona. No tengo una mamá que nunca vea mi esfuerzo, que siempre crea que soy menos que los demás.Miré a mi papá, que no decía nada pero tenía el rostro lleno de lágrimas.—Tampoco tengo un papá que siempre me olvide en cualquier lugar. Ya tienen a Esperanza, ¿por

  • El largo adiós: su esperanza no es mi luz   Capítulo 7

    Cuando aterricé y encendí el teléfono, la pantalla se llenó de mensajes como si el aparato se hubiera vuelto loco. Cientos de notificaciones, y decenas de llamadas perdidas de diferentes personas.Mi mamá me había dejado mensajes por WhatsApp:“Lulú, ¿cómo puedes ser tan caprichosa?”“Sacaste tan buen puntaje y no nos dijiste nada.”“¿Dónde estás? ¿Cuándo vas a dejar de preocuparme?”Tomás también me había escrito un montón:“Luz, sacaste tan buen puntaje, ¡qué bien! Ahora podemos ir juntos a la Universidad de la Capital.”“Deja de hacer berrinches, ya hiciste preocupar a tu mamá. Vuelve pronto.”“En unos días nos vamos juntos a inscribirnos.”Fruncí el ceño mientras leía todos esos mensajes. Luego los bloqueé y los borré.Salí del aeropuerto y el viento de la ciudad costera me dio en la cara.Llevaba conmigo el valor para empezar de nuevo. Iba a perseguir mi propia luz y construir mi futuro.Mientras buscaba la ruta hacia la universidad en la aplicación de mapas, alguien me tocó el ho

  • El largo adiós: su esperanza no es mi luz   Capítulo 6

    A Tomás se le cortó la respiración. Se abalanzó sobre ella para arrebatarle el teléfono.Miró una y otra vez el puntaje y el código de verificación en la pantalla.Luego sacó su propio teléfono para comparar.Con los labios temblorosos, miró a mi mamá, pero no pudo articular ni una palabra en su defensa.Porque yo realmente había sacado ese puntaje, y él realmente había dicho que iba a volver a tomar el examen.—Señora...Mi mamá lo interrumpió con un gesto de la mano y dio media vuelta para regresar.De camino a casa, no dejó de llamarme.Tomás también se quedó en un rincón del salón, enviándome mensajes sin parar.Yo, en el avión, no tenía ni idea de nada.Cuando llegó a casa, mi mamá abrió la puerta con urgencia.Gritó mi nombre por toda la casa, pero por más alto que llamara, nadie respondía.Mi papá llegó justo detrás. De repente, algo les vino a la mente y subieron corriendo las escaleras.Mi habitación seguía igual que siempre.Solo que en la papelera había un montón de fotos he

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    Con un golpe seco, el teléfono cayó al suelo.Mi mamá se quedó paralizada, sin saber cómo reaccionar.Mi papá se sobresaltó al verla así.Recogió el teléfono y, sin poder creerlo, preguntó de nuevo:—Profesora Vargas, ¿no se habrá equivocado? A Esperanza le fue superbien, no es posible que Luz haya sacado más que ella.La profesora, aún más desconcertada, no entendía cómo unos padres podían estar tan despreocupados que ni siquiera conocían la nota de su hija hasta ese momento.Y lo peor era que, al enterarse, su primera reacción no había sido de alegría, sino de incredulidad.—Señor, estoy completamente segura. A Luz le fue excelente, su puntaje fue altísimo, sin ninguna duda.Mi papá perdió toda la fuerza de golpe y se desplomó en la silla.En el escenario, el presentador los llamó a subir a dar un discurso como padres de Esperanza.Las luces del salón iluminaron de lleno sus rostros.Pero en ese momento, sus caras estaban pálidas, sin color.Ante la mirada de todos, forzaron una sonr

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    Cuando terminó la ceremonia, todos empezaron a regresar.Fue Esperanza quien recordó a mis papás y a Tomás que yo existía.—Lulú, ¿por qué te fuiste otra vez sin avisar?No dije nada. Me subí al carro por mi cuenta.Y me fui directo al asiento de atrás.A nadie le importó. En el carro empezaron a hablar emocionados sobre universidades y carreras.—Esperanza, tú y Tomás van juntos a la Universidad de la Capital. Con él cuidándote, nos quedamos tranquilos.Esperanza asintió con las mejillas coloradas.En cuanto a qué carrera elegir, mis papás se pusieron a discutir, cada uno defendiendo su propia opinión.Al final decidieron dejar que Esperanza eligiera por su cuenta.—Esperanza es lista y tiene criterio propio, no es como Lulú, que siempre nos da preocupaciones.No dije ni una palabra en todo el trayecto.No notaron mi presencia hasta que estuvimos cerca de llegar a casa.Mi mamá me preguntó:—Lulú, ¿y tú qué vas a hacer?Antes de que pudiera responder, Tomás se adelantó:—Señora, a Lul

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