Share

Capítulo 6

Author: Kurumi Cuerva
Intenté calmarme, pero fue imposible.

En mi cabeza no dejaban de aparecer imágenes de Daniela: con ese traje impecable, provocativa... y luego con la pijama, igual de tentadora.

Cuanto más intentaba no pensar en eso, más se me iba la mente hacia ese lado.

El cuerpo empezó a incomodarme cada vez más. Sentía como si tuviera una llama encendida en el abdomen.

Sin darme cuenta, la mirada se me desvió.

La luz de la luna entraba por la ventana del baño y caía sobre la ropa que ella se había quitado.

La prenda clara... y esas medias negras, tan llamativas... todo resultaba demasiado sugerente.

Eran sus cosas. Recién usadas.

***

La idea de siquiera acercarme a eso nunca se me había cruzado por la cabeza.

Pero ahora...

Cuando reaccioné, ya tenía las medias en la mano, arrugadas, desordenadas.

Una sensación de culpa me golpeó de lleno.

Las solté de inmediato.

Pero luego pensé... si Daniela veía eso así al día siguiente, seguro me tomaría por un pervertido.

Capaz hasta me corría... y adiós a los mil dólares mensuales.

Me levanté en silencio, tomé las medias y las lavé.

Por si acaso, lavé también el resto de la ropa.

A la mañana siguiente, estaba profundamente dormido cuando sentí un golpe en el abdomen.

Abrí los ojos, medio aturdido.

Daniela seguía en pijama blanca, pero la forma en que me despertaba tenía un aire autoritario.

Su pie, blanco y delicado, presionaba mi estómago.

Parpadeé, todavía adormilado.

Por la mañana, el cuerpo reaccionaba solo... y no pude evitarlo.

Ella lo notó de inmediato. Su expresión se llenó de desprecio, como si hubiera tocado algo sucio.

Se apartó de golpe.

—Qué asco.

—Levántate ya. Mira la hora.

Luego vio la ropa tendida junto a la ventana.

—¿Tú la lavaste? Vaya... al menos sirves para algo.

Sus palabras me cayeron pesado.

Una molestia se me atoró en el pecho.

Por un momento, tuve ganas de sujetarla y castigarla a mi manera.

Pero no hice nada.

Me ordenó quedarme en la habitación sin moverme.

Ella se arregló, se cambió y salió.

Iba a trabajar. Como su esposo, me tocaba acompañarla hasta la puerta.

Ahí estaba Renata.

Quise decirle algo, pero en cuanto me vio, desvió la mirada.

Ni siquiera quiso cruzar los ojos conmigo.

Sentí un vacío extraño.

Beatriz, Daniela y Renata se fueron.

Durante el día, la casa quedaba solo para mí.

Y así pasaron casi treinta días.

Para mí, fue un mes de tortura.

Casi todas las noches, Beatriz se quedaba afuera de la puerta, pendiente de lo que pasaba dentro.

Su deseo de tener un nieto era casi obsesivo.

Así que, noche tras noche, tenía que seguir con la misma farsa.

Y al final, Daniela siempre me echaba de la cama de una patada.

Si al menos fuera real...

Pero no.

Podía ver, incluso tocar... pero nunca cruzar esa línea.

La frustración era insoportable.

Casi todas las noches terminaba levantándome para lavar ropa otra vez.

Por suerte, Daniela nunca descubrió nada.

Poco a poco, fui perdiendo el miedo.

Empecé a dejar todo para el día siguiente y lavar con calma cuando ellas se iban a trabajar; al fin y al cabo, durante el día la casa era solo mía.

En cuanto a Renata... nuestra relación se quedó ahí, como si nada hubiera pasado.

Me saludaba cuando me veía, pero no iba más allá.

Era evidente que me estaba evitando.

Daniela, por su parte, seguía igual que siempre.

Frente a los demás, dulce y considerada. A solas, fría y cortante.

Si quería gritarme, lo hacía; si quería desquitarse, también.

Y yo... solo podía aguantar.

Así era vivir en su casa como su marido.

Beatriz, en cambio, siempre fue amable conmigo.

Además, como sabía ganármela con palabras, la hacía reír con facilidad.

Varias veces me preguntó por qué, después de un mes, Daniela aún no daba señales de embarazo.

Yo me las arreglaba para inventar cualquier excusa.

Otro día más.

Acompañé a Daniela hasta la puerta.

—Regresa temprano. No trabajes de más —dije, fingiendo ternura, y le di un beso ligero en la mejilla.

Vi cómo se le enrojecían las orejas.

Asintió apenas, y la piel de su cuello se erizó ligeramente.

—Ay, por favor... desde temprano con esas muestras de cariño. Qué empalagosos —intervino Renata, saliendo por detrás, jalando a Daniela—. Ya vámonos.

—Ignacio, al principio pensé que no te llevarías bien con Daniela... pero parece que todo va bien —comentó Beatriz desde atrás, sonriendo.

Me rasqué la cabeza.

—Es Daniela la que no me hace el feo...

Si Beatriz supiera que en realidad Daniela y yo la estábamos engañando... no quería ni imaginar su reacción.

—Quítate...

De pronto, una voz algo aguda sonó a mi espalda.

Un empujón me apartó sin miramientos.

Una chica pasó a mi lado.

Llevaba el cabello recogido, de complexión pequeña, pero con ese aire que ya empezaba a rozar lo provocador de la adolescencia.

Sandalias negras de tacón, con tiras que se enredaban alrededor de sus pantorrillas.

Short corto... medias negras que cubrían sus piernas delgadas.

El rostro, delicado y bien formado, heredaba claramente los rasgos de Daniela.

Era Abril, la hija de Daniela.

Estaba en plena etapa rebelde. Muchas noches ni siquiera regresaba a casa.

Daniela intentaba controlarla, pero no lo lograba.

Y, de todos en esa casa, era quien peor me trataba.

Al pasar junto a mí, ladeó la cabeza con desdén... y escupió.

La saliva cayó directo sobre mi camisa.

Probablemente quería escupir al suelo o a mis zapatos, pero calculó mal.

Mi rostro se ensombreció al instante.

Entrecerré los ojos.

La rabia empezó a hervir.
Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • El perfume de la belleza   Capítulo 410

    Si realmente era Octavio, no podía evitar preocuparme un poco.Apenas el día anterior había ido a armar un escándalo. Aunque al final todo se había resuelto gracias a Regina, eso no significaba que hoy volveríamos a tener la misma suerte.Además, si Octavio regresaba a causar problemas, seguramente vendría preparado. Incluso podía haber llamado a la policía, y eso sí me preocupaba.Pero enseguida me di cuenta de que la situación no era como había imaginado.No escuché la voz de Octavio.En cambio, oí una voz aguda, estridente y extrañamente familiar.Y cuanto más la escuchaba, más fácil me resultaba reconocerla.¿No era Renato, el desgraciado novio de Cristina?¿De verdad se había atrevido a venir hasta la escuela?Mi expresión se ensombreció de inmediato.Había pensado que, después de la golpiza de ayer, se quedaría tranquilo por un tiempo, pero claramente no tenía intención de detenerse.Después de todo el daño que ya le había causado a Cristina, ¿todavía no pensaba dejarla en paz?

  • El perfume de la belleza   Capítulo 409

    Cristina soltó un pequeño resoplido.—Aunque al principio sí me diste una pésima impresión: mujeriego, violento y siempre metiéndote en peleas... La verdad es que eres una buena persona. Y no te lo digo por quedar bien contigo; de verdad lo pienso.Sonrió y continuó:—Con que alguien te conozca un poco, creo que es difícil que termine odiándote. Así que tampoco sería raro que tuvieras novia. Aunque en la escuela no permiten que los alumnos anden de novios, yo no voy a decir nada.¿Daniela contaba como mi novia?En realidad, yo solo fingía ser su esposo.¿Y Renata?Parecía que tampoco.Paula... probablemente tampoco.Pensándolo bien, de verdad no tenía novia.Solté un suspiro.—De verdad no tengo novia. Todavía debo un montón de dinero y ahora mismo no tengo cabeza para andar de novio con nadie. También trabajo en Los Pelones del Centro porque Lautaro paga bastante bien.Al mencionar Los Pelones del Centro, de pronto recordé algo.—Por cierto, quédate con esta bolsa.La noche anterior,

  • El perfume de la belleza   Capítulo 408

    Era evidente que Cristina se enteraba de aquello por primera vez. Su expresión se quedó rígida y la noticia pareció dejarla completamente impactada.Asentí.—A Renato le gustan los hombres.Luego añadí, todavía molesto:—Ayer, cuando fuimos a rescatarte, la primera habitación que encontramos no fue la tuya, sino la de enfrente. Entramos y vimos a Renato besándose con uno de sus amigos. La escena fue bastante desagradable.La noticia golpeó duramente a Cristina.Parecía incapaz de asimilarlo, se tambaleó ligeramente y su rostro perdió todo el color.¿El hombre que había sido su novio durante tantos años en realidad se sentía atraído por los hombres?Aunque ya estaba completamente decepcionada de Renato, descubrir algo así de repente seguía siendo un golpe enorme.—Así que, desde el principio, el problema nunca fuiste tú. Él nunca te vio realmente como su pareja. Solo te utilizaba para guardar las apariencias. Si algún día hubiera logrado sacar adelante su negocio, lo más probable es qu

  • El perfume de la belleza   Capítulo 407

    A la hora de vestirse, no sé qué le pasó a Cristina. Después de todo lo que acabábamos de hacer, de pronto se puso muy tímida y me pidió que me diera la vuelta.Le hice caso, me giré y también terminé de vestirme.Después me lavé la cara y salí junto con Cristina.Aunque aquello tenía que ver con asuntos muy personales de ella, no pude evitar preguntarle por qué se había aferrado tanto a Renato.Cristina era una mujer muy inteligente. Seguramente hacía tiempo que se había dado cuenta de cómo era él en realidad y sabía perfectamente que era un desgraciado. Entonces, ¿por qué seguía dispuesta a gastar tanto dinero en él?La expresión de Cristina se ensombreció.Parecía que aquel seguía siendo un tema que prefería no tocar.Me sentí un poco incómodo y enseguida me disculpé.—No pasa nada, puedo contártelo. En realidad, desde que era niña, mis padres adoptivos siempre me vieron como la mujer con la que Renato terminaría casándose algún día.Al escucharla, casi escupí el agua que estaba

  • El perfume de la belleza   Capítulo 406

    Esta vez Cristina estaba completamente consciente y su reacción era claramente distinta a la de la noche anterior. Por lo menos, ya no se mostraba ni de lejos tan desenfrenada como entonces.Sin embargo, aquella mezcla de timidez y pudor tenía otro tipo de encanto, uno igual de irresistible.Los suaves sonidos que intentaba contener hacían que el deseo dentro de mí se desbordara.La noche anterior no había tenido oportunidad de observarla con calma. Ahora, en cambio, podía apreciar claramente lo seductora que era Cristina sobre la cama.La maravillosa sensación de su cuerpo suave y sensual hizo que el fuego dentro de mí ardiera con todavía más fuerza.La excitación hizo que mis movimientos se volvieran cada vez más intensos.Su cuerpo parecía una pequeña embarcación sacudida por las olas, estremeciéndose una y otra vez al ritmo de mis movimientos.Al ver la expresión seductora de su rostro, todavía sentí que no era suficiente. Apoyé una mano sobre su hombro y volví a acercarme a ell

  • El perfume de la belleza   Capítulo 405

    La repentina pregunta de Cristina hizo que mi expresión se tensara ligeramente.Por un momento me quedé desconcertado, sin saber cómo responder ante aquella mirada.Pero al verme así, ella pareció entender la respuesta por sí sola y una sonrisa amarga apareció en su rostro.—Ya entiendo. En realidad, tampoco esperaba que te hicieras responsable. Después de todo, no fue culpa tuya. Además, tampoco soy precisamente una buena mujer... y soy mucho mayor que tú.Su tono hizo que se me oprimiera el pecho.Levanté la mirada y respondí con dificultad:—No quise decir eso. No sé cómo explicarlo. Mi situación ahora es bastante complicada y no puedo estar con nadie porque yo...Empecé a trabarme, sin saber siquiera qué estaba intentando decir.Cristina me dedicó una sonrisa.Era una sonrisa muy cálida que consiguió aliviar un poco la tensión que sentía.—No pasa nada. Debería darte las gracias por haberme salvado ayer. También sé que no puedo ser tan ambiciosa como para quererlo todo.La tristeza

  • El perfume de la belleza   Capítulo 5

    Estar sobre un cuerpo tan suave, tan cálido, con ese aroma envolvente... era imposible no perder el control. Cualquier hombre, en ese momento, se dejaría llevar.Pero justo antes de que mis dedos llegaran a tocarla, el rostro de Daniela cambió de golpe. Se volvió duro, severo... y, sin previo avis

  • El perfume de la belleza   Capítulo 4

    En ese instante, tanto Renata como yo nos quedamos completamente paralizados, mirándonos fijamente, con la misma expresión de absoluto desconcierto.A Renata incluso se le resbaló la toalla con la que se estaba secando el cabello... y ni cuenta se dio.¿Renata era la hermana de Daniela?Entonces...

  • El perfume de la belleza   Capítulo 3

    Renata Quiroz... Daniela Quiroz...Las dos eran Quiroz... vaya coincidencia la de hoy.La idea cruzó fugazmente por mi mente. Luego fijé la mirada en Daniela y la observé con más detenimiento.¿De verdad era ella la que buscaba un marido que se fuera a vivir con ella?Antes de venir, me la había im

  • El perfume de la belleza   Capítulo 7

    Abril también alcanzó a notar mi mirada. Su rostro palideció un poco; claramente se había asustado.Yo estaba a punto de perder el control y darle una lección... pero me contuve. Beatriz estaba detrás de mí.—Inútil —murmuró Abril, antes de darse la vuelta y marcharse, moviendo las caderas.—¡Abril

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status