Share

Capítulo 5

Penulis: Kurumi Cuerva
Estar sobre un cuerpo tan suave, tan cálido, con ese aroma envolvente... era imposible no perder el control.

Cualquier hombre, en ese momento, se dejaría llevar.

Pero justo antes de que mis dedos llegaran a tocarla, el rostro de Daniela cambió de golpe.

Se volvió duro, severo... y, sin previo aviso, me soltó una bofetada.

Me quedé helado, mirándola sin entender qué estaba pasando.

Daniela lanzó una mirada hacia la puerta y luego susurró, apretando los dientes:

—¿Eres idiota? ¿Ya olvidaste lo que acordamos? Somos pareja solo de nombre. En privado no hay nada entre nosotros. No puedes tocarme. ¿Qué crees que estás haciendo?

Claro que lo recordaba, solo que...

—Entonces tú...

Daniela se llevó un dedo a los labios, indicándome que guardara silencio, y señaló hacia afuera.

Me giré... y me quedé de piedra.

Por la rendija bajo la puerta se distinguía claramente una sombra.

—Mi mamá está afuera, escuchando —susurró—. ¿Entiendes ahora?

Entonces lo comprendí.

Todo era una actuación. Quería engañar a Beatriz.

—Ah... mm...

De pronto, de los labios de Daniela salió un sonido extraño. Su expresión se veía forzada.

La miré, desconcertado.

—¿Qué estás haciendo?

Con el rostro enrojecido, respondió en voz baja:

—Pues... si estamos haciendo eso, hay que hacer algo de ruido, ¿no? Si no, no va a parecer real...

Fruncí el ceño.

—¿Tú ya has tenido marido, no? ¿Y no sabes ni eso? Ese sonido no engaña a nadie... se oye falsísimo.

Lo suyo sonaba raro. Como si repitiera algo de memoria, sin emoción alguna.

Cualquiera con un poco de experiencia notaría de inmediato que era fingido.

Se supone que había tenido tres esposos... no podía ser que no supiera ni esto.

Daniela se puso aún más roja y me lanzó una mirada molesta.

—¿Ah, sí? Entonces tú sí sabes, ¿no?

Sonreí con cierta arrogancia.

—Claro. ¿Crees que mi fama es gratis? Todos saben de lo que soy capaz.

Daniela torció los labios, llena de desdén.

Tras una breve pausa, dijo:

—Entonces hazlo tú.

Asentí, satisfecho, y le indiqué con la mano.

—Date la vuelta.

Aunque no parecía muy convencida, obedeció.

Se giró y quedó boca abajo sobre la cama.

Levanté la mano... y le di una palmada en la cadera.

—¡Ah!

Se incorporó de golpe y me fulminó con la mirada.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué me pegas?

—El sonido de antes sí era convincente. Con eso basta para engañar —respondí con naturalidad.

Aunque, en el fondo... solo estaba devolviendo la bofetada que me había dado.

Daniela se puso roja hasta las orejas.

Entre la vergüenza y el enojo, su expresión era un caos.

Pero en ese terreno no tenía experiencia y, al parecer, terminó creyendo que lo que yo decía tenía sentido.

Aun así, la incomodidad era evidente.

—¿Y tú no tienes que hacer ruido? —preguntó.

Lo pensé un momento.

—Con eso no basta. Si quieres que suene creíble, también tiene que haber respiración... y que la cama se mueva. Solo con eso no alcanza.

—¿Y entonces cómo se hace? —me miró con los ojos bien abiertos, completamente ingenua.

—Así.

Mientras hablaba, me incliné sobre ella.

La cama crujió y se movió.

Daniela no pudo evitar soltar un sonido ahogado.

Se giró de inmediato, furiosa, mirándome con reproche.

Claramente no le había gustado nada.

Pero al recordar que había alguien afuera, se contuvo.

—Si no lo hacemos así, no hay manera —me encogí de hombros—. Tú decides.

Daniela apretó los labios. Aunque le resultaba humillante, al final asintió.

No era nada fácil montar esa farsa.

No solo había que aparentar... había que hacerlo de forma convincente.

Tal vez la situación le resultaba demasiado incómoda, porque sacó el celular y empezó a teclear, sin que yo supiera con quién hablaba.

Mientras tanto, de vez en cuando dejaba escapar algún sonido para que la escena pareciera real.

Las manos que antes solo usaba para hacer ruido, poco a poco se fueron volviendo más suaves.

Frunció el ceño y me lanzó una mirada de reojo.

—¿Ya fue suficiente?

—Ni cerca. Yo podría seguir más de una hora —respondí.

Pero Daniela no tenía ninguna intención de continuar tanto tiempo.

Volteó hacia la puerta. La sombra ya no estaba.

En ese instante, sin previo aviso, me soltó una patada en el abdomen y me lanzó fuera de la cama.

El desagrado en su rostro ya no tenía ningún filtro.

—De verdad... ustedes los hombres dan asco...

El golpe dolió. Me llevé la mano al vientre mientras me levantaba.

A pesar de ser mujer, había pateado con fuerza suficiente para hacerme fruncir el rostro.

—Lárgate. No quiero verte —escupió, jalando la cobija para cubrirse.

Apreté los dientes y salí al pasillo que llevaba al baño.

Al final, yo no era más que una herramienta.

Me usaba y luego me tiraba.

Ni pensar en quedarme en la cama.

El piso estaba helado. Solo pude tomar una toalla del baño y envolverme con ella.

La farsa había terminado. El problema de Daniela estaba resuelto.

Pero el mío seguía ahí.

Esa mujer... era insoportable.

Mientras refunfuñaba para mis adentros, mis ojos se detuvieron en el cesto de la ropa del baño.

Ahí estaban las prendas que Daniela se había quitado al bañarse.

Y, encima, unas medias negras, llamativas, imposibles de ignorar.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • El perfume de la belleza   Capítulo 215

    Nunca imaginé que Renata fuera a hacerme una pregunta tan íntima de repente.Quizá, como no había nadie más en el carro, se había vuelto mucho más atrevida y hasta se animaba a hablar de esas cosas sin rodeos.¿Cuánto tiempo llevaba sin tener intimidad con Daniela?¿Por qué alguien en la posición de Renata me preguntaría algo tan privado?Desde la última vez, los dos habíamos mantenido cierta distancia.En teoría, yo era su cuñado y ella mi cuñada. Ninguno de los dos había intentado volver a cruzar aquella línea.No esperaba que sacara el tema justo ese día.Sentí que el rostro me ardía y no supe cómo responder.¿Qué quería decir con que Daniela y yo no habíamos tenido intimidad en los últimos días?Daniela y yo nunca habíamos llegado a acostarnos de verdad.Aunque, pensándolo bien, tampoco podía decirse que jamás hubiera ocurrido nada entre nosotros.No sabía si todo lo que habíamos hecho antes contaba, aunque nunca hubiéramos llegado hasta el final.Tosí un par de veces.—¿Qué tonte

  • El perfume de la belleza   Capítulo 214

    De inmediato me sentí bastante incómodo. Renata me estaba pidiendo que la acompañara al parque de diversiones delante de Daniela y Beatriz.Se viera por donde se viera, aquella propuesta no parecía muy apropiada.Me rasqué la cabeza.—Mejor no. En la mañana voy a quedarme en casa a lavar la ropa.Por la tarde todavía tenía que ir a trabajar a Los Pelones del Centro.Por las mañanas casi no había clientes, así que tampoco había mucho que hacer. El lugar comenzaba a llenarse por la tarde y, sobre todo, por la noche.Sin embargo, a Renata no le importó nada de eso. Hizo un puchero y dijo:—Ignacio, no seas malo. Soy una mujer tan bonita y voy a ir sola a un lugar lleno de gente y bastante alborotado. ¿Qué voy a hacer si alguien me acosa?Puso una expresión afligida, como si estuviera a punto de llorar.Me sentí bastante impotente.Si tanto le preocupaba que alguien la acosara, ¿por qué no dejaba de ir?Aunque, con la figura y la belleza de Renata, si aparecía sola en un parque de diver

  • El perfume de la belleza   Capítulo 213

    Una reunión. Otra vez una reunión.Ya había perdido la cuenta de cuántas veces había escuchado esa excusa de boca de Daniela. Con solo oírla, empezaba a irritarme profundamente.Aun así, traté de contenerme y pregunté como si no me importara demasiado:—¿En serio? ¿Por qué tienes tantas reuniones? Ayer también tuviste una, y antier igual.Daniela soltó una risa forzada.—Ni modo. Ya sabes cómo son esos funcionarios. Es muy difícil tenerlos contentos. Si uno llega a ofenderlos, después pueden buscarte problemas por todos lados.Mientras hablaba, revisaba cuidadosamente su maquillaje frente al espejo.Cuando comprobó que lucía perfecta, salió de la habitación tarareando una canción.Sin embargo, poco después escuché voces en la planta baja.Eran Daniela y Beatriz.Beatriz sostenía dos boletos en la mano.—Daniela, tengo dos entradas para el parque de diversiones. Hoy es fin de semana y no tienes que trabajar. Ve con Ignacio para que se distraigan un rato.Daniela se puso nerviosa de inm

  • El perfume de la belleza   Capítulo 212

    Cuando regresé al salón, Andrea y Noemí no estaban.No aparecieron sino hasta poco antes de que comenzara la clase. Andrea todavía tenía los ojos enrojecidos.Seguramente había buscado un lugar apartado para llorar.Tal como había dicho Renzo, debía encontrar una oportunidad para contarle la verdadera razón por la que la había rechazado, en vez de dejar que siguiera creyendo aquella torpe excusa que me había inventado.Cuando terminaron las clases por la tarde, Andrea parecía haberse recuperado por completo. Apenas sonó el timbre, se acercó a mí llena de entusiasmo.—Hermano, ¿quieres que salgamos a divertirnos al rato? Conozco una heladería buenísima. Vamos por un helado.Sonreía con tanta alegría y se veía tan llena de energía como siempre, como si el rechazo del mediodía ya hubiera quedado atrás.Todavía no alcanzaba a responder cuando escuché un grito a un lado:—¡Espera! ¿Hermano? Andrea, ¿por qué le dices hermano?Solo por la voz supe que era Abril.Se le notaban los celos a ki

  • El perfume de la belleza   Capítulo 211

    Me quedé mirando a Renzo, desconcertado.Venirle con ese problema a un hombre que nunca había tenido novia sí parecía un poco insensible de mi parte.Así que me disculpé con toda sinceridad:—¿En serio? Entonces perdón.Renzo puso los ojos en blanco.—¿Por qué tu disculpa me hace sentir todavía peor? ¿Qué le respondiste? ¿Aceptaste?Me encogí de hombros.—No. La rechacé.Renzo me miró como si estuviera frente a un idiota sin remedio.—¿Estás tonto o qué? ¿Por qué rechazaste una oportunidad así? Primero te acuestas con ella y luego ya ves qué pasa. ¿O estaba muy fea?—No. Tal vez no sea una belleza fuera de serie, pero definitivamente es muy bonita.Renzo se mostró todavía más confundido.—Entonces, ¿por qué la rechazaste?—Porque...Guardé silencio unos instantes y me señalé el pecho.—No tengo nada. Ni siquiera sé cuándo podría perder la vida.Renzo se quedó inmóvil y su expresión se volvió seria poco a poco.No era tonto. Enseguida se dio cuenta de que no estaba bromeando.La verdad

  • El perfume de la belleza   Capítulo 210

    Al volver la cabeza, descubrí que quien había llegado era Renzo.Sin darme cuenta, había terminado otra vez en aquel pequeño bosque.Renzo frunció el ceño.—¿Otra vez vienes a buscarles pleito a Pedro y a los demás? Ya fue suficiente, ¿no? Brayan todavía tiembla de miedo cada vez que escucha tu nombre, y Pancho y Pedro terminaron en el hospital por tu culpa. Sin importar lo que hayan hecho antes, creo que ya recibieron su merecido.Al parecer, Renzo sí se preocupaba mucho por sus muchachos.Chasqueé la lengua y respondí de mal humor:—Esto no tiene nada que ver con ellos. Mientras no se me planten enfrente a buscar problemas, ni siquiera pienso prestarles atención.Miré a Renzo de reojo.—¿Traes cigarros? Dame uno.Quizá, en ese momento, solo el humo podría aliviar un poco la opresión que sentía en el pecho.Renzo frunció ligeramente el ceño, pero aun así sacó una cajetilla del bolsillo, tomó un cigarro y me lo lanzó.Lo encendí y le di una profunda calada. El humo comenzó a envolverm

  • El perfume de la belleza   Capítulo 3

    Renata Quiroz... Daniela Quiroz...Las dos eran Quiroz... vaya coincidencia la de hoy.La idea cruzó fugazmente por mi mente. Luego fijé la mirada en Daniela y la observé con más detenimiento.¿De verdad era ella la que buscaba un marido que se fuera a vivir con ella?Antes de venir, me la había im

  • El perfume de la belleza   Capítulo 2

    Me quedé mirándola, completamente atónito.¿Había oído bien? ¿Qué acababa de decir?¿Así de abiertas eran las mujeres en la ciudad? ¿Que si la salvabas, te lo pagaban con su cuerpo?Mi mente era un caos, me quedé sin saber qué hacer.Y lo peor... estábamos en el baño de mujeres. ¿De verdad era bue

  • El perfume de la belleza   Capítulo 1

    Mis padres eran adictos al juego. Se gastaron todo el dinero de la casa y, cuando ya no tenían con qué apostar, empezaron a pedir prestado... a usureros. Debían, por lo menos, cien mil dólares. Al ver que no podían pagar, simplemente desaparecieron.Cuando los cobradores ya me tenían acorralado y

  • El perfume de la belleza   Capítulo 7

    Abril también alcanzó a notar mi mirada. Su rostro palideció un poco; claramente se había asustado.Yo estaba a punto de perder el control y darle una lección... pero me contuve. Beatriz estaba detrás de mí.—Inútil —murmuró Abril, antes de darse la vuelta y marcharse, moviendo las caderas.—¡Abril

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status