MasukUna noche de locura, marcada por el alcohol y la desesperanza ante su vida, cambió el destino de Anna Ruiz para siempre. Se despertó en los brazos de un desconocido de mirada gélida, sin darse cuenta de que acababa de meterse en la boca del lobo. Ese hombre era Ethan Herrera, el nuevo director general de su empresa, conocido por ser despiadado, misterioso y por no creer en el amor. Para Ethan, las mujeres no eran más que una molestia. Sin embargo, Anna era la excepción. Desde aquella noche, Ethan la deseaba a toda costa. La cruda realidad golpeó a Anna cuando la caja de terciopelo rojo se abrió ante ella. Nicholas Vega, su fiel amante, le había pedido matrimonio oficialmente. Sin embargo, al mismo tiempo, el jefe le dio una orden tajante: «Sé mía, o verás cómo lo destruyo todo». La situación se volvió aún más desastrosa cuando Anna se dio cuenta de un hecho aterrador. Ethan no solo era su jefe, sino también el primo hermano de Nick, el hombre que acababa de pedirle matrimonio. Atrapada entre la lealtad a Nick y la oscura obsesión de Ethan, ¿qué debe hacer Anna cuando un secreto prohibido comienza a salir a la luz? ¿Elegirá Anna un matrimonio tranquilo o cederá ante las pretensiones de su poderoso primo?
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Se abrieron las puertas del ascensor. Antes de que el hombre que estaba dentro pudiera salir, una mujer entró tambaleándose.
«¡Uf!»
«¡Maldita sea!», maldijo el hombre con vehemencia. Se quedó paralizado al ver su costosa camisa, ahora manchada por el vómito.
«Lo... lo siento... no ha sido a propósito. Mi estómago... ah, parece que me lo estuvieran revolviendo», murmuró la mujer con voz ronca. El aliento le olía a alcohol. Tenía el rostro pálido, pero sus ojos apagados delataban que estaba al borde de perder el conocimiento.
El hombre suspiró profundamente, tratando de contener la ira que le invadía. «Tengo que cambiarme de ropa ahora mismo».
«¡Eh! No te enfades, me haré responsable. Ven, te limpiaré la camisa. Vamos a mi habitación», balbuceó la mujer. Intentó mirar a su alrededor por el pasillo del hotel, pero todo se veía borroso. «¿Eh? ¿Dónde estamos? ¿Por qué el pasillo se ha vuelto todo dorado?»
«Te has equivocado de planta, Chica Borracha. ¡Uf! Qué rollo». El hombre se dio la vuelta y caminó rápidamente hacia su habitación, al final de aquel lujoso pasillo.
«¡Eh! ¡Espera! ¡No te vayas!». La mujer, a la que todos llamaban Anna, intentó alcanzarlo. En medio de su carrera, se le soltó uno de los tacones. «¡Ay! ¡Ah, da igual!».
Cojeando con un pie, Anna siguió al hombre hasta entrar en la habitación, cuya puerta se abrió automáticamente.
«¡Vaya! Tu habitación es enorme», murmuró Anna asombrada. Sus ojos recorrieron el interior de la majestuosa suite presidencial.
¡Pum!
El corazón de Anna pareció detenerse al ver al hombre quitarse la camisa en medio de la habitación. Bajo la tenue luz de la habitación, la espalda firme y los hombros anchos del hombre se revelaban con claridad.
Ya fuera por el efecto del alcohol o por el encanto del hombre, Anna se acercó. Inhaló el aroma masculino mezclado con el perfume caro que el hombre se había rociado en el cuerpo.
«Tu cuerpo... es precioso», susurró Anna espontáneamente. Sus dedos fríos comenzaron a recorrer el pecho ancho y firme que tenía delante.
El hombre se quedó en silencio. El tacto suave e inocente de esta mujer desconocida le provocaba una sensación que nunca antes había experimentado. Bajó la mirada y contempló el hermoso rostro de Anna, que parecía a la vez frágil y seductor.
«¿Cómo te llamas?», preguntó el hombre, con la voz ahora grave.
«Me llamo Anna. Más tarde te cambiaré la camisa que llevabas puesta», respondió Anna con una sonrisa que al hombre le pareció graciosa.
«¿Sabes cuánto cuesta esa camisa?»
Anna negó con la cabeza, inocente.
«Veinte millones».
Anna abrió mucho los ojos. «¿Veinte millones? ¡Eso es muchísimo! Pero te lo pagaré a plazos. Te lo prometo».
El hombre esbozó una sonrisa torcida, sintiéndose divertido. «¿Y si no quiero que me lo pagues a plazos con dinero?»
«Entonces, ¿cómo lo pago?»
La mano del hombre se alzó y acarició la mejilla de Anna, sonrosada por la embriaguez. «¿De verdad quieres saberlo?»
Anna asintió con firmeza. «Dímelo, lo haré sin dudarlo».
«Bésame».
Anna se quedó atónita. Sus labios se entreabrieron por la sorpresa. «Pero si tengo novio».
«¿Y a mí qué me importa? Tú me has manchado la ropa y tú misma has entrado en mi habitación».
La lógica de Anna se había paralizado por completo. Se puso de puntillas y luego pegó sus labios a los del hombre. Solo un beso breve. «Ya está», dijo rápidamente.
«Así no, cariño».
El hombre respondió con más intensidad. El beso, que al principio era suave, se convirtió en una exigencia ardiente. Anna, que sentía que el mundo daba vueltas a su alrededor, correspondió al beso y rodeó con sus brazos el cuello del hombre.
La situación comenzó a descontrolarse cuando el hombre levantó a Anna y la llevó hasta la cama de matrimonio extragrande. Aquella noche, bajo la tenue luz del hotel, Anna se entregó por completo en un estado de inconsciencia.
En medio de su acto amoroso, el hombre se quedó atónito por un instante. ¿Aún era virgen? Al parecer, me había equivocado, ella no era como las demás mujeres.
A la mañana siguiente. Anna se despertó sobresaltada. La pesadilla sobre el accidente de sus padres volvía a atormentar su sueño.
«¿Por qué ese sueño otra vez?», murmuró mientras se recostaba contra el borde de la cama.
Sin embargo, un segundo después, se dio cuenta de que algo no estaba bien. Esta habitación no era la suya. Y su cuerpo... estaba completamente desnudo bajo las gruesas sábanas blancas.
«¿Eh? ¿Dónde estoy?»
Anna contuvo la respiración al girar la cabeza hacia un lado. Un hombre con el pelo revuelto roncaba suavemente. Los recuerdos de la noche anterior giraban lentamente en su cabeza como una cinta estropeada. El vómito, la camisa de veinte millones y... ese beso.
«¡Dios mío! ¿Quién es él? ¿Cómo he acabado aquí?», Anna se tapó la boca para no gritar.
Rezó en silencio, deseando que aquel hombre fuera Nick, su novio. Sin embargo, cuando miró más de cerca el rostro del hombre, sintió que el corazón se le caía al suelo.
«No es Nick», susurró Anna en voz baja. Se desplomó en el suelo, llorando en silencio mientras se abrazaba las rodillas. «¡Tonta! ¡Anna, qué tonta eres! ¿Por qué tuviste que beber tanto? ¿Por qué tu vida se está destrozando así?»
Al ver que el hombre se movía lentamente mientras dormía, Anna se apresuró a recoger la ropa que tenía esparcida por el suelo. Salió corriendo del cuarto de baño a toda prisa y se escabulló de la habitación del hotel en un santiamén.
Al llegar a la puerta de su propia habitación, alguien ya la estaba esperando.
«Anna, ¿de dónde vienes? ¿Por qué acabas de volver?»
Anna dio un respingo. Era Jessie, su mejor amiga. «Yo... es que...»
Jessie se rió al ver la expresión desastrosa de Anna. «Anoche te quedaste en la habitación de Nick, ¿verdad? ¡Estás loca! ¿Tan ansiosa por que te acepten que te has atrevido a entregarte?
«Jessie, entra primero, hay algo de lo que tengo que hablarte», dijo Anna con el rostro pálido como la cera.
Antes de que pudieran entrar, alguien llamó a Anna.
«Cariño, ¿dónde te metiste anoche?»
«¿Nick?» Anna abrió mucho los ojos.
A la mañana siguiente, Anna se quedó parada bastante rato frente al edificio del Grupo Herrera. Respiró hondo antes de entrar finalmente.«¿Será correcta mi decisión?», se preguntó Anna, respirando hondo una vez más.Hoy regresaba al trabajo. Sin embargo, no como secretaria personal de Ethan. Solo sería una empleada más, como antes.Anna se dirigió a su oficina con un bolso pequeño en la mano. Algunos compañeros que la conocían solo le sonrieron y la saludaron como de costumbre.«Anna, ¿ya regresaste?»Anna sonrió. «Sí».«Pensábamos que no volverías».«Yo también lo pensé por un momento». Anna soltó una risita.Nadie sabía lo que realmente había pasado. Nadie sabía que la noche anterior ella y Ethan habían vuelto a confesar sus sentimientos y que Anna, de hecho, quería que todo siguiera así.No quería usar su relación con Ethan para recibir un trato especial.Apenas se sentó Anna en su escritorio, la puerta principal de la empresa se abrió de nuevo. Bella entró con paso tranquilo.Alg
«¿En qué estás pensando?». Ethan rodeó a Anna con sus brazos por detrás.Anna, que se miraba a sí misma frente al gran ventanal que tenía delante, parecía sonreír. «Parezco una amante». Anna esbozó una sonrisa torcida, como si se estuviera riendo de sí misma.«Eres la única para mí y, una vez más, te lo reitero: no eres una amante». Ethan le dio un suave beso en el hombro desnudo de Anna.«Ethan, no canceles tu compromiso con Bella porque quien quedará decepcionada y herida no solo será Bella, sino también tu familia y tu reputación». Anna se dio la vuelta. Miró a Ethan con ojos tristes. Ethan miró a los ojos de Anna, que parecían tristes.«No me importa mi reputación».Anna frunció el ceño. «Pero Ethan...»«Ya he vivido demasiado tiempo para satisfacer los deseos de los demás». Ethan le acarició la mejilla a Anna. «Me comprometí con Bella no porque la amara. Lo hice porque pensé que era lo correcto».Anna se quedó en silencio.«Y ahora sé que, al final, todo este tiempo me equivoqu
«¡Ethan, bájame!»Anna seguía resistiéndose mientras Ethan la sacaba del restaurante.«No te resistas».«¡Puedo caminar sola!»«Lo sé».«Entonces, ¿por qué me llevas en brazos?»«Porque si te pidiera que vinieras conmigo, seguro que no querrías».Anna se quedó callada unos segundos. «¡Es verdad!»Ethan abrió la puerta del auto y bajó a Anna con cuidado. «¿No quiero ir contigo, Ethan?»«No me importa».«¡Ethan!»El hombre cerró la puerta del auto antes de dirigirse al lado del conductor.“¡Ethan, quiero trabajar, no me metas en problemas! ¡A Lucio le costó mucho conseguirme este trabajo y tú quieres que me despidan!”“Ya te he sacado de ese trabajo.” Sin volverse, Ethan puso el auto en marcha.Unos minutos después, el auto se detuvo frente al departamento donde alguna vez habían vivido juntos.Anna miró el edificio con un nudo en el pecho. «¿Para qué venimos aquí?»«Para hablar».«¿Aquí?»«Sí».«Podemos hablar en otro lugar».«Pero quiero que sea aquí».Ethan invitó a Anna a bajarse. Et
«Ethan, me da gusto que por fin hayas llegado». Bella enseguida se tomó del brazo de Ethan.«Aún no he decidido la fecha de la boda, no tomes decisiones por tu cuenta».Bella se quedó callada unos instantes. «No estoy tomando decisiones por mi cuenta. Lo hago porque no quiero interferir en tu trabajo».«Pero no me gusta lo que estás haciendo».«Ethan, solo quiero convertirme en tu esposa lo antes posible».«Pero no con tanta prisa».«No es prisa, cariño, lo he pensado bien desde nuestra fiesta de compromiso».La abuela Sofía los observaba alternativamente. «Ethan, Bella solo quiere asegurar su relación».«¿O es que estás dando largas a propósito porque aún tienes esperanzas de estar con tu secretaria?», preguntó Nick con una sonrisa irónica, como si estuviera burlándose de Ethan.«¿Anna? Ethan, frente a ti hay una mujer respetable que merece ser la nuera de la familia Herrera; no seas tonto y elijas a una mujer de mala reputación como Anna», intervino Kelly.«¡Ya basta! Todo esto no ti
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