Se connecterAMELIA El martes, aquella chica recién graduada celebró otra fiesta y allí estábamos los tres. Yo crucé los dedos por que la noche no terminara en pelea, pero si Elliot estaba involucrado, eso era difícil. Me estaba ajustando los tirantes de mi vestido azul cuando Erick pasó por mi con el coche de su madre. Me zalcé con rapidéz los zapatos y al atravesar por delante del salón, mis padres me advirtieron por centésima vez que tuviera cuidado. —Y llámanos si quieres que pasemos a recogerte —me advirtió mi padre. Yo asentí y correteé hasta despedirme de ellos con un par de besos. —Estaré bien —aseguré, y me marché—. ¡Os quiero! ¡Buenas noches! Escuché que me gritaron lo mismo cuando ya estaba en la entrada de casa. Después corrí hasta el coche de Erick y sacó una sonrisa resplandeciente. Yo también sonreí pero me desencajó que llevara el pelo alborotado y una camisa que no era suya. El pelo alborotado era cosa de Elliot, y la camisa también era de Elliot, se lo había visto puesta do
ELLIOT—Así que... ¿Amelia? Connor le dio un trago a su cerveza y yo asentí. Estaba celoso y jodidamente enfadado por algo que no sabía controlar. Pude ser un capullo pero mi hermano siempre sería mi hermano y en el fondo no sopesé bien las cosas por estar con Amelia. Era un dilema que me comía la cabeza. Y Amelia, ¿es que ella estaba bien con ello? Si no le gustaba mi hermano y nunca lo haría, pensé que debió dejarle las cosas muy claras desde que empezó siendo más que obvio que Erick babeaba por ella. Me pidió tiempo para ver si lo nuestro salía bien, lo estaba a pesar de las peleas y ya iba siendo hora de dejar las cosas estables. —Es más por mi hermano.Sí, por él, porque yo podía decir todas las mierdas que quisiera pero en el fondo ni ella ni yo queríamos joderle realmente. —Ve y déjale las cosas claras a ese capullo. Te va a alejar de tu chica. El sólo pensarlo me hizo apretar los puños. Yo no había estado detrás de Amelia sintiendo demasiado para que nadie fuera a joder a
AMELIA —¡Me voy con Erick y Jess! —grité. Recibí una despedida breve y cariñosa de mis padres. Yo me aferré a mi bolsa de tela playera y corrí hasta el coche de la madre de Erick. Ninguno tenía coche propio, Erick conducía sobretodo el de su madre y yo el de la mía; Jess ni siquiera tenía carnet de conducir. Salté al asiento de copiloto y Erick me saludó con una gran sonrisa. —Primer día de playa —canturreó—. ¿Lo llevas todo? ¿La crema? Luego te quemas y me echas la culpa. —Fue tu culpa lo del año pasado —aseguré—. Me quitaste la sombrilla. —¡Fue mi hermano! —se rio con gracia y aceleró hacia casa de Jess—. ¿Ves? Todo es su culpa, díselo a él. Yo intenté que te la dejara pero tu cooperación estando dormida tampoco ayudó. Aquello era, sin duda, algo más de Elliot. Me pasé semanas con la espalda roja y adolorida. Recogimos a Jess en la puerta de su casa y su madre nos despidió desde la entrada con una sonrisa amplia y meneando un trapo. Jess saltó a los asientos traseros y dejó
ELLIOT—¿Sigues teniendo ganas de pelea? ¿Te has visto la cara? Le di otro golpe al saco de boxeo y esa vez se movió hasta el soporte metálico. Lo guardábamos en la caseta del jardín y esa mañana tenía que sacar un montón de cosas contra él. Me levanté demasiado temprano para ser yo, estaba revuelto y lo primero que hice fue mandarle un mensaje a Amelia. Necesitábamos hablar y ella lo sabia. Entendí que estaba celosa demasiado tarde, pero eso me confirmó más que le gustaba. Ella me gustaba, yo le gustaba, y aunque no fuera el sentimiento más fuerte del mundo, valía la pena. Era sencillo. —Tenemos espejos, me he visto —aseguré. Torció el gesto al verme. Ya sabía que tenía una cara de mierda; el labio hinchado y la mejilla morada. Me vieron llegar la noche de la fiesta poco después de Erick y mi madre se echó las manos a la cabeza llenándome la cara de hielos para evitar un mal mayor. —No hacía falta que pegaras a nadie —me dijo—. Lo tenia controlado. Di un golpe seco al saco. —
AMELIA —Elliot le ha contado a Greg que es por su hermano. Igual se siente culpable por salir contigo o igual sólo está celoso —me dijo Jess mientras nos arreglábamos en mi habitación. Había pasado casi una semana y no había hablado con Elliot ni una sola vez. Cogí el teléfono un par de veces para empezar una conversación y entender el porqué de su inmadurez, pero nunca me atreví porque sabía que Elliot estaba con sus amigos y salía por las noches, y yo no estaba lista para ser una molestia. Las cosas habían cambiado de forma drástica y me encontré estando pendiente de Elliot aunque no habláramos, y eso era algo que yo nunca había hecho; antes, la vida de Elliot y la mía eran incompatibles, pero entonces me había ilusionado un poco con que tal vez podíamos gustarnos mutuamente más allá de algo físico. Tenía la esperanza de que como nos conocíamos de tanto tiempo, Elliot me conocía lo suficiente como para no ver sólo mi físico al salir. —Ya, bueno, se ha enfadado como un crío y no m
AMELIALas manos de Elliot no dejaron de tocarme, y parecía que sus labios tampoco aunque yo no me quejaba porque disfrutaba de ese contacto. Nunca antes me había sentido tan a gusto con un chico en esos temas, ni siquiera con nuestros otros besos, pero me pareció especial y se me revolvió el estómago. Fueron largos minutos, tantos que se nos fue un poco la hora para llegar a casa, pero por primera vez me dio igual. Elliot se suspiró contra mis labios y cuando abrí los ojos él ya me miraba entre respiraciones jadeosas. Me sentía los labios hinchados, cosquilleándome, y muy húmedos. Él sonrió y yo me sonrojé como la adolescente hormonada que empezaba a ser cerca suya. Se sentó a mi lado en la roca y me pasó el brazo por los hombros estrechándome contra su pecho en un gesto que me mantuvo las mariposas en el estómago el resto de la noche. Nunca hablamos de los besos, sólo pasaban. En cambio, esa noche hablamos de cualquier tontería y me parecía interesante. Se había encendido un ciga