LOGINTres meses habían transcurrido desde aquella agitada mañana en el hotel. Noventa días en los que la tormenta mediática de Vivian se había disipado por completo en el olvido, mientras Elena y Alessandro construían día a día una relación sólida, madura y llena de complicidad. La paciencia, los ensayos diarios y el apoyo incondicional del empresario dieron finalmente su fruto más esperado: la noche del gran estreno de la temporada de otoño de la Compañía Nacional de Danza.El evento no era una función cualquiera. Se trataba de la gala benéfica anual de la compañía, donde se presentaría la icónica obra El cisne de cristal. La fachada del Teatro Nacional lucía iluminada con potentes reflectores dorados que proyectaban el título de la obra sobre la entrada principal. Debajo, en letras de relieve que atraían todas las miradas de la prensa, los críticos de arte y las personalidades más influyentes de la ciudad, destacaba un solo nombre en el papel estelar de primera bailarina: Elena Grey.El
La luz tibia de la mañana penetraba suavemente a través de las cortinas de la suite, iluminando el rostro de Elena, quien despertó con una sonrisa serena en los labios. A su lado, Alessandro ya estaba despierto, mirándola con fascinación y una felicidad que se le reflejaba en los ojos.Antes de que Elena tuviera que preocuparse por la ropa de la noche anterior, Alessandro ya se había encargado de todo. Con una sola llamada a la administración del hotel, solicitó a una de las boutiques exclusivas del complejo que enviaran un atuendo completo a la suite: un conjunto elegante de pantalón y blusa de seda en tonos claros, zapatos planos y todo lo necesario para que ella se sintiera cómoda. Elena quedó conmovida por el detalle y el cuidado con el que Alessandro pensaba en cada aspecto de su bienestar.Tras desayunar juntos en la suite, ambos descendieron al vestíbulo tomados de la mano, respirando una complicidad renovada. Sin embargo, al cruzar las dobles puertas de cristal del Hotel Imp
La velada terminó y era momento de regresar a casa. Elena y Alessandro subieron al coche; se miraron a los ojos y el tiempo pareció congelarse en ese instante.—Esta ha sido una de las mejores noches de mi vida —dijo él con voz seductora, recorriéndole el rostro con la mirada.—También para mí lo fue. Tenía mucho tiempo que no la pasaba tan bien —contestó Elena, con una sonrisa que iluminaba todo su rostro.—Y podríamos pasarla mejor —propuso él de forma coqueta, acercándose lentamente hasta rozar sus labios.—¡Alessandro! —lo reprendió ella, ruborizándose al instante.—Sí, ya sé, ya sé... Quedamos en hacer las cosas despacio —contestó él, pasando la mano con suavidad por su espalda descubierta—, pero me cuesta mucho trabajo mantener esa promesa cuando te tengo tan cerca.Sus labios se unieron en un beso ardiente, haciendo que una corriente eléctrica los recorriera por completo. La seda verde esmeralda del vestido se sentía tibia bajo la palma de Alessandro mientras la atraía hacia su
A las ocho en punto, el timbre del departamento resonó en el pasillo. Elena terminó de abrocharse la fina pulsera de plata frente al espejo de su habitación y echó un último vistazo a su reflejo. El vestido verde esmeralda parecía confeccionado a la medida exacta de su figura de bailarina: la seda fluida caía con elegancia hasta el suelo, enmarcando su cintura y dejando al descubierto un escote sobrio en la espalda. Su cabello, recogido en un moño bajo y suave, dejaba libres unos cuantos mechones que acariciaban su cuello.Lorena abrió la puerta del departamento y dejó escapar un silbido bajo al ver a Alessandro en el umbral.—Vaya, señor Valenti. Viene usted tirando el edificio por la ventana —bromeó Lorena, haciéndose a un lado.Alessandro vestía un traje azul noche, impecable, sin corbata y con los primeros botones de la camisa abierta, luciendo una elegancia relajada. Llevaba en la mano un estuche alargado de terciopelo negro.—Buenas noches, Lorena —saludó él con una sonrisa ama
El auto permanecía estacionado frente al edificio. La conversación sobre el pasado de Vivian se había disipado, dejando en el aire una carga de deseo contenido.Alessandro se inclinó hacia Elena, tomándola suavemente por la nuca para atraerla hacia él. Sus labios se encontraron en un beso cálido que rápidamente subió de intensidad. La mano de él se deslizó por la cintura de Elena hasta su espalda, pegándola a su pecho, mientras ella le rodeaba el cuello con los brazos, dejando escapar un leve suspiro que retumbó en el espacio cerrado del vehículo.El calor en el interior del auto se volvió sofocante. La respiración de Alessandro se agitó contra el cuello de Elena, descendiendo con besos lentos hasta la clavícula. Elena cerró los ojos, sintiendo un cosquilleo eléctrico recorrerle la piel, pero cuando sintió las manos de él apretar con más fuerza, puso las palmas sobre los hombros de Alessandro y lo frenó con gentileza.—Alessandro... espera —susurró con la voz entrecortada, buscando a
El video transmitido en vivo por Lorena no tardó más de dos horas en convertirse en un incendio incontrolable. Lo que Vivian Montiel calculó como una pequeña rabieta para humillar a una desconocida en una tienda de lujo se transformó, en cuestión de minutos, en el escándalo mediático más bochornoso de la temporada.En la suite del hotel de cinco estrellas donde Vivian se hospedaba, el teléfono no paraba de sonar. Las notificaciones en la pantalla de su tableta se acumulaban a una velocidad feroz: miles de comentarios, etiquetas en portales de noticias y mensajes de indignación marcaban cada segundo.—¡Es un complot! ¡Esa muerta de hambre y su amiga lo planearon todo para destruirme! —gritaba Vivian fuera de sí, arrojando una copa de cristal contra la pared opuesta.Su asistente personal, pálida y con las manos temblándole sobre la laptop, no sabía dónde esconder la mirada.—Señora Montiel... la situación se salió de control —logró articular la joven con la voz entrecortada—. El hashta







