로그인CAPÍTULO 90: La sangre y el refugio.Nicolás RussoEncontramos al traidor intentando camuflarse entre los subordinados de la guardia perimetral, pero su torpeza lo delató de inmediato. Llevaba poco tiempo integrado en las filas de la residencia y mis hombres de élite siempre lo habían considerado un elemento sospechoso, una ficha desencajada en un tablero impecable.Lo arrastramos encadenado al calabozo del subterráneo. Al iluminar su rostro, noté una calma perturbadora. No había miedo en su mirada, sino la frialdad cinica de un condenado que ya conocía su destino antes de ser capturado.—¿Quién te envió y cómo lograste infiltrarte en esta mansión? —exigí, dando un paso al frente con la voz rasposa y el puño cerrado.El miserable escupió un hilo de saliva ensangrentada y sonrió con descaro.—El gran Don de la 'Ndrangheta... —dijo con sarcasmo —. La Bestia de Italia, quien se arrodilla y se doblega cuando una simple chiquilla le mueve el piso, al igual que a su segundo al mando,
CAPÍTULO 89: La promesa Isabella ManciniEl frío me calaba los huesos; era un frío anestésico y denso que me arrastraba hacia un pozo sin fondo. En medio de esa oscuridad flotaba la angustia aplastante de sentir que la vida se me escapaba, llevándose consigo la única chispa de esperanza que me quedaba: mi bebé creciendo en mi vientre. Pero entonces, una calidez áspera, firme y conocida me envolvió la mano.Olía a sándalo, cuero y tormenta... Era una fragancia que conocía mejor que a mí misma, un aroma que había llorado durante semanas creyendo que jamás la volvería a sentir.—Ángel... Vuelve a mí, por favor...La voz sonaba desgarrada, rota en mil pedazos por un llanto contenido que jamás le había escuchado a él. Un sollozo ajeno y profundo que vibraba directamente sobre mis nudillos.Pestañeé con extrema dificultad. La luz tenue de la habitación me lastimaba la vista, pero cuando mi visión por fin logró enfocar, mi corazón dio un vuelco tan violento que amenazó con romperme e
CAPÍTULO 88: El retorno del fantasma y el latido. Lorenzo Vitalis —¡Lo logré, joder! —el grito de Fabricio retumbó en las paredes de la sala de mandos como un disparo, rompiendo la tensión sofocante—. ¡Tengo el rebote del canal privado! ¡Está en la costa norte... cerca de Sicilia?? —¡Rápido, desplieguen los equipos! —ordené de inmediato, sintiendo la adrenalina correrme por las venas—. Envía las coordenadas, iremos en... —¡No! —la voz de Graham Blackwood cortó mi orden con una frialdad categórica—. Tu te quedas aquí, Vitalis. Tienes que coordinar la seguridad, los médicos y todo lo que pueda ser necesario. Fabricio viene con nosotros. Si nos desplegamos nosotros tres con una unidad reducida de infiltración, seremos invisibles para los radares de cualquier amenaza incluso el Turco. Un convoy de la 'Ndrangheta movilizándose en masa solo expondrá su posición. Nadie dice una sola palabra de esto hasta que regresemos con él. Graham, William y Ryan junto a Fabricio salieron de
CAPÍTULO 87: La sombra de la espera y la perdida. Isabella Mancini Nunca en mi vida imaginé que el alma pudiera doler de una forma tan física, tan destructiva. Sentía que me quebraba en mil pedazos por dentro, como un cristal fino lanzado contra el concreto. Escuchar que Nicolás no aparecía y que la probabilidad de que estuviera muerto era casi absoluta, resultaba sencillamente inaceptable. Él me lo prometió... Me prometió con la mirada fija en mí que siempre, sin importar el infierno que se interpusiera, volvería a mí. Cuando el doctor Giordani confirmó que mi colapso no se debía únicamente al pánico y estrés, sino a un embarazo de pocas semanas, el mundo se detuvo por completo. Laurent reaccionó con la misma incredulidad, y el médico comprendió de inmediato que ni yo misma lo sabía. Le expliqué entre lágrimas que me aplicaba la inyección anticonceptiva cada mes con rigurosa puntualidad, hasta que... recordé la memoria me traicionó. En medio de pruebas de la academia y esa ten
CAPÍTULO 86: El eco del abismo. Lorenzo Vitalis Cuando los cauchos de las camionetas derraparon sobre la grava de la mansión Russo, el aire no olía a hogar; olía a carnicería fresca, plomo y pólvora quemada. La destrucción se concentraba en los dos primeros anillos de seguridad. Había casquillos esparcidos como una alfombra metálica y cuerpos de mercenarios caídos mezclados con los de nuestros propios soldados. En ese preciso instante, una caravana de todo terrenos negros irrumpió en la propiedad a alta velocidad. De la primera camioneta descendió Don Maximo Russo, escoltado por mi padre. —¡Lorenzo! —rugió Don Max. Su voz no era la de un hombre; era el rugido de una bestia herida que hacía vibrar el concreto. Tenía los ojos inyectados en sangre y las manos manchadas de hollín—. ¡¿Ellas están bien?! ¡¿Dónde mierdas está mi hijo?! El corazón me dio un vuelco violento. Don Max era la misma estirpe destructiva que Nicolás, pero moldeada con décadas de frialdad y poder absolu
CAPÍTULO 85: Fuego en las alturas.Nicolás Russo La desesperación es el peor enemigo de un hombre cuando ama; nubla el juicio, acelera el pulso y distorsiona la realidad. Por eso nunca había querido pareja, hasta que llegó mi ángel a derrumbar mis muros. Cuando quedé aislado tras la explosión, la imagen de Isabella atravesó mi mente como una hoja afilada. En ese instante preciso de caos, una camioneta blindada de mi propia escolta frenó derrapando sobre la grava. La puerta se abrió de golpe y la cara desencajada de Rogelio —uno de mis hombres de mayor confianza, alguien que llevaba años comiendo de mi mesa— apareció entre el humo.—¡Don Nicolás! ¡Suba, rápido! —gritó con la voz rota por el pánico—. ¡Lograron traspasar la seguridad! ¡Están atacando la mansión y entraron al perímetro! ¡Ya le avisé a Lorenzo, va para allá con refuerzos!No lo pensé. No razoné. El instinto brutal y primario de proteger a la mujer que poseía mi alma tomó el control absoluto de mi cuerpo. Sabiendo que L







