FAZER LOGIN— ¿Se encuentra la señorita Elena en su oficina? —Pablo notó la incomodidad en el hombre, supuso era el empleado de más confianza de Elena, se dedicaba atenderla personalmente y obviamente era muy protector con su jefa.
— Que pase Germán, lo estaba esperando —sonó la voz de Elena desde el interior de la oficina.
— Claro que sí, señor, pase adelante — Germán le dio espacio y Pablo pudo pasar
Elena estaba sentada en su escritorio con documentos en las manos y viendo la pantalla de su computadora, ella iba vestida con un vestido rosado claro sin mangas, Pablo se sintió más estúpido por haberla plantado la noche anterior.
— Buenos días Elena —el click de la puerta anunciaba que habían quedado solos en la oficina, el ambiente se tensó entre ambos con una liga de deseo y furia, Pablo no le parecía mal, podría haber mucha pasión en una mujer furiosa.
— Gracias por recibirme —dijo Pablo en voz baja, Elena seguía concentrada en su trabajo sin contestar ni mirar a Pablo, este continuó — Sé que no tengo excusa, debí haberte llamado, pero estaba de verdad muy ocupado, cuándo lo noté era ya muy tarde, ¿Ni siquiera vas a mirarme?
— No he escuchado nada, que merezca prestar toda mi atención en ti, estabas ocupado, yo ahora estoy ocupada y sin embargo, puedo responderte sin dejar de trabajar, no es lo mejor en modales, pero es posible estar ocupada y no ignorarte.
— Elena no sé si puedo hablar de esto, pero qué diablos seguro ya está en las noticias. Ayer encontraron un cadáver en un terreno donde mi empresa está construyendo una casa, pasé toda la tarde y parte de la noche con detectives de la policía y mis empleados, seré sincero lo olvide… Olvide por completo nuestra cita, no porque no me intereses, vaya que me interesas, pero mis empleados son mi responsabilidad y no paso por estos menesteres todos los días, de hecho, es primera vez que pasa algo así.
Elena levantó su mirada hacia él en algún momento del monólogo y ahora no le quitaba la mirada, estaba muda, Pablo no podía imaginar que pasaba por su cabeza. Elena estaba convencida que era un cuento como los que inventaba Sergio, ni siquiera quería prestarle mucha atención, pero en el momento que dijo que lo olvidó por completo le creyó, lo observó y vio honestidad en él, Pablo lo había logrado, Elena lo perdonó por completo en cuanto reconoció que lo olvido porque estaba ocupado por el bienestar de sus empleados.
— Un cadáver dijiste.
— Sí en un terreno de una de mis obras, dime por favor que no creerás que soy un asesino serial o algo así y te vas a poner histérica.
— Yo no me pongo histérica, es que ni pidiendo disculpa puedes dejar de ser un patán.
Pablo la miró con la boca abierta así que la gatita tenía uñas.
— Así que patán, está bien me lo merezco —dijo cabizbajo, se le veía de verdad muy apenado—, no te molesto más, te dejo para que sigas trabajando.
— Pablo espera, no te vayas.
Pablo logró disimular la sonrisa.
— De verdad quería salir contigo Elena, aun quiero.
— Qué tal si desayunamos, después de todo no te gusta hacerlo solo.
— Está bien. Estaba esperándote, en el pasillo, ya sabes de nuestras habitaciones, pero saliste más temprano, no pude dormir bien pensando en ti.
Elena trató con todo su ser actuar natural, pero Pablo acababa de desarmarla, Pablo por su parte, está vez quería ir poco a poco y como se iba a resistir si estaba solo con ella en una pequeña habitación con ese perfume que lo hipnotizaba y ese vestido que estaba a punto de volverlo loco.
— ¿Que te gustaría desayunar Pablo?
— Un desayuno muy venezolano, ayer casi no cené, y almorcé poco.
Elena llamó por el intercomunicador, hizo el pedido para ambos, y abrió unas puertas dobles que dividían el espacio a la mitad del otro lado había una mesa para 6 personas, un sofá doble, uno sencillo y un pequeñísimo bar hacia la esquina en la otra esquina había una repisa con varias fotos, Elena fue hacia la pared del fondo y abrió unas persianas y una gran ventana que daba a un extremo de los jardines del hotel, de inmediato la habitación se ilumino con los primeros rayos del sol, a la vista el impresionante jardin.
— Entonces cuéntame más, no estás en problemas ¿Cierto? —dijo Elena mientras se sentaba en el sofá doble, Pablo se sentó a su lado, enseguida notó que Elena estaba nerviosa, ya que tenía ese bonito rosa en las mejillas.
— No creo, no tenemos nada que ocultar, sólo espero que se solvente pronto, mientras tanto la empresa no puede hacer ninguna construcción y se nos pidió no salir de la ciudad.
— No puedes ir a Margarita aún, bueno quizás no lo lamento del todo.
Elena hablaba viendo hacia cualquier parte menos a Pablo, su cuerpo sentía su cercanía, el aroma de su colonia, que se convertía rápidamente en su aroma favorito, al lado de este hombre su inteligencia y buenas intenciones brincaban por la ventana, él la veía tan tímida, pero su dulzura no lo repelía, le aceleraba la sangre, ella lo miró cuando percibió el movimiento de él que se acercaba más hacia ella.
— Aja, sí que bueno, yo tampoco creo que lo vaya a lamentar —. Y la beso, fue un asalto en toda regla, tomó sus labios y su alivio fue inmenso cuando sintió que Elena respondía con la misma hambre, sus lenguas danzaban al son de una lujuria desbocada, la empujó para que se acostara en el sofá y el la siguió, Elena lo abrazaba y lo halaba hacia ella, las manos de él comenzaron la expedición por el cuerpo de Elena.
— Elena eres muy hermosa.
Pablo siguió acariciándola con las manos y la boca, mordía el hombro de Elena y luego calmaba con la lengua, bajó el vestido y quedo al descubierto un sostén de encaje blanco, metió la cara entre los pechos donde sintió más intenso el perfume de Elena, acarició los pechos y pasó los pulgares por los duros pezones, mientras la seguía besando, Elena gimió con la caricia.
— Sí nena te gusta así —le susurró al oído y le mordió delicadamente el lóbulo.
— Sí me gusta —murmuró tímidamente ella y le quitó el saco a Pablo, esté se apartó un momento mientras ayudaba a quitarse el saco lo acomodó en una silla y se aflojó la corbata soltando el primer botón de la camisa.
— Así está mejor —regresó de inmediato hasta Elena y le mordió juguetonamente el labio inferior, ella separó los labios, el aprovechó para introducir la lengua en su boca, ella gemía excitada, Pablo le acarició de nuevo los pechos, descendió por ella dando dulces besos por el cuello inhalando su aroma, atrapó un pecho por encima del sostén humedeciendo el encaje y mordió el erguido pezón, quitó el encaje descubriendo el pecho y lo succionó suave al principio y luego exigente, fue al otro pecho y repitió la caricia mordiendo y calmando con la lengua mientras su mano viajaba por el abdomen plano hasta el muslo, se posó sobre ella presionándola con su erección en el punto más dulce de ella. Ascendió por el muslo hasta encontrar la pequeña pieza de lencería de encaje, la apartó y sintió un triángulo perfectamente depilado.
— Elena me vas a matar, que húmeda estas, ábrete para mí, si nena.
Con cuidados sus dedos abrieron paso entre los labios hinchados e introdujo un dedo —Elena dio un pequeño grito y Pablo la calló con un beso.
— Schh, que no te escuchen.
— Van a traer el desayuno, Pablo tienes que parar —Elena no hacía nada por detenerlo por el contrario se apretó contra su mano, Pablo introdujo un segundo dedo y sintió como los apretaba.
— Elena eres tan estrecha, voy a gozar mucho contigo, por ahora déjame darte placer.
Movió sus dedos rítmicamente afuera y adentro mientras regresaba a los pechos, tomó uno en la boca y lo mordió ligeramente, mientras daba movimientos circulares con la lengua luego chupaba, Elena sudaba y gemía entonces Pablo dirigió el pulgar al pequeño brote hinchado encima de los dedos que estaban dentro de ella y empezó a darle movimientos circulares.
— Anda regálamelo nena, quiero verte.
Y siguió moviendo sus dedos ahora con la mano en otro ángulo presionó con los dedos desde adentro hacia afuera y Elena explotó en el más intenso orgasmo que había tenido en su vida, Pablo tapó sus gritos con la boca y aminoro el ritmo, acompañándola hasta el final del intenso orgasmo, sacó la mano de ella lentamente y la besó tiernamente en los labios.
— Eres esplendida.
— Pero tú no…
— Ya me lo recompensaras, parece que contigo no puedo controlarme y ahora pasare todo el día con está carpa en los pantalones.
— Si tú quieres puedo hacer algo.
— Y créeme pasara, pero más tarde, están por traer el desayuno.
Pablo se levantó y se colocó el saco, Elena también se levantó y se acomodó el vestido, lo tenía subido hasta la cintura, lo estiró, la tela no se arrugaba era strech, lo colocó debajo de las rodillas como debería estar y escondió sus pechos, fue hacia Pablo y le acomodó la corbata.
— Creó que ahora estas perdonado.
Pablo se echó a reír.
— Esa era la intensión, y ha sido todo un placer.
Tocaron ligeramente la puerta.
— Adelante —dijo Elena, no podía creer el interludio que había tenido en el propio restaurante y sin siquiera pasar el seguro a la puerta, si Pablo hubiera accedido a que ella le diera placer pudieron haberla encontrado en una situación muy comprometedora, en este mismo instante, y la hubiera encontrado Germán que era tan paternal con ella, de solo imaginarlo enrojeció de vergüenza, ella no era así, ese hombre destruía todas sus inhibiciones. Germán acomodaba los platos en la mesa ajeno al remordimiento de Elena, de manera profesional como siempre. Elena miró a Pablo roja como un tómate y éste como si pudiera leerle el pensamiento le guiño un ojo con una pequeña sonrisa.
— Qué tengan buen provecho —Ambos agradecieron educadamente.
— Es todo Germán, cualquier eventualidad me avisas por favor —dijo Elena con amabilidad.
— No se preocupe por nada Elena —Germán se retiró cerrando la puerta nuevamente.
2 años después. Elena estaba muy embarazada, pero era la inauguración del Hotel Larsson Margarita, Pablo insistió en que Elena debía quedarse en Caracas, pero ella no hizo caso, este era un sueño alcanzado tanto para Pablo como para ella, como se le ocurría que se lo iba a perder, ella estaría allí cuando cortaran la cinta del hotel y atendería los primeros clientes de Välsmakande Margarita, el pequeño David Alexander no quería los brazos de su abuela, llevaba el nombre de sus abuelos, era un apuesto niño de cabello oscuro y ojos azules, lloraba desconsolado pidiendo ser cargado por su madre, el pequeño aun tenia 1año y ahora tendría una hermana, Elena cargó al pequeño y lo montó encima de su enorme vientre, secó sus lágrimas y sobó su pequeña espalda, el niño se calmó, estaba en el lobby del nuevo hotel, todo en acero y cristal, arreglos de flores adornaban la barra de recepción y encima las elaboradas letras en color oro Hotel Larsson Margarita, El
Elena estaba vestida para hacer un viaje relámpago a Venecia, la boda fue muy hermosa con Rebeka y Belinda como damas de honor y Brenda y Sebasthian como padrinos de boda, las damas fueros de rosado satín y fajines negros, Brenda había llevado un bello traje plateado brillante como una armadura de sueños había dicho Sebasthian, ahora estaba terminando de arreglar su maleta con Brenda en su habitación del hotel, Pablo estaría muy ocupado en Margarita ahora que había cortado relaciones comerciales con Dante Martino, a petición de Elena no lo denunciaron, pero rompieron sociedad y amistad. — Me vas hacer mucha falta Elena. — Vendré 3 días por semana, no dejaras de verme. — Sí bueno, quizás yo también viaje lo estoy pensando, igual no sé si pueda conservar el trabajo con Discovery. — Es por Sebasthian, siguen mal, pero que necia eres Brenda. — Elena yo para Sebasthia
Una vez en la comisaria, Pablo le dijo al detective que la llamada indicando el paradero de Elena había sido anónima, el detective no vio razones para desconfiar, Pablo no sabía cómo su amigo se había enterado, aun le faltaba ir a casa de Dante. Pablo dio un apretón de mano al detective Raúl. — Muy agradecido amigo, sepa que estoy en deuda con usted y no dude en llamarme si algún día llega a necesitar algo de mí. — No se preocupe, Larsson, es mi trabajo, esperó no tener que visitarlo por trabajo, quizás vaya por visitar a la bonita parlanchina. Pablo sonrío. Elena despertó en la cama de una clínica, se sentía bastante mejor, tenía una vía pegada al brazo, de un frasco el suero caían ráp
Elena quería quedarse encerrada en el baño lejos de Sergio, pero quizás podría escapar cuando viniera el servicio, o pudiera pegarle con algo a Sergio y escapar corriendo, así que se armó de valor, mirándose al espejo notó que tenía el cabello lleno de costras de sangre, el golpe que le dio Sergio en la cabeza, la había rotó y aunque ya no botaba cantidad de sangre seguía húmedo y dolía, quizás necesitaría puntos de sutura, en cuanto salió consiguió a Sergio inhalando polvo por la nariz, así que eso era, Sergio estaba drogado, él no tenía ese vicio mientras estuvieron juntos, ahora entendía su locura. — Sergio, esto es una locura, no podemos estar aquí eternamente, yo me siento mal debo ir a un médico. — Estas bien, solo fue tu primer viaje —Sergio
Dante estaba sorprendido. Se sentó en el sofá cuando sintió el peso de la locura que había hecho su hermana, Donna se privó llorando y no le salían las palabras. Dante Pasó sus manos por el cabello y se obligó a escuchar y ver como hacía para librar a su hermana esta vez.— Yo no sabía que era un asesino, yo solo quería que se desapareciera con la tal Elena y que Pablo pensara que ella lo había traicionado, y entonces él la rechazaría y yo podría tener oportunidad de recuperar a Pablo. Dante abofeteo a su hermana, era la primera vez que lo hacía, no pudo controlarse y se arrepintió en el acto, Donna no era más que una niña malcriada y mucho era su culpa, pero esta vez se había pasado de la raya, Sonia intervino.
Elena despertó, sentía la boca seca y un terrible dolor de cabeza, en realidad le dolía todo el cuerpo, abrió los ojos lentamente ya que el sol le daba de frente a su rostro, estaba en un auto, acostada en el puesto trasero, Sergio iba conduciendo. — Por fin despertaste amor. Amor, Sergio siempre la había llamado amor. — Si a esto que haces le llamas amor, que será si me odiaras. — Ahora eres muy respondona, esa gente te han cambiado, eres presumida y malvada. — Tú me secuestras y yo soy la malvada, ya está bueno Sergio, di tu precio ¿Cuánto por dejarme ir? — No, tú te quedarás conmigo y empezaremos otra vez, tendremos la vida que ese Bernhard nos arrebató. — Sergio es que estás demente, yo no te quie







