Mag-log inLos cuatro se sentaron a comer en una mesa que trajeron del restaurante, pescados más grandes que los platos en los que los servían tostones y ensalada rallada de zanahoria y repollo, al terminar de comer Dante se retiró y un poco después regresó con unas sandalias de goma amarillas decoradas en las tiras con piedras plásticas de colores, combinaban muy bien con el traje de baño de Belinda, este se arrodilló delante de Belinda le sacudió la arena de los pies y se las puso.
— Dante, pero no te molestes, pero yo puedo sola.
— Ya te quedan perfectas número 37 tengo buen calculo.
— Gracias Dante, son las sandalias más bonitas que he visto en mi vida, pero de verdad es del todo innecesario, no sigas gastando.
— Belinda son muy bonitas —dijo Elena sonriendo a Dante.
— Elena vamos acompáñame, si quieres vamos a ver las sandalias.
— Oh no Pablo no te preocupes, pero te acompaño a caminar.
Belinda y Dante quedaron solos.
— Dante has sido muy amable conmigo, gracias por todo.
— Bah… no es nada del otro mundo, tú eres fácil de complacer.
— Pero me siento avergonzada, yo no tendría que aceptarte regalos, mira no soy tonta, tu acompañaste a Pablo para que yo no estuviera de lamparita con ellos, pero yo no puedo emparejarme contigo por conveniencia del momento.
— Ay… ya monjita me haces doler la cabeza, te compré los lentes y las sandalias porque lo necesitabas, no me pesa ni espero que me lo pagues con favores carnales, ya cálmate.
— Está bien, gracias de seguro esto no es normal para ti.
— De que hablas, ya te toqué la cabeza, los pies; ya te besé; de lo más cotidiano para mí.
— Eres un insolente, retiro lo dicho no te agradezco nada, vanidoso patán, eso no deberías decirlo y menos en ese tono de suficiencia, es más deberías…
Dante se acercó muy rápido hasta su silla y tomándole la cara con ambas manos y la besó, su intención era la de silenciarla, pero se convirtió en algo más, ella tenía los labios ligeramente abiertos ya que estaba hablando, esto le permitió a Dante meter su lengua, Belinda respondió con su propia lengua en una tímida danza fue todo lo que necesito Dante, inclino la cabeza para tener mejor ángulo y besarla, Belinda sintió un enorme calor en su pecho, no sabía si era doloroso o placentero, decidió que era placentero porque no lo dejó ir, quería que el beso durara toda la vida, pero Dante finalmente le puso fin al beso presionando sus labios de forma tierna.
— Yo soy ordinario —le dijo en un susurro aun tomando su cara con ambas manos—, tú no, tú eres bella y extraordinaria, no dejes que te profane angelito, yo no lo merezco.
Belinda se puso como un tomate y literalmente se encogió, avergonzada por semejante conducta, que se creía ella, era solo una absurda virgen inexperta, que podría ver un hombre de mundo como Dante en ella y además todos sus planes de repente los había olvidado, tan poco constante era ella.
— Te pido disculpa, por todo, mi comportamiento ha sido de lo más impropio, te aseguro no volverá a pasar, perdóname soy muy ingenua y aunque me avergüence inmensamente, la situación desbordó mis emociones y…
—chss Belinda ya —Dante le tomó la mano con la que ella gesticulaba.
— No tengo nada que perdonarte, de verdad que actúas de forma contraria a todas las mujeres que he conocido, mira te gusto, y tú a mí, es algo natural, pero tú quieres otra cosa para tu vida, así que por única vez en mi vida actué de forma honorable, no te acostumbres yo soy un total sinvergüenza, con mucha humildad lo digo, pero no te disculpes por sentir emociones, y mucho menos si son por mí, eso me halaga.
— Está bien, aunque no solo siento buenas emociones por ti, también me enfureces, solo olvidémoslo sí, por favor.
— Trataré de olvidarlo, de verdad y no te preocupes, yo hago enfurecer a todo el mundo, un don que tengo.
— Tú ves los dones como defectos y defectos como dones, y dices que yo actuó contrario a lo normal.
No muy lejos de allí Elena estaba muy preocupada, había visto a Dante besar a Belinda, sintió ganas de ir hacia ellos, pero vio que se separaron y Belinda no actuó como si la hubieran obligado, se quedó apartada, pero Pablo notó la incomodidad en Elena y sabia porque él también había visto el beso de Belinda y Dante.
— Elena por Dios si no es una niña, tú misma has dicho que quieres que vea algo de la vida antes de hacerse monja, quizás quiera experimentar lo mundano antes, si es así, Dante es el indicado para la tarea.
— Tú no entiendes, sí deseo que Belinda vea más del mundo antes de decidirse a tomar una vida llena de muchos sacrificios, quiero que si lo hace es porque está convencida y no porque era lo más cómodo, pero eso no quiere decir que se va a volver la amante del primer hombre que vea.
— Eso no lo decides tú.
— Sé que no, pero es como mi hermana menor, mejor dicho, es mi hermana menor, si puedo hacer algo para que no caiga víctima de un mujeriego, lo haré así sea solo con un consejo.
— No seas inocente Elena, si la sermoneas y se lo pones difícil más se encapricha, si eres mujer y sabes lo fuerte que es la carne, y pones mucha objeción al de ser amante como si fuera algo malo, cuando es algo normal, nosotros la pasamos bien y no te has quedado en llamas, ya mejor cambiemos de tema.
Eso lo cambio todo, Pablo y Elena no hablaron más del tema y de casi nada en realidad, se comportaron amables uno con el otro, Pablo le seguía tomando la mano como para ayudarla a bajar del peñero cuando regresaron al embarcadero y el tramo a pie hasta la casa del señor Luis donde estaba el Hummer, el viaje era silencioso todos estaban ensimismados, Elena trataba de vez en cuando de comentar algo para mantener el ambiente, intercambiaban comentarios, pero una vez más Elena sentía tangible el gran muro que le impedía llegar a Pablo, para que se engañaba, él no quería una relación seria, ni una novia, en realidad se sentía una hipócrita, no aceptó a Berni porque le brindaba solo una aventura, tanto tiempo sola por no caer en aventuras temporales y cuando llegó Pablo tiró sus convicciones por la borda; y hay estaba tratando de que Pablo correspondiera a algo que no quería, mejor era resignarse y terminar antes de salir más quemada.
El celular de Belinda comenzó a sonar.
— Seguro es Brenda —dijo Belinda, antes de atender la llamada.
— Sí, Teresa, pero ¿Todos están bien?
— Belinda ¿Qué pasó?
— Ya te vuelvo a llamar, si, déjame contarle a Elena —Belinda colgó la llamada y se dirigió ahora a Elena—, un vecino del orfanato, le dio un ataque conduciendo o algo parecido y se estrelló contra el orfanato, no hubo heridos, una ambulancia se llevó al señor al hospital, sin lesiones, pero el orfanato esta con una pared en el piso y el portón como un acordeón, Teresa le preocupa la seguridad del orfanato.
— Pablo, si nos pueden dejar a Belinda y a mí en el orfanato, por favor.
Pablo miró hacia el retrovisor, para ubicar la mirada de Dante, ambos se miraron.
— Dante, llévanos al orfanato, por favor.
Pablo buscó su celular y marcó un número, al instante comenzó a conversar con alguien.
— Robert, ¿Cómo estás? Sí, estoy en Venezuela, y mi madrina —Pablo se quedó en silencio mientras escuchaba—. Robert, de hecho, estoy en Valencia, sí algo cerca, pero necesito un favor, sabes el orfanato de niñas que está relativamente cerca de la hacienda —ahora se dirigió a Elena— ¿Cómo se llama?
— Sagrada Familia —respondió Elena.
Pablo continuó al teléfono.
— Sagrada familia Robert, voy para allá en este momento, al parecer un auto se estrelló e hizo daños, necesito que mandes gente, para ver como arreglamos, un herrero, un albañil y hay que ubicar el material —Pablo se echó a reír— respeta el clero perro, dale nos vemos allá.
Dante se echó a reír y miró por el retrovisor para hablar con Pablo.
— Recuerdas que te dije que seguro terminaba con un cura confesando pecados.
Pablo ahora reía a carcajadas, Elena y Belinda se mantenían calladas, Dante preguntó a Belinda.
— De casualidad nos encontraremos a un sacerdote allá.
— Bueno, no sé si el padre Tomás se acercó hasta allá.
Pablo seguía privado de tanto reír, todos terminaron riendo contagiados al ver a Pablo.
Llegaron al orfanato, ya había 3 hombres quitando el portón doblado, un joven conversaba con una religiosa, Dante estacionó y las chicas bajaron, Elena llevaba el short de jean y una blusa blanca ceñida y Belinda el mismo vestido sin forma de la mañana, pero con las sandalias de goma que le regaló Dante, ambas lucían las mejillas rojas por el efecto del sol, se dirigieron a la religiosa, el joven que estaba con las religiosas les dio espacio y fue hasta Pablo y Dante que se quedaron más atrás observando los daños.
— Robert, gracias por venir —Pablo saludó al joven con un apretón de manos y medio abrazo masculino, Dante también le estrechó la mano.
Robert, era un joven de 26 años alto y delgado, no tan alto como Pablo era de la estatura de Dante, más o menos, moreno de cabello negro, Pablo lo conocía de toda la vida. Era hijo de su madrina y mejor amiga de su madre, ellos tenían una hacienda que no estaba tan lejos del orfanato, se llamaba La Mágica Cascada, Pablo pasó muchas vacaciones en esa hacienda mientras era niño, definitivamente el mundo es un pañuelo, incluso varias veces Pablo pasó por aquí, de camino a visitar la hacienda.
— No te preocupes hombre, tiempo sin vernos, jamás me imagine encontrarnos aquí, perro, aquí hay solo monjas y niñas ¿Qué hacen aquí?
— Lo mismo me pregunto yo desde esta mañana —respondió Dante.
Pablo se echó a reír.
— Estoy saliendo con la castaña, ella creció aquí, trabaja en el restaurante del hotel de mi tío en Caracas. Vino el fin de semana y yo quedé en buscarla el domingo e ir a la playa, ya íbamos a Caracas cuando ocurrió esto.
— Y tú Dante, ¿Cuál es la tuya?
— Yo, que va, a mí me trajo este perro bajo engaños y falsas promesas —respondió Dante a Robert, señalando a Pablo—, voy a ver que hago, antes que estas monjas me suelten los perros.
Los tres hombres rieron.
— Ven Robert te presentaré.
Robert siguió a Pablo hasta las chicas y la hermana Teresa, Pablo llamó a Elena.
— Elena te presentó a Robert Mendoza, él es de la familia.
— Mucho gusto Elena Sandoval, ya conoció a la hermana Teresa y ella es Belinda.
Robert estrechó amablemente las manos de las 3 mujeres.
— Mucho gusto señoritas, hermana.
Elena notó que Pablo de manera magistral, evito presentarla como amiga, o novia, lo agradeció ya que Teresa estaba pendiente, siendo amable con Robert dijo.
— Estamos muy agradecidas Robert, por tomarse la molestia de ayudarnos hoy domingo.
— No se preocupen, mi mamá escuchó cuando me llamó Pablo, enseguida ordenó hacer comida y me pidió que me asegurara de que nada faltará, ya dentro de un rato debe venir ella con comida preparada.
— Que amable de su parte —dijo la hermana Teresa— su mamá de casualidad será la señora María Mendoza.
— Así es hermana, mi madre siempre está pendiente de colaborar con ustedes.
— Claro, Pablo tu madrina creo que la conocí en el restaurante, un día que estaba con tu mamá.
— Seguramente, mi madrina es la mejor amiga de mi mamá.
— Bendito sea Dios, gracias Pablo —dijo Belinda—, de verdad.
— No se preocupen, no es nada.
2 años después. Elena estaba muy embarazada, pero era la inauguración del Hotel Larsson Margarita, Pablo insistió en que Elena debía quedarse en Caracas, pero ella no hizo caso, este era un sueño alcanzado tanto para Pablo como para ella, como se le ocurría que se lo iba a perder, ella estaría allí cuando cortaran la cinta del hotel y atendería los primeros clientes de Välsmakande Margarita, el pequeño David Alexander no quería los brazos de su abuela, llevaba el nombre de sus abuelos, era un apuesto niño de cabello oscuro y ojos azules, lloraba desconsolado pidiendo ser cargado por su madre, el pequeño aun tenia 1año y ahora tendría una hermana, Elena cargó al pequeño y lo montó encima de su enorme vientre, secó sus lágrimas y sobó su pequeña espalda, el niño se calmó, estaba en el lobby del nuevo hotel, todo en acero y cristal, arreglos de flores adornaban la barra de recepción y encima las elaboradas letras en color oro Hotel Larsson Margarita, El
Elena estaba vestida para hacer un viaje relámpago a Venecia, la boda fue muy hermosa con Rebeka y Belinda como damas de honor y Brenda y Sebasthian como padrinos de boda, las damas fueros de rosado satín y fajines negros, Brenda había llevado un bello traje plateado brillante como una armadura de sueños había dicho Sebasthian, ahora estaba terminando de arreglar su maleta con Brenda en su habitación del hotel, Pablo estaría muy ocupado en Margarita ahora que había cortado relaciones comerciales con Dante Martino, a petición de Elena no lo denunciaron, pero rompieron sociedad y amistad. — Me vas hacer mucha falta Elena. — Vendré 3 días por semana, no dejaras de verme. — Sí bueno, quizás yo también viaje lo estoy pensando, igual no sé si pueda conservar el trabajo con Discovery. — Es por Sebasthian, siguen mal, pero que necia eres Brenda. — Elena yo para Sebasthia
Una vez en la comisaria, Pablo le dijo al detective que la llamada indicando el paradero de Elena había sido anónima, el detective no vio razones para desconfiar, Pablo no sabía cómo su amigo se había enterado, aun le faltaba ir a casa de Dante. Pablo dio un apretón de mano al detective Raúl. — Muy agradecido amigo, sepa que estoy en deuda con usted y no dude en llamarme si algún día llega a necesitar algo de mí. — No se preocupe, Larsson, es mi trabajo, esperó no tener que visitarlo por trabajo, quizás vaya por visitar a la bonita parlanchina. Pablo sonrío. Elena despertó en la cama de una clínica, se sentía bastante mejor, tenía una vía pegada al brazo, de un frasco el suero caían ráp
Elena quería quedarse encerrada en el baño lejos de Sergio, pero quizás podría escapar cuando viniera el servicio, o pudiera pegarle con algo a Sergio y escapar corriendo, así que se armó de valor, mirándose al espejo notó que tenía el cabello lleno de costras de sangre, el golpe que le dio Sergio en la cabeza, la había rotó y aunque ya no botaba cantidad de sangre seguía húmedo y dolía, quizás necesitaría puntos de sutura, en cuanto salió consiguió a Sergio inhalando polvo por la nariz, así que eso era, Sergio estaba drogado, él no tenía ese vicio mientras estuvieron juntos, ahora entendía su locura. — Sergio, esto es una locura, no podemos estar aquí eternamente, yo me siento mal debo ir a un médico. — Estas bien, solo fue tu primer viaje —Sergio
Dante estaba sorprendido. Se sentó en el sofá cuando sintió el peso de la locura que había hecho su hermana, Donna se privó llorando y no le salían las palabras. Dante Pasó sus manos por el cabello y se obligó a escuchar y ver como hacía para librar a su hermana esta vez.— Yo no sabía que era un asesino, yo solo quería que se desapareciera con la tal Elena y que Pablo pensara que ella lo había traicionado, y entonces él la rechazaría y yo podría tener oportunidad de recuperar a Pablo. Dante abofeteo a su hermana, era la primera vez que lo hacía, no pudo controlarse y se arrepintió en el acto, Donna no era más que una niña malcriada y mucho era su culpa, pero esta vez se había pasado de la raya, Sonia intervino.
Elena despertó, sentía la boca seca y un terrible dolor de cabeza, en realidad le dolía todo el cuerpo, abrió los ojos lentamente ya que el sol le daba de frente a su rostro, estaba en un auto, acostada en el puesto trasero, Sergio iba conduciendo. — Por fin despertaste amor. Amor, Sergio siempre la había llamado amor. — Si a esto que haces le llamas amor, que será si me odiaras. — Ahora eres muy respondona, esa gente te han cambiado, eres presumida y malvada. — Tú me secuestras y yo soy la malvada, ya está bueno Sergio, di tu precio ¿Cuánto por dejarme ir? — No, tú te quedarás conmigo y empezaremos otra vez, tendremos la vida que ese Bernhard nos arrebató. — Sergio es que estás demente, yo no te quie







