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Capítulo 45 Quiero ser tu cita.

last update Data de publicação: 2021-09-03 12:41:20

   Elena acomodó sus lentes de contacto y retocó su maquillaje, entonces escuchó un ligero golpe en la puerta, abrió y allí estaba Pablo recostado en el umbral con un perfecto traje, con la mano derecha en la barbilla donde brillaba una sortija de titanio y el Rolex de su muñeca.

   — Pablo, si viniste —expresó Elena entusiasmada.

   — Te dije que vendría, pero después pensé que quizás era presuntuoso de mi parte ya que me dijiste que no viniera, sin embargo, es obvio que decidí venir igual.

   — Presuntuoso, justo lo que pensé que sería que te sintieras obligado a venir por una apuesta, cuando no recibí de ti sino dos mensajes, cero llamadas y que ignoraras mis mensajes.

   — Tus mensajes, solo fue un mensaje que decías buenos días y lo vi a las 3 de la tarde, ya para que responder, igual que iba a decir, yo tenía fecha de regreso, luego mandaste ese mensaje para que no viniera.

   — No era para que no vinieras, era para agradecerte la fachada y las cámaras del orfanato.

   — Teníamos una cita, pero si tu relación con mi tío ha avanzado de alguna manera, dímelo y me retiro.

   — Pablo, cuantas veces tendré que decirte que no tengo relación sentimental con Bernhard.

   — Elena, ¿Tú sabes cuantas veces yo he escuchado a mi tío decir que quiere a una mujer en público? —Pablo hablaba en tono sereno pero su gesto indicaba que solo esperaba traición—, te lo diré, nunca, pero a ti te lo dice y tú se lo dices sin problema, salen allí de la mano diciéndole al mundo aquí estamos, juntos y enamorados.

   — Pablo sabes que no tienes ningún derecho a venir aquí a decirme como debo o no debo tratar a alguien, pero que te quede claro,  yo no ando con jueguitos con Bernhard, y sí, lo quiero mucho, pero no como pareja, te invité a ti para este evento, tuve que rebajarme a inventar una apuesta para que fueras mi cita y luego te fuiste y solo me mandaste  un escueto mensaje, en que ni siquiera me decías nada a mí, solo lamentabas tu fría cama, una cama la calienta cualquiera, y es verdad, quizás sólo te mande un mensaje, pero no debí mandarte ninguno, se suponía que deberías ser tú el interesado.

   — Elena, yo vine hoy porque quería verte, y no te llamé porque he estado muy ocupado, qué sentido tiene, de que íbamos hablar, tu aquí y yo allá, para que te iba a despertar en la madrugada cuando por fin tenía un momento, pero siempre que volteo veo el fantasma de algo con mi tío, no sé, perdóname si te ofendí pero no quiero interponerme si lo tuyo con él quizás pueda transformarse en algo más.

   — Yo he tenido bastante tiempo para tener algo con Berni si ambos lo hubiéramos querido, ya no se dará a estas alturas, nuestra relación no evolucionó en ese sentido, fue más hacia lo familiar, sin duda Berni diría que en ese caso sería el tío libidinoso o algo por el estilo, le encanta que lo crean el depredador de mujeres bellas y sin duda lo es, pero no conmigo.

   — Elena, me gustas, más bien me tienes loco, tomando en cuenta que yo nunca le había hecho una escena a ninguna mujer y a ti ya te hice una, y ahora estaba a punto de irme, Sebasthian me convenció.

— Y cuál es el veredicto ¿te vas o te quedas?

   — Eso lo decides tú.

  — Bernhard nunca tuvo problema en compartir mujeres contigo o Sebasthian, ¿por qué los celos conmigo?

   — Me gusta que solo hayas sido mía, me llena de orgullo machista si quieres, que no hayas aceptado a nadie de mi familia, aun cuando los conociste a ellos antes de mí, todos los hombres que te rodean, que te desean y que yo sí lo haya logrado, pero debemos estar claros no quiero dos caras.

   — Aquí estoy, soy tuya.

   Pablo la tomó en sus brazos y la levantó hasta su boca besándola con pasión y desenfreno, ella le respondió, entregando su ser en el beso.

   — Dios mío es que no me controlo, pero tienes mucho trabajo allá afuera no es así.

   — Sí es verdad, pero ven conmigo, se mi cita, y aquí estoy, rebajándome de nuevo a pedirte una cita.

   — Estoy aquí porque quiero ser tu cita.

   — Me parece una falta de delicadeza que Bernhard Larsson no te haya nombrado por tu nombre —Donna estaba molesta por la falta de atención hacia la mesa donde ella estaba, le hubiera encantado que Bernhard nombrara a su hermano y compartir con él su momento de fama.

   — Qué importa que no me haya nombrado, nombró mi empresa, esa es mi mejor carta de presentación.

   — Que poco sabes de la alta sociedad, la notoriedad es todo Dante y eso le sobra a los Larsson.

    — Yo no necesito notoriedad, y ya déjate de esas ridiculeces te pareces a mamá, la alta sociedad, no me hagas arrepentirme de haberte traído, yo más bien disfrutaré de la noche que promete ser entretenida.

   — Sí ya, y que se haría Pablo, tengo rato que no lo veo, pensaba que iba a venir a sentarse con nosotros un rato.

   — Donna, cariño, ve a tu alrededor, estamos rodeados de tipos forrados, sugiero que le pongas el ojo a otro y dejes de humillarte con Pablo.

  — Humillarme, exijo que te disculpes, oh, mira por allá viene Pablo, pero no, no puede ser.

   Pablo en efecto entraba en el gran salón de eventos, pero de la mano de Elena y se dirigían hacia las primeras mesas, Pablo saludó a las hermanas que lo recibieron con una sonrisa, luego se sentaron junto a Bernhard y Sebasthian en cuanto aparecieron el coro de las niñas en el escenario. La noche transcurría con buena comida, y música, todos hacían  sus anotaciones en las diversas rifas, al final de la noche nombrarían al ganador, que sería quien hiciera la oferta más alta, Elena era solicitada a cada instante como anfitriona, Bernhard asediado por todos, no había traído a ninguna mujer al evento, Sebasthian siempre perseguido por las cámaras, más esta noche, Elena gozaba de notoriedad, que anduviera de mano de Pablo, sería la sensación de la prensa de chismes.

   — Señorita Elena, por favor una foto.

    Pablo se apartó para que la fotografiaran.

   — Ahora con Pablo Larsson, por favor —dijo Elena estirando su mano, Pablo se acercó y le pasó el brazo por la cintura.

  — Para mañana la prensa rosa nos va a reventar —susurró Elena— ¿no te importa?

   — La prensa rosa siempre habla.

  — Buenas noches, mucho gusto Dona Martino —sorprendió Donna a Elena presentándose ella sola— soy hermana de Dante Martino, socio de Pablo, déjame decirte que todo esto es una bonita obra de caridad, te felicito por tu dedicación.

   — Gracias eres muy amable —Elena le respondió dándole la mano algo desconcertada— Elena Sandoval.

   — Por favor permítanos una foto, Dante ven aquí.

   Dante se acercó dándole un beso a Elena en la mejilla y saludando a Pablo con un apretón de manos, Donna lo llamó tan alto que no le quedó más remedio que acercarse para no ser mal educado, el fotógrafo retrató a los cuatro.

   — Ahora por favor a ellos dos que son los arquitectos del nuevo hotel Larsson Margarita, ven Elena.

   — Claro que sí —respondió Elena alejándose.

   — Ahora una con mi hermano por favor, estoy muy orgullosa de él —Después de tomar la foto miró a Pablo con suplica en sus grandes ojos verdes.

   — Pablo, por favor.

   — Claro que sí Donna —ella aprovechó en abrazar a Pablo y recostar la cabeza cariñosamente, en eso llamaron a Elena y esta tuvo que retirarse.

   — Otra más sí ahora los tres —los fotografiaron y entonces Dante puso fin.

   — Ya suficiente muchas gracias fue hablar con Pablo mientras Donna daba todos los datos al periodista.

   — Disculpa a Donna, está muy fastidiosa.

   — No te preocupes Dante, no pasa nada, ¿ya viste a tu novia insolita?

   — De lejos, pero no estoy pendiente de ella, por mi propia salud mental.

   — Pablo tienes que bailar conmigo.

   — Quizás más tarde.

   — Sí claro, disculpa.

   Pablo recordó que prometió dejarse ver con Donna para callar las murmuraciones por su pasada relación.

   — Vamos, ahora es  buen momento.

   — ¿Quién es esa que se guinda de tu caballero andante? —Le preguntó Brenda a Elena.

   — Su ex, la cual no parece que lo haya olvidado.

   — ¿Y que hace aquí con quien vino?

   — Es hermana de Dante.

   — Pero cuanto drama, te das cuenta porque vivo sin aceptar relaciones en mi vida.

   — Bueno ya veo que se acerca la fuente de todos los dramas de tu vida —Elena señaló discretamente a Sebasthian con el impecable esmoquin y el cabello peinado hacia atrás con gel, ya que lo llevaba un poco más largo de lo que acostumbraba, había podido descansar un rato de tanta fotografía y entrevista.

   — Los hombres con esmoquin, habrá algo más sexi, Sebasthian se ve muy guapo, no crees Brenda.

   — Guapo, bueno si te digo que a verlo solo deseo meter mis manos en sus cabellos y halarlo para que me bese por todas partes.

   — Calla loca —Elena reía— No sé si pedirte que te comportes o que vayas por él.

   — Si viene hacia mí… bueno, después te cuento, sabes que me alejo de él con la mejor intensión, pero ya sabes...

   Elena pensó comentarle a Brenda de las llamadas de Sergio, pero prefirió dejarlo pasar.

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