로그인Dante bailó y conversó con personas influyentes y posibles futuros clientes, pero sentía la necesidad de ir hacia Belinda, sabia era poco práctico que le gustara la inocente Belinda, quien toda sonrisa recibía las ofertas a las diferentes rifas, así que procuraba mantenerse alejado, en algunas ocasiones notaba la incomodidad de ella cuando debía hablar con caballeros solos y entonces halaba sus mangas largas o se sentaba como si así pudiera tapar su hermosa anatomía, finalmente no resistió la tentación de ir a pincharla un poco, después de todo, que era un pecado más.
— Buenas noches señorita, ¿en cuál rifa cree usted tengo más posibilidades de ganar?
— Buenas noches, Dante ¿cómo estás? —trató de sonar casual Belinda.
— Bien, mucho trabajo, como lo evidencia la falta de bronceado, no he estado en la playa.
Dante se regocijo en el sonrojo de Belinda al nombrar la playa, sabía le recordaría el día que se conocieron.
— Eso está bien, Dios te recompensará el trabajo duro con buenos resultados.
— Hoy pareces un ángel. Mi propio ángel castigador por mis incontables pecados.
Belinda llevaba un vestido blanco con escote cuadrado recatado las mangas largas la tela era transparente bordada con piedras brillantes era muy tapado y recatado, pero la figura de Belinda sencillamente no podía disimularse.
— Ya Dante no digas esas cosas, es malo.
— Será que hoy puedo persuadirte de bailar conmigo.
— No creo, hoy estaré muy ocupada, pero seguro hay alguna chica casada gustosa de bailar contigo.
— Cuidado tiburoncito, es celos lo que escucho en tu voz.
— No lo dudo, con lo arrogante que eres.
Dante se rio con ganas.
— Estas aprendiendo tiburoncito, quizás pronto estés lista para aceptarme —una pausa sugerente— a bailar, me encantaría.
— Te sugiero que comiences a buscar a alguien de una vez y dejes de perder el tiempo conmigo.
— Sabes que, voy hacer una oferta muy generosa por el tour a Paris para dos personas y no te molestaré más, si gano, prometes tomar algo conmigo más tarde cuando no estés tan ocupada.
— No veo el propósito de darte algo a cambio de que te inscribas en una rifa que de ganar disfrutaras tú.
— Digamos que mi oferta estaría muy por encima de lo que vale, cosa que es el propósito principal de la beneficencia y prometería invitarte a Paris si quieres.
— Si ganas la rifa tomo algo contigo, más nada.
— Está bien...
Pablo bailaba la segunda canción con Donna, algunos los miraban sin disimulo pero la mayoría no les prestó atención.
— Gracias por esto Pablo sé que lo haces por amabilidad, porque en realidad no estas disfrutando.
— No me siento obligado, también quiero que la gente te deje en paz y superen nuestra ruptura.
— Eso es algo muy difícil de olvidar, sobre todo para mí, no lo entiendo sabes, como pude perderte, desde que volviste es lo único que pienso, si pudiera regresar el tiempo.
— Pero no se puede, te lo dije una vez Donna, de habernos casado, quizás ya estuviéramos divorciados.
— Yo quiero ser tu amiga, te lo he dicho, estoy aquí para lo que tú quieras —Donna río sin humor — ¿Estas con ella verdad? Con la que organizó este evento.
— No creo que sea de tu incumbencia.
— Eso quiere decir que sí, pues Pablo no lo sé, ¿no te importa que primero haya estado con tu tío? De hecho, todos aquí creen que ella está con tu tío.
— Tú misma has sido víctima de la habladuría de la gente, te lo he dicho no deberías hacer caso.
La canción terminó y Pablo le hizo una reverencia algo exagerada y la dejó en medio de la pista, sabía que había sido poco caballero, pero era mejor que arrancarle la cabeza a la víbora de Donna en medio del salón, fue hacia la barra y pidió un whisky allí se consiguió con Brenda que también tomaba uno.
— Salud —dijo Brenda chocando su vaso con el de Pablo en la barra— que tal Pablo como te trata Margarita.
— La verdad no he tenido oportunidad de disfrutar de la isla, mucho trabajo.
— De vez en cuando hace falta un respiro, espero que disfrutes el fin de semana.
— Eso espero, ¿sabes dónde está Elena?
— Por ahí tras bastidores, sabes Elena es muy responsable, parece controladora, pero en realidad ella se entrega con todo, cuando se pone en algo.
— Creo que quieres llegar a un punto —Pablo le dio un trago a su bebida—, dispara Brenda, no le des vuelta.
— No te conozco Pablo, por eso te doy el beneficio de la duda, Elena no es una chica a la que le guste jugar 15 minutos y luego adiós, te lo aseguro. Está en el restaurante, si quieres quedarte quieto un momento, ve por ella tigre, si no es así, déjala en paz.
— Gracias por la información Brenda.
— De nada.
Pablo vio que Sebasthian estaba muy cerca de ellos, parecía que su intención era buscarlo, pero después de la advertencia de Brenda mejor dejarle esa fiera a Sebasthian, así que se retiró a buscar a Elena antes de que llegara su primo hasta ellos.
— Me preguntaba cuanto ibas a tardar en atacar —Brenda escuchó la voz baja de Sebasthian en su espalda.
— Sebasthian, que tal ¿tomas algo?
— Un whisky doble en las rocas por favor —dijo al barman.
— El mejor barman que se puede conseguir en Caracas —dijo Brenda sonriéndole coqueta al joven, no lo conocía y antes no había tenido intención de coquetear con él, solo pensó que era una manera de alejar a Sebasthian— y quien ofrece la mejor vista.
El joven sonrío levemente y le guiñó el ojo a Brenda, Sebasthian se puso rojo de furia.
— Gracias amigo —respondió amablemente Sebasthian—, si me gusta le pediré que me aparte una botella ya que veo que es lo que mi amiga prefiere.
El apuesto joven inteligentemente se retiró hacia el otro extremo sin dar respuesta.
— Pesado, tenías que intimidarlo, con tu fachada soy el jefe y el dueño.
— No sé de qué hablas, yo soy el jefe, y el dueño, no tengo fachadas, a diferencia de otras.
— Pues tú no eres mi dueño.
— Estas segura de eso —le dijo esbozando una pícara sonrisa que Brenda trató que no le afectara, está bajo la vista y estaba dispuesta a insultarlo como era su costumbre si se sentía incomoda, pero él la conocía muy bien así que habló antes de que lo noqueara ya que parecía que era lo que quería—, bueno suficiente, seamos civilizados, decía cuando llegué que me sorprendía que no le hubieras brincado antes al cuello de Pablo, ya que tuvo la osadía de tocar a alguien del diminuto grupo de personas que te importan.
— Le di su advertencia, si pretende burlarse de Elena a pesar de ello, cuando tenga oportunidad lo veo en el ring, o fuera de él y tú sabes que soy capaz de infligir daño.
— Ya lo creo que sí, —Brenda se sintió fatal al detectar el doble sentido al comentario—antes de irme quiero que nos veamos en el ring.
— Que pasa Larsson, quieres llegar morado a Margarita.
— Quizás logre la simpatía de la productora de tu piloto, dicen que es hermosa —Esta vez le tocó a Brenda enfurecer.
— Tienes suerte de que tengas ese almidonado traje, si no fuéramos ahorita mismo.
— Y estropear ese bonito vestido, se podría romper con facilidad, mejor no me des ideas Brenda, esto se acaba en algún momento y el ring no se va a ningún lado, quizás más tarde te de gusto —Una pausa, Sebasthian se mordió el labio inferior—. De infligirme dolor.
— Señorita Elena será posible que podamos bailar en algún momento de la noche —preguntó en forma exagerada Pablo.
— Claro que sí, no me lo perdería.
Elena y Pablo fueron a bailar una melodía suave que les permitía bailar abrazados.
— Estás contenta, todo está saliendo muy bien con la recaudación.
— Oh sí nos ha ido muy bien, y tú viniste, sin duda es una noche especial.
— Y espero que la noche siga especial, nena el sentir tu espalda solo me hace pensar en que no llevas brasier y entonces me preguntó será que eso aplica a otras prendas.
— Si tienes suerte, podrás verlo y satisfacer tu curiosidad.
— Bueno me siento con suerte, pero que te parece si nos desaparecemos un ratico.
— No puedo, pero quizás podamos irnos un poco antes de terminar, y mañana voy a Margarita, no te había dicho.
— Es una cita, que continua hasta Margarita.
— Que ganas de empezar ya, pero aún tengo mucho trabajo.
Donna miraba a Pablo con Elena desde su mesa, Dante hablaba por su teléfono celular, ella se moría de resentimiento, porque no podía ser sexi y mostrarle esa gran sonrisa a ella, era injusto, mientras ella fue la novia de Pablo él no bailaba con ella así, ni la miraba así, solo eran besitos respetuosos, él nunca entendió las indirectas de ella para que avanzara y le mostrara fogosidad, la trataba como a una niña, de haber sabido lo apasionado y potente que era en la cama no le habría hecho caso al idiota del entrenador de pacotilla, ella podía ser ahora mismo la flamante esposa de un Larsson y la dueña de la fogosidad de Pablo, y ahora una huérfana doña nadie se lo llevaba, no lo podía permitir.
— Dante vamos a bailar y cuando den una vuelta aprovechamos y cambiamos de pareja.
— Ah, ¿de qué hablas?
— Que vayamos a bailar y que cuando tengas oportunidad me pases a Pablo.
— Tú estás loca de remate, si crees que yo me prestaría para hacer semejante ridículo.
— Pero Dante, ayúdame que te cuesta.
— Debes dejar esa absurda obsesión, date cuenta que Pablo no quiere que le des ni la hora, tú no estabas muriendo de amor por él tampoco, búscate otro y no te ridiculices, pero, sobre todo, no pretendas hacerlo conmigo.
— Entonces no tiene ningún sentido que me hayas traído, me quiero ir.
— Donna que ganas con esa actitud, ve a tu alrededor, este sitio está lleno de solteros elegibles, da una vuelta, relaciónate, saca algo de provecho a la noche, si te vas ahora habrá habladurías y además no me quiero ir.
Donna le hizo caso a Dante, estuvo hablando con grupo de personas aquí y allá estaba más tranquila e incluso había bailado con hombre guapo y bastante agradable, pero fue al baño y allí escuchó como una mujer le decía a otras dos lo bochornoso que debía ser para ella ver el espectáculo desde lejos, cuando podría haber sido la esposa de un Larsson, Donna no tuvo el valor de enfrentarlas, se quedó en el cubículo del baño hasta que las mujeres se fueron y luego salió prácticamente corriendo hacia afuera del hotel sentía que le faltaba aire en sus pulmones, quería llorar y esconderse del mundo atravesó la alfombra roja y mas allá por fin sola se permitió sollozar por lo injusta de la situación.
— Después de todo como que no está muy buena la recepción.
— ¿Quién anda ahí?
2 años después. Elena estaba muy embarazada, pero era la inauguración del Hotel Larsson Margarita, Pablo insistió en que Elena debía quedarse en Caracas, pero ella no hizo caso, este era un sueño alcanzado tanto para Pablo como para ella, como se le ocurría que se lo iba a perder, ella estaría allí cuando cortaran la cinta del hotel y atendería los primeros clientes de Välsmakande Margarita, el pequeño David Alexander no quería los brazos de su abuela, llevaba el nombre de sus abuelos, era un apuesto niño de cabello oscuro y ojos azules, lloraba desconsolado pidiendo ser cargado por su madre, el pequeño aun tenia 1año y ahora tendría una hermana, Elena cargó al pequeño y lo montó encima de su enorme vientre, secó sus lágrimas y sobó su pequeña espalda, el niño se calmó, estaba en el lobby del nuevo hotel, todo en acero y cristal, arreglos de flores adornaban la barra de recepción y encima las elaboradas letras en color oro Hotel Larsson Margarita, El
Elena estaba vestida para hacer un viaje relámpago a Venecia, la boda fue muy hermosa con Rebeka y Belinda como damas de honor y Brenda y Sebasthian como padrinos de boda, las damas fueros de rosado satín y fajines negros, Brenda había llevado un bello traje plateado brillante como una armadura de sueños había dicho Sebasthian, ahora estaba terminando de arreglar su maleta con Brenda en su habitación del hotel, Pablo estaría muy ocupado en Margarita ahora que había cortado relaciones comerciales con Dante Martino, a petición de Elena no lo denunciaron, pero rompieron sociedad y amistad. — Me vas hacer mucha falta Elena. — Vendré 3 días por semana, no dejaras de verme. — Sí bueno, quizás yo también viaje lo estoy pensando, igual no sé si pueda conservar el trabajo con Discovery. — Es por Sebasthian, siguen mal, pero que necia eres Brenda. — Elena yo para Sebasthia
Una vez en la comisaria, Pablo le dijo al detective que la llamada indicando el paradero de Elena había sido anónima, el detective no vio razones para desconfiar, Pablo no sabía cómo su amigo se había enterado, aun le faltaba ir a casa de Dante. Pablo dio un apretón de mano al detective Raúl. — Muy agradecido amigo, sepa que estoy en deuda con usted y no dude en llamarme si algún día llega a necesitar algo de mí. — No se preocupe, Larsson, es mi trabajo, esperó no tener que visitarlo por trabajo, quizás vaya por visitar a la bonita parlanchina. Pablo sonrío. Elena despertó en la cama de una clínica, se sentía bastante mejor, tenía una vía pegada al brazo, de un frasco el suero caían ráp
Elena quería quedarse encerrada en el baño lejos de Sergio, pero quizás podría escapar cuando viniera el servicio, o pudiera pegarle con algo a Sergio y escapar corriendo, así que se armó de valor, mirándose al espejo notó que tenía el cabello lleno de costras de sangre, el golpe que le dio Sergio en la cabeza, la había rotó y aunque ya no botaba cantidad de sangre seguía húmedo y dolía, quizás necesitaría puntos de sutura, en cuanto salió consiguió a Sergio inhalando polvo por la nariz, así que eso era, Sergio estaba drogado, él no tenía ese vicio mientras estuvieron juntos, ahora entendía su locura. — Sergio, esto es una locura, no podemos estar aquí eternamente, yo me siento mal debo ir a un médico. — Estas bien, solo fue tu primer viaje —Sergio
Dante estaba sorprendido. Se sentó en el sofá cuando sintió el peso de la locura que había hecho su hermana, Donna se privó llorando y no le salían las palabras. Dante Pasó sus manos por el cabello y se obligó a escuchar y ver como hacía para librar a su hermana esta vez.— Yo no sabía que era un asesino, yo solo quería que se desapareciera con la tal Elena y que Pablo pensara que ella lo había traicionado, y entonces él la rechazaría y yo podría tener oportunidad de recuperar a Pablo. Dante abofeteo a su hermana, era la primera vez que lo hacía, no pudo controlarse y se arrepintió en el acto, Donna no era más que una niña malcriada y mucho era su culpa, pero esta vez se había pasado de la raya, Sonia intervino.
Elena despertó, sentía la boca seca y un terrible dolor de cabeza, en realidad le dolía todo el cuerpo, abrió los ojos lentamente ya que el sol le daba de frente a su rostro, estaba en un auto, acostada en el puesto trasero, Sergio iba conduciendo. — Por fin despertaste amor. Amor, Sergio siempre la había llamado amor. — Si a esto que haces le llamas amor, que será si me odiaras. — Ahora eres muy respondona, esa gente te han cambiado, eres presumida y malvada. — Tú me secuestras y yo soy la malvada, ya está bueno Sergio, di tu precio ¿Cuánto por dejarme ir? — No, tú te quedarás conmigo y empezaremos otra vez, tendremos la vida que ese Bernhard nos arrebató. — Sergio es que estás demente, yo no te quie







