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Capítulo 55 Interruptor.

last update Data de publicação: 2021-09-03 13:52:14

   — Entonces, seremos solo sexo Donna, sin compromiso.

   — Solo quiero sentirte Pablo, házmelo aquí mismo, parados o sobre tu mesa, solo no pares.

   Pablo la cargó y ella envolvió sus piernas alrededor de su cadera, su falda o más bien micro falda quedó enrollada en su cintura, Pablo se dirigió con ella a la mesa y la sentó sin dejar de besarla, Donna sentía objetos que le lastimaban el trasero desnudo, el pequeño biquini no alcanzaba para amortiguar los objetos punzantes de esa mesa, abrió las piernas para Pablo y con una sola mano ya que la otra acariciaba la entre pierna de él, fue arrojando los objetos de la mesa, cayeron unas carpetas, un vaso con lápices, y algo que hizo bastante ruido al caer, Pablo miró al suelo por inercia y se detuvo, se enderezó alejándose de Donna.

   — Yo te ayudaré a recoger —dijo Donna y sujetó la camisa de Pablo y halo fuera de los pantalones, pero Pablo se apartó de su agarre.

   — Pablo deja de pensar tanto quieres, estamos solos, porque no disfrutarnos mutuamente.

   Pablo le dio la espalda y arregló su camisa dentro de los pantalones, en ese momento, Dante abrió la puerta, Donna seguía encaramada en la mesa, con la falda de cinturón y  con todo el material de trabajo regado en el piso, la escena daba a entender que acababan de terminar un sórdido encuentro sexual, de esos que no da tiempo a quitarse la ropa.

   — Pero y ¿Qué es esto? Donna, pero niña tonta y buscona.

   — Dante, no pasó nada, de lo que parece —dijo Pablo.

   — Donna no trajiste tu auto, no lo vi cuando llegué, viniste en taxi, para forzar esto, es que no tienes un poquito de respeto por mí o por ti misma, yo trabajo aquí, mira mejor es que salgas de aquí y espérame en mi auto —dijo Dante aun sin dirigirle palabra a Pablo, Donna se bajó de la mesa muy enojada con su hermano.

   — No es tu problema Dante, vete tú y déjame en paz.

   — Ahora Donna, no lo volveré a repetir, sal de aquí.

   Donna salió caminando a paso enérgico y bufando, ahora Dante se dirigió a Pablo.

   — Regresé porque te vi echo una m****a, hablar contigo, bebernos un whisky si eso necesitabas, no sé qué te pasa, pero no eres tú mismo, te dije que si no querías nada con Donna mantuvieras la distancia.

   — Te repito no pasó nada.

   — ¿Crees que soy estúpido? Ella es una tonta malcriada, pero tú deberías poder mantener la distancia, porque no tienes intención de volver con ella y eres mi amigo.

   — No te falté Dante.

   — Que no hicieron nada, ¿cómo reaccionarías sí entras tú y me encuentras así con tu hermana?

   — Mi hermana es una niña, no es lo mismo, pero aquí la clave es ¿Dónde estamos Dante, mira a tu alrededor? No es tu casa, es nuestro lugar de trabajo de donde no he salido, es Donna quien vino hasta mí.

   — Es porque es una idiota, y bueno tienes razón no es una santa, sabes que, la llevaré a casa, mañana hablamos.

    Dante salió y Pablo fue a recoger los objetos caídos y allí estaba el pisapapeles con la forma del mapa de la Isla de Margarita que le regaló Elena, recordó su sonrisa a dárselo, su inseguridad al decirle que la olvidaría cuando fuera famoso, pero el pisapapeles le recordaría que en Margarita había comenzado a cumplir sus sueños, Elena quien con sus sonrisa y ojos hermosos se coló y se metió en esos sueños, Pablo pasó una mano por su cabello y se sentó en el piso, que idiota era, porque la mandó a los brazos de su tío, recordó verla furiosa diciéndole que era suya y él no la quiso, sinceramente no sentía que no la quería, por el contrario sentía un fuego que le quemaba el pecho en este momento, al ver el pisapapeles no pudo tener sexo con Donna, fue como un interruptor, era lo mejor, tener un rollo sexual con Donna era una complicación, sobre todo con Dante, ella no era la mujer que él deseaba.

   En el apartamento alquilado de los Martino, Donna se enfrentaría a la ira de Dante, Sonia se acercó a la sala al escuchar los gritos.

   — Puedes ser más estúpida, que ganas con revolcarte con un hombre que no te quiere, en un lugar sin paredes reales, en una obra de construcción como si fueras una perra, crees que así de repente querrá casarse contigo, despierta Donna.

   — Dante ¿Qué pasa aquí? No le hables así a tu hermana.

   — Tú eres la culpable —le dijo a Sonia Dante estaba furioso—, culpable por alimentar la locura de perseguir a Pablo a pesar de que ese tren ya se fue.

   — Ya te dije que no pasó nada, acaso nunca has tenido un momento apasionado, que no ves en qué lugar estas, con que moral vienes a reprocharme.

   — ¿De dónde te sale esta obsesión Donna?, Dime, mientras estuve en Paris, jamás me preguntaste por Pablo, y dudo que no hubieras tenido amantes por todo un año, te di la oportunidad cuando llegamos de pedir disculpa, de que se dieran un polvo de despedida, eso me aseguraste cuando te di el número de habitación de Pablo, que estabas clara, que mi mamá insistia, pero que tú sabias que no había posibilidad de volver a tener el compromiso con Pablo.

   — Dante, es que no entiendes —dijo Sonia—, cuantas veces debo explicarte que el bienestar de nosotros está en que tu hermana regrese con Pablo, debes ayudarla, no interrumpirla.

   — Ah es que sí pretendes que haga de proxeneta con mi hermana, si es con un Larsson no te importa, eres increíble mamá, Pablo jamás volverá con esta cabeza de chorlito, si se enredan solo desintegraran mi sociedad y amistad con Pablo, si es por dinero, maldita sea no les falta nada.

   — Dante perdóname, por favor.

   — No señorita, no me seguirás manipulando, esta vez sí se van a Caracas, debí mandarlas hace tiempo, cuando empezaron a molestarme, aquí en Margarita no las quiero, se van a su casa.

   — Tú no eres quien para mandarme, yo soy tu madre.

   — Si quieres hacer lo que te venga en gana, perfecto, pero te mantienes con tus medios, si voy a seguir manteniéndolas, será con mis condiciones, no permitiré que me ridiculicen, se van a Caracas.

   Dante salió del apartamento dando un portazo, Donna calmó a su madre.

   — Tranquila mami, aquí no voy a lograr nada igual.

   — ¿Qué quieres decir? Que Dante no nos interrumpió a Pablo y a mí, Pablo ya se había apartado rechazándome, está enamorado eso debe ser, está enamorado de esa estúpida huérfana, con su carita de yo no fui, lo tiene envuelto en su red.

   — Pero todos dicen que ella está con Bernhard Larsson, o que no sabe con cual quedarse, eso debería desilusionar a Pablo.

   — O la ven como una santa, el tío y el, ambos peleándose por la estúpida esa, así cualquiera con una triste historia de orfanato, creen que es la santa, la mejor de las mujeres, Dante tiene razón, no vale la pena seguir empeñada en Pablo.

   — Donna, tú espera, en lo que la huérfana esa, escoja a Bernhard, Pablo estará disponible para ti, quien en su sano juicio rechazaría un marido rico que tiene altas posibilidades de dejarla viuda y millonaria, si Bernhard le debe llevar más de 20 años.

   — Será una mártir, Pablo seguirá admirándola, pero sí hay algo que puedo hacer, si consigo que Pablo crea que es una traidora, eso sería genial, la pondría en el nivel de traición en el que me tiene, estaría herido y yo podría hacerlo caer por despecho, luego que este conmigo nos casaremos por no perder a Dante, que es su mejor amigo.

   — ¿Y cómo conseguirías que todo eso pase?

   — Justamente conozco a la persona ideal para ayudarme, y está en Caracas.

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