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Capítulo 83. El presente es hogar.

last update publish date: 2025-11-10 11:08:11

Ellen.

La tarde estaba tibia, perfumada por el jazmín que trepaba por la galería.

Desde la ventana de su estudio, Ellen podía ver el jardín: Nathan corría tras una pelota, con esa torpeza encantadora de los niños que descubren el mundo a cada paso, y el abuelo Winston lo seguía de cerca, fingiendo cansarse solo para hacerlo reír más fuerte.

Derek los observaba sentado en las escaleras, con una sonrisa serena, de esas que solo nacen cuando el alma está en calma.

Ellen dejó la taza de té sobre
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  • Embarazada del CEO   Capítulo 84. El lugar donde empieza siempre.

    Derek. El aroma a lasaña recién horneada impregnaba el aire. En el comedor, las luces eran suaves, cálidas, y el sonido del cuchillo cortando el pan se mezclaba con la risa contagiosa de Nathan, que golpeaba la mesa con su cuchara mientras Ellen trataba de evitar que el mantel terminara en el suelo.Aquella cena era sencilla, pero tenía algo especial. Era la primera vez, en mucho tiempo, que los tres parecían una familia… sin remiendos, sin silencios, sin heridas abiertas. Solo ellos, compartiendo un momento cualquiera, que para Derek era todo.Nathan, con la inocencia que solo los niños poseen, los observaba con atención. Sus ojos grandes, llenos de curiosidad, iban de su madre a su padre como si tratara de descubrir un secreto. Entonces, con esa franqueza que a los adultos les cuesta tanto, soltó: —¿Por qué vivimos en casas separadas?Ellen, que estaba sirviendo más jugo, se quedó quieta. Derek levantó la vista del plato, sorprendido. —¿Cómo dices, campeón? —Que… —Nathan la

  • Embarazada del CEO   Capítulo 83. El presente es hogar.

    Ellen. La tarde estaba tibia, perfumada por el jazmín que trepaba por la galería. Desde la ventana de su estudio, Ellen podía ver el jardín: Nathan corría tras una pelota, con esa torpeza encantadora de los niños que descubren el mundo a cada paso, y el abuelo Winston lo seguía de cerca, fingiendo cansarse solo para hacerlo reír más fuerte. Derek los observaba sentado en las escaleras, con una sonrisa serena, de esas que solo nacen cuando el alma está en calma.Ellen dejó la taza de té sobre el escritorio y se quedó mirando la escena unos segundos más. Nunca imaginó que aquel lugar, que en un principio era solo una casa nueva en Nueva York, terminaría convirtiéndose en su hogar. Había aprendido que el hogar no siempre es un sitio, sino el momento en que todo dentro de uno deja de doler.Sobre el escritorio descansaba una postal que había recibido esa mañana. Era de Giulia, la hermana de Alessandro. Tenía una fotografía de los viñedos bañados por la luz del amanecer y un breve m

  • Embarazada del CEO   Capítulo 82. La boda de Greta y Alan.

    Derek. La tarde tenía un brillo especial, como si el sol supiera que esa jornada merecía una luz distinta, más cálida, más serena. Era un día hermoso. El tipo de día que uno guarda en la memoria sin saber por qué, solo porque todo parece estar en su lugar.La ceremonia se celebraba en un jardín pequeño, rodeado de árboles y flores blancas. Todo estaba dispuesto con una elegancia sencilla: guirnaldas, mesas de madera, música suave y el murmullo de la gente emocionada. Alan, de pie frente al altar, parecía un hombre completo. Y Greta… Greta irradiaba luz. Verlos allí, tomados de la mano, intercambiando miradas que decían todo sin decir nada, le devolvió a Derek una emoción que había creído perdida: la fe en los comienzos.Nathan, vestido con un pequeño traje beige, caminaba por el pasillo central con el estuche de los anillos en sus manos diminutas. Su abuelo lo acompañaba, sosteniéndolo con cuidado. Esa imagen —su padre ayudando a su hijo a cumplir su rol más importante— le quebró

  • Embarazada del CEO   Capítulo 81. Un año después.

    Ellen. Había pasado un año desde aquella noche en la que todo cambió. Un año desde que el disparo partió su mundo en dos, desde que el dolor y la esperanza se mezclaron en una sola herida. Y, sin embargo, aquella herida ya no sangraba. Había aprendido a vivir con la cicatriz.El tiempo no la había curado del todo, pero la había moldeado. Le enseñó a respirar sin miedo, a mirar hacia adelante sin sentir culpa, a amar sin aferrarse.Vivía en su casa en Nueva York, aquella que un día le pareció demasiado grande, demasiado silenciosa. Hoy, ese silencio estaba lleno de vida. De risas, de pasos pequeños corriendo por los pasillos, de voces que llenaban los espacios que antes dolían. El aroma del café por las mañanas, las flores frescas en el jarrón, los juguetes dispersos en la alfombra… cada cosa era una forma de decirse a sí misma “estás viva, Ellen”.Nathan crecía rodeado de amor. Su risa era el sonido más puro del universo. Había heredado la curiosidad de su madre y la determinaci

  • Embarazada del CEO   Capítulo 80. Aprendiendo a sentir otra vez.

    Ellen. Tres meses después. Habían pasado tres meses desde aquella noche que cambió sus vidas para siempre. El tiempo, caprichoso y cruel, había logrado poner cierta distancia entre el dolor y la rutina, pero no entre el corazón y la memoria.Ellen había aprendido a convivir con ese pedacito de alma que le faltaba. No desaparecía; solo había aprendido a cargarlo consigo. Era como una sombra suave, un recuerdo constante, una presencia silenciosa que la acompañaba en los momentos más tranquilos.A veces, al cerrar los ojos, aún podía escuchar su voz. El acento italiano de Alessandro pronunciando su nombre con esa mezcla de ternura y deseo. O imaginar sus manos sobre las suyas, en los viñedos, riendo juntos mientras hablaban de futuros que nunca llegaron. Pero ya no dolía de la misma forma. Ahora era una nostalgia cálida, una especie de agradecimiento por haberlo tenido siquiera por un instante.Había tomado decisiones difíciles en esos meses. La más grande: volver a Nueva York.

  • Embarazada del CEO   Capítulo 79. Vivamos la vida que nos regaló.

    Derek. Había pasado una semana desde aquel día. Una semana desde el disparo, el rescate, los gritos y el llanto. Siete días que se sentían como una eternidad.Ahora, sentado frente a una larga mesa de madera, rodeado de documentos y rostros tensos, Derek comprendía que lo peor todavía no había terminado.A su derecha, su abogado —un hombre de voz firme y semblante cansado— repasaba cada punto del expediente. Frente a él, el fiscal y el representante legal de la familia de Alessandro intercambiaban carpetas, testigos y pruebas. Sobre la mesa había fotografías, transcripciones de llamadas, correos electrónicos y el informe final del allanamiento.Su madre. Su hermana. Christine. Las tres bajo detención.Derek apretó las manos sobre sus rodillas. No podía evitar que un escalofrío le recorriera la espalda al leer los nombres en tinta negra, en los sellos judiciales. Nunca imaginó que su apellido estaría allí, asociado a algo tan miserable.El abogado respiró hondo antes de hablar:

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