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159: LLAMADA

last update publish date: 2026-09-21 08:08:47

No podía ser verdad. Descubrir que a Gabriela le gustaba mi hermano era una tragedia que ni en mis peores pesadillas había imaginado que pudiera ocurrir.

Como si toda aquella situación no fuera ya lo bastante complicada, acababa de aparecer un problema todavía mayor.

—No te puede gustar —fue lo único que conseguí decir.

Entrecerró los ojos de inmediato.

—¿Quién te crees que eres para hablarme así?

—No soy nadie, pero… no puedes.

—¿Por qué?

Abrí la boca y tardé unos segundos en encontrar una res
Célia Oliveira

QUIERO RECORDAR QUE ESTA HISTORIA TODAVÍA SE ESTÁ ESCRIBIENDO EN PORTUGUÉS. ¡GRACIAS A TODOS LOS QUE ESTÁIS SIGUIENDO LA HISTORIA! ¡NOS VEMOS EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO!

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    Dicen que una de las peores cosas que pueden ocurrir es ver cómo alguien a quien quieres y consideras un amigo se convierte en tu enemigo. Por la forma en que Talita me hablaba, empezaba a darme cuenta de que eso era exactamente lo que estaba ocurriendo.Conocía aquella voz. Conocía sus manías, sus reacciones e incluso la forma en que hablaba cuando estaba dolida o enfadada. Pero aquello era diferente. Me interrumpía cada vez que intentaba explicarle algo y parecía no considerar siquiera la posibilidad de escucharme. En aquel momento, Talita no quería saber la verdad. Quería hacerme daño.Tal vez creía que me merecía aquello por todo lo que, según ella, había hecho contra Derick. Y, como me conocía tan bien, sabía exactamente cuál era mi punto débil. Daba miedo darse cuenta de que alguien a quien un día le había contado mis secretos ahora podía utilizarlos como armas contra mí.—Voy a hacer que pagues por todo lo que me estás haciendo, Fabi. Y, si le pasa algo al bebé que estoy espera

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    No podía ser verdad. Descubrir que a Gabriela le gustaba mi hermano era una tragedia que ni en mis peores pesadillas había imaginado que pudiera ocurrir.Como si toda aquella situación no fuera ya lo bastante complicada, acababa de aparecer un problema todavía mayor.—No te puede gustar —fue lo único que conseguí decir.Entrecerró los ojos de inmediato.—¿Quién te crees que eres para hablarme así?—No soy nadie, pero… no puedes.—¿Por qué?Abrí la boca y tardé unos segundos en encontrar una respuesta.—Porque él es bastante mayor que tú —mentí.La verdad era justamente lo contrario del argumento que intentaba utilizar. Flávio también era menor de edad, pero Gabriela no lo sabía y, en aquel momento, me aferraría a cualquier justificación que pudiera mantenerla alejada de él.—¡Qué tontería! Tú y mi padre también os lleváis años.—Pero yo soy mayor de edad —repliqué.—¿Y qué? La diferencia de edad sigue existiendo.—No es lo mismo.—¿Por qué no?Una vez más, me quedé sin respuesta.Cuan

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    —No soy nadie —respondí rápidamente—. Y no estoy intentando mandarte.—Entonces ocúpate de tu vida.Hizo ademán de seguir caminando, pero no conseguí quedarme callada.—Ibas a hablar con el encargado de la piscina, ¿verdad?Se detuvo de inmediato, aunque permaneció de espaldas a mí.—¿Y a ti qué te importa?Mi corazón se aceleró.—Nada, pero creo que deberías mantenerte alejada de él.Se volvió despacio y me miró.—¿Por qué?Confieso que, en aquel momento, no sabía exactamente qué estaba haciendo. Simplemente actué por impulso.—Apuesto a que a tu padre no le gustaría saber que estás haciendo amistad con los trabajadores de la casa, y mucho menos con uno que parece tan joven.—¿Acaso me estás amenazando con contárselo?—No, claro que no. No tengo ningún motivo para amenazarte.—Entonces, ¿por qué sigues hablando de mi padre y de lo que pensaría si lo supiera?—Perdona —dije—. No estoy intentando meterme en tu vida. Solo estoy preocupada por ti.—¿Por qué? —replicó—. Ni siquiera me con

  • En las garras del juez   157: HAZME UNA OFERTA MEJOR

    Al escuchar mi propuesta, Flávio entrecerró los ojos, desconfiado, y después sonrió, como si no pudiera creer lo que acababa de oír. Lo entendía. Ni yo misma podía creer lo que estaba proponiendo, pero estaba desesperada y solo quería acabar con aquella situación de una vez por todas.Si al menos se marchaba de aquella casa, podría respirar un poco más tranquila. Por fin podría contarle a Dante lo de mi familia, explicarle quiénes eran mis padres, mis hermanos y todo lo que llevaba ocultándole desde el principio. Solo tendría que evitar mencionar que Flávio había trabajado allí y, mucho menos, que había sido él quien le había conseguido la droga a Gabriela.Sabía que aquello seguiría siendo una mentira o, como mínimo, una verdad contada a medias, pero tampoco quería ver a mi hermano metido en problemas. Por muy idiota, irresponsable e inconsciente que fuera, seguía siendo mi hermano y esperaba de todo corazón que cambiara de vida.Quizá estaba intentando proteger a la persona equivoca

  • En las garras del juez   156: PROPUESTA

    FABIANE ALVAREZNo tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo. Sentía que el corazón se me iba a salir por la boca en cualquier momento mientras notaba el cuerpo de Dante tan cerca del mío en la cama.Después de la ducha, nos vestimos y nos acostamos. Creo que el cansancio lo venció rápidamente porque, después de darme un beso y desearme buenas noches, me abrazó y cayó en un sueño profundo.A diferencia de él, yo tardé en dormirme.Tenía la cabeza demasiado confusa por todo lo que había ocurrido en las últimas horas. De repente, nos estábamos entendiendo, hablando de cosas que, a mi parecer, no deberían compartirse con una prometida de mentira. Dante habló de su hija, de sus arrepentimientos e incluso admitió que necesitaba mi compañía.Y me gustó oír aquello, más de lo que debería.Miré su rostro dormido, tan cerca del mío, y sentí una opresión en el pecho. Él estaba siendo sincero y abriéndose conmigo, mientras que yo, con cada momento en que parecíamos volvernos más íntimos, sentía

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    Se quedó quieta, mirándome sin decir nada durante unos segundos. Vi cómo se sonrojaban sus mejillas y aquello me pareció muy tierno, pero decidí ser sincero antes de acabar asustándola. Aunque me sentía tentado a hacer mucho más, no la había invitado a ducharse conmigo con ninguna segunda intención. En aquel momento, solo quería estar cerca de ella.Tenía la cabeza hecha un lío después de todo y, aunque no sabía explicar el motivo, estar cerca de Fabiane parecía tranquilizarme.—Dante… —dijo después de unos segundos, algo recelosa.Por su forma de actuar, imaginé exactamente lo que estaba pensando y me adelanté antes de que pudiera negarse.—No te estoy invitando para hacer nada, Fabi —dije en voz baja, sin apartar los ojos de los suyos—. Solo… no quiero estar solo ahora.Tragué saliva, sintiendo incluso cierta vergüenza al admitir aquello.Su expresión cambió de inmediato, como si estuviera sorprendida.—Ha sido un día horrible. Mi cabeza no se ha detenido ni un segundo y, extrañamen

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