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Capítulo 9. La Danza de la tentación.

Autor: Isabella
last update Data de publicação: 2026-01-11 23:46:20

Capítulo 9.

La danza de la tentación.

Pov Armando.

¿Qué es todo esto? Jamás en mi vida había visto algo así. Estoy sentado en el borde de la cama, completamente desconectado de la realidad, en un estado de shock que me impide articular palabra o movimiento. Se supone que soy un hombre de mundo, que he visto lo suficiente en el extranjero como para no dejarme impresionar, pero Alicha está rompiendo todos mis esquemas. Se mueve con un ritmo ardiente, una sensualidad impecable que parece brotarle de los poros. ¿Cómo se supone que ignore algo así?

Me tiene impactado. Cada movimiento de su cuerpo es una ejecución perfecta de arte y seducción que reclama toda mi atención. El vaivén de sus senos bajo los cristales del traje, la vibración rítmica de su cadera y la forma en que su cabello vuela como una capa de seda oscura me tienen hipnotizado. La manera en que mueve su trasero, con esa cadencia hipnótica, es una distracción total para cualquier hombre, y yo, a pesar de mi resentimiento y mi culpa, sigo siendo un hombre de carne y hueso.

Como si no fuera suficiente con la distancia, se aproxima a mí. Sus ojos color miel brillan con una determinación que me desafía. Toma mi mano con delicadeza pero con firmeza, y me levanta de la cama, atrayéndome al centro de la habitación. Empieza a bailarme de cerca, tan cerca que el aroma de su piel mezclado con el jazmín se vuelve una droga. Sus caderas vibran a milímetros de mi cuerpo, haciendo círculos lentos y profundos que me obligan a tragar saliva. Se sujeta el cabello hacia arriba, exponiendo su cuello y asegurándose de que yo vea cada contracción de sus músculos, cada vibración de su vientre. Es imposible controlar mi hombría; mi cuerpo reacciona a ella con una intensidad que me asusta.

Se detiene frente a mí, clavando su mirada en la mía con una fijeza que me desarma. Empieza a mover el vientre de una forma casi irreal, seguido de un movimiento ondulante de sus senos que desafía la gravedad. No desvía la mirada ni un segundo. Se aleja un poco, gira sobre sus talones haciendo que su falda se eleve y vuelve a quedar a centímetros de mi pecho. Se detiene, respirando agitada, con el pecho subiendo y bajando con fuerza. Me sonríe ampliamente, mostrando unos dientes blancos y perfectos que iluminan su rostro.

—Dime, mi sultán… ¿te ha gustado mi regalo? —pregunta, mientras su mano pequeña y cálida acaricia mi mejilla.

Siento que mi resistencia se desmorona. El odio que intenté cultivar durante todo el día se disuelve ante el calor de su presencia.

—Si te dijera que no, te mentiría —respondo con la voz ronca, casi un gruñido. Estiro la mano y retiro un mechón de cabello que se ha quedado pegado a su mejilla húmeda por el esfuerzo.

—¿Me ayudas? —pregunta ella en un susurro cargado de intención.

Se da la vuelta, dándome la espalda, y aparta su cabello hacia un lado para que yo pueda ver el broche dorado de su sostén. En silencio, con los dedos temblando ligeramente por la tensión contenida, la ayudo a soltarlo. Siento el clic del metal y la liberación de la prenda. Alicha se voltea de nuevo hacia mí, con una timidez que contrasta con la audacia de su baile. Deja que el sostén caiga al suelo sin hacer ruido, revelando sus senos redondos, firmes, con los pezones rosados y erectos, apuntando directamente hacia mi pecho.

—¿Qué buscas en realidad, Alicha? —le pregunto, tratando de encontrar un rastro de malicia en ella que justifique mi frialdad.

—A ti, mi sultán —responde ella sin dudar. Sus manos buscan los bordes de mi camisa—. Realmente quiero intentar esto de nuevo.

Se acerca, cortando la mínima distancia que nos separa. Siento sus pezones rozar mi pecho y un corrientazo me recorre la columna.

—Lo intentaré las veces que sean necesarias para enmendar mi error. Quiero hacerte feliz, mi sultán.

Una noche de entrega absoluta

Ya no puedo luchar más. La tomo de la nuca y la beso con una ferocidad que la hace jadear. No es un beso tierno; es un beso de hambre, de posesión y de una frustración que necesita ser liberada. Ella responde con la misma intensidad, rodeando mi cuello con sus brazos. La guío de regreso a la cama y la recuesto sobre las sábanas de seda.

Me detengo sobre ella, admirando la piel, que brilla bajo la luz tenue. Bajo mi cabeza hacia sus senos, rodeando uno de esos pezones rosados con mi lengua. Alicha arquea la espalda y suelta un gemido largo que me espolea. Succiono con fuerza, sintiendo cómo se estremece bajo mis labios, mientras mis manos recorren sus muslos, despojándola de lo poco que queda de su traje de danza. Mis labios bajan por su vientre, besando la piel que hace unos minutos se movía con tanta destreza, hasta llegar a su centro.

Me posiciono entre sus piernas, abriéndolas con suavidad. Su feminidad rosada y está húmeda, están preparadas para mí, desprendiendo un aroma embriagador. Me hundo allí, usando mi lengua para explorar cada pliegue, cada rincón de su intimidad. Alicha entierra sus dedos en mi cabello, soltando sollozos de placer.

—Armando… ¡Oh Dios!… —suplica, mientras sus caderas comienzan a moverse en el mismo ritmo que el de su danza, pero esta vez contra mi boca.

Me deleito en su respuesta, subiendo la intensidad de mis caricias hasta que ella se tensa, alcanzando un clímax que la deja temblando y sin aliento. No le doy tiempo a recuperarse. Me deshago de mi ropa con rapidez, sintiendo la urgencia de estar dentro de ella, de sentir esa estrechez que me volvió loco horas antes.

Me posiciono y entro en ella con un solo empuje profundo. Alicha exhala un grito que muere en mi boca cuando la beso. Esta vez no hay sangre, solo un deslizamiento perfecto de piel contra piel. Empiezo a moverme, al principio con lentitud, disfrutando de la forma en que sus paredes me abrazan, pero pronto el ritmo se vuelve frenético. La cama cruje bajo nuestro peso. Mis manos sujetan sus caderas con fuerza, marcando mi territorio en su piel.

—Mírame —le ordeno.

Ella abre los ojos, empañados por la lujuria y el sentimiento. Me mira con una devoción que me atraviesa. En ese momento, no existe Eloísa, no existe el pasado ni el futuro; solo existe el roce constante, el sonido de nuestros cuerpos chocando y sus gemidos llamándome.

Siento que estoy llegando al límite. Sus piernas se envuelven alrededor de mi cintura, atrayéndome aún más profundo. La sensación de ser su primer hombre, de ser el dueño de este fuego, me embriaga. Acelero las embestidas, sintiendo cómo ella vuelve a tensarse debajo de mí.

— ¡Mmm!— Chilla temblorosa, buscando mis labios una vez más, y la detengo.

— Ven aquí.— Inquieto, tomando su mano y la atraigo sobre mi regazo.

Ejecutando fuerza, la empiezo a embestir con frenesí, un roce constante que me embriaga ante sus senos rosados rebotando frente a mi. La escucho jadear, no hay dolor en su rostro, solo sus cejas fruncidas, débiles, mientras sus ojos me escanean y sus manos se presionan sobre mi piel. Todo esto hasta que siento que empieza a seguirme el ritmo, pero no se lo permito. La sostengo de la mandíbula me fundo en ella con una presión sofocante.

— ¡Ah!— jadeo sofocado.

Sus mejillas se tornan rosadas y su piel roja, está al límite, puedo verlo. Se hunde en mi cuello, buscando calor, huyendo de mi contacto visual. Estamos sudados, su piel contrasta con la mía, su mejilla y el roce de sus labios con los míos, me impiden detenerme.

— ¡Aaahs!— Jadea sonrojada, poyándose contra mi frente. Cierra los ojos, y puedo sentir como si cuerpo tiembla.

Con un último empuje más profundo, completo, me libero, llenándola por completo mientras ella se aferra a mis hombros, con la respiración errática. Mis manos emprenden un viaje por su espalda, apartando su larga cabellera, y la tomo de los hombros, apretándola con fuerza contra mí, liberando mi última descarga en ella, quien se funciona conmigo en este intenso orgasmo.

El silencio vuelve a la habitación, pero esta vez es un silencio diferente, cargado de una satisfacción eléctrica. Me quedo ahí un momento, sintiendo su respiración agónica contra mi cuello.

—¿Estás satisfecha ahora? —le susurro al oído, aunque no estoy seguro de si quiero saber la respuesta.

Se acomoda acariciando mi mejilla y me sonríe con timidez.

— Eso se sintió muy bien.

— ¿Qué cosa? ¿El orgasmo?— Ella niega tímida.

— Todo. Mi sultán, ahora soy tuya, y tú eres mío, solo tu y yo. Me he entregado a ti, en cuerpo y alma, para amarte, cuidarte, y hacerte feliz. Se que aún no me amas, pero te prometo que lucharé para ganarme tu amor, y tú corazón.

La miro y sus palabras me calan internamente, no es el momento, pero no es justo hacerla creer lo que no siento, debo explicarle para que pueda entender que esto es solo un acuerdo, que sepa, cuales son mis condiciones.

— Todo eso suena muy bien, pero hay un problema, me entrego a ti solo en cuerpo, con el fin de esta alianza que tú has forjado, pero no puedo darte más que mi cuerpo, por qué mi amor y mi corazón, ya tienen dueña.

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Comentários (26)
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Guadalupe Sierra
este disque Sultan vendido es un aprovechado,debio ser honeto con Alicha ,esa prueba de sangre pudo crearla para mostrar sin arruinarle la vida a Alicha..tendra que pagar caro el abuso de la inocente veintiañera
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Guadalupe Sierra
los hombres y el sexo...olvido todo el amor que dice sentir por otra ante semente mujeron..Bueno Alicha a mover curvas para que babee y desprecialo por venderse
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Vane
Ajá! no y que no la iba a besar si apenas ella sacas sus dotes el cae esa palabras te va a pesar en un futuro armando, esto para alicha apenas comienza
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