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POV de Rena
—No puedo creer que esto esté pasando justo después de mi graduación —dije, con la voz quebrada mientras las lágrimas surcaban mi rostro. Me hundí en el sillón de cuero marrón, rodeada por la familia de mi padre, todos vestidos de negro, junto a otros visitantes que habían venido a acompañarnos en nuestro dolor. Acababa de perder a mis padres en un accidente fatal cuando iban de viaje.
Había ocurrido apenas un mes después de mi graduación. Ni siquiera tuve tiempo de celebrarlo como se debía con ellos. Sentía todo el cuerpo debilitado ante la idea de tener que vivir como huérfana. Aun así, una parte de mí sentía que no era real, como si fuera una ilusión creada por mi mente; aunque, al ver a tanta gente a mi alrededor, no parecía un sueño.
El duelo se sentía denso en el aire; cada rostro reflejaba el dolor por la pérdida repentina. Todos en la habitación permanecieron en silencio, hasta que una voz suave finalmente rompió la quietud, sacándome de mis pensamientos.
—Todos vamos a estar aquí para ti, Rena. Todo estará bien —Jena, mi mejor amiga desde la infancia, posó sus dedos suavemente sobre mi hombro, reconfortándome como si fuera un bebé a punto de dormir.
Escondí el rostro entre mis manos, luchando desesperadamente contra el impulso de soltar un grito que me desgarrara el alma. Mi estómago se revolvía con una mezcla de desconcierto y confusión. Dejé escapar un suspiro profundo.
Las preguntas se agolpaban en mi cabeza, dejándome aún más confundida sobre cómo seguir adelante con mi nueva vida sin mis padres. Sin embargo, de repente me sentí algo consolada mientras los invitados se marchaban poco a poco, hasta que solo quedamos los familiares de mi padre.
«¿Qué más podría haber hecho?», pensé para mis adentros, suspirando con pesadez mientras aceptaba mi realidad. Justo cuando estaba a punto de retirar mi figura sombría de aquel grupo de personas silenciosas y afligidas, sonó el timbre.
—Yo abriré… —Jena se levantó para acercarse a la puerta y la abrió con delicadeza, como si no quisiera despertar a nadie.
—Hola, vine a presentar mis respetos. Mis condolencias —era una voz masculina, profunda, ronca y dominante. En el momento en que Jena se hizo a un lado para dejarlo pasar, sentí un vuelco en el estómago, y no, no era miedo.
«¿Por qué siempre es tan atractivo?». Sabía que no debería tener esos pensamientos, mucho menos cuando todavía estoy de luto, pero no podía evitar quedarme embobada ante el hombre frente a mí, que sostenía un ramo de rosas. Era él, Raymond Levi, el mejor amigo de mi padre, por quien he sentido un flechazo desde hace mucho tiempo, aunque mi parte ingenua se niega a reconocerlo.
Su mirada sobre mí era tan intensa, teñida con un rastro de lástima; su aura dominante era algo que no podía manejar. Sentí un pequeño apretón entre mis muslos mientras el calor subía a mi rostro.
—Siento muchísimo tu pérdida, Rena. Vine en cuanto me enteré; esto debe ser muy difícil de sobrellevar —se sentó a mi lado y mi corazón dio un vuelco cuando me dio un apretón suave y tranquilizador en la mano.
—Gracias, y gracias a mi familia, Raymond. Estoy aguantando bien —él volvió a encontrar mi mirada y sentí un escalofrío recorriéndome la espalda.
—Sabes, tu padre siempre hablaba de ti, de lo brillante que eres. Decía que serías una gran CEO para la compañía y, debo admitir, mirándote ahora, creo que tenía razón —apretó mis manos de nuevo, como si pudiera leer a través de mí—. Puedes empezar mañana si quieres, estaré encantado de enseñarte todo.
Una sonrisa se curvó en sus labios, casi como una mueca pícara, y yo le devolví el gesto. Asentí, luchando contra las ganas de inclinarme hacia él. Su colonia me envolvió, dejándome sin aliento.
—Me retiro ahora. Avísame si necesitas cualquier cosa, ¿de acuerdo? —me dio una palmada en el hombro y, con una reverencia respetuosa, salió de la sala.
El sol sale directamente frente a mi ventana, haciendo que un rayo de luz atraviese la cortina mientras permanezco acostada con los ojos bien abiertos. Mi mente vagaba fuera de mi cuerpo mientras intentaba procesar las preguntas que zumbaban en mi cabeza como abejas. Me costó levantarme, sintiéndome demasiado cansada para prepararme para mi primer día de trabajo.
—Buenos días, Rena. Dios mío, te ves hecha polvo, ¿dormiste algo? —Jena entró de golpe en mi habitación. Siempre intenta asegurarse de que esté bien. Para ser honesta, a veces me cansa, pero con mi situación actual, sus cuidados son necesarios.
Suspiré y la miré por un instante antes de arrastrarme al baño.
—¿Qué te parece? ¿Casual o elegante? —abrió mi armario para elegir un par de opciones—. Creo que deberías ir elegante. Es tu primer día como la nueva CEO de la empresa de tu padre; todos deben saber que no vas a jugar, ¿verdad? —rió con una sonrisa de oreja a oreja.
—Iré casual, Jena… no tengo energía para impresionar a nadie, además, es la empresa de mi padre, recuérdalo —me encogí de hombros. Ella notó mi nerviosismo.
—¿Qué te pasa? Escucha, sé que todavía estás tensa por la situación, pero sé que puedes hacerlo, y sabes que yo te respaldo, ¿verdad? —una sonrisa tenue se dibujó en su rostro, y eso hizo que me sintiera un poco más ligera—. Gracias, Jena.
Revisé la hora y me di cuenta de que llegaba tarde. Me puse el vestido rápidamente y salí a toda prisa. En el momento en que mi chófer se detuvo frente a la empresa y vi cuánto se había renovado la estructura, me puse nerviosa al pensar cómo podría liderar a toda esa gente. El estómago me dio un vuelco al entrar al edificio. Una joven en recepción me llevó a la oficina de Raymond; parecía como si ya supiera a quién venía a ver.
—Hola, no esperaba que realmente vinieras hoy, ¿sabes? —dijo, gesticulando hacia mí mientras giraba su silla.
—Quiero creer que ya te sientes mucho mejor… —extendió los brazos para abrazarme, pero en lugar de eso, rozó mis mejillas con sus labios.
POV de RenaEl resplandor de la luz de las velas destelló en mis ojos cuando entré al jardín privado en la azotea de uno de los hoteles más prestigiosos de París. El suave murmullo de la música flotaba en el aire.Pensé que sería solo una cena tranquila con Jena y Raymond, una velada para relajarnos tras meses de altibajos emocionales. Pero la escena frente a mí era Sencillamente deslumbrante.Miles de rosas cubrían el suelo en alfombra, guiándome hacia una mesa bellamente montada bajo un dosel de luces centelleantes. Elegantes lirios blancos y rosas de un tono rosa pálido perfumaban el ambiente con una fragancia pacífica, mientras un cuarteto de cuerdas tocaba suavemente en un rincón del jardín.Me giré despacio, totalmente confundida, hasta que mi mirada se cruzó de pronto con la sonrisa de Jena.—¿Qué es todo esto? —susurré.Jena sonrió sin decir palabra y se hizo a un lado solo para revelar a Raymond, parado al final del camino de pétalos de rosa.Llevaba un traje negro sin corbat
POV de RenaA la mañana siguiente, me senté en silencio en la banca de madera bajo el viejo árbol del viñedo, mi rincón favorito para pensar desde que era niña. Mis dedos tecleaban sin parar en la laptop mientras sostenía la taza de café con la otra mano. Intentaba concentrarme en asuntos de la empresa; era fin de semana, pero el trabajo nunca se detiene.Escuché pasos que se acercaban detrás de mí.Al levantar la mirada, vi a mi padre caminando hacia mí con paso firme, la mirada serena y una carta doblada en la mano.—Papá —lo saludé, incorporándome en el asiento.—Buenos días, princesa —dijo, con una voz tan suave que casi sonaba dócil.Se detuvo a pocos pasos y se quedó mirando la banca, como si estuviera dudando en sentarse, pero yo estaba tan metida en lo mío que ni cuenta me di. Al final, decidió tomar asiento.Pasaron unos segundos de absoluto silencio; me observaba beber mi café y trabajar sin interrumpirme. Sabía que quería decirme algo, pero tal vez no encontraba la manera d
POV de RenaLos dos volamos de regreso a París y el viaje fue pura gloria; él mandó traer su jet privado para recogernos. La travesía fue suave y deliciosa. Hicimos el amor en el jet; fueron momentos muy divertidos e inolvidables.Llegamos a París en un abrir y cerrar de ojos y me fui directo al penthouse de Raymond. Su casa olía a ausencia, pero aun así se sentía acogedora.Saqué mi teléfono solo para encontrarme con un mensaje de mi papá:«¿Cómo está Raymond? ¿Se encuentra bien?»Me quedé helada al ver que ni siquiera preguntó por mí.—Papá pregunta si estás bien —dije.Se le desencajó el rostro de la sorpresa antes de que por fin pudiera hablar.—Mmm, iré contigo a verlo.Más tarde ese mismo día, manejamos de vuelta a casa.Me senté en la sala familiar con las manos entrelazadas, sintiéndome nerviosa sin entender bien por qué. Papá estaba de pie de espaldas a mí, contemplando el ventanal.Raymond esperaba afuera; yo había insistido en hablar primero con mi padre. Todavía sentía el
POV de RenaMe puse de rodillas despacio y me recogí el cabello en un chongo bien peinado. —Sí, señor —dije. Sus ojos buscaron los míos mientras me contemplaba antes de volver a hablar.—La ropa... quítatela, despacio —ordenó de nuevo, y obedecí. Me desnudé lentamente de cada prenda y accesorio que llevaba, sin apartar ni un segundo mis ojos de los suyos. La manzana de Adán de él subía y bajaba constantemente mientras tragaba saliva al admirarme. Su miembro se abultaba con tanta fuerza bajo el pantalón, suplicando ser liberado, que no podía dejar de mirarlo.—Chúpamela.—Sí —dije, abalanzándome hacia él y bajándole el pantalón con rapidez.—Con calma —dijo.—Sí —respondí, y le saqué el miembro despacio. Había estado privada de él por mucho tiempo y mi cuerpo temblaba con solo verlo.Se me hizo agua la boca y mi vagina empezó a gotear tanto que empapó mi ropa interior y me resbaló por el muslo. Estaba demasiado hambrienta de él, demasiado ansiosa por metérmelo dentro de mi apretada vag
POV de RenaNo esperé ni un segundo más. Reservé mi vuelo a Hawái y, en menos de lo que canta un gallo, ya estaba desembarcando en el aeropuerto hawaiano. Una brisa fresca me dio la bienvenida mientras el sol del atardecer se ocultaba tras las montañas; mi corazón estaba lleno de esperanza, latiéndome desbocado en el pecho.Me abroché más el abrigo al bajar las escaleras del avión para subir directo al auto con chofer que había organizado antes de aterrizar. Papá y Jena no pudieron impedirme venir, aunque lo intentaron. Tras largas conversaciones y muchas lágrimas, él finalmente lo entendió. Papá me puso una mano en el hombro y solo me dijo tres palabras:—Ve por él.El auto avanzó por las calles conocidas, dejando atrás el tranquilo paisaje rural, pero apenas me fijé en nada. Solo tenía a Raymond en la cabeza: su rostro, su voz, la forma en que antes me sostenía como si el mundo fuera a detenerse si me soltaba, y la manera en que planeaba besarlo devoradamente cuando lo tuviera enfre
POV de RenaTodos se habían congregado en la sala del tribunal. El aire adentro se sentía denso y pesado, como si todo el peso de las mentiras, traiciones y desamores causados por Kayla y Lucas se hubiera concentrado en un solo lugar.Me quedé inmóvil en la primera banca, con las manos fuertemente entrelazadas sobre el regazo. Mi padre estaba sentado a mi lado. Jena también me acompañaba y me dio un apretón cariñoso en el hombro, un gesto que se sintió como una muestra de respaldo. Este era el momento que todos habíamos estado esperando: el día en que la justicia hablaría, y esta vez no solo con las pruebas que obtuvimos por la fuerza, sino con evidencias contundentes respaldadas por la ley.Al otro lado de la sala, Lucas permanecía rígido, con una expresión fría e indescifrable. A su lado estaba Kayla, con los ojos echando chispas por un temor amargo. Habían intentado parecer indiferentes, pero el daño ya estaba hecho y, finalmente, daba una enorme satisfacción verlos perder.Vi a Ka







