MasukAviso: estás historias tienen contenido de adultos. No es solo una historia: es un universo de relatos cortos donde el deseo, la tensión y lo inesperado se cruzan en cada página. Historias diferentes pero que tienen una cosa en común: El engaño. -Empresario y una abogada a la que engañan de la peor manera posible. -Un CEO arrogante y una empleada de hotel que fingen ser pareja. -Un cowboy gruñón y una exconvicta decidida a empezar de cero. -Un jugador de hockey rudo y una ayudante dispuesta a todo por Amor. -Un mafioso peligroso y una chica común atrapada en su mundo. -Un Alfa cambiaformas que engaña a su mate humana. Y esto es solo el principio. Habrá más. ¿Te atreves?
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Capítulo 0: Traición vergonzosa
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Ángela
Mi mundo se derrumbó la tarde en que regresé a casa antes de lo previsto y descubrí que el hombre con el que pensaba casarme me estaba siendo infiel.
He de decir que todavía no sé cómo conseguí pasar por la puerta con semejante cornamenta sobre la cabeza…
El caso es que lo hice.
A veces me pregunto por qué el universo no encontró la forma de entretenerme unos minutos más. Un atasco, una llamada inesperada, una reunión de última hora... cualquier cosa. Porque, sinceramente, habría preferido enterarme de que me estaban poniendo los cuernos de otra manera y no presenciar en primera fila semejante espectáculo.
Nada más entrar, escuché ruidos procedentes de nuestra habitación. Sonreí, pensando que estaría viendo algún video gracioso o hablando por teléfono, pero, cuando abrí la puerta del dormitorio,el mundo dejó de girar.
Allí estaba mi prometido, completamente desnudo, inclinado sobre la cama—con la mejilla presionada contra el colchón y el trasero en pompa— mientras otro hombre lo sostenía por la cintura y lo embestía salvajemente por detrás.
La cara de mi prometido era de puro placer.
El sobresalto fue tan grande que dejé escapar un chillido involuntario. Eso llamó la atención de mi ex prometido que giró la cabeza por encima del hombro y sus ojos se encontraron con los míos.
–M*ldita sea–dijo Marcos con tono exasperado.
Al principio parpadeé varias veces, incapaz de procesar lo que tenía delante. El impacto fue tan grande que llegué a cerrar la puerta y volver a abrirla, convencida de que, al hacerlo, la escena desaparecería. Como si todo fuera una alucinación provocada por el estrés, las horas extras y el agotamiento acumulado.
Pero no.
Seguían allí.
Y fue entonces cuando sentí que el aire abandonaba mis pulmones y el corazón se me desplomaba hasta el estómago.
Decepción.
Por un instante creí que iba a desmayarme. Me agarré al marco de la puerta con fuerza, respiré hondo y conté hasta diez.
—Ángela… puedo explicarlo —dijo Marcos, con la cara descompuesta, atrapado entre el horror y una culpa evidente.
El otro hombre, visiblemente incómodo, buscó su ropa con la mirada y se apresuró a vestirse.
—Bueno… creo que debería irme —murmuró, evitando mirarme a los ojos.
‘Obviamente’, pensé, pero en ese momento no fui incapaz de articular una sola palabra.
Cuando la puerta del apartamento se cerró y nos quedamos a solas, Marcos pasó una mano por su cabello y dijo lo primero que se le ocurrió:
—Esto... esto no tendría que haber pasado. Me dijiste que llegarías tarde, que te quedarías a hacer horas extras...¡Siempre haces horas extras! —me increpó, con un deje de reproche que me dejó helada.
De pronto, el shock dio paso a la rabia y por primera vez desde que había entrado en aquella habitación, lo miré directamente a los ojos, incapaz de creer lo que acababa de escuchar.
—¿Perdón?
—Yo... no esperaba que llegaras tan pronto.
Una risa incrédula escapó de mis labios.
—¿Eso es lo que te preocupa?¿Que haya llegado antes?
—Ángela…
—Te he encontrado en nuestra cama con otra persona y lo primero que se te ocurre es reprocharme que haya llegado temprano—dije casi chillando.
—No te lo estoy reprochando…
—¿Ah, no? Porque parece que el problema no es lo que has hecho, sino que yo haya llegado antes y te haya descubierto.
El silencio que siguió fue revelador.
Marcos no parecía avergonzado ni tampoco arrepentido.
Lo único que veía en él era la inquietud de alguien que acababa de ser descubierto y que empezaba a temer las consecuencias que aquello traería consigo. Quizás un poco culpable, nada más.
—¿Desde cuándo?
Marcos apartó la mirada de inmediato.
Y, de repente, lo supe.
Él ni siquiera había respondido todavía, pero comprendí que la respuesta no me iba a gustar.
La rabia que me había mantenido en pie hasta ese momento empezó a resquebrajarse, dando paso a una tristeza devastadora. Una de esas que te vacían por dentro.
El silencio se prolongó entre nosotros, pesado, asfixiante.
—¿Desde cuándo? —repetí.
Marcos tragó saliva.
—Desde siempre... —murmuró apenas.
Lo miré fijamente, convencida de que había oído mal.
—Entonces... ¿me has estado engañando desde que empezamos?
—Bueno...
No necesitaba decir nada más.
Sentí un vacío en el estómago y, de golpe, todos los recuerdos empezaron a encajar.
Las excusas. Las veces que decía estar cansado cuando intentaba acercarme a él. Lo poco que intimabámos, especialmente durante los últimos dos años. Cómo evitaba mirarme a los ojos mientras teníamos sexo o incluso…cuando le hacía una mamada.
Las señales siempre habían estado ahí, yo…simplemente no había querido verlas.
—¿Por qué? —pregunté con la voz quebrada—. Si no me querías... si no te gustaba estar conmigo... ¿por qué empezaste una relación conmigo? ¿Por qué me dejaste enamorarme de ti si te gustaban los hombres?
—Porque siempre estabas ocupada… Eras perfecta para mí. No tenía que esforzarme demasiado para evitarte en la cama porque, cuando llegabas a casa, casi siempre estabas agotada…
—Ángela, esto no tiene por qué ser un problema…
Lo miré incrédula.
—¿Lo dices en serio?
—Sí. Nos llevamos bien, la convivencia funciona… Simplemente me gusta el sexo con hombres y, bueno… necesito mantener la fachada de que soy hetero y tengo pareja formal. Ya sabes cómo son mis padres…
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
—O sea, que solo me estabas utilizando…
—Ángela, somos amigos. Las mujeres tampoco tenéis tantas necesidades sexuales como nosotros. Podemos seguir viviendo bien así y tener una relación abierta…
Lo miré con una mezcla de asco e incredulidad.
—No. Tú no eres mi amigo. Un amigo me lo habría dicho desde el principio. Me habría propuesto un acuerdo, o lo que fuera…¡yo qué sé! No me habría engañado durante tres años. No me habría hecho creer que éramos una pareja normal y feliz mientras se follaba a otros. Y mucho menos en nuestro apartamento.
Marcos soltó un suspiro, como si yo estuviera exagerando.
—Bueno, para ser precisos, este apartamento es mío.
Me eché a reír sarcásticamente.
—¿Qué decías de la amistad? Sí, es tu apartamento. Por eso mismo voy a coger mis cosas y me voy a largar.
Su expresión cambió al instante.
—¿Y la boda? No podemos cancelarla. ¿Qué van a pensar mis padres? Ven, Ángela, hablemos… Podemos llegar a un acuerdo. Si quieres… puedo pagarte.
Aquello fue la gota que colmó el vaso. Mi autocontrol se hizo añicos y, antes de que pudiera detenerme, le crucé la cara de una bofetada.
Marcos se llevó una mano a la mejilla y me miró con los ojos muy abiertos, entre la sorpresa y la rabia. Pero no le di tiempo a decir nada más.
Me giré y salí de 'SU' apartamento.
*Capítulo final*SERENADespués del secuestro y la discusión del día siguiente mi cuerpo prácticamente colapso y dormí casi dos días seguidos.Me estiro como un gato sobre la montaña de músculos grisácea que está debajo de mi. Mi alienigena se despierta por mis movimientos y emite un pequeño gruñido, pero enseguida posa sus grandes manos sobre mis caderas y me mueve hasta que quedo a horcajadas sobre él. Su dura entrepierna se aprieta contra mi centro queriéndose abrir paso entre mis pliegues.Los ojos de Malek descienden hasta mis pechos desnudos, deteniéndose en la marca de apareamiento que llevo sobre la piel. Después, vuelven a mi rostro antes de bajar una vez más hacia ella. Las marcas oscuras de su cuerpo comienzan a extenderse lentamente, como si mi presencia bastara para despertar algo que lucha por mantener bajo control.Lo cierto es que, desde que mostré mi marca de apareamiento aquella mañana, todo ha cambiado.Todavía recuerdo las expresiones de los machos que presenciaron
SERENANyther sonrie.—Ese bruto siempre consigue las cosas por la fuerza. Lo hacía en la Academia y ahora hace lo mismo con la humana.Sienti cómo algo dentro de mí se enciende.—Yo no he tomado nada a la fuerza.La voz de Malek sale baja, pero hizo que varios de los presentes guardaran silencio.Mira directamente a Nyther y dice solemnemente:—Me la he ganado.Lo miro directamente a los ojos negros como el carbón.—Y seguiré ganándomela en el futuro —continua—. No porque me pertenezca. Porque quiero que siga eligiéndome.Siento que la tensión en el ambiente aumenta ante esas palabras.—Le daré todo lo que quiera.Nyther abre la boca para responder, pero una voz mucho más grave lo interrumpe.—Eso no depende de ti.Todos nos volvemos.Sanother avanza entre los presentes.Alguien del alto mando no necesita levantar la voz para imponer silencio.—Comandante Malek —dice Sanother, mirándolo directamente—. Ya ha demostrado que no respeta las normas del Programa de novias. Ha tomado una pa
MALEKDesperté antes que Serena.Durante unos segundos permanecí inmóvil, observándola dormir a mi lado. Su respiración era tranquila y su cuerpo estaba relajado, algo que todavía me costaba asimilar después de las últimas horas. Había pasado demasiado tiempo pensando que podía perderla.Me levanté con cuidado para no despertarla y me vestí en silencio. Cuando Serena abre finalmente los ojos, intercambiamos una mirada que me hizo sentir algo extraño en el pecho.No quería que aquel momento terminara.Salimos de la habitación juntos.En cuanto atravesamos la puerta de la zona común, me detengo.Brom estaba allí.Y no estaba solo.Varios oficiales de mi tripulación permanecen junto a él, acompañados por un grupo de Zyren que reconozco de inmediato. Entre ellos hay miembros del Programa de Uniones Interestelares y, un poco más atrás, varios Vigilantes, la policía de nuestro pueblo.Todos dejan de hablar en cuanto nos ven.El silencio es inmediato. Sus miradas pasan de Serena a mí y desp
SERENAMe despierto con el gran p*ne de Malek entre mis piernas e intentando entrar de nuevo en mí.—Mmm…—dice el alienígena adormilado mientras intenta acercarme más a él.—Malek…No—digo contundentemente mientras me incorporo en la medida de los posible y casi me deshago de su agarre. No es que no quiera hacerlo, es que no puedo. Hicimos el amor tres veces y sinceramente su instrumento es demasiado grande para tomarlo a la ligera.Con el movimiento, las sábanas se deslizan hacia abajo y vuelvo a quedar medio desnuda. Bajo la mirada hacia mi cuerpo y descubro pequeñas marcas repartidas por mi piel, algunas de sus besos y otras de los abrazos demasiado intensos con los que me ha estrechado contra él.Siento que las mejillas empiezan a arderme.No puedo creerlo…Lo peor es que, a pesar de todo, mi propio cuerpo parece reaccionar a él. Incluso después de lo que ha ocurrido, incluso con esa pequeña molestia que todavía siento en mi centro, una parte de mí ya está pensando en volver a hace












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