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مؤلف: Valkyria Wolf
last update تاريخ النشر: 2023-12-04 12:41:11

La prioridad eran sus cachorros, esos que gemían en la pequeña cesta en sus brazos envueltos en un paño para que no le diera el aire frío.

Xana corría sin mirar atrás a pesar del dolor desgarrador de su interior. Después de haber dado a luz normalmente debería descansar, dormir, amamantar… bueno a sus hijos que en este caso no eran humanos sino dos pequeños cachorros de lobo, en cambio atravesaba el bosque huyendo de su pueblo que solo quería matar a sus hijos, hijos que habían sido concebidos debido a ellos mismos. Ahora querían limpiarse las manos.

Ah, estaba tan agotada de todo, desde niña siempre había sido así, su destino siempre dependiendo de los demás, y solo cuando recibió un poco de afecto aún si era ilusorio en los brazos de aquel… lobo, estimulado por el celo había sentido que su vida podría terminar tranquila, pero no… ahora estaba allí corriendo con tal de salir de aquel lugar, poner a salvo a sus hijos y no ser atrapada.

Xana no supo cuando tiempo corrió, pero tuvo que detenerse, su cuerpo no podía más. Cayó de rodillas en el suelo notando que el vestido que tenía estaba sucio, desgarrado después de enredarse en las ramas y una gran mancha de sangre, sangre que además corría por sus muslos y había dejado un delgado trillo detrás de ella.

Miró por encima de su hombro y se obligó a levantarse de nuevo y volver varios metros atrás y cubrir este con el pie corriendo las hojas para ocultarlo. No podía permitir ser encontrada, no cuando había escapado, solo había un serio problema, su actual esposo era… obsesivo no, lo que venía después.

Se había escapado y lo más probable era que él ya estuviera buscándola, pero volver a su lado no era una opción, no era un matrimonio por amor después de todo, al menos no de su lado, y él no querría a sus crías dado que serían un recordatorio de que su esposa había sido tocada por otro.

Y ella no se arrepentía. Había sido el mejor sexo de su vida, sobre todo porque había sido tratada con un cariño que hasta la había aturdida. Aún podía sentir el calor con que la había abrazado. Sacudió la cabeza olvidando aquello, solo había sido un episodio en su vida que apenas había durado influenciado por el celo del lobo.

La realidad era otra, como ahora que tenía que buscar donde quedarse.

Volver con el padre de sus cachorros sería una opción, pero este no la había ido a buscar después de ser traída de nuevo a su pueblo, tampoco es que pudiera estar cerca. Recordaba que el camino recorrido cuando había sido llevaba como tributo había tomado casi tres días. Y volver hacia atrás tampoco estaba en sus planes.

En resumen, estaba en medio de la nada con sus dos cachorros, completamente sola. Y llorar no era una opción. No cuando tenía que pensar en cómo sobrevivir.

Alzó levemente la tela mirando a sus dos cachorros y los tocó con los dedos temblantes, debía darles de comer lo antes posible, temía que fallecieran. Su corazón se apretó y caminó un poco más hasta que encontró una cueva a los lejos. Jadeó recostada contra un árbol. Necesitaba descansar un poco.

Se obligó a caminar hasta allí y cuando su cuerpo por fin pudo descansar contra la pared se dejó caer y luchó por no quedarse dormida, había perdido mucha sangre. Abrió de nuevo la cesta y acarició a sus hijos que gimieron.

Sonrió levemente. Parecían ratitas grandes, con oreja chiquitas, colita diminuta, patitas hermosas que se movían, con los ojos cerrados que tardarían días en abrirse. El pelaje de ambos era igual al ser gemelos y habían sacado casi todo el color grisaseo perlado de su padre con algunas motas doradas de su cabello. Una unión de color bastante exótica pero de seguro serían unos rompecorazones y los hijos más guapos del mundo. Sin embargo, y a pesar de que ahora eran pequeños, ella sabía lo grande que podrían ser, su padre lo era, un lobo de impresionantes dimenciones, patas gruesas, denso pelaje que se sentía suave, cálido y delicioso, una cabeza perfecta para abrazar, un lomo duro que se podía montar, y dos pares de orbes dorados penetrantes y dominantes. Estos gimieron ante el calor de su palma y alzaron la cabeza buscando comida, trayéndola de nuevo al mundo real y sacándola del recuerdo de aquel lobo, es que por mucho que quisiera ignorar los hechos, tanto como lobo como su forma similar a la humana se veía realmente bien.

***

Se sentía bien. Las manos recorriendo su cuerpo desnudo, los dedos ásperos que raspaban su piel mandando estremecimientos por cada parte de su cuerpo haciéndole gemir en medio de su soñolencia. Aquellos labios calientes dejando un trillo de besos sobre su nuca, espalda, hombros, nalgas dirigiéndose a su sexo ambiento por devorarlo de nuevo.

Era exquisita la sensación de tranquilidad que tenía y a la vez de relajación a pesar del agotamiento después del sexo… lo único en lo que ambos eran compatibles. Si, solo se llevaban bien en eso, en más nada. No pegaban ni con pegamento y aun así sus destinos parecían estar entrelazados.

Que extraño e impredecible podían ser los hilos rojos futuro, sobre todo para un lobo alfa, al que le habían otorgado una humana que tenia de todo menos sumisión. Quizás por eso desde el momento 1 no se habían llevado. Pero en el sexo… en eso sus cuerpos no ponían reparo. Se llevaban muy bien.

Tan bien que la había dejado preñada después de solo tres días de estar juntos. Y ahora ella estaba allí, con su descendencia en brazos, y no solo uno, sino cachorros gemelos, algo realmente extraño y hasta magnífico sino fuera porque ella estaba huyendo.

El sueño que estaba teniendo se fue dispersando en medio de los recuerdos borrosos.

En algún momento Xana se había quedado dormida, no sabía cuánto tiempo, pero para abrió los ojos afuera estaba amaneciendo. Se maldijo, había sido casi toda la noche. Eso era un problema. Revisó a sus cachorros y estos dormitaban después de haberse llenado, pero los despertó para que volvieran a comer y poco después se levantó con las piernas inestables.

Debía seguir su camino y ya que el lobo era el padre de sus hijos… que se hubiera responsable también. Los cachorros no se habían hecho solos.

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