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Esposa Fugitiva, Secretaria Perfecta
Esposa Fugitiva, Secretaria Perfecta
Penulis: Felisa Estefania

Capítulo 1

last update Tanggal publikasi: 2026-06-01 16:09:55

“¿Diez mil dólares? ¿Al mes?”

Casi se me salieron los ojos de las órbitas mientras miraba al hombre de Recursos Humanos que acababa de mencionar esa cifra. Tenía que asegurarme de que el estrés de haber huido de casa no me hubiera dañado el oído.

—Así es, señorita Ruiz. Ese es el salario base. No incluye horas extras ni bonificaciones por rendimiento si logra manejar la... muy apretada agenda de nuestro CEO —respondió el entrevistador con expresión impasible—. Nuestro CEO cree en pagar adecuadamente por la eficiencia laboral.

En mi cabeza, aquella cifra se transformó instantáneamente en un boleto de primera clase a Londres. Un año de alquiler pagado. Y, más importante aún, el comienzo de una nueva vida donde nadie me conociera como “Camila De Osma”.

—¡Acepto! —solté sin pensarlo dos veces.

El entrevistador se acomodó las gafas. Me observó de arriba abajo con una evidente expresión de duda.

Sabía exactamente lo que estaba pensando. Parecía un desastre nacional.

Siguiendo el consejo descabellado de mi mejor amiga, Nina, había cambiado por completo mi apariencia.

Mi cabello, normalmente liso y elegante, había sido transformado en pequeños rizos desordenados que explotaban en todas direcciones. Mi flequillo caía torpemente sobre mi frente, como si alguien me hubiera cortado el pelo usando un tazón.

Combinado con unas enormes gafas de montura negra que prácticamente se tragaban mi rostro, estaba bastante segura de que ni mi propia madre me reconocería si nos cruzáramos por la calle.

Y según Nina, aquello se llamaba un “look de ratona de biblioteca excéntrica”, que no era más que una forma educada de decir espantoso.

Pero no necesitaba ser bonita.

Necesitaba ser anónima. Tenía que esconderme del plan demente de mi padre para venderme... quiero decir, “casarme”... con el hijo de uno de sus colegas, Xavier Mendoza.

Uf. Incluso escuchar ese nombre hacía que se me erizara la piel de la nuca. Los rumores decían que ese tal Xavier nunca pasaba una sola noche sin una mujer diferente a su lado.

—Muy bien. La segunda etapa es una entrevista directa con nuestro CEO. Él decidirá si la contrata o no —dijo el entrevistador mientras se ponía de pie.

Asentí con confianza antes de que me indicaran el piso donde trabajaba aquel CEO obsesionado con la eficiencia.

El piso ejecutivo de Pilar Solido estaba inquietantemente silencioso en cuanto salí del ascensor. Caminé por el pasillo hacia la única puerta grande al final.

La puerta estaba ligeramente entreabierta. Estaba a punto de llamar cuando mis dedos la empujaron accidentalmente un poco más.

Lo que vi dentro me dejó paralizada.

Encima de un enorme escritorio de trabajo, una mujer estaba sentada sobre el regazo de un hombre. Su vestido se había deslizado de uno de sus hombros, dejando su espalda al descubierto. No podía ver el rostro del CEO.

Pero sí podía ver cómo hacía girar perezosamente un bolígrafo entre los dedos mientras la mujer le besaba el cuello con insistencia.

—Xavier, vamos... olvídate de esa reunión —se quejó la mujer con una voz exageradamente dulce.

¿Xavier?

Mi corazón casi se detuvo por un segundo. Ese nombre...

No, tenía que ser una coincidencia. Había muchos hombres llamados Xavier en el mundo de los negocios.

—Deja tu aburrido trabajo a tus empleados. Vamos a divertirnos. Después de todo, tú eres el jefe —continuó ella con tono seductor.

Puse los ojos en blanco. Qué cliché. Completamente poco profesional.

Una parte de mí quería dar media vuelta y marcharse de inmediato. Pero la imagen de diez mil dólares me mantuvo clavada en el sitio.

Necesitaba ese dinero desesperadamente. Mi orgullo podía esperar, pero los gastos de mi huida no.

Apenas había comenzado a retroceder en silencio para esperar afuera cuando—

¡Clac!

Maldita sea. Mi tacón resonó con fuerza sobre el suelo de mármol.

—¿Quién está ahí?

Aquella voz grave y fría me hizo estremecer.

Sabía que no tenía sentido escapar. Así que respiré hondo, abrí la puerta por completo y entré con la espalda recta y la carpeta bajo el brazo.

—Mila Ruiz, señor. Soy la candidata a secretaria programada para la entrevista de las diez —dije con toda la formalidad posible.

El hombre —Xavier, el CEO— apartó suavemente a la mujer de su regazo. Se puso de pie con tranquilidad y se abotonó la camisa sin mostrar el menor rastro de vergüenza.

En el instante en que se giró y me miró, sentí que me alcanzaba un rayo.

Era ridículamente atractivo.

Mandíbula marcada. Ojos marrón oscuro con un brillo peligrosamente juguetón. Xavier era el tipo de hombre que sabía que podía destruir a una mujer con una sola mirada.

Xavier revisó su reloj.

—Llegas dos minutos tarde.

—Llegué a tiempo, pero no quería interrumpir su... actividad privada —respondí con frialdad.

La mujer a su lado me examinó de arriba abajo con desprecio.

—¿No estarás pensando en contratarla con esa apariencia de guardiana de cementerio, verdad?

—Vete, Benita —ordenó Xavier con frialdad.

—¿Qué? —La mujer parecía genuinamente sorprendida—. ¡Dios mío! Está bien, Xavier. ¡Te esperaré en el coche! ¡Ahora mismo!

Benita salió furiosa hacia la puerta.

Xavier se acercó a mí con la mirada de un depredador evaluando a su presa. De repente, me arrebató la carpeta de las manos sin permiso.

—Puntuaciones perfectas en idiomas extranjeros, sólida experiencia administrativa, bla, bla, bla... —pasó las páginas con desgana antes de cerrar la carpeta sin interés—. No necesito nada de esto ahora mismo.

Había gastado los últimos ahorros que me quedaban en una identidad falsa y certificados falsificados para esta entrevista. ¿Y ahora este hombre me decía que ni siquiera le importaban?

Fruncí el ceño.

—¿Disculpe?

—Esa mujer se llama Benita. Es modelo y está empezando a interferir con mi trabajo.

—Sí, ¿y? —Todavía no entendía hacia dónde iba esta conversación.

Xavier cruzó los brazos y me observó con frialdad.

—Tu primera tarea, si quieres trabajar aquí, es deshacerte de ella en menos de diez minutos. Tengo una reunión con los accionistas pronto y no quiero que Benita arruine mi flujo de trabajo.

Lo miré fijamente, intentando procesar lo que acababa de decir.

—¿Señor? ¿Está bromeando?

Lo observé con una incredulidad imposible de ocultar.

Había venido aquí como candidata a secretaria, no como personal de limpieza para ordenar su caótica vida amorosa. ¿Está loco?

Pero entonces aquella cifra reapareció en mi cabeza.

Si me negaba, tendría que regresar a casa. Ponerme un vestido de novia que nunca había querido. Convertirme en la prisionera de un hombre que quizá fuera incluso peor que este Xavier.

Pero si aceptaba aquella tarea ridícula, estaría un paso más cerca de la libertad.

—No —Xavier volvió a mirar su reloj—. ¿Entonces?

—Es una tarea bastante peculiar para una secretaria, señor.

Él sonrió de lado.

—Lo sé. Nueve minutos.

—¡De acuerdo, señor! Prepare el contrato. ¡Volveré en cinco minutos!

Una de las cejas de Xavier se arqueó. Parecía ligeramente sorprendido, como si no hubiera esperado una respuesta tan atrevida.

¿Diez... quiero decir, nueve minutos a cambio de la promesa de diez mil dólares al mes?

El mejor trato que había visto en mi vida.

Me giré y prácticamente salí corriendo con paso decidido.

—¡Señorita! ¡Señorita Benita!

Alcancé a Benita justo frente al ascensor. Ella se dio la vuelta con el rostro enrojecido y me lanzó una mirada fulminante.

—¿Qué quieres, fea? —espetó.

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