LOGINRowan la miró por un largo tiempo, lo que para Elara fue una eternidad, pues no sabía si la estaba juzgando, desconfiando, detestándola o todo a la vez.
―¿Has estado con solo un hombre una sola vez? ―Rowan estaba genuinamente intrigado y Elara no se lo creía. ―Le dije otras tantas cosas y ¿Es eso lo único que le ha importado? ―Estaba flipando y a colores con ese hombre. ―Esperaba ser juzgada, no incomodada. ¿Cómo puede hacer ese tipo de preguntas tan serio? Debería saber que eso no se pregunta. ¡Dios! Este hombre realmente necesita ser más humano y comportarse más como una persona normal. ―Mide tus palabras, mujer. ―Rowan endureció más el gesto. ―No estás hablando con un simple mortal, que te quede claro. ―Elara lo miró con ojos grandes de sorpresa y diversión, ella esperó ver una sonrisa que confirmara que todo era una broma, pero nada. En esos ojos grises y ese físico perfecto no tenían nada de diversión o pizca de sarcasmo y eso hizo que Elara carcajeara como una loca, realmente no podía creer que existiera una persona que se autoproclamara un Dios. ―¿Te le caíste de chiquito a tu nana? ―Así como él, ella estaba hablando en serio y eso para Rowan fue como un insulto. ―Mujer insolente. ―Apretó la mandíbula, nadie en su vida se había reído de él y menos en su cara. ―Es claro que alguien como tú no pueda identificar a quien tiene en frente, pero eso debe cambiar. ―¿En serio? ―Se mofó Elara sin prestar la necesaria atención a la seriedad del pelirrojo frente a ella. ―Creo que has olvidado el motivo de mi presencia aquí y estás demasiado cómoda. ―Dio tres pasos quedando justo frente a ella y recordándole lo diminuta que es ante la presencia formidable de él. ―Tengo tu destino en mis manos. ―Se inclinó un poco, solo lo suficiente como para que Elara dejara de respirar y recordara lo que ya había olvidado. ―Y, por ende, debes comportarte a la altura y no provocarme. ―Por vez primera Elara vio una sonrisa en los rosados y delgados labios de Rowan, una arrogante y discreta sonrisa que le heló la sangre. ―Fergus, hora de ir a la casa de mi futura esposa. ―Ordenó sin quitarle la mirada de encima a Elara. ―Es usted un ser despreciable. ―Rowan dejó de respirar, él creyó que la había dejado muda del susto. ¿Cómo puede existir una mujer que se resista a sus encantos y aparte de eso sea una respondona de primera? ―El auto está listo, señor. ―Fergus, el guardaespaldas de confianza de Rowan intervino. ―Solo falta usted y la señorita. ―Elara le dio una miradita y supo que el hombre la había salvado. ―Señor Rowan. ―Lo miró con una sonrisa que no llegaba a ser arrogante, ella realmente estaba sacando valor de donde no tenía, pero tenía que hacer loque sea para que él se negara a tenerla a ella como esposa. ―¿Se Quedará ahí como una estatua o se dejará guiar por mí? ―Dio un paso para alejarse de él. ―Sé perfectamente donde vives. ―Rowan quien ødiaba el contacto físico la tomó por el brazo. ―Mujer insolente. ―Gruñó cabreado al ver esos ojos mieles saltones, pelo rizado desordenado y esa carita de ángel que no le iba ni un poco. Elara pudo respirar en cuanto Rowan le dio la espalda y caminó a la puerta sin mirarla. Fergus quien sostenía la puerta la miró en espera de que ella avanzara y cuando lo hizo respiró tranquilo. ―Le aconsejaré algo. ―Elara miró al rubio gigantón una vez paró en seco. ―No crea que está jugando con una simple llama, el señor Doone es un incendio de gran magnitud cuando se le enoja. ―Ladeó la sonrisa y para sorpresa de Elara era de diversión. ―Aunque debo decir que se le paró bonito. ―Le guiñó provocando que Elara por primera vez no se sintiera amenazada. El viaje de camino a casa fue una agonía para Elara. Ella, vivía en un viejo y abandonado barrio donde cualquier cuerdo evitaría entrar. Rowan no disimulaba su descontento al estar en esa zona de la ciudad, él se encargó de incomodarla con sus gestos que por supuesto solo estaba mostrando ahí. Si algo se sabe de Rowan es que no cualquier cosa lo perturba. ―Es aquí. ―Elara miró directamente a Fergus quien detuvo el costoso auto frente a una casita maltrecha. ―Yo iré por mi hija y… ―Vamos. ―Rowan no la dejó terminar y sin esperar respuesta bajó del auto y Elara corrió tras de él. ―No es necesario, yo… ―¿Elara? ―La voz a sus espaldas tensó a Elara y la hizo cerrar los ojos. ―¿Ese imbécil de tu jefe te acosó nuevamente? Solo llegas temprano cuando ese idiøta te echa por no dejarte toquetear. ―Maldijø caminando más rápido. ―¡Deberíamos cortarle las pelotas! ―¡Lily! ―Elara finalmente le dio la cara. ―No hables de esa manera. ―Lily rodó los ojos. ―¿Quién es el pijo? ―Lily miró directamente a Rowan. ―Uff, sin duda un Jet set. ―Elara cerró los ojos con fuerza. ―Lily, ya basta. ―La reprendió. ―Él es… ―El padre de su hija. ―Cortó Rowan. ―Y venimos por ella, ahora haz tu trabajo y tráela aquí. ―Lily alzó las cejas, sonrió y cuando estaba lista para mandarlo lejos, Elara la miró con advertencia. ―Ella no trabaja para mí. ―Explicó. ―Es mi amiga y cuida de la bebé cuando no puedo pagarle a la vecina. ―¿Escuchaste, guapo? No todas somos empleados. ―Lo miró mal. ―¿Acaso es el tío con el que te acostaste en aquel bar de riquillos? ―Le dio una mirada profunda. ―Esos ojos… ―El señor Doone no es de esos. ―La cortó Elara antes de que su mejor amiga dijera una imprudencia digna de sus fantasías. ―Así que, por favor, acompáñame a buscar a mi hija. ―Tirando de su amiga se metieron a la casa sin darle la mínima importancia a Rowan quien las miró perplejo. ―Ya déjame. ―Lily se soltó de su amiga una vez estuvieron dentro de la casa. ―Ese hombre tiene los ojos grises y… ―Hay aproximadamente ochenta millones de personas con ojos grises. ―La cortó de inmediato. ―Además mi hija es mi viva imagen, ¿Acaso cada hombre que conozcamos de ojos grises puede ser el padre de Nefty? ―Pero… ―No puedes seguir con eso. ―No la dejó hablar. ―Ahora debo irme, pero prometo que te lo explico todo más tarde. ―Elara tomó a su hija en brazos y la bebé al sentir a su madre despertó de inmediato y una hermosa sonrisa relució y aceleró el corazón de Elara. ―Mira, hasta los brazos le tiende. ―Lily miró sorprendida a Nefty. ―Ella no es así, odiä al mundo. ―Elara miró a su hija y después a Rowan quien tenía un gesto como si un demonio estuviera llamándolo. ―Hay que irnos. ―Ignoró por completo a la niña. ―Déjalo todo, lo compramos de camino. ―Lily abrió la boca con incredulidad, pero Elara negó advirtiéndole que mejor no dijera nada. ―Sabes que puedes contar conmigo, ¿Verdad? ―Mostró su preocupación. ―Una persona que no tiene ni siquiera para arreglar su casa, no podría ayudar a nadie. ―Rowan fue cruel. ―Este hijo de… ―Sé que puedo contar contigo. ―Elara le sonrió para que su amiga no brincara a matarlo. ―Nos vemos después. ―Dándole una última mirada fue tras de Rowan quien ya estaba de camino al auto. Demasiado incomodo y hasta molesto resultó el viaje para Elara. Nefty estaba rogando por los brazos de Rowan y él simplemente la estaba ignorando así estresando a la niña. ―¿No puedes callarla? Eso es irritante. ―Elara lo miró con reproche, pero no dijo nada ya el auto había aparcado. ―Finalmente. ―Thomas empujó a Fergus y fue él quien abrió la puerta del coche. ―Creí que me dejarías esperando y… ―Calló en el acto al escuchar el jadeo de Nefty. ―Pero si es una bebé. ―Los miró asombrados a los dos en cuanto bajaron del auto. ―Es mi hija, abuelo. ―El pobre hombre se llevó la mano al pecho y retrocedió un paso. ―¡Abuelo! ―Rowan lo sostuvo y Elara se asustó. Ver que el pelirrojo tiene corazón fue digno de terror para ella. ―¿Está bien? ―Elara se acercó esta vez preocupada por Thomas. ―Me han dado la sorprendida de mi vida. ―Con mirada brillante miró los ojos grises y saltones de Nefty. ―Pero que niña más hermosa. Rowan, siempre dejaste en claro que no te gustaban los niños, pero mira, ¡Tengo una bisnieta! ―Sin pedir permiso arrancó a Nefty de los brazos de su madre y le repartió besos. La escena dejó a Rowan y Elara realmente perplejos, él no cuestionó nada, pero ambos tenían la sensación de que una vez pasada la euforia debían dar muchas explicaciones. ―Tendrás que explicarle todo tú. ―Esas fueron las únicas palabras de Rowan.Escocia amaneció con su cielo gris, su aire frío y una paz que ninguno de ellos sabía que necesitaba hasta que la tuvo. Había pasado exactamente un año desde aquella boda caótica en Dubái. Un año desde que todo cambió y ahora, todo estaba en su lugar. La casa McGregor —porque ahora también era de Lily— estaba llena de vida. No de lujo exagerado ni de perfección artificial, sino de algo mucho más valioso: familia. —¡No corras! —La voz de Elara se alzó desde el jardín. —¡Sí puedo! —Respondió Nefty, que ya no era una niña tan pequeña, pero seguía siendo un torbellino imposible de controlar. Detrás de ella, el pequeño pelirrojo —idéntico a Rowan en versión miniatura— corría decidido, con ese ceño fruncido tan característico. —¡Te voy a alcanzar! —Gruñó con determinación. —No puedes. —Se burló Nefty. —Sí puedo. —No. —Sí. —Son ustedes dos en miniatura. —Murmuró Rebecca, observando la escena desde la terraza. —No voy a discutir eso. —Elara soltó una risa. —Ese niño es demasiado
El día de la boda comenzó exactamente como empiezan todas las bodas importantes: en caos absoluto.Nada estaba en silencio, nada estaba bajo control y, sin embargo, todo parecía avanzar.En la suite principal, Lily estaba sentada frente al espejo, rodeada de maquillaje, vestidos, flores y nervios… Muchos nervios.—Respira. —Murmuró Elara detrás de ella, ajustando con delicadeza el velo.—Estoy respirando. —Respondió Lily, aunque claramente no lo estaba haciendo bien.—Esto es un desastre. —Rebecca caminaba de un lado a otro como si ella fuera la novia. —Amo los desastres, pero esto es un desastre emocional.—Gracias por tu apoyo. —Gruñó Lily.—De nada. Siempre doy lo mejor de mí. —Sonrió con sarcasmo.Nefty estaba sentada en el suelo, jugando con los pétalos que habían caído de un arreglo floral.—Te ves bonita, tía Lily. —Dijo con total sinceridad.Eso hizo que Lily sonriera, pero la sonrisa no le llegó a los ojos y eso no pasó desapercibido. Elara la miró a través del espejo.—Oye…
Las semanas pasaron más rápido de lo que cualquiera esperaba.Dubái dejó de sentirse ajeno. Las rutinas se formaron, las risas volvieron a ser constantes y, desde fuera, todo parecía perfectamente acomodado, pero por dentro… nada estaba en calma.El ambiente en la terraza privada de la villa era pesado esa noche.El cielo estaba despejado, la ciudad brillaba abajo como un mar de luces y el aire cálido apenas movía las cortinas.Rowan estaba recargado en la baranda, con una copa en la mano, mirando al vacío. Felipe estaba sentado en uno de los sillones, girando el vaso entre sus dedos. Thomas, más relajado, observaba a ambos con esa expresión sabia que pocas veces usaba en serio y Fergus estaba de pie, rígido, con la mandíbula apretada.—Es demasiado. —Soltó Felipe finalmente, rompiendo el silencio.—¿Qué cosa? —Gruñó Fergus sin mirarlo.—Alexander. —Respondió sin rodeos. —Ese tipo no se despega de Lily ni para respirar.—Es su prometido. —Dijo Fergus seco.—No es eso. —Intervino Rowan
El sol apenas comenzaba a elevarse cuando la villa volvió a dividirse en dos mundos completamente distintos.—Hoy es día de chicas. —Declaró Rebecca, saliendo con gafas de sol enormes y una seguridad que no admitía discusión.—Gracias a Dios. —Añadió Elara, acomodando el bolso en su hombro. —Necesito un respiro de testosterona.—¡Yo voy! —Nefty apareció corriendo, ya lista, con un vestido ligero y el cabello recogido en dos pequeñas trenzas.—Por supuesto que vienes, princesa. —Lily le sonrió con ternura.—¿Y yo? —Preguntó el pequeño pelirrojo desde la puerta.—Tú te vienes con tu padre. —Respondió Rowan sin mirarlo. —Hoy vas a aprender cosas importantes.—¿Como qué? —Cuestionó el niño con curiosidad.—Como elegir un buen coche. —Rowan lo miró con ilusión. —No me gustan los coches. —Peotestó.—Te gustarán.—No. —Aseguró con determinación.—Sí. —Insistió Rowan. —No. —No se dio por vencido. —Es hijo tuyo. —Murmuró Fergus desde el fondo. —Igual de testarudo.—Lo sé. —Respondió Rowan c
Los días en Dubái comenzaron a acomodarse con una extraña naturalidad.La villa que Alexander había preparado para todos no era solo lujosa, era exageradamente perfecta. Amplios ventanales que dejaban entrar la luz dorada del desierto, una piscina infinita que parecía fundirse con el horizonte y habitaciones diseñadas con un gusto impecable.—Si esto no es vida, no sé qué es. —Felipe estaba recostado en una de las tumbonas, con gafas de sol y una bebida en la mano. —Podría acostumbrarme fácilmente a esto.—Tú te acostumbras a cualquier cosa que incluya lujo y mujeres. —Rebecca pasó a su lado sin siquiera mirarlo.—No es un defecto, es un talento.—Es una molestia. —Gruñó ella con fastidio.—Y tú eres una amargada, preciosa. —Él, en cambio, tenía una sonrisa socarrona en los labios. —Felipe… —Advirtió mirándolo esta vez.—Ya, ya… me callo. —Le mostró las palmas de las manos. En el otro extremo, Nefty corría descalza por el césped, riendo a carcajadas mientras su hermano intentaba alc
El calor de Dubái no daba la bienvenida, golpeaba.Apenas las puertas del aeropuerto se abrieron, una ráfaga de aire caliente envolvió al grupo como una advertencia silenciosa de que estaban lejos de casa.—Esto no es calor, esto es un castigo divino. —Murmuró Felipe, aflojándose el cuello de la camisa con dramatismo. —¿Quién vive aquí voluntariamente?—Gente con dinero. —Respondió Rowan con calma, ajustándose las gafas de sol.—Entonces ya entiendo por qué Lily se quedó. —Añadió Felipe con una sonrisa ladeada. —Siempre tuvo buen gusto.—Y tú siempre has sido un idiøta. —Intervino Rebecca, dándole un leve golpe en el brazo.—Becca, cariño, no destruyas mi esencia.—Tu esencia es el problema.—Ya empezamos… —Murmuró Elara, soltando una risa suave mientras acomodaba al pequeño pelirrojo en su cadera.—Mamá… ¿Esto es un desierto? —El niño, de tres años, miraba todo con ojos enormes, fascinado.—Sí, mi amor.—Hace calor. —Se quejó.—Mucho. —Aceptó Elara sonriendo.—No me gusta. —El pelirr







