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Capítulo 3 La verdad

Autor: Gris y Ámbar
Silas no respondió hasta media hora después.

“Nada. Solo tenía curiosidad”.

***

Dos días después se celebró nuestra cena de graduación. Al terminar de cenar, todos fuimos a un bar, donde me senté en silencio en un rincón con un vaso de jugo.

—¿Por qué no decimos todos a qué universidad vamos a ir? —propuso Rachel después de unas canciones, tras ponerse de pie, tomar el micrófono y bajar el volumen—. Quizá algunos terminemos en la misma ciudad y podamos cuidarnos unos a otros.

La reunión se animó. Todos empezaron a decir nombres de universidades y ciudades al mismo tiempo, pero yo me recosté en el sofá sin decir nada.

—¡Nuestro trío de alumnos destacados todavía no ha dicho nada! —gritó el deportista del grupo cuando más de la mitad de la clase ya había contado adónde iba a ir.

—Sonia, Silas, Rachel... Todos solicitaron ingresar a Bradford, ¿verdad? —Nos miró a los tres y movió las cejas con picardía.

Rachel bajó la cabeza con timidez mientras todos les hacían bromas.

—Silas y yo solicitamos ingresar a la misma universidad. Si no, tendríamos que llevar una relación a distancia —anunció entonces, tras extender la mano y tomar la de Silas delante de toda la clase.

Se hizo el silencio por un momento. Luego estallaron los gritos ensordecedores de alegría.

—¡No puede ser! ¡Sí que se lo tenían bien guardado!

—Bueno, ¿cuándo empezaron a salir? ¡Lo ocultaron muy bien!

En medio de los gritos de alegría y las exclamaciones de sorpresa, algunas chicas me miraron de reojo con compasión.

—Entonces, ¿ahora Sonia es la que está de más? —bromeó alguien.

Esa era la oportunidad que Rachel había estado esperando. Se volteó hacia mí y me miró a través de la multitud. Su mirada revelaba burla y una satisfacción engreída que no intentaba ocultar.

—Sonia no podría ser la que está de más. Solicitó ingresar a la universidad de aquí.

En cuanto pronunció esas palabras, se hizo el silencio. Todos me miraron con incredulidad.

Todos sabían que siempre había ocupado el primer lugar de nuestra generación. ¿Que yo hubiera solicitado ingresar a una universidad como esta? Era ridículo.

—Rachel, ¿de qué hablas? ¿Cuándo solicité ingresar a esta universidad? —pregunté tras activar la grabadora de voz del celular y ponerme de pie.

Rachel sonrió aún más.

—Ay, no. ¿Dije algo que no debía? —Se tapó la boca y fingió alarmarse.

—Lo siento, Sonia —dijo tras morderse el labio y adoptar la expresión más culpable que pudiera imaginarse—. Hace unos días, Silas y yo estábamos jugando a verdad o reto y él perdió.

—Así que su castigo fue... entrar a tu cuenta a escondidas, cancelar tu solicitud a Bradford y presentar otra a esa universidad de cuarta.

Había disfrazado un acto que destruía el futuro de una persona con el pretexto de jugar a verdad o reto.

—Silas, ¿es cierto lo que dijo Rachel? —pregunté al girarme hacia él y mirarlo con dureza.

Se removió incómodo y apartó la mirada con culpa.

—Sonia, la verdad, no pensé que fueras tan descuidada —dijo después de pasarse una mano por el cabello y suspirar.

—Elegir una universidad es algo muy importante. Supuse que revisarías tu solicitud el último día. ¿Quién iba a imaginar que ni siquiera la mirarías? —Su voz tenía incluso un tono de reproche.

Miré al chico que conocía desde hacía dieciocho años. Cada palabra que salía de su boca era otro intento de evadir su responsabilidad.

Fue entonces cuando comprendí que, cuando alguien podrido hasta el corazón conseguía lo que quería, dejaba de fingir.

El celular que llevaba en el bolsillo seguía grabando toda la conversación. Así conseguí la prueba más importante que necesitaba.

—Está bien. Entiendo. —Asentí con calma.

Tomé mi bolso del sofá y caminé hacia la puerta.

—Por cierto, Rachel, ¿recuerdas lo que te dije el día que me contaste esa historia? —Me detuve junto a ella antes de salir y le lancé mi última provocación.

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