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CAPÍTULO 4 – ATRAPADA (Parte 2)

作者: ELSA RIVERS
last update publish date: 2026-04-14 21:20:57

Punto de vista de Charlotte

Su coche estaba aparcado en un rincón oscuro, elegante y negro como él. Sin dudarlo, me giró y me empujó sobre el capó. El metal frío contra la parte trasera de mis muslos me hizo jadear.

Abre esas piernas ordenó con voz cortante, sin dejar espacio para desobedecer.

Obedecí, con la falda subida indecentemente mientras él se colocaba entre mis muslos. Sus manos fueron rudas, arrancando lo que quedaba de mis bragas y lanzándolas a un lado. Se acarició la polla, dura y gruesa, y la dejó golpear contra mi coño chorreante, extendiendo mi humedad por todas partes.

Eres una putita sucia, Charlotte. Ni siquiera aguantaste el trayecto en el ascensor. Sus palabras eran bajas y burlonas, su punta provocándome la entrada sin piedad.

Por favor supliqué, arqueando la espalda contra el coche, desesperada por sentirlo otra vez. Por favor, Marcus, lo necesito…

Su palma impactó contra mi muslo, haciéndome gritar.

No supliques gruñó, ordéname como si lo dijeras en serio.

Fóllame siseé, más fuerte esta vez, mi voz resonando en el garaje vacío. Fóllame fuerte.

Eso le arrancó una sonrisa perversa. Sin decir una palabra más, me penetró, más profundo que antes, abriéndome mientras mi grito rebotaba contra las paredes de hormigón. Me sujetó las caderas con brutalidad, usando el coche como punto de apoyo mientras me embestía, el sonido de carne contra carne mezclándose con mis gemidos descarados.

El capó crujía bajo la fuerza de sus golpes, balanceándose con cada embestida brutal. Me aferraba al parabrisas, mi aliento empañando el cristal, mientras él me follaba como si me poseyera.

Joder, qué apretada estás gruñó con voz espesa, casi un rugido. Estás hecha para esta polla.

Sí grité, mis uñas arañando la superficie resbaladiza. Soy tuya, Marcus… joder… soy tuya.

Se inclinó, sus dientes rozaron el lateral de mi cuello antes de morder con fuerza suficiente para hacerme gritar, mi coño contrayéndose alrededor de él. Su pulgar presionó mi clítoris sin piedad, enviando descargas a través de mí mientras me retorcía debajo de él.

Córrete para mí exigió, sus embestidas volviéndose más duras, más rápidas, implacables. Haz que todo el puto garaje te oiga.

Mi cuerpo obedeció antes de que mi mente pudiera reaccionar. El orgasmo me atravesó como fuego. Mi espalda se arqueó sobre el capó, mis gemidos rebotando contra el hormigón, mi coño contrayéndose con avidez alrededor de su polla.

Marcus se retiró lo justo para mirar el desastre entre nosotros. Su polla brillaba, cubierta de mi humedad, el interior de mis muslos empapado y chorreando sobre la pintura brillante de su coche. Sonrió con oscuridad, pasando un dedo por el rastro pegajoso que bajaba por mi piel.

Mírate dijo con voz ronca de lujuria. Estás chorreando jugos calientes por todo mi coche, puta. Estás haciendo un puto desastre… y apuesto a que aún tienes más para mí.

Su tono era cruel y burlón, pero su mano ya me abría más, sus dedos separándome para poder ver cada contracción, cada espasmo necesitado. Me dio una fuerte palmada en el coño, haciendo que la humedad salpicara audiblemente.

¿Ves eso? gruñó, extendiendo la humedad por mis labios hinchados antes de meter dos dedos profundamente otra vez, bombeando con fuerza y sin descanso. Sigues chorreando, tu coñito codicioso no deja de suplicar polla. Tienes más para mí, ¿verdad? Dilo.

Sí grité, jadeando mientras mis caderas se movían solas contra su mano. Sí, Marcus, tengo más… te daré todo…

Así me gusta gruñó, su pulgar frotando mi clítoris sin piedad mientras su polla presionaba contra mi culo, provocándome. No has terminado hasta que yo diga que has terminado. Este coño ya no es tuyo… es mío. Y voy a sacarle hasta la última gota.

Sus palabras me rompieron. Mi cuerpo temblaba, chorreando más fuerte, mis jugos cubriendo sus dedos y cayendo sobre el capó. Se inclinó, sus labios rozando mi oreja mientras me follaba con la mano como si me poseyera.

Qué putita tan sucia y mojada susurró, su aliento caliente y entrecortado. Tan desesperada… seguirás dando hasta que no te quede nada. Y entonces tomaré más.

Sus dedos bombeaban más rápido, curvándose dentro de mí hasta que grité, mi cuerpo sacudiéndose contra el capó. Los sacó de repente, con hilos de humedad uniéndonos, y levantó sus dedos empapados bajo la luz tenue del garaje.

Mira este desastre se burló, metiéndomelos de nuevo en la boca. Prueba lo necesitada que estás, Charlotte. Estás chorreando como una puta que no se sacia. Apuesto a que si te abro más las piernas, todo el puto capó quedaría empapado.

Me ardían las mejillas, la vergüenza mezclándose deliciosamente con la lujuria, pero chupé sus dedos con avidez, gimiendo alrededor de ellos.

Así se burló, sacando la mano y dándome otra palmada fuerte y húmeda en el coño. El sonido resonó en el garaje, haciéndome saltar. Te encanta que te usen, ¿verdad? Te encanta no ser más que mi agujero borracho de semen.

¡Sí! grité, con la voz rota, lágrimas picándome en los ojos mientras mis caderas se movían contra el metal frío.

Soltó una risa oscura, bajó completamente la cremallera de sus pantalones y dejó que su polla golpeara pesada y gruesa contra mi culo. Me agarró del pelo, forzando mi cara contra el capó hasta que mi mejilla se pegó al acero frío.

Vas a darme más, puta. Voy a follarte hasta que llores, hasta que no puedas salir de aquí sin chorrear por los muslos…

 

 

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