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CAPÍTULO 3 – ATRAPADA (Parte 1)

Author: ELSA RIVERS
last update publish date: 2026-04-14 21:11:45

Punto de vista de Charlotte

Los pasillos de la oficina estaban en silencio, vacíos del caos habitual, cuando vi a Marcus esperando junto a los ascensores. La luz tenue brillaba sobre su cuerpo ancho, la chaqueta del traje colgando descuidadamente de un brazo, la corbata floja como si las reglas del día ya no importaran. Mis tacones resonaban en el suelo de mármol mientras me acercaba, con el pecho apretado bajo el peso de su mirada. Para cuando las puertas del ascensor se abrieron, supe que entrar con él era un error… uno que ya estaba desesperada por cometer.

No había empezado esa noche.

Horas antes, en la sala de juntas, se había inclinado sobre mí para señalar algo en un informe. Su mano rozó la mía accidental, pero pesada, deliberada en la forma en que se demoró. El aroma de su colonia me llenó la cabeza, el calor de su cuerpo peligrosamente cerca. Recordaba cómo había bajado la voz, la sombra de una sonrisa cuando me vio removerme en la silla. Desde entonces mi pulso no había dejado de acelerarse, mi piel estaba demasiado tensa y mis pensamientos eran un desastre de posibilidades que no podía controlar.

Las puertas del ascensor se cerraron de golpe, encerrándonos en aquella caja estrecha. Mi corazón latía con fuerza mientras el cuerpo de Marcus se presionaba contra el mío, su figura musculosa dominándome. Antes de que pudiera recuperar el aliento, me empujó con fuerza contra la pared espejada y fría, mi espalda golpeando con un ruido que me hizo castañear los dientes.

Su mano subió y se cerró alrededor de mi garganta, los dedos clavándose lo justo para inmovilizarme. Jadeé, el aire se me quedó atrapado en el pecho, una mezcla de miedo y calor inundando mis venas.

¿Te gusta, verdad, putita? gruñó con voz baja y áspera, su aliento caliente contra mi oreja. Mi cuerpo me traicionó, el coño ya mojándose, los muslos apretándose mientras la presión me hacía gemir.

No podía hablar. Su agarre se apretó un poco más, haciendo que mi visión se nublara en los bordes.

Respóndeme exigió, frotando su polla dura contra mi cadera a través de los pantalones. La fricción me envió una descarga directa al centro. Sí logré decir con voz temblorosa, joder, sí, Marcus.

Soltó una risa oscura que vibró a través de mí. Su mano libre bajó por mi costado y subió mi falda con fuerza bruta.

Buena chica susurró, sus labios rozando mi cuello mientras dejaba al descubierto mis bragas empapadas. Sentí sus dedos engancharse en la tela, tirando de ellas bruscamente, y el aire fresco golpeando mi coño desnudo. Ya estás chorreando, zorra necesitada.

Mi mente giraba, llena de imágenes sucias de lo que vendría después. Soltó mi garganta lo justo para que pudiera respirar, pero su cuerpo me mantuvo atrapada. Me arqueé contra él, deseando más, mis manos arañando su camisa.

Por favor supliqué, la palabra escapando en un gemido. Respondió metiendo dos dedos dentro de mí, bombeando con fuerza y rapidez, los sonidos húmedos resonando en el espacio cerrado.

Tómalo ordenó, su pulgar rodeando mi clítoris con precisión brutal. Me sacudí contra su mano, gemidos escapando de mis labios mientras me follaba con los dedos. Eres una puta para esto, ¿verdad? Sus palabras me golpearon como una bofetada, haciendo que me contrajera por dentro. Asentí frenéticamente. Dios, sí, más fuerte.

Retiró los dedos de repente, dejándome jadeando, y me giró para que mirara el espejo. Mi reflejo me devolvió la mirada: cara sonrojada, lápiz labial corrido, ojos salvajes de lujuria. Marcus se presionó contra mí desde atrás, su polla dura presionando contra mi culo mientras se frotaba.

Mírate ordenó, una mano deslizándose para apretar mi pecho a través de la camisa. Gemí mientras su otra mano bajaba mis bragas hasta las rodillas.

Bajó la cremallera de sus pantalones, liberó su polla gruesa y la frotó contra mi entrada.

Suplícalo gruñó, provocándome con embestidas superficiales. La anticipación era una tortura, mi coño palpitando, los jugos chorreando por mis muslos. Fóllame, Marcus, por favor, méteme esa polla dentro supliqué, con la voz quebrada.

Me penetró profundo, llenándome de un solo golpe brutal que me hizo gritar. Sus manos sujetaron mis caderas y me embistió sin piedad, cada golpe estrellándome contra el espejo.

Así, toma cada centímetro gruñó, su ritmo frenético. Yo acompañaba su ritmo, empujando hacia atrás, el sonido de piel contra piel llenando el aire. Mi cuerpo temblaba, acercándose al clímax, pero él ralentizó, provocándome, manteniéndome al borde.

Justo cuando el ascensor sonó anunciando nuestra planta, se retiró, dejándome jadeando y desesperada.

Aún no murmuró, con una sonrisa perversa en la voz. Me giré hacia él, el cuerpo dolorido por más, pero las puertas se abrieron, dejándonos suspendidos en la excitación.

Las puertas del ascensor se abrieron y nos soltaron en el garaje subterráneo tenuemente iluminado. El aire era más fresco allí, con olor a aceite y hormigón. Mis piernas aún temblaban, las bragas colgando alrededor de mis rodillas, y la mano de Marcus sujetaba mi muñeca con firmeza, arrastrándome hacia su coche.

Marcus… empecé, pero la mirada que me lanzó por encima del hombro me silenció al instante. Sus ojos ardían con el mismo hambre salvaje, de esas que no les importa quién pueda estar mirando, ni que el único sonido en el garaje fuera el zumbido lejano de la radio del guardia de seguridad.

Su coche estaba aparcado en un rincón oscuro, elegante y negro como él. Sin dudarlo, me giró y me empujó sobre el capó…

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