Mag-log inPUNTO DE VISTA DE ISABELLA ¿Acaba de admitir Emilio Salazar que hay algo que no sabe? Y eso sin contar que lo ha hecho sin dejar de parecer un sabelotodo.Crucé los brazos e incliné la barbilla. —¿Por qué no me cuentas entonces lo que sí sabes? Se recostó en la silla y negó con la cabeza. —Eso solo te cabrearía, Pelirroja. No me provoques. Mis labios se entreabrieron de inmediato para replicarle, pero se cerraron de golpe al darme cuenta de que tenía razón. Suspiré mientras relajaba los brazos. Quizá incluso deseaba que esta vez lo supiera de verdad, para no tener que decir ciertas palabras. Podría empezar por las partes más fáciles. «Sobre la donación, lo he pensado. Supongo que quería…» Dejé la frase en el aire con un suspiro. ¿Quién dijo que esas dos palabras que alimentan el ego fueran fáciles de decir? Ya me imaginaba la absoluta satisfacción en su rostro cuando las dijera. Porque tenía que hacerlo. Ayer lo pensé mucho, y llegué a la conclusión de que Emilio Salazar, fuera
PUNTO DE VISTA DE ISABELLA ¿Acaba de admitir Emilio Salazar que hay algo que no sabe? Y eso sin contar que lo ha hecho sin dejar de parecer un sabelotodo.Crucé los brazos e incliné la barbilla. —¿Por qué no me cuentas entonces lo que sí sabes? Se recostó en la silla y negó con la cabeza. —Eso solo te cabrearía, Pelirroja. No me provoques. Mis labios se entreabrieron de inmediato para replicarle, pero se cerraron de golpe al darme cuenta de que tenía razón. Suspiré mientras relajaba los brazos. Quizá incluso deseaba que esta vez lo supiera de verdad, para no tener que decir ciertas palabras. Podría empezar por las partes más fáciles. «Sobre la donación, lo he pensado. Supongo que quería…» Dejé la frase en el aire con un suspiro. ¿Quién dijo que esas dos palabras que alimentan el ego fueran fáciles de decir? Ya me imaginaba la absoluta satisfacción en su rostro cuando las dijera. Porque tenía que hacerlo. Ayer lo pensé mucho, y llegué a la conclusión de que Emilio Salazar, fuera
Punto de vista de ISABELLA La mirada de Emilio Salazar volvió hacia mí lentamente, recorriendo mi figura, la pila de papeles que tenía a mi lado y sobre mí, y finalmente mi rostro de nuevo.—Tienes mejor aspecto.Esas palabras me pillaron tan desprevenida que no supe qué responder de inmediato.Los ojos de Leah se movían entre nosotros con creciente recelo. Me recuperé rápidamente. —Y tú vas demasiado elegante para un hospital.No era así. —Vengo del trabajo.—¿Llevando un traje que parece intimidar a los gobiernos? —Eso suena a cumplido.—No lo era —repliqué con sarcasmo, poniendo los ojos en blanco. Esta vez, sus ojos brillaron levemente. No. Eso no debería haberme afectado así. No otra vez lo de los ojos brillantes. Cuando estaba en su modo de villano melancólico, sus ojos de obsidiana eran inquietantemente intensos y nerviosos, pero cuando brillaban como lo hacían ahora, era… cautivador.Emilio entró por fin del todo en la habitación, cerrando la puerta suavemente tras de sí an
PUNTO DE VISTA DE ISABELLA Estaba nerviosa.Irracionalmente, absurdamente nerviosa porque, al parecer, Emilio Salazar venía a verme. Sinceramente, pensaba que me merecía una compensación económica solo por el estrés. Quizá debería hacerle pagar por ello. Seguro que ni se daría cuenta, teniendo en cuenta que, al parecer, donaba fortunas de forma anónima y alquilaba cines enteros como si estuviera tachando una tarea de una lista de cosas por hacer. De hecho, dudaba de que Emilio necesitara siquiera una lista de cosas por hacer. Parecía el tipo de hombre que tenía toda su agenda planificada en la cabeza. Desde luego, así lo había dado a entender cuando hablamos esta mañana. ¿Lo has oído? Yo, la señorita Isabella Montez, llamé a Emilio Salazar con MI teléfono, en lugar de pedirle a Lizzy que lo hiciera. Y no, Lizzy no está ocupada: estaba sentada justo a mi lado, perfectamente disponible para hacer la llamada ella misma.Creo que mi alma abandonó mi cuerpo y fue sustituida por un alien
PUNTO DE VISTA DE EMILIO Red se levantó, con su enfermera sobreprotectora a su lado, y se quedó mirando hasta que el coche dobló la esquina. Yo también tenía los ojos clavados en el retrovisor lateral. Mi mirada se quedó fija fuera de la ventana mientras el coche se incorporaba al agitado tráfico vespertino de Aurovia; mi mente estaba en un torbellino y su risa resonaba en mi cabeza como una maldita plaga.Cómo me había hablado con normalidad; sin guerra, sin garras, sin hostilidad, y… me gustó. Se había reído en voz baja otra vez en el hospital mientras me miraba. Todo lo relacionado con esta tarde me parecía jodidamente imposible. Le había dicho lo fascinante que era. Le había explicado qué significaban las emociones en mi mundo sucio, violento y plagado de crímenes. ¿Y pensar que ella creyó alguna vez que la veía como un lastre? Joder. Estaba llena de contradicciones y luz. Risas tras el llanto. Ira tras la vulnerabilidad. Suavidad envuelta en dureza.La señorita Isabella Mont
PUNTO DE VISTA DE ISABELLA¿Estaba Emilio, ese insoportable de Salazar, preguntándome realmente lo que yo pensaba que era? Ni hablar. Solo era otra de sus tácticas para desconcertarme. Pero había algo diferente en él. No tenía ese brillo en los ojos. No lucía esa cara de póquer indescifrable que ponía cuando iba tres jugadas por delante y no quería que nadie se diera cuenta. Estaba relajado en el sillón reclinable, con los ojos clavados en mí como siempre. Sin sonrisa burlona. Sin aire de suficiencia. Solo una curiosidad casi infantil en su actitud. ¿Se da cuenta siquiera de lo que estaba preguntando? Ni hablar. Le estaba atribuyendo demasiada humanidad. Negué con la cabeza con desdén. «¿Has vaciado todo un cine solo para ignorar la película?» Se encogió de hombros con indiferencia. «Parecía que las paredes de esa sala se te echaban encima».Lo miré fijamente, con los labios apretados en un gesto de enfado. Porque me había sentido exactamente así. Él me devolvió la mirada, levantan







