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Capitulo 121: Te Amo Alejandro

last update Tanggal publikasi: 2026-09-14 23:44:26

Durante el trayecto al apartamento, Victoria iba callada al lado de Fernando en el asiento del copiloto, mirando fijamente por la ventana hacia las luces de la ciudad. Había decidido dejar su propio auto estacionado en el restaurante para irse con su esposo, pero el nudo en la garganta no la dejaba articular palabra.

El silencio dentro del vehículo era espeso hasta que Fernando, manteniendo la vista en el camino, decidió romper la tensión.

—Victoria, sé que tu silencio es por la presencia d
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    En ese mismo momento, en la penumbra de su habitación principal, Alejandro permanecía de pie frente al gran ventanal de su residencia, contemplando las luces difusas de la ciudad. La casa estaba envuelta en un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el leve murmullo del viento afuera. Ver a Victoria de nuevo en el centro comercial había sido un golpe directo al corazón, un impacto para el que jamás estuvo preparado. Bastó solo un instante, una mirada entre la multitud, para que todo lo que había intentado enterrar durante esos dos años renaciera con una fuerza arrolladora. Despertó en él nuevamente ese deseo quemante, esa ansiedad sofocante y esas ganas enormes de tenerla a su lado, de volver a escuchar su voz llamándolo por su nombre sin el tono distante con el que le había hablado por la tarde. Una lágrima solitaria brotó de sus ojos y rodó despacio por su mejilla. Alejandro se pasó la mano por el rostro, apretando la mandíbula con amargura. Todavía no se perdonaba el he

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    Durante el trayecto al apartamento, Victoria iba callada al lado de Fernando en el asiento del copiloto, mirando fijamente por la ventana hacia las luces de la ciudad. Había decidido dejar su propio auto estacionado en el restaurante para irse con su esposo, pero el nudo en la garganta no la dejaba articular palabra. El silencio dentro del vehículo era espeso hasta que Fernando, manteniendo la vista en el camino, decidió romper la tensión. —Victoria, sé que tu silencio es por la presencia de Giselle. La conozco hace años, estudiamos juntos gastronomía. Es una excelente chef y... —No tienes por qué darme explicaciones —lo interrumpió Victoria con voz fría, manteniendo la mirada fija en el cristal. —Claro que tengo que dártelas, eres mi esposa, ¿no? —respondió Fernando, soltando una leve risa amarga al ver su reacción—. Oh, ya entendí. No te importa lo que hago porque no soy el hombre que amas. Esa frase tocó el límite de lo que Victoria podía aguantar esa noche. Lo miró fijam

  • Firme El Divorcio Sr Del Castillo, Ya No Te Amo   Capitulo 120: Celos Insoportables.

    El silencio del departamento a oscuras le confirmó a Victoria que Fernando aún no había regresado. Decidida a no dejar que el orgullo terminara por destruir su matrimonio, encendió las luces de la cocina y se puso a trabajar. Preparó una cena especial, la preferida de él, cuidando cada detalle: colocó manteles limpios, sirvió las copas y encendió un par de velas sobre la mesa del comedor, buscando recrear un espacio de paz para conversar con calma. Sin embargo, las horas comenzaron a transcurrir lentas y heladas. La comida se enfrió sobre los platos y la cera de las velas se consumió por completo. Ya era bastante tarde. Preocupada, Victoria tomó su celular y le marcó en varias ocasiones, pero el teléfono sonaba hasta enviar las llamadas directamente al buzón de voz. Sin poder soportar más la angustia, Victoria tomó su abrigo y salió hacia el restaurante. Desde que estaban juntos, Fernando siempre dejaba a su administrador a cargo del cierre del establecimiento para llegar temprano

  • Firme El Divorcio Sr Del Castillo, Ya No Te Amo   Capitulo 119: Es Tan Extraño

    El murmullo de la gente en el centro comercial pareció desvanecerse por completo. En medio del ir y venir de los transeúntes, Victoria y Alejandro permanecieron inmóviles, congelados por el impacto del reencuentro. Hacía dos años que no cruzaban una sola palabra; la última vez había sido aquella noche fría en el muelle, envueltos en el dolor y en la revelación de la trampa que Andrea les había tendido. El pequeño en los hombros de Alejandro balbuceó algo alegre, tirándole suavemente de la solapa del saco. El gesto rompió el transe. Alejandro bajó al niño con delicadeza, tomándolo firmemente de la mano, y tras dudarlo apenas un segundo, caminó despacio hacia donde estaba Victoria. Victoria sintió que el corazón le daba un vuelco en el pecho. Instintivamente dio un paso atrás, ajustando la correa de su bolso entre las manos. Quería girarse y huir para evitar complicaciones, pero sus pies no respondieron. —Victoria... —dijo Alejandro al detenerse a un par de metros de ella. Su voz so

  • Firme El Divorcio Sr Del Castillo, Ya No Te Amo   Capitulo 118: Después De Tanto Tiempo.

    En el otro extremo de la ciudad, la luz del sol matutino entraba a través de los ventanales de una amplia y moderna residencia ubicada en una de las zonas más exclusivas. El ambiente allí era completamente distinto al de la fría mansión Del Castillo: las paredes ostentaban tonos cálidos y sobre la alfombra de la estancia principal había juguetes de madera, bloques de construcción y libros ilustrados esparcidos en un desorden lleno de vida. Alejandro Del Castillo caminaba por el corredor cargando a un pequeño niño de dos años en brazos. El pequeño, de cabello castaño claro y sonrisa inquieta, reía mientras Alejandro le hacía cosquillas en el costado antes de sentarlo en su silla alta en el comedor. —A ver, campeón, hoy tenemos un día largo —dijo Alejandro con una sonrisa genuina, acomodando el tazón de avena frente al niño—. Si te terminas todo el desayuno, iremos al parque por la tarde. El niño balbuceó con entusiasmo, tomando la cuchara con sus pequeñas manos. Alejandro lo ob

  • Firme El Divorcio Sr Del Castillo, Ya No Te Amo   Capitulo 117: No Quiero Perderlo.

    La mañana de un martes cualquiera comenzó con el mismo silencio tenso que se había vuelto cotidiano en el departamento. Victoria ordenaba la mesa del comedor, colocando los platos del desayuno con excesivo cuidado, intentando ignorar el peso de las miradas evasivas de Fernando. El olor a café recién pasado llenaba la cocina, pero ninguno de los dos disfrutaba del aroma. Fernando mantenía los ojos fijos en la pantalla de su teléfono móvil, desplazándose por correos electrónicos de la oficina con una concentración fingida. Frente a él, sobre la barra, descansaba un sobre blanco con el membrete de la clínica de fertilidad que habían visitado dos semanas atrás. El resultado negativo de la última prueba de laboratorio no necesitaba ser nombrado; la sola presencia de ese sobre en la casa era un recordatorio constante de su incapacidad para concebir. —Fernando, el café se te va a enfriar —dijo Victoria en voz baja, rompiendo el espeso silencio mientras se sentaba frente a él. —Gracias,

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