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Nada está escrito

Author: Coral
last update publish date: 2026-09-02 22:06:04

Mientras Melani erguía un muro invisible para blindar el futuro de su hija, los cimientos de su propio círculo íntimo comenzaban a agrietarse.

​Las exigencias de la nueva vida corporativa y la maternidad habían espaciado los encuentros, pero la complicidad con Lale seguía intacta; o al menos eso era lo que Melani creía, hasta que sus propios ojos la desmintieron desde la mesa de un exclusivo restaurante en Nişantaşı.

​A pocos metros de ella, bajo la tenue iluminación ambiental, vio cómo Arkan
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  • Flores de un Invierno Ajeno    Dominio Anticipado

    —Tienes razón— ​Dejó caer los hombros en un suspiro fingido de fastidio, rozándole el pecho con la yema de los dedos en una caricia deliberadamente provocadora —Me atrapaste ¿Eso tiene consecuencias? Un destello oscuro cruzó la mirada de Aras. Dio un paso al frente, acorralándola sutilmente contra la pared del pasillo, y la atrajo de la cintura con una posesividad implacable, estampando un beso hambriento y profundo sobre sus labios que le robó el aliento. Fue una promesa cruda, un adelanto de lo que pensaba cobrarle en cuanto cruzaran la puerta. ​Melani sintió el suelo tambalearse bajo sus pies, atrapada entre el fuego que él encendía con tanta facilidad y la bomba de tiempo que acababa de dejar encerrada a pocos metros. A duras penas, con el pulso desbocado y los labios ligeramente hinchados, le sostuvo la mirada, separándose apenas lo suficiente para morderse el labio inferior con una picardía calculada. ​—Aquí no, Aras —murmuró contra su boca, rozando su lóbulo con una lenti

  • Flores de un Invierno Ajeno    Nada está escrito

    Mientras Melani erguía un muro invisible para blindar el futuro de su hija, los cimientos de su propio círculo íntimo comenzaban a agrietarse. ​Las exigencias de la nueva vida corporativa y la maternidad habían espaciado los encuentros, pero la complicidad con Lale seguía intacta; o al menos eso era lo que Melani creía, hasta que sus propios ojos la desmintieron desde la mesa de un exclusivo restaurante en Nişantaşı. ​A pocos metros de ella, bajo la tenue iluminación ambiental, vio cómo Arkan Öztürk se inclinaba con una intimidad inconfundible para acomodarle un pañuelo de seda alrededor del cuello. ​—Estoy viendo mal —murmuró Melani, conteniendo el aliento, incapaz de apartar la vista mientras los dedos de su mano derecha se cerraban con fuerza sobre el borde del mantel. ​—¿Qué cosa? —preguntó Aras, ladeando el rostro con curiosidad, los músculos del cuello tensándose a punto de girarse hacia donde miraba su esposa. ​El instinto de supervivencia de Melani se activó al instante.

  • Flores de un Invierno Ajeno    Lo que crees controlar

    Media hora más tarde, el goteo del suero vitaminado llegó a su fin en la habitación de Fatma. La enfermera de guardia retiró la vía, comprobando que la presión arterial de la matriarca se había estabilizado por completo. ​—Listo, Hanımefendi. Ya puede incorporarse si se siente con fuerzas —anunció la asistente, acomodando la bandeja. ​Fatma se sentó al borde de la camilla con fría elegancia, alisándose la falda del traje. No necesitó invocar a nadie; la tensión en el pasillo era un secreto a voces y sus hermanas aguardaban por su alta momentánea. ​Al abrir la puerta, el clan se giró al unísono. Burak y Emre, se apresuraron a dar un paso al frente. ​—Fatma, gracias a Dios ya estás mejor —exclamó Suna con tono aliviado—. Ven, nosotras te acompañamos. La pequeña Elif... ​La matriarca levantó una mano, deteniéndolas en seco con la autoridad incuestionable de su mirada. Su mandíbula estaba tensa, pero sus ojos delataban una curiosidad feroz que se negaba a admitir en voz alta.

  • Flores de un Invierno Ajeno    Hoş geldin, kızım...

    —¿Por qué se tardan tanto? —suspiró Aras, incapaz de controlar el trabajo de los médicos. —Una cirugía toma su tiempo hijo. Debes tener paciencia —Calmó Fatma, cuando sus propios nervios estaban a flor de piel. La cesárea había sido programado precisamente para evitar alargar la espera y por seguridad de la paciente. Sin embargo el tiempo parecía ir tan lento ese día que la espera se estaba tornando insoportable. Los padres de Melani por el contrario, acompañados por Lale se mantenían muy tranquilos, su hija era fuerte y sabían que todo saldría bien. —Tía Delia —susurró Lale con la confianza que la madre de su amiga le había concedido —¿Mel fue un parto natural o cesárea? —Parto natural —respondió la mujer con cariño. —Uff ¡Qué valiente!. Mel sin duda estará bien, tiene una madre valiente —concluyó tomándole las manos A un lado de los presentes junto a Emre, Burak miraba de reojo a la joven, examinando su postura y esa felicidad que desbordaba por algo tan ajeno. La

  • Flores de un Invierno Ajeno    El peso del linaje

    En horas de la tarde, Fatma no podía dejar de ver el reloj. Casi al mediodía su hijo le había pedido de la nada preparar la casa para un anuncio importante en la cena. Al principio pensó que se trataba de otro acuerdo que beneficiaría más al holding, pero que también estuvieran invitados sus consuegros hizo que descartara de inmediato la posibilidad de lo primero. ​—Suna, ¿qué podría ser tan importante para cenar con los consuegros? —preguntó Fatma, con los hilos de la impaciencia tensándose bajo su piel. ​—No tengo idea, Fatma. Aras es cada vez más impredecible. Esperemos con qué nos sorprende esta vez. ​—Rezo para que sean buenas noticias; no voy a poder soportar otro escándalo —bramó la matriarca, ajustándose los anillos con los dedos rígidos. ​—Así será, querida. Presiento que es algo bueno —intentó calmarla Suna. ​Mientras la suegra intentaba adivinar el motivo tras las gruesas cortinas del salón, los padres de Melani llegaron. El ambiente cambió sutilmente. Fatma era u

  • Flores de un Invierno Ajeno    La libertad de Amar

    ​¿Dos meses? —pensó Melani, atónita—. ¿He estado formando una vida todas estas semanas? ​La confirmación la abrumó hasta dejarla sin palabras, provocando que un par de lágrimas silenciosas se deslizaran por sus mejillas. ​Aras no fue ajeno al quiebre emocional de su esposa. Él, que guardaba en silencio una devoción feroz, sabía el peso de ese momento; tener a su lado a esa mujer y descubrir que la vida ya se abría camino entre ellos era la prueba definitiva de su destino compartido. ​Ignorando por completo la presencia de la doctora, se inclinó hacia ella. Depositó un beso lento y reverente en su frente, mientras su mano derecha se apartaba de la de ella para deslizarse con suavidad hasta el contorno de su vientre, trazando con los dedos un corazón sobre su piel. ​—Los amo —susurró con la voz ronca, cuando sus ojos se encontraron en un pacto mudo. ​Deniz desvió la mirada de inmediato, abrumada por la intensidad de la escena. Aquella intimidad cruda, desprovista de cualquier

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