MasukCasi al mismo tiempo, en la sala de juntas del holding Köksal, se mantenía esa atmósfera de hermetismo donde el aire parecía más pesado. Aras repasaba con la vista la última línea del documento oficial antes de firmar con trazo firme. Al otro lado de la mesa, el enviado principal de los astilleros Von Seidl cerró su maletín de cuero con un clic seco que resonó en la estancia. No hubo sonrisas corporativas. El emisario permaneció con las manos juntas sobre la caoba pulida, observando cómo Aras apartaba la pluma. —Queda renovado por el periodo estándar —dijo el austríaco, con una sobriedad que no ocultaba un trasfondo de pesadumbre—. Aunque debo informarle, señor Köksal, que esta es la última agenda firmada directamente bajo las directrices del señor Diego Von Seidl. El próximo encuentro semestral se llevará a cabo en Viena. Y es altamente probable que el marco operativo sufra modificaciones sustanciales bajo la nueva administración del consejo y la familia. Le sugeriría que sea
Cinco años en el mundo de los grandes imperios de Estambul no transcurren en silencio; se miden en torres de acero levantadas, en cuotas de mercado ganadas a sangre fría y, sobre todo, en la sangre que asegura el mañana. La mansión Köksal había cambiado su ritmo con la llegada del nuevo heredero. El nacimiento del segundo hijo de Aras y Melani; un varón robusto y de mirada severa, había provocado que el semblante de Fatma terminara de suavizarse por fin, encontrando en el niño la validación dinástica que tanto había exigido. Para la matriarca, el orden natural del mundo se había restablecido: un varón para Aras, el respaldo de los Aksoy a través del matrimonio de Burak, cuyo primogénito aún se hacía desear, y una aparente paz doméstica que ignoraba los silencios tensos que aún poblaban la habitación principal. A pocos kilómetros de allí, en la otra orilla del Bósforo, los Öztürk celebraban su propio triunfo. El primogénito varón de Lale y Arkan había llegado un año antes, demost
—No voy a romper mi amistad con ella. No quiero que se sienta sola cuando la sociedad se vuelva un tribunal implacable. Deberías hacer lo mismo, es una forma de protegerla también. —No esperes esa acción de mi parte, Melani. Yo no tolero las traiciones —sentenció su esposo abandonando la habitación. Melani no lo detuvo, se limitó a seguirle con la mirada. Una semana después la noticia del compromiso entre Arkan Öztürk y Lale Çelebi inundaron las noticias como pólvora en masa. La mansión Köksal sintió el peso del giro inesperado y Fatma Hanım sintió el golpe seco a su ego. La joven que había rechazado, terminaría siendo la esposa del rival directo de los Köksal y por lo tanto un peligro latente en su idea de hacer grande el apellido Köksal. —Burak —llamó con una voz severa —¿Hasta cuando vas a postergar el compromiso con Bahar? Ya no eres tan joven. La familia Aksoy tienen mayores influencias que los Çelebi. Si quieres construir tu propio nombre, sabrás muy bien quien te
—¿Te volviste loco? ¡Es la exprometida de Burak Köksal.! ¡La hermana del mejor amigo de Aras.! ¿Quieres armar un escándalo? —Dejando a un lado lo demás, ella es solo una Çelebi. Y nosotros no tenemos problemas con ellos. —¡Aún así, es una provocación! —¿Quieres nietos o no? Ella es mi elección y está a la altura de ser la señora Öztürk. —No necesitas consultarnos, hijo mío. Confiamos en tu decisión. A quien elijas será bienvenida —sentenció el padre, dando por terminada la discusión. —Anne, recuerdo bien que te llevabas bien con la señora Mihrimah, sería buen momento empezar a hacer visitas. Al otro lado de la orilla, sentadas frente a los ventanales que devolvían el reflejo plomizo del Bósforo, el silencio entre Melani y Lale tenía el peso de una sentencia no pronunciada. El café turco en las tímidas tazas de porcelana fina se enfriaba sin que ninguna hiciera el amago de beber. Melani sostenía la suya con la yema de los dedos, observando a Lale con absoluta perpl
—Tienes razón— Dejó caer los hombros en un suspiro fingido de fastidio, rozándole el pecho con la yema de los dedos en una caricia deliberadamente provocadora —Me atrapaste ¿Eso tiene consecuencias? Un destello oscuro cruzó la mirada de Aras. Dio un paso al frente, acorralándola sutilmente contra la pared del pasillo, y la atrajo de la cintura con una posesividad implacable, estampando un beso hambriento y profundo sobre sus labios que le robó el aliento. Fue una promesa cruda, un adelanto de lo que pensaba cobrarle en cuanto cruzaran la puerta. Melani sintió el suelo tambalearse bajo sus pies, atrapada entre el fuego que él encendía con tanta facilidad y la bomba de tiempo que acababa de dejar encerrada a pocos metros. A duras penas, con el pulso desbocado y los labios ligeramente hinchados, le sostuvo la mirada, separándose apenas lo suficiente para morderse el labio inferior con una picardía calculada. —Aquí no, Aras —murmuró contra su boca, rozando su lóbulo con una lenti
Mientras Melani erguía un muro invisible para blindar el futuro de su hija, los cimientos de su propio círculo íntimo comenzaban a agrietarse. Las exigencias de la nueva vida corporativa y la maternidad habían espaciado los encuentros, pero la complicidad con Lale seguía intacta; o al menos eso era lo que Melani creía, hasta que sus propios ojos la desmintieron desde la mesa de un exclusivo restaurante en Nişantaşı. A pocos metros de ella, bajo la tenue iluminación ambiental, vio cómo Arkan Öztürk se inclinaba con una intimidad inconfundible para acomodarle un pañuelo de seda alrededor del cuello. —Estoy viendo mal —murmuró Melani, conteniendo el aliento, incapaz de apartar la vista mientras los dedos de su mano derecha se cerraban con fuerza sobre el borde del mantel. —¿Qué cosa? —preguntó Aras, ladeando el rostro con curiosidad, los músculos del cuello tensándose a punto de girarse hacia donde miraba su esposa. El instinto de supervivencia de Melani se activó al instante.







