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Oxígeno

Author: Coral
last update publish date: 2026-04-05 10:14:40

Melani Fernández

Llegar a mi edificio suele ser el momento en que finalmente suelto los hombros, pero hoy los sentí más tensos que nunca. Mientras cruzaba el pequeño jardín de la entrada y saludaba al portero, tuve esa sensación punzante en la nuca. No era paranoia; era instinto.

Al cerrar la puerta tras de mí, no experimenté la liberación habitual. Dejé las llaves sobre la consola de la entrada y caminé hacia el ventanal que daba a la calle arbolada.

​Había algo en el aire. Una vibraci
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  • Flores de un Invierno Ajeno    Intereses de alcoba

    Aras Köksal ​—Tuve que atender algo que no estaba en la agenda —respondió caminando hacia nosotros. ​—¿Como qué? —repliqué, sabiendo perfectamente de qué se trataba. Ella me observó con cautela antes de darme un beso con un suspiro. ​—Estoy segura de que mi esposo, jefe y padre de mis hijos ya lo sabe. Me asearé primero y hablaremos. ​—No tardes —añadí, sintiendo el pulso acelerado ante lo inminente de la conversación. ​Boran, mi príncipe, por fortuna es muy tranquilo. A diferencia de nuestra primera experiencia, esta etapa la llevamos mejor. Mientras el murmullo del agua comenzaba a filtrarse desde el baño, me encargué de acomodar al pequeño en su cuna con gestos automáticos, dejando que el silencio de la habitación me preparara para el terreno que pisábamos. ​Mientras la esperaba, repasé mentalmente la información de esa embarcación. Mi esposa, todo este tiempo, aparte de trabajar en la empresa, asistía a los eventos sociales de mi madre, pero jamás asomó un interés genu

  • Flores de un Invierno Ajeno    La firma póstuma

    ​Melani Fernández ​—Imposible...— susurré sin apartar mis ojos de la pantalla. Debía ser otra de las suyas. Miré a mi alrededor buscando algún rastro de él, pero solo había silencio. En el centro había una pequeña mesa; me acerqué todavía incrédula y, sobre ella, descansaba una carpeta negra. No dudé en tomarla y abrirla. La nota en la primera hoja terminó de dejarme helada: «Cumplí con la promesa de cuidarte... como dije: hasta que la muerte nos separe». V.S. ​Por pura impresión dejé caer la carpeta. ¿Qué había pasado? ¿Cuándo? No era así como se suponía que debían terminar las historias de personas que un día lo habían significado todo; no con un adiós tan abrupto, tan ajeno a las leyes del tiempo que uno asume. ​Sin poder evitarlo, una lágrima solitaria brotó de mis ojos, más fruto del vértigo que de la pérdida. ​Una sombra se proyectó sobre la mesita, interrumpiendo el eco de mis propios pensamientos. ​Alcé la vista de golpe, conteniendo el aliento. No esperaba ver a nadie ah

  • Flores de un Invierno Ajeno    Karibiksehnsucht

    ​Casi al mismo tiempo, en la sala de juntas del holding Köksal, se mantenía esa atmósfera de hermetismo donde el aire parecía más pesado. Aras repasaba con la vista la última línea del documento oficial antes de firmar con trazo firme. Al otro lado de la mesa, el enviado principal de los astilleros Von Seidl cerró su maletín de cuero con un clic seco que resonó en la estancia. ​No hubo sonrisas corporativas. El emisario permaneció con las manos juntas sobre la caoba pulida, observando cómo Aras apartaba la pluma. ​—Queda renovado por el periodo estándar —dijo el austríaco, con una sobriedad que no ocultaba un trasfondo de pesadumbre—. Aunque debo informarle, señor Köksal, que esta es la última agenda firmada directamente bajo las directrices del señor Diego Von Seidl. El próximo encuentro semestral se llevará a cabo en Viena. Y es altamente probable que el marco operativo sufra modificaciones sustanciales bajo la nueva administración del consejo y la familia. Le sugeriría que sea

  • Flores de un Invierno Ajeno    Meine Karibik

    Cinco años en el mundo de los grandes imperios de Estambul no transcurren en silencio; se miden en torres de acero levantadas, en cuotas de mercado ganadas a sangre fría y, sobre todo, en la sangre que asegura el mañana. ​La mansión Köksal había cambiado su ritmo con la llegada del nuevo heredero. El nacimiento del segundo hijo de Aras y Melani; un varón robusto y de mirada severa, había provocado que el semblante de Fatma terminara de suavizarse por fin, encontrando en el niño la validación dinástica que tanto había exigido. Para la matriarca, el orden natural del mundo se había restablecido: un varón para Aras, el respaldo de los Aksoy a través del matrimonio de Burak, cuyo primogénito aún se hacía desear, y una aparente paz doméstica que ignoraba los silencios tensos que aún poblaban la habitación principal. ​A pocos kilómetros de allí, en la otra orilla del Bósforo, los Öztürk celebraban su propio triunfo. El primogénito varón de Lale y Arkan había llegado un año antes, demost

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    —No voy a romper mi amistad con ella. No quiero que se sienta sola cuando la sociedad se vuelva un tribunal implacable. Deberías hacer lo mismo, es una forma de protegerla también. —No esperes esa acción de mi parte, Melani. Yo no tolero las traiciones —sentenció su esposo abandonando la habitación. Melani no lo detuvo, se limitó a seguirle con la mirada. Una semana después la noticia del compromiso entre Arkan Öztürk y Lale Çelebi inundaron las noticias como pólvora en masa. La mansión Köksal sintió el peso del giro inesperado y Fatma Hanım sintió el golpe seco a su ego. La joven que había rechazado, terminaría siendo la esposa del rival directo de los Köksal y por lo tanto un peligro latente en su idea de hacer grande el apellido Köksal. —Burak —llamó con una voz severa —¿Hasta cuando vas a postergar el compromiso con Bahar? Ya no eres tan joven. La familia Aksoy tienen mayores influencias que los Çelebi. Si quieres construir tu propio nombre, sabrás muy bien quien te

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    ​—¿Te volviste loco? ¡Es la exprometida de Burak Köksal.! ¡La hermana del mejor amigo de Aras.! ¿Quieres armar un escándalo? ​—Dejando a un lado lo demás, ella es solo una Çelebi. Y nosotros no tenemos problemas con ellos. ​—¡Aún así, es una provocación! ​—¿Quieres nietos o no? Ella es mi elección y está a la altura de ser la señora Öztürk. ​—No necesitas consultarnos, hijo mío. Confiamos en tu decisión. A quien elijas será bienvenida —sentenció el padre, dando por terminada la discusión. —Anne, recuerdo bien que te llevabas bien con la señora Mihrimah, sería buen momento empezar a hacer visitas. ​Al otro lado de la orilla, sentadas frente a los ventanales que devolvían el reflejo plomizo del Bósforo, el silencio entre Melani y Lale tenía el peso de una sentencia no pronunciada. ​El café turco en las tímidas tazas de porcelana fina se enfriaba sin que ninguna hiciera el amago de beber. Melani sostenía la suya con la yema de los dedos, observando a Lale con absoluta perpl

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