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Capítulo 8

Autor: Echo
No me llevaron a casa. Me arrastraron a un edificio común y corriente a las afueras de la ciudad. Una pesada puerta de acero se abrió y entramos a un casino clandestino. El aire estaba cargado de humo, sudor, sangre y desesperación.

—Bienvenida al verdadero mundo de la familia Blackwood —dijo Dante dándome un empujón hacia adelante.

En una esquina del casino, unos golpeadores les estaban pegando a varios apostadores que no habían podido pagar sus deudas. El sonido de los huesos al romperse se escuchaba con una claridad que daba asco, y la sangre manchaba las paredes mientras los hombres gritaban. Sentí una fuerte náusea y me cubrí la boca con ganas de vomitar.

—¿Qué te pasa? ¿Tienes miedo?

Marco se rio con burla.

—Esto es un día cualquiera para la mafia, Rose. Si no puedes con esto, ¿qué te hace pensar que puedes ser una Blackwood?

—Yo...

Intenté darme la vuelta para irme, pero los dos me bloquearon el paso.

—Te vas a quedar aquí hasta que amanezca —dijo Dante con una voz pesada—. Este es tu castigo por intentar lastimar a Isabella. Y es una lección para que veas lo que es la crueldad en serio.

—¡No! No soporto ver sangre... ¡Me voy a desmayar!

Negué mientras el pánico me cerraba la garganta.

—Pues desmáyate, dijo Marco restándole importancia con un gesto. Te desmayas, te despiertas y te vuelves a desmayar. Ya te vas a acostumbrar.

Ignoraron mi trauma, todo el acoso que sufrí en el pasado y mi estado físico. En ese lugar, lleno de violencia y sangre, me desmayé una y otra vez, solo para que me despertaran con un chorro de agua helada. Cada vez que me desplomaba, alguien me pateaba o me echaba agua para obligarme a estar despierta.

Pasé toda la noche en ese ciclo de perder el conocimiento y ser despertada bruscamente. El odio que sentía por esos dos hombres creció dentro de mí como un veneno que recorría mis venas. Para cuando amaneció, estaba tan débil que ni siquiera podía mantenerme en pie.

—¿Me puedes hacer un favor?

Logré sujetar a uno de los hombres de Dante.

—Ve al hospital... busca el anillo de mi abuela. Puede que esté en el piso, allá abajo...

El hombre me miró con cierta lástima, pero rápidamente negó.

—Lo siento, señorita Rose. No puedo desobedecer las órdenes del jefe, y no me conviene quedar mal con la señorita Isabella.

Todos se negaron a ayudarme.

Tuve que arrastrar mi cuerpo molido y agotado fuera del casino para caminar hacia el hospital. Cada paso era un suplicio, pero tenía que encontrar ese anillo. Cuando por fin llegué al hospital, sin aliento, el personal de limpieza ya estaba trabajando.

—Oiga, disculpe, le pregunté a uno de ellos. ¿De casualidad vio que ayer se cayera algo pequeño de los pisos de arriba? Era un anillo antiguo...

El empleado se detuvo y me miró con pena.

—Señorita, la basura de anoche ya se la llevaron al basurero municipal. A estas alturas, lo más probable es que...

Mi mundo se vino abajo. El único recuerdo que me quedaba de mi abuela se había ido para siempre.
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    El tiempo se detuvo. El cuchillo bajaba a mi pecho.—¡Cuidado!Marco se lanzó frente a mí y recibió la puñalada en la espalda.—¡AHHH! —gritó Isabella. Sacó el cuchillo ensangrentado y se abalanzó contra Dante, cortándole el brazo.—¡Muéranse! ¡Muéranse todos! —chillaba mientras movía el cuchillo con desesperación.De pronto, una figura atravesó a la gente. Grité.En un parpadeo, Alex desarmó a Isabella y la sometió contra el suelo.—¡Llamen a una ambulancia! —gritó alguien.Marco estaba tirado en un charco de sangre. Tenía la cara pálida, pero no me quitaba la mirada de encima. —¿Estás bien?Dante se apretaba el brazo sangriento con la misma mirada de preocupación.Los paramédicos los subieron a las camillas. —Perdóname... —susurró Marco mientras estiraba la mano para alcanzarme.Los miré, pero les di la espalda y caminé hacia Alex.Él me tocó la cara con suavidad. —¿Tienes miedo?—Estoy bien. Estás aquí —le dije, apoyando la cabeza en su pecho.Al cerrarse las puertas de la ambula

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