Home / Fui el último en enterarme. / Capítulo 1 La mentira terminó por desmoronarse.

Share

Fui el último en enterarme.
Fui el último en enterarme.
Author: Frost Kibble

Capítulo 1 La mentira terminó por desmoronarse.

Author: Frost Kibble
Perspectiva de Seraphina

—Summer, la voz de tu novio es increíble. Se nota que te consiente mucho.

El director de operaciones, sentado junto a Summer, fue el primero en romper el incómodo silencio que se había apoderado del salón.

Summer se sobresaltó y casi dejó caer el teléfono en el plato. Trató de colgar enseguida, pero sus dedos temblaban tanto que le costó dos intentos lograrlo.

—Eh… a mi novio simplemente le gusta usar apodos cariñosos.

Mantuvo la cabeza baja y respondió en un susurro apenas audible, incapaz de sostener mi mirada.

—¿Por qué avergonzarse? Aquí todos somos adultos —soltó Leo, de Recursos Humanos, con una sonrisa maliciosa, mientras paseaba la mirada de una a otra.

Tomé mi vaso de agua y di un pequeño sorbo. Hacía rato que se había enfriado. Al deslizarse por mi garganta, despertó aquella familiar molestia que llevaba un tiempo sintiendo en el estómago.

—Sí… es muy tierno.

Dejé el vaso sobre la mesa y fijé la mirada en los nudillos pálidos de Summer.

—El señor Brooks siempre se muestra tan serio en el trabajo… Nunca habría imaginado que tuviera un lado tan cariñoso en privado.

El silencio volvió a apoderarse de la sala.

Todos habían reconocido la voz de Conrad. Al fin y al cabo, llevábamos años trabajando juntos. Su tono frío y mesurado en las reuniones directivas era demasiado familiar para que alguien pudiera confundirlo.

Sin embargo, nadie se atrevió a decirlo en voz alta.

—Seraphina, debiste escuchar mal. Esa voz no era la del señor Brooks.

Summer levantó la cabeza de golpe. Tenía los ojos enrojecidos.

—La voz de mi novio se parece un poco a la del señor Brooks. Nada más.

Se apresuró a justificarse mientras retorcía el borde de su blusa con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

—Quizá sí escuché mal.

Saqué una servilleta y me limpié con calma la comisura de los labios.

—Después de todo, el señor Brooks está de viaje de negocios. A estas horas debería estar volando desde Valoria.

Sostuve la mirada de Summer. Mi voz sonaba tan tranquila que hasta yo misma me sorprendí.

—Claro, claro. El señor Brooks fue a Valoria. Tú deberías saberlo mejor que nadie, Seraphina.

Varios compañeros aprovecharon la oportunidad para aliviar la tensión y desviaron la conversación hacia otro tema.

Durante el resto de la cena, todos hicieron lo posible por mantener un ambiente relajado y alegre. Summer se excusó diciendo que iba al baño, pero nunca regresó.

Cuando llegó el momento de pagar la cuenta, saqué el celular. En la pantalla apareció un mensaje de WhatsApp de Conrad.

«Ya aterricé. Descansa».

Me quedé mirando el mensaje durante un largo rato.

Poco a poco, la vista se me nubló. Aquella voz dulce y empalagosa no dejaba de resonar en mi cabeza, repitiendo aquel apodo cariñoso.

No respondí.

Apagué la pantalla y, al salir del restaurante, el aire frío de comienzos de primavera me envolvió de inmediato.

—Seraphina, ¿quieres que te lleve a casa?

El director de operaciones bajó la ventanilla. En sus ojos brillaba una mezcla de compasión y curiosidad.

—No, gracias. Necesito caminar un poco.

Me ajusté el abrigo y me alejé en dirección contraria. Las luces de la calle proyectaban mi sombra alargada sobre el pavimento.

El dolor en el estómago se intensificó, como si unas cuchillas oxidadas me desgarraran por dentro una y otra vez.

Me detuve y apoyé la espalda contra la corteza rugosa de un sicomoro al borde de la acera. Revolví en el bolso hasta encontrar los analgésicos y me tomé dos sin agua, dejando que el sabor amargo se deslizara por mi garganta.

Siete años atrás, Conrad había bebido hasta provocarse una hemorragia gástrica mientras intentaba conseguir financiación para la empresa.

En plena madrugada, lo llevé al hospital y permanecí a su lado hasta el amanecer.

En aquel entonces, me había apretado la mano con los ojos enrojecidos.

—Seraphina, cuando la empresa esté estable, te daré todo lo que tengo.

Ahora, la empresa no solo era estable: estaba a punto de salir a bolsa.

Y, sin embargo, él ni siquiera podía decirme la verdad.

El móvil vibró. En la pantalla apareció una notificación del banco: un cargo de doscientos ochenta mil dólares en la tarjeta adicional de Conrad.

El gasto correspondía a la joyería más exclusiva de la ciudad, una tienda donde había que esperar meses para conseguir una cita.

Observé la cifra en la pantalla y, curiosamente, sentí que el dolor comenzaba a desvanecerse.

No sentí rabia. Tampoco tristeza.

Solo quedaba ese profundo cansancio que se apodera de ti cuando colocas la última pieza del rompecabezas y, por fin, todo encaja.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Fui el último en enterarme.   Capítulo 10 Una vida sin redención.

    Mi funeral fue sencillo, tal como Clara había querido.—Ella siempre odió el ruido y el drama. No dejes que un montón de gente fingiendo llorar le arruine el último adiós.Clara sostenía mi urna entre los brazos mientras miraba con frialdad a Conrad, que permanecía de pie frente a mi lápida.Vestía un traje, pero estaba terriblemente demacrado. Tenía los ojos hundidos y la mandíbula cubierta de una barba oscura y descuidada.La lluvia caía suavemente desde el cielo gris.Conrad no llevaba paraguas. El agua fría le empapaba el cabello y se deslizaba por su cuello. A pesar de ello, no apartaba la mirada de la fotografía en blanco y negro de la lápida.En ella, aquella mujer llamada Seraphina Nightingale todavía lucía su dulce sonrisa.Pero nunca volvería a responder cuando él la llamara «mi amor».—Ya puedes irte.Después de dejar un ramo de campanillas sobre la tumba, Clara se volvió hacia Conrad y se lo dijo con frialdad.Él no respondió. Se inclinó lentamente y dejó que sus dedos temb

  • Fui el último en enterarme.   Capítulo 9 No volvamos a encontrarnos.

    Al final, ni todo el dinero de Conrad pudo comprarme la vida.Reunió a un equipo de los mejores especialistas en cáncer del mundo para que revisaran mi historial médico y los resultados de mis estudios. Sin excepción, todos negaron con la cabeza.—Señor Brooks… los órganos de la paciente ya están fallando por completo —dijo el médico encargado, de pie fuera de la habitación, con la voz cargada de gravedad—. A estas alturas, cualquier tratamiento agresivo solo le causaría más dolor. Debería prepararse para lo peor. Siendo realistas… solo le quedan unos días.Conrad se recostó contra la pared fría y se dejó resbalar lentamente hasta el suelo. Se cubrió el rostro con ambas manos y dejó escapar sollozos ahogados.Había acumulado cientos de millones y tenía suficiente poder como para decidir el destino de muchas personas. Pero no podía comprarme ni siquiera un día más de vida.Dentro de la habitación, cada vez pasaba menos tiempo despierta. La mayor parte del día permanecía sumida en un sue

  • Fui el último en enterarme.   Capítulo 8 Tu actuación me costó la vida.

    —Seraphina, ¿vas a volver conmigo?Conrad se arrodilló junto a la cama, apretando con fuerza mis manos frías entre las suyas. Su voz era tan ronca que apenas resultaba reconocible. Las lágrimas caían sobre las sábanas blancas, dejando pequeñas manchas oscuras.—Ya despedí a Summer. Puse todas las acciones de la empresa a tu nombre. Ya contacté a los mejores especialistas en cáncer del mundo. Podemos ir a Vandalia, a Helvia. Van a curarte. ¡Tienen que curarte, cueste lo que cueste!Continuó hablando sin cesar, aferrándose a cualquier cosa que creyera que podía arreglarlo todo. Dejé que me sostuviera la mano. No me resistí. Permanecí completamente inmóvil, sin siquiera alterar el ritmo de mi respiraciónLa brisa del mar entraba por la ventana, agitando mi cabello, ahora fino y quebradizo.—Conrad —dije por fin, con suavidad—. Me estás tapando el atardecer.Todo su cuerpo se quedó rígido.Me miró, sorprendido e incapaz de creer lo que acababa de oír.Esos ojos que antes solo reflejaban am

  • Fui el último en enterarme.   Capítulo 7 Demasiado tarde para arrepentirse.

    Los dedos de Clara se detuvieron sobre el teclado. Lentamente, levantó la mirada.Al observar al hombre frente a ella —los ojos enrojecidos, el rostro sin afeitar y la ropa desaliñada—, dejó escapar una risa helada.—¿Para quién estás representando ese papel de hombre desconsolado, señor Brooks?Se levantó y sostuvo la mirada de Conrad sin vacilar.—Lo que haga Seraphina no tiene nada que ver contigo.—Soy su novio —soltó, apenas conteniendo la rabia.—¿Novio?Clara tomó rápidamente un montón de papeles usados del escritorio y se los lanzó a la cara.Volaron por el aire; uno de los bordes le rozó la mejilla y le dejó una fina línea roja.—¿Y aún tienes el descaro de llamarte así?Todo su cuerpo temblaba de rabia.—Conrad, ¿recuerdas cuando pasó un año entero comiendo pan duro contigo porque no podían permitirse nada mejor?Los ojos se le llenaron de lágrimas.—Se destrozó el estómago ayudándote a salir adelante. En aquel entonces, ¿qué le prometiste? Dijiste que algún día le darías una

  • Fui el último en enterarme.   Capítulo 6 El momento en que la perdió.

    Narrador en tercera personaLas palabras de la enfermera dejaron a Conrad en un estado de profunda conmoción.Un zumbido se apoderó de sus oídos y el mundo pareció distorsionarse a su alrededor.—Repítalo —alcanzó a decir con voz ronca—. ¿En qué etapa?Su propia voz le sonó seca y extraña, incluso a él mismo.La enfermera frunció el ceño y giró ligeramente el monitor hacia él.—Adenocarcinoma gástrico avanzado, con metástasis extendidas por la cavidad abdominal.Lo miró con evidente desaprobación.—Señor, su estado era gravísimo. ¿Ninguno de sus familiares se dio cuenta?Conrad se quedó mirando el nombre de Seraphina en la pantalla, mientras la seguridad y la confianza de las que tanto se enorgullecía se desmoronaban por primera vez en años.—¿Estaba... sola cuando vino? —preguntó. El temblor de su propia voz resonó en el pasillo.—Sí —intervino un joven médico que pasaba por allí y se detuvo al oír la conversación—. Yo estaba de guardia ese día.El médico negó con la cabeza.—Soportab

  • Fui el último en enterarme.   Capítulo 5 La verdad que se negaba a creer.

    La mirada de Conrad se quedó fija en el informe, mientras un silencio inquietante se apoderaba de la sala. Sin darse cuenta, apretó el documento entre los dedos hasta arrugarlo.—Adenocarcinoma gástrico avanzado...Murmuró las palabras, seguidas de una risa amarga.—Seraphina, nunca dejas de sorprenderme.Arrojó el informe sobre la mesa, con la voz teñida de sarcasmo.—¿Qué no harías con tal de presionarme para que me case contigo?Siempre había visto en mí a una mujer dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de mantenerlo a su lado.Cualquier cosa.Sacó el teléfono y marcó mi número de memoria.Una voz automática y fría respondió:«El número marcado se encuentra apagado».La sonrisa de Conrad se desvaneció ligeramente. Se dirigió al dormitorio y abrió la puerta de golpe.Una parte del armario permanecía abierta. Faltaban algunas de mis prendas, pero todos los bolsos de diseñador que me había regalado seguían en su sitio. Las joyas no habían sido tocadas y los productos de cuidado pers

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status