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Capítulo 82

Author: Melissa
last update publish date: 2026-03-13 06:48:38

El veneno de la mentira

El pasillo del hospital, con su iluminación blanca y aséptica, parecía estrecharse sobre Alexander mientras caminaba de un lado a otro. Sus zapatos de diseñador emitían un chirrido constante contra el linóleo, un eco de su propia ansiedad. Para Alexander, que Victoria viviera no era solo una cuestión de afecto filial; era una cuestión de supervivencia. Si ella moría, el secreto de su esterilidad corría el riesgo de hundirse con ella o, peor aún, de quedar expuesto ante u
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    Alianzas en la penumbra y latidos divididosEl despacho de Alexander Blackwood permanecía sumido en una penumbra elegante, apenas fracturada por las luces cálidas de las lámparas de pie que proyectaban sombras largas sobre las paredes tapizadas de madera fina. Al cerrar la doble puerta, el bullicio y la tensión que reinaban en el salón de la mansión parecieron disiparse por completo, dejando un silencio denso y confidencial.Alexander caminó con pasos pausados hacia el mueble bar de caoba. Tomó una licorera de cristal cortado y vertió un chorro generoso de whisky de color ámbar en dos vasos de fondo grueso. Se giró sin prisa y caminó hacia la zona de los sillones, tendiéndole uno de los vasos al oficial de policía.Carlos lo tomó por la base, ofreciendo una breve inclinación de cabeza.—Gracias, señor Blackwood —dijo el oficial, apretando el cristal con firmeza.Alexander caminó hacia su imponente escritorio, apoyó el torso contra el borde de la madera y cruzó las piernas, sosteniend

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    Tormenta en la mansión y un juramento de fuegoEl imponente vestíbulo de la mansión Blackwood se hallaba sumido en un silencio denso y abrumador, apenas interrumpido por el leve chisporroteo de la chimenea encendida en la sala principal. El ambiente se sentía tenso, cargado de una anticipación sofocante.Alrededor de los elegantes sillones de terciopelo se encontraban reunidos todos los miembros de la familia. Julieta permanecía de pie cerca de la ventana, con los brazos cruzados y el rostro demudado por la preocupación; el oficial Carlos aguardaba erguido a un costado, con una carpeta bajo el brazo y una expresión de evidente incomodidad; mientras que Victoria y Arturo ocupaban el sofá central, sumidos en una penumbra de silencio y desazón. En el centro de la estancia, Elena caminaba de un lado a otro con pasos inquietos, con las manos entrelazadas y la mirada clavada en el suelo.El pesado portal de entrada se abrió de golpe, anunciando la llegada de Alexander. Sus pasos firmes y ap

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    Alexander contempló la tinta verde sobre la piel y sostuvo la mirada inquisitiva de la mujer.—Entonces debes picar bastante duro para dejar a tus enemigos completamente neutros, ¿oh me equivoco?La Cobra soltó una risita seca, entrecerrando los ojos con apreciación.—Siempre hago bien mi trabajo, guapo. Nunca dejo a un enemigo de pie si me dan la oportunidad.—Me alegra oír eso —dijo Alexander, dando un paso casi imperceptible hacia ella y bajando el tono de voz para que solo ella pudiera escucharlo—. Porque resulta que tengo un trabajo para ti.La mujer alzó una ceja, interesada de inmediato. La postura desafiante dio paso a una actitud analítica y calculadora.—¿Un trabajo? —preguntó La Cobra en un murmullo—. A ver... habla. ¿Qué hay que hacer?Alexander se acercó un poco más, manteniendo una expresión serena que contrastaba drásticamente con la oscuridad de sus palabras.—Se trata de una nueva reclusa que acaba de ingresar. Quiso matarme a mí y destruir a mi familia, y ahora está

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