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HAZME TUYA
HAZME TUYA
Autor: H.Z

"QUIERO LA POLLA DE PAPÁ"

Autor: H.Z
last update Fecha de publicación: 2026-04-30 05:49:42

CAPÍTULO 1

**Me masturbé pensando en mi suegro**

Mi esposo, Ethan, roncaba a mi lado, completamente dormido después de nuestro patético intento de sexo. Si es que a tres minutos de él gruñendo encima de mí se le podía llamar "sexo". Se dio la vuelta, murmuró "te amo" y se desmayó antes de que pudiera fingir que lo había disfrutado.

Me quedé allí tumbada en la oscuridad, mirando al techo, sintiendo ese dolor familiar entre los muslos que mi esposo ya nunca parecía satisfacer.

Deslicé la mano bajo las sábanas.

No estaba pensando en Ethan. Hacía meses que no pensaba en él durante el sexo. No. El hombre que atormentaba mis fantasías, el que hacía que mi coño se apretara con solo una mirada, era alguien a quien no tenía derecho a desear.

David.

Mi suegro.

Dios, solo pensar en su nombre me ponía cachonda.

Tenía cuarenta y ocho años, recién divorciado, y era todo lo que Ethan no era. Imponente. Seguro de sí mismo. El tipo de hombre que te miraba como si pudiera ver a través de tu ropa y supiera exactamente lo que necesitabas.

La semana pasada, en su casa, me rozó en la cocina. Su mano pasó por mi espalda baja, demasiado abajo para ser accidental. Sentí su aliento caliente en mi oreja cuando se inclinó para coger una copa de vino del armario de arriba.

"Disculpa, cariño", murmuró, y la forma en que lo dijo me hizo temblar las rodillas.

Había sentido sus ojos sobre mí toda la noche. Observándome. Hambrientos.

Mis dedos se movían más rápido ahora, rodeando mi clítoris mientras dejaba que la fantasía me dominara.

En mi mente, Ethan no estaba allí. Solo estábamos David y yo en esa cocina. Me arrinconaba contra la encimera, con esos ojos oscuros clavados en los míos.

"Me has estado provocando", gruñó. "Caminando por mi casa con esos vestiditos ajustados, agachándote, poniéndole una erección a papá en las cenas familiares."

Me mordí el labio para ahogar un gemido.

"Veo cómo me miras, nena. Como si tuvieras hambre de algo que tu marido no te puede dar."

Su mano se deslizaba por mi muslo, bajo el vestido, y me encontraba ya empapada.

"¿Sin bragas? Joder, sí que eres una guarrilla, ¿verdad?"

Me lo imaginaba dándome la vuelta, doblándome sobre el mismo mostrador donde habíamos charlado del tiempo. Me subiría el vestido y me abriría las piernas con la rodilla.

"¿Quieres la polla de papá? Pues pídela."

"Por favor", gemía en mi fantasía. "Por favor, papá, la necesito tanto..."

No me haría esperar. Me embestiría, grueso, duro y todo lo que había estado deseando. Su mano me rodearía el cuello, atrayéndome hacia su pecho.

"¿Mi hijo te folla así? ¿No? Eso es porque no sabe la puta con la que se casó."

Mis dedos estaban empapados y mis caderas se mecían contra mi mano. Apreté la cara contra la almohada para amortiguar los sonidos que no podía contener.

"Ahora me perteneces", gruñiría David en mi oído. "No a él. A mí. Dilo."

"Tuya, papá. Soy tuya..."

El orgasmo me golpeó con fuerza. Todo mi cuerpo se tensó mientras oleadas de placer me recorrían. Me corrí en silencio, mordiendo la almohada, con el nombre del padre de mi marido en la punta de la lengua.

La vergüenza me inundó inmediatamente después. ¿Qué demonios me pasaba?

Era el padre de Ethan. Mi suegro. Familia.

Pero Dios, no podía detenerme. Cada vez que veía a David, las fantasías empeoraban. Más detalladas. Más desesperadas.

Estaba jodida. Completamente, totalmente jodida.

Cogí mi teléfono de la mesita de noche, necesitando una distracción. Tal vez navegaría por las redes sociales hasta que estuviera lo suficientemente cansada como para...

Mi corazón se detuvo.

Había un mensaje de texto. De David.

David: ¿Tampoco puedes dormir?

La hora marcaba las 2:03 a.m. Tres minutos atrás.

Mis manos empezaron a temblar.

Tenía que ser una coincidencia. Solo un mensaje a altas horas de la noche. No podía saber lo que acababa de hacer, en qué había estado pensando.

¿O sí?

Me quedé mirando el mensaje, con el pulso martilleándome en los oídos. Debería ignorarlo. Borrarlo. Fingir que estaba dormida.

Pero mis pulgares ya se estaban moviendo.

Yo: No. ¿Tú?

Tres puntos aparecieron al instante. Estaba escribiendo.

David: Pensando en ti.

Joder.

Joder, joder, joder.

Esto estaba pasando. Esto estaba pasando de verdad.

Miré a Ethan, que seguía roncando tranquilamente, completamente ajeno. Mi corazón latía tan rápido que pensé que me iba a explotar en el pecho.

Otro mensaje llegó.

David: He estado pensando mucho en ti últimamente, Mia.

No podía respirar. Mis dedos flotaban sobre el teclado. Esto estaba mal. Tan mal. Debería decirle que parara. Poner límites. Ser la buena esposa que se suponía que era.

En cambio, escribí: No deberíamos estar mensajeándonos así.

David: Lo sé. Pero no puedo evitarlo. Dime que no estoy loco. Dime que tú también lo sientes.

La verdad pesaba en mi lengua. Podía terminar con esto ahora mismo. Salvarnos a los dos de cualquier camino peligroso que estuviéramos a punto de tomar.

Pero estaba tan cansada de ser buena. Tan cansada de ser invisible, insatisfecha, poco amada.

Yo: No estás loco.

Tres puntos. Luego:

David: ¿Qué llevas puesto?

Mi coño se apretó. Esto estaba pasando de verdad.

Miré hacia abajo: una fina camiseta de tirantes, sin sujetador, solo bragas. Mis pezones todavía estaban duros por el orgasmo de hacía unos minutos.

No debería. Dios, absolutamente no debería.

Pero tomé una foto de todos modos. Nada demasiado revelador, solo lo suficiente para mostrar el contorno de mis pechos a través de la tela, mis pezones endurecidos visibles en la luz tenue.

La envié antes de poder arrepentirme.

La respuesta fue inmediata.

David: Joder, Mia. Eres tan hermosa. Quiero arrancarte eso con los dientes.

El calor me invadió, acumulándose entre mis piernas otra vez. Ya me estaba mojando de nuevo, mi cuerpo respondiendo a sus palabras de una forma que nunca respondía a Ethan.

Yo: Dime qué más me harías.

Apenas me reconocía. ¿Era realmente yo? La buena chica Mia, mensajeándose con su suegro a las dos de la mañana, pidiéndole que le describa cómo la follaría.

Su respuesta me dejó sin aliento:

David: Te empujaría contra la pared. Te besaría hasta que no pudieras respirar. Mi mano se deslizaría dentro de esas bragas y te encontraría empapada para mí, ¿verdad?

Yo: Sí.

David: Te haría rogar por ello. Te haría decir "por favor, papi" antes de tocarte como es debido. Luego te doblaría sobre mi sofá y te follaría tan fuerte que olvidarías que estás casada con mi hijo.

Me estaba tocando otra vez, leyendo sus palabras una y otra vez, imaginando cada segundo.

Yo: Quiero eso. Dios, lo quiero tanto.

Hubo una pausa. Luego:

David: Mañana. Ven a mi casa. A las 2 p.m. Ethan estará en el trabajo.

Este era el punto de no retorno.

Podía decir que no. Podía ser inteligente, ser segura, ser buena.

O podía tener lo que había estado deseando durante meses.

Yo: Allí estaré.

David: Buena chica. Ahora tócate pensando en papá y duerme un poco. Vas a necesitar energía mañana.

Dejé el teléfono con las manos temblorosas, el corazón acelerado, el coño palpitando.

Mañana, todo cambiaría.

Mañana, me convertiría exactamente en el tipo de mujer que siempre había juzgado.

Y que Dios me ayude, no podía esperar.

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Comentarios (3)
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Marilyn Yauri Herrera
esta interesante
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Yanira Baires
Mmm está emocionante
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anita gomez
exquisito relato... ojalá no lo eches a perder en el camino .... felicidades
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