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Author: G.o
last update publish date: 2026-09-28 21:06:00

LO QUE SOBREVIVE A LA CAÍDA

ISLA

Los analgésicos mienten. Son unos putos mentirosos descarados.

No eliminan el dolor; negocian con él. Desdibujan los bordes, disminuyen los gemidos, pero dejan intacta la verdad.

Lo aprendí pasada la medianoche, cuando el retiro había quedado en silencio y mi tobillo palpitaba como si tuviera un corazón propio.

Miré fijamente al techo, contando las grietas que no había notado antes.

Hoy era el día establecido para la audiencia disciplinaria de Jade y, en algún l
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  • HIELO PROHIBIDO: RECLAMANDO A LA HERMANA DEL CAPITÁN   125

    ENTRE EL PLACERISLAYa lo he dicho antes y lo repetiré otra vez. Solo hace falta un milisegundo para caer desde el cielo al infierno. Y volví a experimentarlo.Un segundo estábamos demasiado cerca, respirando el uno el aroma del otro como si el aire pudiera acabarse. Al siguiente, las manos de Ellis volvieron a estar sobre mí. Al principio fueron cuidadosas, como si todavía estuviera pidiendo permiso incluso después de que yo ya se lo hubiera dado.—Ellis —susurré su nombre, dándole a entender que tuviera cuidado con lo que estaba haciendo y con la manera en que lo hacía.—Lo sé —murmuró él, con la palma apoyada sobre mi trasero—. Lo sé.Nos movimos juntos lenta y torpemente, como dos personas aprendiendo un idioma que hasta entonces solo habían hablado en su mente. Si querías una versión más delicada y precisa de Rowan, entonces Ellis era tu hombre. El tipo tenía un talento de puta madre.Un gemido fuerte escapó de mi boca, uno que apenas tuvo tiempo de desaparecer antes de que mi t

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    UN PLACER BIEN MERECIDOISLAPasar unos meses con Ellis y su grupo había sido todo el entrenamiento que necesitaba para reunir valor. Unos meses atrás, jamás habría sido capaz de mirar a un chico a los ojos, mucho menos habría tenido el descaro de decirle que se follara hasta dejarme incapaz de caminar.—¿Estás segura de lo que acabas de decirme? Porque no voy a parar si me pides que lo haga.Para demostrarle que hablaba en serio, dejé que mis manos bajaran hasta su cintura y agarré su miembro, ya completamente erecto.—¿Parezco alguien que quiera piedad?Una pequeña sonrisa apareció en sus labios y, antes de que pudiera asimilar lo que estaba pasando, sus manos rodearon mi garganta y me atrajeron aún más hacia él, apretando con fuerza.Y, joder… ¿me encantaba?—Bien. Porque mis ojos y mis oídos están ciegos y sordos ante la piedad.Sus labios volvieron a chocar contra los míos, su lengua encontrándose bruscamente con la mía mientras su otra mano libre se posaba sobre mi trasero, clav

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    LÍNEAS CRUZADASELLISCerrar la puerta con llave quizá había sido un error.O la decisión más inteligente que había tomado en toda la semana.Cuando escuché el clic de la cerradura, fue como un recordatorio de lo que estaba a punto de suceder.Isla no podía dejar de mirarme y la expresión en sus ojos gritaba miedo e incertidumbre.Algo parecido a la consciencia de que algo estaba a punto de pasar.Era como si se estuviera preparando para algo que todavía no comprendía.Y eso no era lo que yo pretendía.Me quedé junto a la puerta, mirándola sin acercarme de inmediato.Estaba descalza sobre el suelo de madera.Apoyaba el peso de manera desigual, favoreciendo claramente el tobillo que estaba sanando.Tenía el cabello suelto, cayéndole alrededor del rostro en suaves ondas, y había algo más tranquilo en ella ahora.Aquello mismo que me había hecho enamorarme de ella el primer día que me fijé en ella.—¿Estás bien? —pregunté en lugar del discurso que había ensayado y descartado una docena d

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    LA CALMA DESPUÉSISLASea cual sea el fenómeno más extraño que puedas imaginar, espera a tener que recuperarte de una lesión grave.La recuperación, en sí misma, era extraña.No era dramática como el dolor. No había bordes afilados ni explosiones esperando suceder.Solo un largo y obstinado período de tiempo en el que tu cuerpo insistía en recordarte que no eras inmortal.Mi tobillo sanó como lo hacen los rencores: lentamente, con un dolor sordo que volvía a aparecer cuando exigías demasiado.Ahora sé cómo se sintió Rowan cuando se rompió la rodilla.Y los días que siguieron se mezclaron unos con otros.Compresas de hielo. Analgésicos. Muletas que odiaba, pero necesitaba.Sonia preocupándose por mí como una gallina con sus polluelos y fingiendo que no estaba furiosa cada vez que aparecía el nombre de Jade.Noah preguntando cómo estaba, siempre cuidadoso, siempre rondando en los límites de la culpa.Rowan manteniéndose a distancia, pero nunca demasiado lejos.Creo que no sabe cómo ser

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    LO QUE SOBREVIVE A LA CAÍDAISLALos analgésicos mienten. Son unos putos mentirosos descarados.No eliminan el dolor; negocian con él. Desdibujan los bordes, disminuyen los gemidos, pero dejan intacta la verdad.Lo aprendí pasada la medianoche, cuando el retiro había quedado en silencio y mi tobillo palpitaba como si tuviera un corazón propio.Miré fijamente al techo, contando las grietas que no había notado antes.Hoy era el día establecido para la audiencia disciplinaria de Jade y, en algún lugar no muy lejos de allí, había personas decidiendo cuánto valía mi dolor.Espero que vean exactamente cuánto vale.La mañana llegó sin ceremonia.Llamaron a la puerta poco después de las siete.Dos golpes cortos que apartaron mi atención de la ventana.Ellis entró primero cuando Sonia abrió la puerta.Detrás de él venían dos miembros del panel disciplinario del retiro.No fue difícil reconocerlos cuando ya los había visto antes.Sus rostros eran neutrales, sus ojos agudos y llevaban carpetas a

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    LÍNEAS TRAZADAS CON SANGREISLAEl dolor tiene una forma extraordinaria de reducir el mundo a su mínima expresión.Para cuando el equipo médico llegó hasta mí, todo lo demás había desaparecido. Ya no podía ver las agujas de pino, el rostro de Jade ni las manos temblorosas de Lara. Solo existía el fuego que ardía en mi tobillo y la mano de Noah sujetándome, manteniéndome anclada al suelo y haciendo que el dolor fuera un poco más soportable.—Tranquila —murmuró uno de los paramédicos mientras se arrodillaba—. ¿Puedes decirme dónde te duele?Solté una risa débil, intentando restarle importancia a la situación.—Si no lo encuentras, me sorprendería.Noah soltó un resoplido bajo y entrecortado que podría haber sido una risa si no hubiera sonado tan cerca de quebrarse.Su mano permaneció firme alrededor de la mía mientras examinaban mi tobillo, con cuidado pero minuciosamente.Cuando uno de ellos presionó un poco más de la cuenta, unas manchas negras estallaron ante mis ojos.Estuve a punto

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