مشاركة

Capítulo 5

مؤلف: W S Alonso
last update تاريخ النشر: 2024-05-07 00:04:04

¿La encontraría? Sin duda. ¿La salvaría? Siempre.

 -Lauren Kate-

 

Chantal.

Bajo las cegadoras luces que se esparcían por todo el local, y la música electrónica de fondo.  Una mirada de hielo se perdía en el abismo negro de otra. Fue un acto involuntario que tardó segundos, pero para ellos se sintió como una eternidad. Chantal apartó la vista de él cuando Anne se acercó a la mesa con dos bebidas en las manos. 

—Siento la demora —sonriente explicó—, pero me bebí la mía en la barra. Es que el bartender estaba de maravillas. 

Las dos se carcajearon ante tal expresión, imaginaban a la rubia en pleno plan de conquista. 

—No hay problema —Amber tomó una copa—, pero para la próxima nos llevas—, bebió un largo sorbo— también tenemos derecho a disfrutar de lo bueno del lugar —la rizada rió ante tal comentario tomando la suya. 

Bebió de ella, casi hizo una mueca por lo amargo del contenido. Estaba muy fuerte y le bajaba por la garganta como si quemara, nunca había probado algo así. Si Anne quería embriagarlas, lo iba a lograr, pues no estaba segura de poder aguantar otra copa. 

Aquello iba contra toda creencia de ella. Se imaginaba borracha y no podía dejar de pensar en su madre, no quería acabar como ella. Puso el trago en la mesa, los recuerdos que le llegaban eran más amargos que el líquido que estaba en la copa. Se dirigió a Anne, que ya había tomado asiento, le preguntaría qué tenía aquel trago tan fuerte, pero la cara de la rubia era un poema. Miraba detrás de Chantal con un toque de asombro.

—Algo me dice que tus "jefes" vienen a saludarte, "Chanty" —la rubia se acomodó coqueta en su lugar. 

Amber casi se atraganta con su trago y Chantal, tras un largo suspiro de derrota, miró hacia atrás. La sonrisa de Derek iluminaba el ambiente. Con sus brazos abiertos se dirigía a la rizada para darle una extravagante saludo. Ambos hermanos con sus tres acompañantes estaban frente a ellas.

—¡Bella Chantal Robinson! —exclamó simpático. La rizada se puso de pie para recibir el saludo—. Nunca pensé encontrarte en un lugar así —la estrechó entre sus brazos, a lo que Dixon hizo una mueca y las otras tres chicas clavaron sus recelosos ojos en ella. 

—Vine a pasar el rato con unas amigas —le dijo cerca del rostro del rubio, pues la música estaba muy alta—. Ellas son Anne y Amber Brown, son mis mejores amigas y con quien comparto el piso —el chico les hizo un saludo cordial a ambas con su mano. —¡Pero mira que estás hermosa hoy! —le dijo mientras la observaba de arriba a abajo. 

Ante aquel comentario, ella sonrió apenada. Dixon rodó sus ojos y les dirigió, a ambos, una expresión gélida, de esas que hacen que te hiela el alma. Salió de aquel espacio y se dirigió a unas de las mesas que se encontraba en la zona privada de la disco, sus acompañantes le siguieron los pasos. 

—Vaya parece que mi hermano no está de buen humor hoy, para variar — le guiñó un ojo a la rizada. 

—Sí, eso parece —le dijo insegura, pues observaba como el idiota creído le sonreía a las chicas que le coqueteaban desmedidamente. 

—Bien, debo marcharme —expresó captando la atención de la rizada—, o Dixon no dejará nada para mí —volvió a guiñarle el ojo mientras se iba, a lo que Chantal le respondió con una tímida sonrisa. 

Desde su lugar veía todo el panorama relacionado con los hermanos. Les echaba miradas fugaces ¿Cómo no hacerlo? Si desde que se marcharon, Anne y Amber no habían parado de comentar lo guapos que eran. La rubia parecía una detective. Le decía todo lo que hacían los chicos, ya que al grupo de estos se juntaron otro par de muchachos, también muy atractivos, con otras tres chicas. Dentro de los nuevos inquilinos se encontraba uno en particular que fue un amor frustrado de Anne, por lo que ella no paraba de quejarse de lo ofrecidas que se veían sus acompañantes. 

Chantal se sentía una acosadora inconsciente. Miraba la escena, los cuatro hombres bebiendo, chicas cercas de ellos hablándoles coquetamente, otras bailando de modo sensual. No le parecía un delito, al menos no uno que estuviera en sus manos controlar. Además, ¿para qué lo haría? Ella no tenía ningún interés ni nada en contra de aquellas chicas como Anne. Aunque, que no podía entender, por qué a pesar de estar totalmente convencida de aquel hecho, sentía una leve molestia al contemplarlo. 

Tomó la copa que hace unos minutos había rechazado. Dixon le hablaba en el oído a una trigueña de cabellos lacios, muy hermosa, reía con sensualidad ante el comentario.

"Parece que solo se pasa de idiota conmigo", negó, no entendía por qué aquel absurdo comentario surcaba su mente. Confusa, tomó dos sorbos largos que le abrazaron la garganta. Amber reía ante lo rojo que se puso su rostro por el amargo líquido. De un tercer sorbo se terminó la copa. La cabeza le daba un poco de vueltas. Se había olvidado totalmente de toda su convicción ante el abuso de bebidas alcohólicas, aparentemente aquel idiota tenía el poder de hacer que ella actuase impulsiva. 

—Bueno, ya que te bebiste todo... pues a bailar —expresó la rubia tomándola del brazo, la rizada ni chistó al respecto. 

—¡Sí! —exclamó Amber feliz, mientras se dirigían al medio de la pista. 

La música era más embriagadora que el alcohol que le corría en sangre. No se fijaba en sus movimientos. Se movía al ritmo de ella como lo hacían las hermanas. Sentía el calor subir por su cuerpo. Sudaba entre la masa de personas. Se sentía relajada, desinhibida, sexy, con cada movimiento de caderas. 

Amber danzaba al rededor de ella. La tomaba de las manos y la hacía girar mientras reía torpemente. Anne había ido a la barra a coquetear con el bartender, por alejar de su campo de visión a aquel chico que le había hecho tanto daño. 

No pasó mucho tiempo cuando un chico alto y de cuerpo fornido se acercó a ambas, tomó a la castaña de la cintura, la colocó frente a él y se puso a bailar con ella sensualmente. Las manos de las chicas aún estaban sujetas por lo que ante tal acto, Chantal también cayó casi pegada al chico. Con un rápido reflejo este la tomó por sus caderas, haciendo que la espalda de la rizada rozara con la mitad de su atlético cuerpo que se movía al ritmo de la música. Chantal, desorientada, sabía que aquella situación se le había ido de las manos, su trasero rozaba a aquel chico que, con una avaricia extrema, mantenía a las dos amigas encima de él como si fueran trofeo de guerra. 

Se sentía avergonzada por ella y por Amber que ni siquiera se enteraba de la situación en la que se hallaba. Miró instintivamente hacia la zona VIP, el ambiente estaba cargado por allá, todos los chicos estaban en plan de más que amigos con las muchachas. Mas, solo el desagrado llegó a ella cuando sus ojos toparon con Dixon, este besaba a una rubia en el cuello, mientras la trigueña lacia bailaba provocativa frente a él. De forma seductora, él apartó sus labios húmedos de la chica, su mirada fría se posó sobre Chantal.

استمر في قراءة هذا الكتاب مجانا
امسح الكود لتنزيل التطبيق

أحدث فصل

  • Hablar de lo que ignoras.   Capítulo Extra.

    Chantal.Acababa de llegar de la clínica. Se sentía agotada, los últimos días del año el trabajo se hacía cada vez más arduo. Algunos pacientes recaían debido a su ingreso indefinido, y el hecho de no poder ir a ver a sus familias. Para otros era el recuerdo de que no tenían nada a qué aferrarse. Chantal recordaba cómo hacía más de siete años su madre había estado en esa misma posición, creyéndose sola y por ello les brindaba a cada uno de sus casos toda la ayuda y confort que podía. Ser psicóloga no era fácil, menos en un centro de rehabilitación y aislamiento, pero la hacía sentir viva el hecho de saber que su trabajo remendaba vidas y unía familias, justo como ella hubiera deseado que se reparase la suya. Aunque cada cosa estaba en su lugar hacía años, todavía se preguntaba qué hubiese pasado si los hechos hubieran ocurrido de manera diferente.Se escurrió la nieve de los rizos y colgó su bolso en el armario cerca de la puerta. Se quitó los zapatos, dejando un suspiro cargado de s

  • Hablar de lo que ignoras.   Capítulo 124: Epílogo.

    Epílogo.Tres años después.Chantal.Con la sábana de satén blanco cubrió su cuerpo desnudo, salió de la cama arrastrándola por todo el suelo alfombrado. Abrió la puerta de cristal transparente e inhaló el aroma de las rosas rojas que recién abrían en el balcón. Era un panorama perfecto, la Torre Eiffel resaltaba en el ambiente parisino. El clima tibio le recorría la piel, y la hacía sentirse de manera exquisita. Habían llegado la noche anterior, Dixon prácticamente la secuestró del centro de desintoxicación donde hacía sus pasantías. Ese año se graduaría y comenzaría a ejercer como Psicóloga junto al Doctor Garcés, para ayudar a personas como su madre, a salir del horrible abismo que era depender de las adicciones. Se sentía feliz, realizada, había vencido gran parte de sus miedos, y aunque todo su camino en los últimos años no había sido fácil, recorrerlo junto a Dixon, fue la fuerza necesaria que necesitaba para vencer las dificultades.Sus familias seguían en conflicto, pero apren

  • Hablar de lo que ignoras.   Capítulo 123

    Chantal.Caminaron por el amplio jardín hasta llegar al lado de una fuente. Dixon se puso frente a ella y comenzó a buscar dentro del bolsillo de su pantalón.—Quería dártelo antes, pero con todo esto no tuve oportunidad —sacó la pulsera de mariposas y tomó su muñeca para colocársela—. Solo se ve hermosa en ti.Chantal la admiró, los dijes resplandecían con los destellos que brindaban las luces del atardecer. Entonces, recordó a su abuela, y la esfera traslúcida que le había obsequiado junto a sus palabras:«... Todos necesitamos ese algo que nos haga brillar mi niña, recuerda, a esta vida venimos en una mitad, y nos dedicamos sin quererlo a buscar la otra que nos falta...»Chantal sonrió, par de lágrimas corrieron por sus mejillas. La había derribado, él, con todos sus defectos y virtudes, con esa maravillosa forma de quererla y de demostrarle lo que sentía. Dixon había echado su muralla abajo, la había estado agrietando desde ese momento en el que chocaron y su azul se acon el negr

  • Hablar de lo que ignoras.   Capítulo 122

    ChantalEl vestido de color rosa pálido se ajustaba a su cintura y caía holgado hasta las rodillas. Se aplicó labial para terminar su maquillaje, pero la sombra de la tristeza era lo que más se asomaba en su rostro. Pasaron varias horas y Dixon solo había venido a tomar su traje y explicarle que tendría que asumir el papel de padrino junto a Maggi. Debía estar en el altar con su padre, el cual no había dejado de beber desde que ambos hablaron. Él le contó todo lo que Daniel dijo, sin embargo, no se sentía feliz al respecto.Percibía que nadie en esa familia la quería cerca de Dixon, no la creían digna, o al menos así se sentía ella. Suspiró y se dio un último vistazo al espejo. Se veía bien, pero su complemento faltaba.Asistiría junto a Anne y Derek, que ya esperaban en el recibidor de la mansión. El rubio no estaba mucho mejor que ella, pero de igual forma le ofreció su brazo con una agradable sonrisa.Fueron al jardín principal. La tarde comenzaba a caer, pronto el cielo dibujaría

  • Hablar de lo que ignoras.   Capítulo 121

    Dixon.Sonoros pasos se escucharon a su derecha, haciendo que todos se giraran a la mujer que se movía con gracia de diosa sobre el piso pulido. Lidia llegó a ellos con una hermosa sonrisa. Se fijó en cada uno antes de saludar deteniéndose más de lo debido en contemplar a la rizada,cosa que dejó claro a Dixon que ella sabía quién era su novia y el apellido que cargaba.—Bienvenidos, pensaba que no iban a venir, ya estaba preocupada. Tú debes ser Derek —dijo al rubio—, en un placer conocerte.—Igualmente —respondió él con resequedad reparándola—, ella es Anne Brown, mi novia.—Un gusto —extendió su mano para saludar a la rubia quien imitó la acción.Dixon percibió el nerviosismo en Chantal cuando Lidia volvió a reparar en ella. Se aferró más a sus dedos, por lo que él le pasó el brazo sobre los hombros de forma protectora.—Ella es Chantal Robinson, mi novia.La mujer asintió intentando disimular una muequilla de desagrado que todos notaron. Él le dio una mirada con tintes gélidos deja

  • Hablar de lo que ignoras.   Capítulo 120

    Dixon.Sus cuerpos desnudos se enredaban sobre las sábanas grises, los gemidos ahogados a besos candentes desterraban el silencio de la habitación. Quería palpar cada espacio de su piel, recorrer los poros erizados que sucumbían ante el éxtasis. Las piernas temblorosas se aferraron a sus caderas a la vez que ella decía su nombre como quien reafirma el mayor de los placeres. La electricidad le recorrió el cuerpo al escuchar su voz, sus movimientos se hicieron más fuertes y profundos, haciéndolo soltar bufidos de gozo. Atrapó sus rizos en un puño tirando de ellos mientras el corrientazo amenazaba con romper en su dureza.—Mírame —le exigió en un murmullo.Ella abrió sus ojos y los conectó con los de él. Quería que esos abismos negros contemplaran su deseo, el brillo lascivo y genuino en su azul; ese que era solo por ella. La gloria fluyó como un descargue cargado de placer que lo hizo enterrarse más en la unión de ambos. Besó sus labios con premura, sellando lo mucho que disfrutaba cada

فصول أخرى
استكشاف وقراءة روايات جيدة مجانية
الوصول المجاني إلى عدد كبير من الروايات الجيدة على تطبيق GoodNovel. تنزيل الكتب التي تحبها وقراءتها كلما وأينما أردت
اقرأ الكتب مجانا في التطبيق
امسح الكود للقراءة على التطبيق
DMCA.com Protection Status