FAZER LOGINChristian KuriUn movimiento cerca de la puerta me hizo volver la cabeza.El despacho se abrió de pronto y Santi entró con una enorme sonrisa.—¡Tío, tío!La expresión del pequeño me provocó una punzada de nostalgia. Tenía algunos gestos de Marcelo, sobre todo cuando sonreía. Por un instante, fue como si estuviera viendo a mi hermano de niño.Me acerqué y lo recibí entre mis brazos. Lo levanté del suelo mientras él rodeaba mi cuello con los suyos.—Hola, campeón.—¡Te encontré!Sonreí y le di un beso en la mejilla.—¿Y eso? ¿Me estabas buscando?—Mi nana me dijo que estabas aquí. Quise venir a saludarte.—Hace apenas un rato que nos vimos.—Si, es verdad —se río, era la inocencia de un niño.Solté una pequeña carcajada. Santi me abrazó con más fuerza y apoyó la cabeza en mi hombro.No pude evitar sonreírle con ternura, aunque seguía consciente de la presencia de Briana a unos pasos de nosotros.—¿Y qué haces por aquí? —pregunté.El pequeño se separó lo suficiente para mirarme a la car
Christian KuriMe quedé observando a Briana sin saber qué responder.La mujer que tenía delante acababa de confesar que había utilizado una fotografía de mi esposa para provocar un escándalo y que, detrás de aquella decisión, estaban los sentimientos que aseguraba conservar por mí.No conseguía creerlo.Briana había sido una de las personas en las que más confiaba. Después de la muerte de Marcelo, había procurado que nunca le faltara nada. La consideraba parte de mi familia y, aunque nuestras vidas habían tomado caminos distintos, jamás imaginé que pudiera traicionarme de aquella manera.La lealtad siempre había sido innegociable para mí.No toleraba las mentiras ni las traiciones. Quien decidía cruzar esa línea debía asumir las consecuencias, sin importar quién fuera.Pero esta vez era diferente.Briana no era una empleada desleal ni un socio que hubiera intentado aprovecharse de mi confianza. Era la esposa de mi hermano, la madre de su hijo y una mujer a la que había prometido prote
Christian KuriLa residencia de mi madre apareció frente a mí pocos minutos después de abandonar la avenida principal.Estacioné el automóvil cerca de la entrada y bajé sin perder tiempo. Todavía tenía demasiadas cosas dando vueltas en la cabeza y ninguna me permitía encontrar una explicación razonable para lo que acababa de descubrir.Cuanto más lo pensaba, menos sentido tenía.Atravesé la entrada principal y encontré a una de las empleadas domésticas acomodando unos arreglos florales sobre una mesa.—Buenas tardes, señor Christian.—¿Mi madre está en casa?La mujer dejó lo que estaba haciendo y se acercó.—No, señor. La señora Lucrecia salió.Asentí.—¿Y Briana?—Está en la habitación del pequeño Santi. Se encuentran jugando.—Ve a buscarla. Dile que la espero en el despacho de mi padre.—Por supuesto, señor.La empleada se retiró mientras yo continuaba hacia el pasillo.No tenía intención de prolongar aquella conversación más de lo necesario. Quería escuchar una explicación y, sobr
Christian KuriBajé las escaleras de dos en dos.La noticia sobre Briana continuaba dando vueltas en mi cabeza, mezclándose con las palabras de Valentina. No conseguía comprender cómo ambas situaciones habían terminado por estallar aquella misma noche.Tenía que ser un error, pero mi equipo de trabajo era exacto yo mismo les exigía esa perfeccion en el trabajo.Briana había sido parte de nuestra familia durante años. Después de la muerte de Marcelo, me había encargado de que no les faltara nada a ella y a Santi. Había procurado estar presente cuando me necesitaban, incluso cuando mis propias responsabilidades apenas me dejaban tiempo para descansar.Y ahora las investigaciones indicaban que ella podría estar detrás de la fotografía.¿Qué pretendía conseguir?¿Acaso no había pensado en las consecuencias?Crucé la entrada de la mansión y encontré a mi chofer cerca de la puerta.—Señor, ¿necesita que lo lleve a alguna parte?—Conduciré mi auto.El hombre pareció sorprendido.—¿Va a condu
Christian KuriEl teléfono comenzó a sonar justo cuando estaba a punto de responderle a Valentina.Saqué el dispositivo del bolsillo y revisé la pantalla. Isabella Ferrer.Contesté de inmediato.—Habla.—Señor Kuri, disculpe que lo interrumpa. Tenemos novedades sobre la investigación de la fotografía.Mi expresión cambió.—Te escucho.—El equipo de seguridad informática consiguió rastrear la dirección IP desde la que se envió la imagen. El mensaje fue enviado mediante una cuenta secundaria vinculada a un dispositivo móvil.—¿Y?Hubo una breve pausa al otro lado de la línea.—Los datos recopilados hasta el momento apuntan a una persona.—Dime quién.—Briana Kuri.Me quedé inmóvil.Durante unos segundos, las palabras de Isabella parecieron perder todo sentido. Miré hacia un punto indefinido de la habitación, tratando de procesar lo que acababa de escuchar.¿Briana?Mi cuñada.La mujer a la que había protegido todo este tiempo. —¿Estás segura? —pregunté finalmente.—Es lo que indican lo
Valentina MontesinosEl silencio dentro del automóvil se había vuelto incómodo.Desde que Christian terminó su llamada telefónica, apenas había pronunciado unas palabras. Yo tampoco tenía demasiado interés en iniciar una conversación. Después de lo ocurrido en el cementerio, prefería mantenerme tranquila y evitar otra discusión.Sin embargo, algunas partes de aquella llamada habían llamado mi atención.Había escuchado que hablaba de una fotografía, de un medio de comunicación y de una cantidad de dinero bastante elevada. También había mencionado algo sobre impedir una publicación.Supuse que se trataba de algún asunto relacionado con sus empresas. Christian siempre había sido muy cuidadoso con la imagen de Grupo Kuri y sabía que no le agradaba que los medios difundieran información que pudiera perjudicar sus negocios.No le pregunté nada.No tenía motivos para involucrarme en sus asuntos empresariales, así que continué mirando por la ventanilla hasta que el automóvil se detuvo frente







